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Modelo para armar  
 
Las dificultades de ser madre y trabajadora

Para mamás que no tienen resuelto el cuidado de sus hijos no es fácil trabajar. Tomar decisiones que impliquen dejarlos en jardines a los 45 días o contratar personal para su cuidado, sabiendo lo difícil del asunto hoy en día, no es nada sencillo. Es por eso que las mamás se ven atrapadas en el conflicto de priorizar la necesidad económica, cuando a veces son el principal o único sostén, y velar por el bienestar de sus bebés. A veces se complica elegir, y la falta de apoyo social y redes familiares como mayor soporte del estado a través de más jardines maternales o de las empresas a través de guarderías que funcionen en el mismo edificio complica enormemente la continuidad de muchas. En un mercado que deja casi afuera a personas mayores de 40, correrse del mercado algunos años para criar a sus hijos no es tan viable, en especial para mamás no profesionales. Varias iniciativas de países desarrollados brindan mayor apoyo a la familia a través de licencias extensas o que pueda tomar parte de la licencia el padre en el primer año de vida. El sentimiento de culpa es casi inevitable y es parte, probablemente, de nuestra cultura judeo-cristiana y de lo que nos han transmitido respecto a los roles y el género: la mamá en casa cuida a los niños, y el papá es el sostén económico de la familia. Si bien este modelo ya ha cambiado, se arrastra la culpa de no cumplir con el ideal de nuestras abuelas o, al menos, existen momentos de crisis.

Por Cecilia Rodríguez Casey, madre, psicóloga y especialista en RR.HH.
 
 
 
Trabajar freelance para quedarse mes tiempo
en el hogar, tener a los bebés en casa, prolongar
el amamantamiento o decidir —si se puede—
alejarse temporalmente del trabajo para dedicarse
por completo a la maternidad. Opiniones y testimonios respecto de las exigencias de ser madre hoy.

Primerizas que se animan al parto en casa y que se suman a la tendencia creciente en la Argentina de dar a luz a sus hijos en un acto íntimo, compartido, socializado, con los seres del círculo más íntimo, a la vieja usanza, a la usanza de las abuelas… Mamás que, si pueden, deciden extender su licencia por maternidad para prolongar el idilio con el recién nacido… Proyectos de ley locales que buscan cubrir la exigencia de mamás trabajadoras necesitadas y deseosas de contar con lactarios en sus empleos en el afán de facilitar la armonización entre trabajo y maternidad.
¿Se prioriza hoy más la maternidad en relación con las etapas inmediatamente anteriores? ¿Hay una vuelta a los orígenes? ¿Estamos frente al nacimiento de un nueva generación de madres que no busca la vida de sus abuelas (firmes amas de casa dedicadas al esposo e hijos), pero que tampoco quiere la de sus mamás, aquellas jovencitas que se hicieron adultas en los setenta bajo la regla: “Hazte mujer libre, madre y profesional exitosa, todo a la vez y con rangos de excelencia”?
A comienzos de este año, la reflexión sobre (¿el debate?) maternidad y trabajo resurgió con fuerza en medios norteamericanos, europeos y también argentinos a partir de la aparición de la novela estadounidense The Ten-Year Nap [La siesta de diez años) que aborda el fenómeno de las mujeres neoyorquinas que eligen alejarse de su profesión por un tiempo para dedicarse por completo a su rol de madres. “Las empresas hoy te hacen decidir a quién querés más, si al trabajo o a tu familia. Eso es falso, es absurdo. Yo creo que el debate tiene que pasar por otro lado: por que cada mujer se pregunte realmente qué es lo que la hace sentir plena, con qué quiere contribuir al mundo, dónde está su objetivo de vida. Conectarse profundamente con el deseo”, argumentaba Meg Wolitzer, la autora del libro, a una revista local.
Si bien es claro que la realidad norteamericana no es la misma que la argentina, cabría afirmar que ciertas conductas o expresiones de deseo que hacen a la esencia del rol materno trascienden trópicos, la línea del Ecuador y las fronteras socioculturales. Veamos.
“Las mujeres fueron ingresando en esferas antes reservadas a los hombres, comenzaron a compartir responsabilidades económicas sin resignar (o resignando con cierta culpa) las responsabilidades maternales. Se habló en un momento de las mujeres con ansia de ‘querer tenerlo todo’. Y sin embargo, cada vez más, vemos en nuestras investigaciones que las mujeres reconocen que ese ‘todo’ tiene un precio que muchas veces no están dispuestas a pagar: entienden que tienen el derecho a querer aspirar a realizarse en todos sus mundos, pero también que tienen el derecho a bajarse de esta carrera, sobre todo si esto repercute en su salud emocional. En este sentido, se trata cada vez más de aceptar su ‘lado humano’, lo fallido, lo falible, y alejarse del modelo de chica superpoderosa o mujer maravilla omnipotente. No implica dejar de luchar, pero sí elegir en qué luchar, en qué vale la pena. No resignar, sino elegir”, señalan Mariela Mociulsky, licenciada en Psicología, y Ximena Díaz Alarcón, licenciada en Relaciones Públicas y Publicidad, desde la consultora Trendsity.

