Son súper aburridas!”, suelen decir algunos alumnos sobre sus clases de Geografía o Historia. “Son muy difíciles; no logro resolver ni uno…”, se agarran la cabeza frente a un listado de situaciones problemáticas o ecuaciones. “¡¿Una redacción de ciento cincuenta palabras?!”, se escandalizan ciertos estudiantes frente a la página en blanco.
Estas y otras escenas trascurren diariamente en las aulas, tanto de escuelas públicas como de la gestión privada. ¿Es que acaso la sociedad avanzó y la escuela, en vez de continuar siendo su motor, perdió el ritmo de las innovaciones y quedó en la retaguardia? Una de las problemáticas más acuciantes que enfrenta hoy la educación en la Argentina es su incapacidad para motivar a los escolares a curiosear en las ciencias, descubrir las potencialidades individuales (no sólo hacer foco en el nivel estándar para cada grupo) y enseñar creativamente.
Ante este cuadro de situación, ¿qué hacer para que lo educativo vuelva a resultar interesante para todos en general y, a la vez, para cada uno en particular? Si hay alguien que sabe la respuesta, ese es Howard Gardner, neuropsicólogo norteamericano, director del Proyecto Cero de la Escuela Superior de Educación de Harbad (Estados Unidos).
Para él, el ser humano tiene múltiples talentos (mentes distintas) que pueden y deben ser desplegados en la escuela, con una pedagogía adecuada y contenidos curriculares adaptados a las motivaciones de cada uno. Desde su oficina en Boston, revela que “el desafío para los docentes es trabajar en conjunto con sus alumnos para que ellos se conviertan en seres humanos orgánicos que posean un poco de disciplina, sepan sintetizar, sean creativos, puedan respetar al otro y manejarse con ética en la vida”.
¿Cual es la idea?
En 1983, Gardner creó la teoría de las Inteligencias Múltiples que revolucionó el campo de la psicología, de una vez y para siempre: considera al ser humano una especie que ha desarrollado no sólo una inteligencia, sino un número de sistemas relativamente autónomos; ellos son: lingüístico, lógico-matemático, espacial, corporal-kinésico, musical, interpersonal, intrapersonal y naturalista. “Diría que mi trabajo superó el terreno de la Psicología; me serví de aportes provenientes de varios campos: de las Neurociencias a la Antropología. Fue el abordaje interdisciplinario el que hizo a mi teoría distintiva”, asegura.
En la actualidad, su teoría se aplica en escuelas de todo el mundo de innumerables maneras. En líneas generales, convirtiéndola en una teoría educativa. “Con mi trabajo, se acentuaron y evidenciaron dos cuestiones: 1) Nosotros deberíamos aprender sobre los talentos que posee un individuo y personalizar; es decir, individualizar la educación tanto como sea posible. 2) Deberíamos enseñar tópicos o asuntos importantes en muchos sentidos, de las formas más diversas”. De este modo, es posible acercar los contenidos de los programas educativos a los chicos, vinculando las distintas temáticas a las áreas “fuertes” (más desarrolladas, destacadas, prioritarias) de cada cual y ajustarlas a los intereses de sus destinatarios.
Sin duda, cambiaron el abordaje de la enseñanza y la concepción del aprendizaje. Asimismo, los docentes han debido variar sus estrategias y el modo de llegar a los alumnos, “…teniendo en cuenta las diferencias entre cada uno de los estudiantes, enseñando conceptos y contenidos interesantes, de múltiples maneras”, asegura el autor de La mente no escolarizada: Cómo piensan los niños y cómo deberían enseñar las escuelas e Inteligencias múltiples: La teoría en la práctica, entre otros.
Gardner propone que la escuela forme personas completas, integrales. “En efecto, necesitamos que de ella egresen ciudadanos que sean excelentes en sus técnicas, involucrados con su trabajo y comprometidos desde un costado ético. Eso es lo que significa ser un buen trabajador y un buen ciudadano. Si las escuelas no desarrollan la excelencia, el compromiso y la ética, entonces nuestro mundo carecerá de estos rasgos substanciales”, presagia este gurú de la educación.
