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Entrevista

“Salta es mi inspiración”

 

arteBA 2009

Más de 100.000 personas pasan cada año por la Feria. Este año se esperan más visitas, y 800 artistas presentarán sus obras en este gran evento cultural. Hay 70 galerías especializadas en arte latinoamericano y existen 7 programas de estímulo a la producción y adquisición de nuevas obras. También se otorga el Premio arteBA-Petrobras de Artes Visuales dirigido por la especialista Laura Buccellato, y los visitantes pueden pasear por el Barrio Joven Chandon que tiene 19 stands
con las propuestas más audaces e innovadoras del arte contemporáneo. Mariano Cornejo presenta una instalación que consta de 300 picaflores hechos en madera y metal. “Hay una relación entre la fragilidad de la naturaleza con la fragilidad del animal y la rapidez con la que pasa el tiempo”, declara.

arteBA estará abierta hasta el 26 de mayo, de 13 a 22 en los Pabellones Azul y Verde del Predio Rural de Palermo en Capital Federal.


 
 
Mariano Cornejo es uno de los pintores presentes en arteBA, la feria de arte más importante del país, que acaba de inaugurar. Salteño de alma, ni siquiera los 30 años de permanencia en Buenos Aires pueden lograr que se olvide de su provincia natal.

Mamá, quiero ser artista plástico”. La frase es hoy moneda corriente en muchos hogares argentinos. Los tiempos de “M’hijo el dotor” han quedado sepultados por carreras como Diseño, Bellas Artes y Teatro, muchas veces elegidas desde una real vocación, pero tantas otras, desde la ilusa ensoñación de una vida de bohemia, llena de libertad y lejos de un escritorio. No es muy difícil encontrar ejemplos que refuten esta quimera. Historias mínimas y cotidianas de artistas que viven de su vocación con ímpetu, desenfreno pero, sobre todo, esfuerzo. Mariano Cornejo es uno de ellos. “Trabajo unas 15 horas diarias en el taller”, cuenta. Todos los días, se levanta a las seis de la mañana y, café negro en mano, recrea una y otra vez su Salta natal en collages, pinturas, muebles y esculturas. “Algunos días no quiero trabajar, pero trabajo igual. Hay épocas de juego, de pensar y sentir, pero después tenés que sostener la obra”, asegura, y sus manos gruesas, casi obreras, confirman sus dichos.
Su casa de Ingeniero Maschwitz es lo más parecido a los paisajes, valles y riachos salteños que Buenos Aires puede ofrecer. Rodeado de pastizales y caminos de tierra, Cornejo se siente a gusto. “De chico, mi hobby era andar solo por los cerros, observando”, cuenta. “Era muy retraído y creo que ser artista me hizo más huraño. Yo me lo tomo como un trabajo de mucha concentración y soledad, pero no me quejo: me gusta esa historia”, agrega entre copa y copa de un tinto con hielo mientras, de fondo, suena una ópera, compañera infaltable de sus jornadas de trabajo. Cada rincón de su hogar destila arte: desde la tranquera de metal hasta la piscina cuyo fondo es una pintura del propio Cornejo. Aquí y allá emergen sus obras que parecen reproducirse segundo a segundo. “En la primera racha de trabajo, soy muy compulsivo; después, viene una etapa de congelamiento hasta volver a retomar”, explica y en su compulsividad se asemeja a Pablo Picasso, uno de sus referentes “por su fuerza creativa y lo volcánico de su creación”.

De los Valles Calchaquíes al microcentro porteño
Mariano Cornejo nació en la ciudad de Salta en 1962. “Cuando me preguntaban qué quería ser de grande, respondía que arqueólogo, aunque ya en el jardín de infantes me gustaba mucho pintar”, relata. De padres docentes, cita como “su gran maestro” al acuarelista salteño Julio Coll. Antes de cumplir la mayoría de edad, expuso dos veces en su ciudad natal. Todavía conserva un paisaje figurativo de aquellas muestras. “De la Pueyrredón salí abstracto porque había que tomar partido por algo. Ahora me muero de risa de esa diferencia”, admite. A “la Pueyrredón”, como él la llama, llegó con 18 años. Se instaló solo en una pensión del microcentro y vivió de las clases de pintura que daba en forma particular. “Fue duro, pero hermoso”, admite. Sus ojos celestes claro se tornan esquivos al hablar de su intimidad. Sus padres, al igual que el resto de su familia, todavía viven en Salta. Allí Cornejo disfruta de andar a caballo, trepar hasta cuatro mil metros de altura y adentrarse en poblados perdidos con Julieta, la menor de sus tres hijos. Irene, la mayor, es música, y Bernardo piensa estudiar Antropología. “Estoy muy en contacto con ellos”, cuenta. Pero la conversación vuelve una y otra vez a su gran amor: Salta. “Para mí es inagotable. No la vivo desde la melancolía, sino desde el deslumbramiento, el vértigo y la adrenalina”, explica. Salta nutrió sus obras durante los seis años que vivió en España gracias a una beca de la Universidad de Barcelona: “Me inspiraba en los paisajes de modo muy abstracto, seco y austero, ya que no los tenía presentes”. Cornejo también se empapa de la literatura y del folklore salteño. “Leo a Castilla, Silvestre, Leonardo y escucho al Cuchi Leguizamón y a Falú porque miran hacia el mismo lado que miro yo”, confiesa con pasión.

