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Temas cotidianos

La felicidad es contagiosa

 
Para definir y medir la felicidad, usaron una tabla de valores en la cual los que participaban tenían que responder lo que habían sentido últimamente.
 
 
Investigadores de las universidades de California y Harvard han demostrado lo que era un murmullo a voces: rodearse de amigos felices nos contagia felicidad.

A quién no le ha pasado que, estando en una reunión, el clima cambiara totalmente con la llegada de un invitado portador de buena onda. O quién no ha sentido felicidad con una buena noticia de un amigo. Lo que antes era sólo una intuición ahora, gracias a investigaciones de la universidad de California, San Diego (Estados Unidos) es una certeza: rodearse de amigos felices aumenta un 9% las probabilidades de sentirnos más felices. El estudio, que combina la epidemiología y la sociología, concluye que la felicidad es contagiosa y que las personas que se reúnen con amigos alegres son más proclives a sentir la felicidad.

Pero, ¿qué es la felicidad?
Mucho se ha escrito y hablado últimamente: todos quieren poseerla, y parece muy escurridiza. Para Daniel Gilbert, un reconocido psicólogo de la Universidad de Harvard, "La felicidad es un tema mental. Y si no la logramos, es porque deseamos desesperadamente las cosas que no nos van a producir felicidad e ignoramos las que sí. La felicidad es, sin dudas, el objetivo de la vida, siempre y cuando no se la limite a los placeres materiales”.
El periodista e investigador Sergio Sinay aporta su visión sobre el tema: “La felicidad proviene de nuestros actos, nuestra manera de vivir, nuestras elecciones y nuestros principios. Es consecuencia de un modo de vida, es como el surco que deja un barco en el mar. El surco nunca precede al barco. Se trata de navegar hacia aquello que le dará sentido a nuestras vidas. La felicidad no se compra hecha y no se paga con tarjeta”.

Volviendo al estudio
Los profesores James Fowler, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de California, San Diego y Nicholas Christakis, del Departamento de Salud y de Sociología de la Universidad de Medicina de Harvard, publicaron sus conclusiones en la revista British Medical Journal (BMJ). Para su trabajo usaron datos tomados de una de las investigaciones médicas más famosas de la historia: el estudio Framingham. Desde 1948, los ciudadanos de ese estado (sus hijos y nietos) se hacen con determinada regularidad estudios y análisis sobre su salud. Los investigadores eligieron a 5124 personas, a las que llamaron “egos” y a muchos de sus conocidos a los que bautizaron “alter”. En total, juntaron a más de 12.000 personas que estaban conectadas entre sí de alguna manera y que sumaban alrededor de 53.200 vínculos sociales. Para definir y medir la felicidad, los especialistas emplearon una tabla de valores en la cual quienes participaban debían responder qué habían sentido últimamente, por ejemplo: "Me siento esperanzado con el futuro", "Me siento feliz", "Disfruto de la vida", "Siento que soy tan bueno como otras personas", etc. Como muchos de los “alter” también estaban incluidos en el estudio, no fue difícil obtener sus sensaciones y establecer cómo se distribuía este sentimiento a través de las redes sociales. La investigación concluyó que la felicidad de cada “alter” influía directamente en las emociones del “ego”. Vale decir, entonces, que tener amigos alegres incrementa un 9% las probabilidades de ser feliz en el futuro. Asimismo, convivir con una pareja alegre equivale a un 8% más de felicidad; y, al contrario, rodearse de personas con mala onda reduce un 7% las emociones positivas. También establecieron que las personas del mismo sexo se contagian más la felicidad, y que ésta es más contagiosa que la infelicidad. ¡Aleluya!

¿La felicidad se lleva en los genes?
Muchas veces nos preguntamos cómo hacen ciertas personas para irradiar felicidad, para ir por la vida con una sonrisa sin importarles el peso de la mochila. ¿Feliz se nace o se hace? Hay un poco de ambas cosas. Veamos. El profesor Daniel Gilbert sostiene que, de alguna manera, los genes juegan un papel preponderante. “Las estadísticas aseguran que hasta un 50% depende de ellos, si se tiene en cuenta que la felicidad se produce en la mente y la estructura del cerebro está definida por nuestros genes. Pero el 50% restante depende de muchos factores, como la cultura y la edad. En cuanto a esta última, la buena noticia es que la gente tiende a ser más feliz a medida que crece”. Hay otro investigador que reafirma esta tesis: el escocés Tim Bates, de la Universidad de Edimburgo. El dirigió un estudio realizado por un grupo de científicos británicos y australianos sobre gemelos y mellizos, y sugiere que los genes podrían controlar la mitad de los rasgos de la personalidad que nos proporcionan felicidad. La otra mitad está vinculada al estilo de vida, la carrera profesional y las relaciones. Muchos expertos que, en la actualidad, estudian el tema aportan un aliciente: podemos entrenarnos para estar más contentos.

La pregunta del millón: ¿Dónde encontrarla?
En ocasiones, parece que la felicidad nunca llegará. Andamos kilómetros, compramos objetos, nos mudamos, nos entrenamos y corremos kilómetros y kilómetros… Y presentimos que, quizás, jamás la encontraremos. Sin embargo, como sostiene Gilbert, al caminar hacia la felicidad, sin darnos cuenta, tropezamos con ella. Una de las razones de esa desazón es que nos cuesta conformarnos, nos sentimos insatisfechos y vivimos buscando algo que nos haga más felices aún. “Somos animales sociales, por eso las relaciones e interacciones entre personas son las principales fuentes de felicidad. Por eso me resulta llamativo cómo la gente sacrifica estas relaciones en pos de cosas que no causan felicidad, como es la gran riqueza”.
Y, para terminar, dos regalos para el árbol de Navidad: según los expertos, podemos entrenarnos para estar más contentos y tendemos a ser más felices a medida que crecemos. A trabajar, entonces, para ser más feliz y a juntarnos con amigos que contagien felicidad. ¡Feliz Año!