Cómo brilló la número 11 en la noche del Mineirão! ¡Cómo se destacó en ese 2 a 1 que hizo que Estudiantes de la Plata volviera a conquistar, después de 39 años, la Copa Libertadores de América! ¡Cuánto tuvo que ver Juan Sebastián Verón en ese logro! Y no falta quien ya hizo las cuentas: ¿a cuánto cotizará la camiseta rojiblanca de la Brujita? ¿Quién será el dichoso que contará con esa reliquia? Ahora bien, en este preciso instante, ¿quién la tiene? ¿El protagonista? ¿Un familiar? ¿Un amigo? ¿O ya la habrá conseguido alguno de esos personajes del mundillo del fútbol llamados “coleccionistas de camisetas”, que nacieron en la Inglaterra de la década del treinta y fomentan una pasión que se expandió bajo el nombre universal de match worn shirts?
Hace algunas semanas, en España sucedió un hecho, digámoslo, un tanto inédito. Después de que Cristiano Ronaldo se incorporó al Real Madrid, se vendieron dos mil camisetas del delantero portugués en un lapso de dos horas (lo que significan quince prendas por minuto) a 85 euros cada una. Es decir, el club recaudó en ese período un total de 170 mil euros.
“En general, hay dos grandes clases de coleccionistas. Por un lado, los que buscan camisetas usadas en juego u originales de utilería; por el otro, los que coleccionan camisetas llamadas ‘réplicas oficiales’, que se consiguen en las casas de deporte o en las tiendas oficiales de los clubes”, comenta Eugenio Palopoli, responsable del sitio web Arte y Sport.
¿Quién no fantaseó, alguna vez, con formar parte del planeta fútbol? Algunos hicieron realidad la ilusión siendo futbolistas, y otros siendo dirigentes o periodistas. Pero hay quienes lo sienten al rastrear, cual Sherlock Holmes, camisetas.
El caso de Marcelo Ordás le dará envidia a más de uno. Él mismo relata la primera de tantas anécdotas: “Si bien decidí coleccionar casacas en el año 2004, la ‘piedra basal’ fue en el Mundial de Italia 90, más precisamente, en la puerta del vestuario argentino, después de la tarde en la que dejamos fuera a Brasil. De pronto, Carlos Amoros, un gran amigo mío y de Claudio Caniggia, me dijo: ‘Tomá, Marce, para vos’. Acto seguido, depositó en mis manos la albiceleste número ocho con la que ‘Cani’ había hecho el gol del triunfo. Implícitamente, allí nació mi colección”.
Ordás es fundador de la Asociación Argentina de Coleccionistas de Camisetas de Fútbol (AACCF), que vincula alrededor de 600 personas: 228 en la Ciudad de Buenos Aires, 150 en el resto del país y 185 entre Inglaterra, Francia, Brasil, Italia, España, Japón, Chile, Holanda, Bolivia, Estados Unidos, México, Australia, Alemania, Uruguay, Perú, Colombia, Portugal y Venezuela.
“La idea de la AACCF surgió en 2007, justamente, por la numerosa y sorprendente cantidad de argentinos que coleccionan camisetas”, justifica Ordás. “Si bien las colecciones y los clubes de cada uno eran diversos, se gestaron dos cuestiones esenciales: primero, emplear al deporte como herramienta de unión y amistad, donde las pasiones conviven respetuosa y sanamente (lo que no es poco en los tiempos que corren). Segundo, lograr ser parte del fútbol al poseer y cobijar gran parte de su historia. En nuestras vitrinas tenemos la casaca que usó Diego en México 86, la de Bochini del Independiente campeón de la Libertadores 84, la de Francescoli del River 86, la de Rojitas del Boca de los sesenta, la de Pelé del Santos, la de Di Stéfano del Real Madrid y la de tantas y tantas glorias”.
Los socios de la AACCF se reúnen cada martes en la sede que se sitúa en la Ciudad de Buenos Aires para debatir acerca de las infinitas actividades que encabezan. Entre ellas, investigaciones, campañas solidarias (como “El fútbol es pasión, no violencia” o “Más pasión, menos presión”, con el fin de apartar a los chicos de la calle, el alcohol y las drogas), debates y charlas con jugadores, técnicos y dirigentes. También, homenajean a ex jugadores y, para el futuro, planean construir el Museo de Camisetas de Fútbol Históricas y editar un catálogo de coleccionistas.
Lo falso de lo real
Leonardo Erman, presidente de la AACCF, recuerda cuando Ariel el Burrito Ortega le regaló su camiseta después de un triunfo frente a Boca Juniors: “Desde aquel día, me especializo en coleccionar casacas titulares y suplentes de mi queridísimo River Plate. Debo tener más de doscientas”. Por su lado, Pablo Agüero se enorgullece de sumar setenta y dos de su amado San Lorenzo, entre ellas, la de la Oveja Telch, del Ciclón campeón del 72.
El proceso para encontrar una camiseta no es para nada sencillo, pero tampoco imposible. Siempre hay un jugador, un conocido o un amigo que ayuda. O, claro, en la era de la modernidad: Internet. “Es una tarea continua y obsesiva. Todo vale para conseguir ‘las armaduras de Vélez’ y colgarlas en el museo que estoy haciendo en mi casa”, dice Sebastián Areitio. “Yo no dejo de pensar un solo día en las camisetas de Platense. Disfruto la que consigo, pero, al instante, recurro a mi base de datos y ya pongo en la mira la pieza que me falta”, acota Douglas Nadin.