Poder elegir, ¡y hacerlo!
Florencia Balsategui (30) es de las que supo y tuvo la oportunidad de optar con libertad. Casada desde hace ocho años y mamá de tres hijos de 6, 4 y 1 año, asegura con frescura sentirse una madre dedicada 100% a sus hijos y a su familia. Cuenta Florencia, desde Necochea: “Una vez que terminé la facultad, me puse a trabajar inmediatamente de lo que había estudiado; la Licenciatura en Psicopedagogía. Tuve la suerte de encontrar una colega que me abrió las puertas y me introdujo en el abordaje psicopedagógico en un consultorio. Cuando nació Martina, continué un tiempo con el consultorio, hasta que mis ganas de estar con ella y no perderme nada de su crecimiento hicieron que empezara a replantearme el paralelismo entre los roles del trabajo y de madre. Por suerte podía darme ese gusto. Me ayudó también a tomar esta decisión que mi marido viajaba bastante y me pidió que empezáramos a acompañarlo más seguido. Pasaron dos años y nació Felipe, y dos años más y nació Silvestre… es decir que la idea de volver a trabajar en el consultorio quedaba cada año un poco mas atrás”.
Florencia relata que cayó en la cuenta de que los primeros años de sus hijos son imperdibles, y que el tiempo pasa tan rápido que no quería dejar de vivir cada aprendizaje, cada momento, sin estar al lado de ellos: “Siempre estuve bien segura de esto. Total, una vez que crecen y empiezan el colegio, es ahí cuando volvemos a tener nuestro tiempo para volver a trabajar”.
¿Existe, entre las mamás jóvenes, una necesidad de volver a las costumbres de las abuelas? La psicóloga Cecilia Rodríguez Casey, consultora de Recursos Humanos y miembro del equipo de profesionales de un centro de salud mental, responde que la mujer de hoy descubre que su papel de ser estrella en lo profesional y en la vida personal es muy exigido, y que el saldo puede ser negativo. “Siempre algo se descuida: pareja, amigos, calidad de vida. Todo junto y al 100% es imposible. Por eso, algunas, como elección, habiendo experimentado estos tironeos o no queriendo pasar por ellos y teniendo la posibilidad de no generar un ingreso, eligen la casa y los niños. Esta no es una elección fácil para las mujeres profesionales o para quienes desarrollan alguna actividad laboral que disfrutan, o en la que se han destacado o que les brinda independencia económica. Sin embargo, cuando se elige, siempre algo se pierde, y volver a las viejas costumbres puede ser positivo: una rica comida no se reemplaza siempre con un delivery, compartir tiempo en familia no es lo mismo que media hora en la cena con la TV prendida… Pero a no idealizar: no todas las abuelas estaban felices con su rol, ¡y no todo tiempo pasado fue mejor! Lo importante es poder elegir y que el proyecto de familia sea compartido y consensuado”, señala la especialista.
Consenso y contrato son dos palabras que aparecen implícitamente en el relato de Carmen Ochoa (34), periodista, organizadora de eventos y mamá de Martina (2 años y medio). Carmen, autodefinida como “una buena madre, perteneciente al grupo de las mujeres que dejó de lado su apasionada profesión a tiempo completo para disfrutar más tiempo con su hija y poder compartir los momentos importantes de su crianza”, encontró en el apoyo moral y económico de su esposo y la constante ayuda de su madre una facilidad al momento de decidir no dejar, sino bajar la intensidad de trabajo cuando nació su beba.
“El cambio de paradigma de criar chicos a ser un sujeto social activo, en el área laboral y cultural, se ha dado de manera progresiva. Para una mujer de 25 años, por ejemplo, la dificultad no es tanta porque es muy probable que ‘contrate’ con su pareja la crianza de los hijos de manera conjunta. Eso le da mayor movilidad para manejarse en el área laboral, por ejemplo —señala Jorge Daniel Moreno, médico especialista en Psiquiatría y terapeuta familiar—. El problema de la mujer en tanto cría a sus hijos y también trabaja, estudia y se desarrolla en otras áreas, depende de su contexto de pareja y del vínculo que haya establecido; en particular, de la definición de roles en el contrato que realizó”.

