El imaginario colectivo indica que para llegar a ser millonario hay que ganarse la lotería o nacer en “cuna de oro”, como Ricky Ricón, considerado, en la actualidad, el niño más rico del mundo (aunque sólo en la ficción, claro). Sin embargo, volviendo a la realidad, hay muchos que podrían lograrlo. No abundan los casos, pero ¡lo cierto es que se puede!
¿Qué hacer para “salvarse”?
Si bien la vida de los grandes magnates es muy diferente una de otra, la mayoría tiene algo en común: ninguno de ellos, salvo que se haya dedicado a negocios ilegales, hizo dinero y lo multiplicó improvisadamente. Detrás de esas riquezas, hay un plan de acción, una visión particular de los mercados y una perspectiva precisa hacia el futuro. Marcelo Elbaum, director de Convexity, consultora en inversiones, da a conocer algunas claves en el arte de hacer fortuna. Marcelo quien es, además, autor del libro Ser rico es posible: cómo administrar el dinero en tiempos de crisis y del ya best seller Hombre rico, hombre pobre: el arte de aumentar la riqueza personal, aclara algunos puntos a quienes desean incrementar su patrimonio.
–Marcelo, ¿puede una persona de clase media convertirse en “millonaria”?
–Definitivamente sí. El tema es que la definición de riqueza no es una cuestión absoluta, sino relativa. Porque si se le pregunta a diez personas con qué cantidad de dinero se sienten ricas, obtendrás diez respuestas distintas: para uno puede ser un millón y para otros cien mil dólares. De todos modos, a diferencia de lo que nos hacen creer en la Argentina, la riqueza no es sólo un tema de ingresos, sino de stock. Una persona que gana diez mil pesos por mes y pertenece al segmento ABC1 no es necesariamente rica, porque, si gasta doce mil por mes, estará en problemas. La cuestión es el stock de riqueza, es decir, cuánto tiempo puede estar sin trabajar. Si puede estar al menos 5 años, puede considerarse rica. Para llegar a obtener riqueza, se debe operar en tres frentes. Adquisición: cómo se generan los ingresos con el trabajo personal. Uso: se debe realizar un uso racional del dinero y procurar que el ahorro ocupe un lugar importante en la economía doméstica. Administración del dinero: se refiere a la inversión inteligente. Trabajando en estos tres frentes, las posibilidades de alcanzar un poco de riqueza son altas. Es un proceso que, por lo menos, lleva diez años. El camino es trabajoso.
–¿Es cierto que el primer millón es lo que más cuesta y lo que más cuenta?
–Es una verdad a medias. Antes que nada, debe quedar claro que es tanto o más difícil obtener la riqueza como mantenerla e incrementarla. Muchas fortunas se han perdido o despilfarrado por un mal manejo. Lo paradójico es que a la gente le cuesta mucho ganar el dinero y cuando llega al millón no lo cuida y lo deja en manos de asesores que poco lo administran. Por ejemplo, en esta crisis, muchos de los que tenían un millón hoy tienen 600.000. Por otro lado, es verdad que teniendo una cifra importante, aparecen oportunidades de inversión. Pero si se lo invierte mal, las consecuencias pueden ser desastrosas.
–¿Es el mercado bursátil la fuente de esperanzas o, como está la economía hoy, conviene explorar otros nichos?
–En realidad el mercado bursátil es un activo más dentro de la cartera de in-versiones. Lo que más importa es el objetivo de rentabilidad que tenga cada cliente en función del riesgo que se quiera tomar y la situación financiera de cada familia. Es verdad que invirtiendo bien en acciones hoy, hay altas posibilidades de jubilarse mejor y más temprano. Según un estudio del profesor Siegel, de la Universidad de Harvard, el rendimiento de las acciones desde 1925 a 2009, reinvirtiendo los dividendos, fue de 7% real, es decir, por encima de la inflación, incluyendo la caída del 50% en los índices de acciones; por lo que invertir una parte de la cartera en acciones no parece descabellado.
