Persuasión, liderazgo, capacidad de trabajo en equipo, tolerancia. El mundo actual nos exige estar permanentemente comunicados y conectados con los demás. Por eso, más que nunca, es necesario contar con las destrezas antes mencionadas a la hora de relacionarnos. Para lograr el éxito, ya no alcanza con el buen rendimiento académico en los jóvenes y el talento profesional en los adultos. Ahora también se hace indispensable contar con habilidades sociales (HS), ese conjunto de comportamientos que le permiten a uno actuar adecuadamente e insertarse de manera satisfactoria en el espacio social en el cual se desarrolla.
Decir “gracias”, escuchar al otro, iniciar una conversación o pedir perdón son competencias que constituyen el abanico de las HS. “Se trata de conductas que ayudan a las personas a interactuar con los demás de forma asertiva, esto es, a comunicarse eficazmente, teniendo en cuenta los derechos del prójimo y los propios. Significa también ser empáticos, que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro”, explica Valeria Fontanals, licenciada en Psicopedagogía y master en Educación por la Universidad de Harvard.
La mayoría de los deseos, sueños u objetivos que nos proponemos en la vida dependen de la participación de otras personas. Por lo tanto, las competencias sociales se tornan cruciales para alcanzar o concretar esos deseos, sueños y objetivos. “En la vida afectiva, las HS complementan el amor que se siente en la pareja o en la amistad y hacen que cada una de las interacciones sea lo más simple, transparente y 'ecológica' posible”, comenta Abel Cortese, director académico de The Organization Development Institute, de Latinoamérica. “El gran psicólogo Eric Berne escribió, justamente, el libro Con el amor no basta, elocuente expresión que alude a la necesidad imperiosa, en la vida afectiva, de aprender HS. Y esto es, obviamente, aún más crucial en la vida profesional y laboral”.
Las HS se ubican en el centro del debate en pleno siglo XXI, pero fueron ponderadas desde el principio de los tiempos, en textos de psicólogos y pensadores antiguos. En la actualidad, cobraron importancia debido a las complejidades de la vida contemporánea, tanto en el aspecto personal (estrés, conflictos, desacuerdos), como en la vida organizacional (hipercompetencia, liderazgo de alta calidad, etcétera). “En un mundo globalizado, tecnologizado e hipervinculado, donde es necesario manejar información y convertirla en conocimiento (el uso de la información también es una HS), y trabajar en equipo y ser colaborativo, la falta de HS es un lastre que dificulta el desarrollo profesional y afectivo de las personas”, acota el profesor y escritor chileno Benedicto González Vargas.
Las HS se aprenden
Desenvolverse en público, superar situaciones conflictivas, liderar un grupo y motivarlo para que alcance objetivos específicos, atender y convencer a otros seres humanos para que hagan algo que es necesario hacer o que queremos que hagan, conciliar, mediar en procesos conflictivos, y agradar, cultivar o seducir al prójimo.
Los ejemplos son sólo algunas de las capacidades que brinda el hecho de ser “habilidoso socialmente”. “Una persona que no tiene muy desarrolladas sus HS tenderá a ser tímida, tendrá dificultades para establecer relaciones nuevas y le costará expresarse públicamente, incluso con personas conocidas o familiares”, define González Vargas.
La buena nueva: los especialistas concuerdan en que las HS se aprenden. “Enseñarlas es, precisamente, uno de los propósitos de la inteligencia emocional –especifica Cortese–. Existen principios, técnicas y herramientas que permiten reeducar nuestras percepciones, creencias y supuestos para reaccionar y comportarnos de manera diferente cada vez que entendemos o comprobamos que nuestras actitudes no conducen a los resultados que buscamos”.
Cuándo aprenderlas pasa a ser una pregunta clave. Para los expertos, no hay edad. Pese a ello, González Vargas acota que “muchas de las actividades de los jardines de infantes son para socializar a los niños luego del período en que estuvieron exclusivamente con su familia. Toda la educación es una forma de socialización y desarrollo de las HS”.