Vías alternativas
Carmen pudo seguir ligada a la empresa para la cual trabajaba antes de tener a Martina, pero con menos obligaciones y de forma independiente (freelance). Ella parece ser de las mamás que supo encontrar una alternativa a la completa resignación de alguno de los dos aspectos. “Al principio fue duro bajar tantos cambios, relajarme, disfrutar una tarde de sol haciendo nada más que jugar en la pileta y apagar la computadora cuando no la usaba. Y aunque en esta nueva etapa de repente tengo períodos de mucha adrenalina laboral, cuando terminan llega la calma que recién ahora tanto anhelo y disfruto. Mi vida se fue adaptando al crecimiento y las necesidades de Martina, y mis proyectos siguen o cambian de acuerdo con la etapa que vivimos. Hoy, gracias a Dios, puedo estar en cada momento importante de su vida. Pero también puedo trabajar de lo que me gusta, sintiéndome una profesional plena, además de buena madre”.
Desde su mirada de Recursos Humanos, Rodríguez Casey menciona que existen vías posibles para practicar ambos roles a la vez y reducir el grado de conflicto interno: “Algunas buscan trabajos part time, que hoy existen más que en otras épocas, y pueden aportar un ingreso al hogar o sostenerlo por completo. El trabajo freelance, a la hora de manejar los horarios, compartir tiempo con los hijos y ocuparse de la casa, es incomparable”. Sin embargo, también pone de manifiesto la realidad con la cual las mamás jóvenes argentinas deben enfrentarse: “Ellas se encuentran con la dificultad de querer continuar su trabajo o carreras, y a veces las abuelas trabajan o tienen sus actividades, de modo que no siempre se cuenta con abuelas disponibles o con proyectos de criar nietos. Y encontrar una buena empleada baby-sitter o un buen jardín maternal tampoco es tarea fácil. El salario de la mujer a veces es muy escaso y no justifica semejante despliegue, de modo que en ocasiones se elige maternidad y se deja de lado el trabajo no por deseo o convicción, sino por la gran cantidad de obstáculos que se presentan”, señala la especialista. Para ella, el asunto es reflexionar sobre qué queremos hacer, quién queremos ser y trabajar para intentarlo. “Siempre se puede cambiar, emprender nuevos caminos o intentar nuevas soluciones más creativas a los problemas que se nos presenten, hagamos la elección que hagamos”, afirma con optimismo.
Ante la pregunta: “¿Trabajo o soy mamá?”, la respuesta, según Moreno, tiene un viso personal: “Depende del lugar donde la mujer haga pie con su identidad, si es fundamentalmente en la maternidad o en el trabajo. Eso define su horizonte. El dilema tiene una dimensión que incluye a su pareja, ya que el cambio de la mujer dependerá del cambio del hombre que la acompaña, en la crianza de los hijos y en su desarrollo laboral”.