Un muchacho como yo
Hay un problema con esto de comenzar a “amasar” fortuna: la mayoría cree que el dinero sólo trae problemas, exige cambios de vida que no siempre resultan ventajosos y requiere dejar de hacer ciertas cosas que se hacían cuando se era uno más del montón. Sin embargo, están quienes, a pesar de ser millonarios, conservan la cotidianidad de los viejos tiempos y hasta algunos hábitos de barrio. Uno de ellos es Warren Buffett. Nació el 30 de agosto de 1930 en la ciudad de Omaha (Nebraska, Estados Unidos). Su papá, Howard Buffett, era broker. Quizás por eso compró su primera acción a los 11 años (“Me arrepiento de haberlo hecho tan tarde”), sin saber que llegaría a ser la persona más influyente del mercado financiero en los Estados Unidos. A los 14, compró una granja con los ahorros obtenidos por su trabajo de repartidor de diarios, tarea que hacía en simultáneo con sus estudios. Cursó en varias universidades, entre ellas, la Universidad de Nebraska, institución a la que acaba de prestar su imagen para una campaña de publicidad. Al poco tiempo comenzó a trabajar en la empresa de su padre para, más tarde, en 1965, adquirir la textil Berkshire Hathaway, que hoy nuclea a más de 60 empresas. “Le tengo mucha admiración. Ha hecho su fortuna apostando al mercado de valores; es muy meritorio porque en países como la Argentina, muchos empresarios y banqueros se han hecho ricos no por las reglas de los mercados, sino por seguir al político de turno”, comenta Elbaum.
Al viejo Buffett, el dinero, definitivamente, no le “quemó” la cabeza ni varió en demasía su estilo de vida. No usa celular ni computadora, no maneja una Ferrari (tiene un auto usado y no se mueve con chofer ni hombres de seguridad), jamás viaja en un avión privado y aún vive en la misma casa de tres dormitorios que compró cuando se casó (dice que allí encuentra todo lo que necesita) hace más de 50 años. Como si fuera poco, hace 25 que percibe el mismo sueldo. Sí: por su labor en su compañía cobra 100 mil dólares anuales que no desea que se incrementen en el futuro, y se rehúsa a cobrar compensaciones. Tampoco se “codea” con millonarios; es familiero, y lo primero que hace al llegar a su casa es ponerse cómodo y comer pochoclos mientras mira televisión. Además, es un auténtico motivador de su equipo de trabajo. Cada año envía una carta personal a los CEO de sus empresas para incentivarlos y advertirles sobre los posibles riesgos que podría presentar el ciclo bursátil que se inicia. Jamás los reúne o los llama por teléfono: los guía y les deja el camino libre para que cada cual dé los pasos que considere necesarios para cumplir los objetivos propuestos.
“Pasta” de ganador
No cualquiera puede ser Warren Buffett. “El tiene una máxima que dice que uno debería invertir en una empresa que sea sólida, con buenas perspectivas, y que debería mantenerla aunque la bolsa estuviera cerrada para negociar por tres años. O sea, él puede sostener una caída de las acciones en su cartera hasta de un 30% sin inmutarse. No cualquiera lo puede soportar. Quien invierte con él debe tener un horizonte de largo plazo, porque hay períodos en los que ha perdido mucho. Pero es uno de los pocos que le ha ganado al mercado por dieciocho años seguidos”, cuenta el director de Convexity.
Acaso porque considera que, paradójicamente, “el dinero no es todo”, recientemente donó el 85% de su fortuna a agrupaciones benéficas (nunca en la historia de los Estados Unidos alguien había osado hacer semejante cosa), entre las que se destaca la Fundación Bill y Melinda Gates, a la que destinó la mayor parte del dinero. Es curiosa su relación con el creador de Microsoft. Se conocieron hace sólo algunos años. Gates había agendado, por protocolo, una reunión de media hora con Buffett; no creía tener nada en común con él. Sintonizaron en seguida, la reunión duró horas y se convirtieron en grandes amigos.
Buffett no considera conveniente transferir grandes fortunas a las generaciones siguientes (no cree en las “dinastías de millonarios”) y ha declarado que la mayor parte de sus millones serán destinados a su fundación: “Los hijos tienen que tener educación y trabajar para buscar su posición en la vida… No creo en las fortunas familiares, sino en la igualdad de oportunidades”.
Los comentarios de Elbaum y el ejemplo de Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo, sirven de motivación. |