Es que identificar y manifestar las propias emociones, reconocer sentimientos ajenos, animarse a hacer una pregunta o saber decir “no” son aptitudes que se adquieren a lo largo de la vida, pero para las cuales la niñez es un estadio crucial: “'Habilidad’ indica que la competencia social no es un rasgo de la personalidad, sino un conjunto de comportamientos aprendidos y adquiridos”, señala María Virginia Cristofaro, psicopedagoga y terapeuta del Centro Privado de Psicoterapias. Para ella, el entrenamiento de las HS hace que los chicos interactúen con los demás de manera efectiva, los ayuda a que se relacionen más y mejor, y a disminuir los castigos o recriminaciones verbales, lo que se traduce en menos ansiedad y menos estrés. Esto les hace prestar mayor atención y concentrarse, a la vez que mejora su rendimiento escolar.
Educación temprana
Una investigación realizada por la entidad norteamericana Educational Testing Service (ETS) estudió la incidencia de las competencias no cognitivas (en definitiva, las HS) en el rendimiento académico. La conclusión fue que “no sólo los contenidos académicos y el clima en el aula inciden en los resultados, sino también cómo los estudiantes se sienten respecto al estudio, qué tan constantes son y cómo manejan la ansiedad”.
Para Mariana de Anquín, licenciada en Psicopedagogía y consultora de familia en problemas de conducta y aprendizaje, los niños socialmente hábiles son, por ejemplo, desinhibidos, simpáticos y cordiales. “Son los que invitan a otros chicos a compartir sus juegos y son capaces de defender sus pertenencias y sus ideas de manera firme, pero cordial. Pueden separarse de los padres para disfrutar de la compañía de otros. Hacen amigos con facilidad. Son compasivos, locuaces, expresan sus emociones sin dificultad. Disfrutan de los deportes en equipo y de los programas sociales, como los cumpleaños. Son populares y buscados para compartir juegos. Este estilo habilidoso de relacionarse se describe como asertivo”.
Fontanals agrega que todo ser humano tiene HS, pero que existen diferentes factores que hacen que algunas personas no puedan ponerlas en práctica. Hay diversos modos de manifestar esa carencia: por un lado, el de los chicos pasivos; por el otro, el de los chicos agresivos. “Estos últimos serán los que los maestros identificarán más rápido, porque suelen ser los que molestan en el aula”, dice Fontanals. “En cambio, los pasivos quizás no sean considerados tan faltos de HS ya que quedan a un lado, y nadie se da cuenta realmente de lo que les está sucediendo”, aclara.
En cualquier caso, son chicos que sufren, que pasan la mayor parte del tiempo solos y que son excluidos. Aparentan ser indiferentes a esta situación y que poco les importa no tener amigos. Sin embargo, no es que no quieren tenerlos: es que no saben cómo. Esta situación de soledad hará que estos niños se sientan mal consigo mismos y desarrollen una baja autoestima.
¿Quién enseña las HS?
Fontanals señala que no “practicar” la defensa de los derechos propios o la transmisión de lo que uno quiere tendrá una triste consecuencia: en adelante, automáticamente, uno no reflexionará sobre las cosas que le gustan o desea. “En el futuro, quizás sean personas sumisas o que harán siempre lo que quieran los demás”, concluye.
Al contrario, según Cristofaro, quienes hayan desarrollado desde temprano las HS tendrán beneficios a largo plazo: “Verán disminuida la ansiedad en situaciones difíciles o novedosas, tendrán más facilidades para resolver problemas, conseguirán éxito en sus objetivos y evitarán los conflictos con los otros”.
Ya sabemos, entonces, cuándo es ideal adquirir las HS, pero, ¿quién las debe enseñar? González Vargas y Cortese concuerdan: “La familia, los docentes, los líderes, los grupos de pertenencia, los psicólogos y aquellos profesionales que pueden aportar a otros seres humanos técnicas y principios que permitan vivir mejor (léase, en armonía, con comprensión y entendimiento, y buscando acuerdos constructivos), tanto en la esfera personal como en la colectiva”. |