Mamá a conciencia
“Yo creo que soy una mamá como todas, que prioriza por sobre todo a su hijo y está todo el tiempo alerta a lo que necesita. Dejo a mi hijo en el jardín temprano por la mañana, luego trabajo durante 8 ó 9 horas, y lo retiro alrededor de las cinco de la tarde. Si es un día lindo, nos vamos de paseo a distintos parques, también con el papá. Todas las noches lo bañamos, y alrededor de las diez le da sueño, y nos vamos a dormir. Los fines de semana son exclusivos para la familia. Durante las horas laborales trato de dedicarme sólo a trabajar (si almuerzo, es delante de la computadora; si tomo mate, generalmente es sola mientras trabajo en la computadora)”, cuenta desde Canadá Laura Echarte (34), ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias e investigadora del CONICET. “Es que ahora no puedo dedicarle horas extras al trabajo en casa como hacía antes; esas horas son para mi hijo”.
Laura, mamá de Prando (2), elige combinar su trabajo con la maternidad, pero ejerciendo este rol a plena conciencia. Cuenta que en el proceso de familiarizarse con ambos papeles apareció un sentimiento común a muchas madres: la culpa. “Apareció y seguirá apareciendo (no encontré la manera de manejarlo); ¡es que dejo a Prandi nueve horas en el jardín cinco días a la semana! Durante el día sólo comparto con él seis horas hasta que se duerme. Yo siento que es terrible. Lo único que me alivia un poco la sensación de culpa es comprobar día a día que él es feliz, verlo contento, saludable, que en el jardín se divierte, que tiene sus amigos ya reconocidos –con apenas dos años– y que quiere a sus maestras”. Esta científica argentina (premiada internacionalmente con la beca L ’Oreal-Unesco que hoy le permite realizar investigaciones en el exterior) cree que la decisión de no haber dejado la carrera cuando nació Prando fue una combinación de dos aspectos: “Primero, mientras estuve cursando el grado, el doctorado y durante mi posdoctorado, mi prioridad siempre fue la carrera —eso me lo inculcó mi mamá—. Y después, cuando vino la decisión de tener un hijo, yo ya estaba en mi lugar de trabajo, que cuenta con la gran ventaja de tener un jardín maternal esto me permitió amamantar al bebé cada vez que lo requería”.
Prolongar el amamantamiento y quedarse más tiempo en casa: desde Trendsity, aseguran que prácticas como estas se verifican de modo distinto según los diversos aspectos socioeconómicos: “Los niveles más bajos tienen menos recursos económicos, por lo que difícilmente puedan darse el lujo, por ejemplo, de una licencia extendida por maternidad, o de dejar de trabajar. Pero en los niveles medios y altos puede observarse que son decisiones que se toman cada vez más, afectadas por la búsqueda de la salud emocional y por los beneficios de la salud física. Paralelamente, la consideración del hogar como refugio frente a un afuera hostil es una tendencia que estudiamos mucho y que se manifiesta en varios segmentos, no solamente en las mujeres”.

Mi elección
Florencia confiesa que cada tanto reaparece ese replanteo entre la dicotomía madre-profesión, pero que luego de pensarlo unos minutos, se da cuenta de que por su personalidad no podría estar fuera de casa todo el día y dejar a sus hijos a cargo de otra persona. “De todas maneras —dice—, la maternidad no te anula como persona, sino que te da la posibilidad de ‘ausentarte’ por un tiempo del sistema, dejándote una puerta abierta para aquel día en que decidas volver”.
Carmen asegura que después de dos años y medio, logró el equilibrio que anhelaba, combinando la maternidad con su trabajo, encontrando la alternativa del empleo freelance, todo sin anular la profesión que tanto ama y a sabiendas de que su hija también necesita una mamá feliz.
Laura, nuestra científica, encontró que la respuesta para ella es “trabajar sólo ocho, nueve horas por día, lo mejor que pueda”. Y todo lo demás, dedicárselo por completo a su familia. Laura sabe y tiene decidido que, la computadora, en casa, no se toca para trabajar.

 

 
Por: Carolina Cattaneo. / Fotos: Gentiza L’Oreal, Juan Cruz Rabaqlia y Revista Nueva.