Hecho en la Argentina
Los colegios Norbridge de la Fundación Ricart son algunos ejemplos de que las propuestas de Gardner no sólo son innovadoras, sino también practicables, posibles y exitosas.
Cuando el Dr. Daniel Ricart, mentor de la Fundación que lleva su nombre, fundó su primer colegio en Capital Federal, allá por 1989, viajó a Harvard en varias oportunidades y tomó contacto directo con Gardner, que ya por entonces era pionero en prestigiosas investigaciones educativas.
“Aprendimos que la inteligencia no es una sola, sino que un individuo posee distintos talentos para desarrollar. Y lo aplicamos a nuestra pedagogía, a través de la detección y desarrollo de los altos potenciales”, alega la profesora Mónica Iglesias, vicepresidente pedagógica institucional de la Fundación Ricart.
¿Qué estrategias de aprendizaje específicas se adoptaron en los colegios Norbridge? En principio, cuentan con un “Centro de detección de talentos dominantes”. “De acuerdo con el concepto de talentos diferenciados, su detección permite desarrollarlos, enriqueciendo los contenidos curriculares. El talento solo no sirve, hay que sumarle creatividad y motivación para el estudio. Por eso se busca motivar a los alumnos en su escolaridad, para que puedan continuarla, armónicamente, no sólo desde lo intelectual, sino desde lo social y afectivo. La educación general pone empeño en el mayor porcentaje del alumnado, en la franja media, y a lo sumo, ayuda a quienes presentan dificultades, pero en pocos colegios se busca desarrollar el talento. Los chicos talentosos son nuestros futuros líderes, nada menos”, agrega la especialista. También, en la sede de Pilar del Colegio Norbridge, han puesto en práctica un proyecto de alfabetización digital con niños que trabajan, en su computadora, desde los 10 años en castellano y en inglés.“Los ayudamos a pensar más creativamente, así son capaces de justificar sus opiniones. Piensan un conflicto y buscan soluciones alternativas sin que ninguna respuesta bien justificada resulte incorrecta”, añade Iglesias. También los estimulan a leer desde salita de 3 años, y les ofrecen talleres específicos (desde temas tecnológicos a la creación de liderazgos o al hecho de formar una banda de música) destinados a no más de diez alumnos, guiados por personal capacitado en la especialidad. “Se busca así potenciar las capacidades interpersonales, siempre buscando un desarrollo integral. Este año, trabajamos muy especialmente, sobre los Juegos Olímpicos de Pekín, en todos los niveles: los distintos países, los diferentes deportes, los valores formativos vinculados a ellos…”, puntualiza.
Desde los inicios
La clave del éxito de los colegios basados en los aportes de Howard Gardner es la apuesta educativa en los primeros años de la infancia. “Se habla con frecuencia de mejorar la educación primaria y secundaria, pero poco se hace por redefinir el rol del Nivel Inicial que se ocupa de los niños de entre dos y cinco años. Las familias, incluso, ponen mucho más énfasis en la elección del colegio donde sus hijos cursarán la escolaridad primaria y secundaria que en el que estarán los años anteriores”, plantea el psicopedagogo Alejandro Castro Santander, quien comenta que a principios de los años noventa, Daniel Ricart, en su libro Excelencia: Educando el talento infantil, publicado también en doce fascículos por el Diario Uno de Mendoza, ya sostenía que “el nivel y tipo de inteligencia que va a marcar el futuro desenvolvimiento de una persona se conforman en los primeros años de vida. A los cinco años el cerebro humano alcanza el 80% de su potencialidad adulta y por lo tanto la educación de las capacidades intelectuales debe comenzar lo más tempranamente posible”.
El objetivo final de las ideas de Gardner es el desarrollo del pensamiento.“¿Qué vamos a hacer los seres humanos que no hagan las computadoras el día de mañana? ¿Cómo nos vamos a relacionar para hacer causa común entre todos? De ahí que proponga distintas mentes que considero podrían ser necesarias. El desafío será reunirlas en un ser integral”, concluye el propio Gardner.
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