Un detalle importante es que la prenda debe ser auténtica. En la actualidad, son muy comunes las falsificaciones y, si bien los coleccionistas se convierten en museólogos que distinguen a la distancia lo falso de lo real, se debe estar muy, pero muy atento. “El precio de la camiseta quizá sea una de las únicas manera de saber si es oficial o no. No hay forma de que lo que en Europa cueste 70 euros, en la Argentina valga menos de 200 o 250 pesos”, advierte Palopoli. “Aunque parezca mentira, hay gente que se dedica a falsificar camisetas históricas de jugadores. Mentirosos capaces de obtener una vieja partida de remeras genéricas de alguna marca y encargarse de conseguir cuerina, felpa y plásticos para reproducir el número, el escudo y la publicidad de aquella camiseta que usó, por ejemplo, el uruguayo Rubén Paz en la Supercopa 88. Cualquier desprevenido puede llegar a pagar cientos de pesos por algo que no es más que un invento de laboratorio”.
Legendarios próceres
de pantaloncitos cortos
Es casi una misión imposible hacerle confesar a un coleccionista cuál es su camiseta más preciada, aquella que guarda con recelo en algún rincón de honor. “Debido a mis sentimientos por Huracán, optaría por la número 11 que me regaló el Turco Mohamed”, acepta tímidamente Matías Schiulaz. Ezequiel Rodríguez, del “Bohemio” de Villa Crespo, es más romántico en su declaración: “¡La camiseta más querida es siempre la que está por venir!”.
Revelan que es utópico hacerse de la camiseta que se calzó Diego Maradona en el partido que le convirtió dos goles inolvidables a Inglaterra, en pleno Mundial de México 86. La leyenda narra que el astro usó una en cada tiempo: una la tiene el mismo Maradona, y la otra se la dio a un inglés. Pero el refrán de Ordás es: “Nunca digas nunca”. Ni él puede creer aún que en su armario descanse la albiceleste que Kempes lució en el Mundial 78. ¿Su próxima meta? La de Uruguay del 50, aquella que protagonizó “el Maracanazo”, cuando los charrúas le ganaron la final a Brasil en su propia casa, contra todos los pronósticos.
¿Se hace cualquier cosa por conseguir “la presa”? Y… “En uno de los tantos viajes que hice para seguir a River, me fui hasta Colombia y concerté una entrevista con el jugador del América de Cali que tenía una de las casacas de los millonarios campeones de América. ¡Obviamente, la repatrié!”, se vanagloria Ignacio Mendoza.
Eso sí: los coleccionistas no hablan de las sumas de dinero que invierten en sus camisetas. De lo que sí no se cansan es de enumerar vivencias, como cuando se contactan con algún jugador que haya utilizado la casaca que ellos tienen. “A mí me pasó con Ricardo Bochini. Le llevé la número 10 que el tanto honró y se emocionó al verla, ya que a él no le quedaban camisetas”, hace memoria Diego Silber. A Guido Martinaschi le ocurrió algo similar: “El Tata Brown sólo conserva una camiseta suya de Estudiantes y, encima, es la suplente. Cuando vio que yo tenía la del Estudiantes campeón del 82, se le llenaron los ojos de lágrimas y me preguntó dónde la había adquirido”.
En este aspecto, Ordás se lleva todos los premios. A través de Próspero Consoli, ex presidente de Argentinos Juniors, consiguió la camiseta de Maradona del Mundial Juvenil de Japón. Treinta años después, Ordás decidió devolvérsela a su antiguo dueño. “Diego accedió gustoso al encuentro y agradeció profundamente el gesto. Siempre soñé con conocer al ‘Diez’, y él, con su calidez y amabilidad, se encargó de hacerme sentir el hombre más feliz del mundo”, evoca conmovido.
Con un costado psicológico, si se quiere, Schiulaz sentencia que los componentes de la felicidad podrían resumirse en un trabajo digno, una esperanza, alguien a quien amar y un hobbie relacionado con los sueños. ¿Reposará allí la explicación de por qué tanto fanatismo con las camisetas?
“La casaca, más que una pieza de colección, más que una simple tela cosida, bordada o sublimada, es la inmortal armadura de los legendarios próceres de pantaloncitos cortos que defendieron, con alma y vida, los colores de los corazones de los hinchas. A esos ‘mantos sagrados’ los reclutamos, los preservamos y se inmortalizan con nuestro cariño y con el sudor de su historia misma”, finaliza Ordás.
Camisetas y solidaridad
Internet es un espacio propicio para recaudar fondos. Y las camisetas de fútbol (aunque también de otros deportes) se prestan para ello. En su momento, en Mercadolibre.com, se subastó, por ejemplo, la camiseta que utilizó Lionel Messi (firmada por él mismo) en las eliminatorias para el Mundial Alemania 06 (la recaudación trepó los siete mil pesos). A través del mismo portal y la Fundaléu, el astro del Barcelona donó los botines y la camiseta que utilizó en la última final de la Champions League. La misma suerte corrieron las camisetas argentinas de Sergio Agüero y Javier Mascherano (foto), o la casaca autografiada de los Pumas, que recaudó 6800 pesos. Siempre con el aval de Unicef.
Curiosidades sobre camisetas argentinas
• En 2005, Racing lució una camiseta... ¡celeste y salmón!
En 1973 utilizó una casaca con bastones negros y amarillos.
• En 1982, Talleres de Córdoba usó una polémica casaca naranja.
• Defensores de Belgrano tuvo un dragón enorme en el pecho.
• En conflicto con el club, los players de San Miguel lucieron una camiseta que decía: “¡No roben más la plata del club!”
• En Suecia 1958, Argentina utilizó una casaca amarilla.
• En 2005, Rosario Central usó 6 modelos de camisetas.
Fuente: En una baldosa (www.enunabaldosa.com)
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