El poeta de los valles
Cornejo es inquieto. Va y viene descalzo por su casa sin jamás perder el hilo de la conversación. A pesar de considerarse poco sociable, la calidez con la que recibe en su hogar hace sentir cómodo a cualquiera. Picada de por medio, el artista saborea cada una de sus frases, las medita y paladea con la seguridad de haberlas pensado varias veces. Por más que se dedique a las imágenes, no es ajeno a la palabra y sus bemoles. “Desde que soy adolescente, escribo poesía. Hasta ahora nunca publiqué, pero estoy por hacerlo pronto; creo que es el momento”, lanza. Su primer libro de poemas se llamará Nocturnos de Amblayo, un caserío ubicado en medio de los cerros de los Valles Calchaquíes al cual sólo se llega a caballo después de dos días de viaje. Sus poesías también se inspiran en su confesa obsesión: la naturaleza. Por más que ese tema se repita en sus pinturas, muebles y escritos, Cornejo huye de la serialidad, de la “reproductividad de un módulo” que predomina hoy día en el arte. “A mí me interesa mucho la parte ‘artesanal’ de la obra; una palabra que siempre está en descrédito”, confiesa. No tiene problemas en pasarse tres días armando cualquier figura u objeto. “Creo que la hechura de cada pieza es única. Eso me interesa, y la gente se engancha bastante con eso también”, concluye.
Tanto “se engancha” la gente, que Cornejo es uno de los artistas más vendedores de la Feria arteBA que se realiza anualmente y reúne a decenas de galerías argentinas y del exterior. El año pasado, el salteño armó un zodíaco de doce piezas que se vendió entero antes de que empezara la exposición. “Nunca tuve culpa por vender. Igualmente, hubiese querido no venderles ciertos cuadros a determinadas personas”, explica, huyendo de cualquier polémica.

Artista por donde se lo mire

De su obra, sorprende el eclecticismo, tanto de las formas como de los materiales y técnicas que utiliza. Su taller es un fiel reflejo de ello. En apenas algunos metros, conviven collages, pájaros, figuras de madera, pinturas, muebles y esculturas ¿Los materiales? “En general uso mucha madera pintada, papel pegado, y me gusta la acuarela, que está en las antípodas de lo que soy yo, que me interesa la cosa densa, ‘matérica’”. Por ello, y a pesar de odiar el término, Mariano se considera un “artista plástico” ¿Un hombre renacentista, quizás? “Y… podría ser, pero no se me dan las matemáticas”, asegura entre risas.
El atardecer cae en Maschwitz, y con él renacen los ruidos de la naturaleza. La noche parece liberarlo, y con la comodidad, revela sus proyectos. En este momento, se encuentra interviniendo un libro del poeta rosarino Hugo Padeletti del que se publicarán apenas 10 ejemplares con 29 poemas inéditos. “No me siento ilustrando. Es como si una obra más pequeña apareciese en función de algo que me dispara ese poema y terminaran coincidiendo en la misma hoja”, detalla. También lanzará Andar por Salta, un libro de “imágenes no turísticas”. “Es un recorrido poético de Salta en el que aparecerán lugares que ni figuran en el mapa”, precisa.
“A tu sitio de pertenencia lo llevás grabado en el alma. Si hacés foco en eso, y ese es tu tema, podés no volver nunca más y, justamente, ‘por ausencia’ va a ser mucho más tema”, concluye Cornejo y se despide para volver a trabajar cuando despunta la noche.