La nueva casa de Martín Vari en Buenos Aires refleja su personalidad en un ciento por ciento: afuera, el movimiento y la adrenalina del tráfico; en su interior, la paz de un parque lleno de árboles. Así también fue y es su relación con el mar. Fuera del agua, el chico es introvertido y de pocas palabras, pero mar adentro, es un león capaz de desafiar olas de más de diez metros con su tabla y su vela.
En esta etapa de vida en Buenos Aires (pasa varios meses fuera del país), su hogar está a pasitos del río. Nacido hace 27 años, casualmente bajo el acuático signo de Piscis, Martín se destacó en el kiteboarding, deporte que comenzó a practicar a los 18, en Hawái, mientras estudiaba Marketing en la Pacific University. Tanto fue el entusiasmo y el ímpetu que le dedicó a esta disciplina que llegó a ocupar dos veces el primer lugar en las ediciones 2001 y 2003 de los campeonatos mundiales de freestyle. Sin embargo, el kiter argentino un día dijo “basta”.
“Yo soy una persona emprendedora, ágil, me gusta cambiar e investigar. Por eso, después de competir más de cinco años en el circuito mundial de la Professional Kiteboard Riders Association (PKRA), todo se me volvió un poco monótono, y me dieron ganas de probar otra cosa. Hoy, vivo la mitad del año en la Argentina, y el resto, viajo para mantenerme informado de todo lo que pasa en el mundillo del kite”, cuenta.
–¿Cómo fue tu historia con este deporte? ¿Cuándo nació tu pasión?
–Yo andaba en kite, competía, hacía freestyle y vivía en Hawái, donde siempre había olas; así que las agarraba y me levantaba con ellas. De a poco, con unos amigos probamos surfearlas con el kite y nos dimos cuenta de que era increíble. La realidad es que en una sesión de dos horas de surf podés agarrar, como mucho, entre 15 y 20 olas. Con el kite todo es más dinámico, estás todo el tiempo subido a una, saltás, agarrás otra. Es como un surf más evolucionado. Estás en continuo movimiento.
–¿Existe la rivalidad entre kiters y surfers por las olas?
–A veces, hay condiciones en que las olas siguen estando buenas para el surf y también para andar en kite. ¡En ese momento los riders se cruzan! Lo que siempre trato de transmitirle a la gente del kitesurf es que el surfista tiene la prioridad de la ola. Si ves a alguien que va a agarrar una… ¡dejásela! Porque vos vas y volvés, y seguro que viene otra ola detrás.
Kiters vs. surfers
En la Argentina este deporte que sólo practican muy pocos está creciendo a ritmo acelerado. “¡Increíble!”. Así analiza Martín el crecimiento del kitesurfing en la Argentina. “Realmente es muy entretenido y fácil de practicar para cualquiera que viene del kite o el surf y ahora que viene el veranito...”, afirma. “Lo bueno es que ya se comienza a vislumbrar como un estilo de vida. Por ejemplo, en Buenos Aires se arman viajes específicos para hacer kite por las olas. El grupo está pendiente de si entran olas en Chile, en Perú o en Brasil. Se arma un viaje fugaz: van, disfrutan y vuelven”.
–¿Qué lugares para surfear recomendás en la Argentina?
–En Mar del Plata hay muy buenos lugares: Horizonte del Sol es uno. Pero casi todos los lugares ideales para el surf están bien, ya que, cuando entra el viento, se aprovechan con el kite. Lo que se busca siempre son las olas; después, el viento te acompaña.
–¿Y en el mundo, cuáles son los lugares ideales para practicar kitesurfing?
–Los últimos años estuve investigando y me di cuenta de que dentro de Sudamérica existen lugares increíbles: Chile, Perú e Ibiraquera (en el sur de Brasil). Son playas que están cerca y son muy buenas.
–¿Ya existen competencias internacionales?
–No tanto todavía, ya que recién está creciendo esta disciplina, y aún hay muchos estilos diferentes. Hay gente que anda con la tabla de surf, con o sin straps, enganchados o desenganchados del kite. La disciplina todavía está en una etapa de desarrollo, y eso también lo vuelve divertido; siempre te encontrás con gente que hace el mismo deporte, pero completamente distinto.
–Dejemos las tablas a un lado, Martín. ¿Cómo visualizás tu futuro?
–Me imagino con una familia y radicado en la Argentina. Me gusta el país, acá están mis afectos, es el lugar donde me siento en casa. Aunque me encanta viajar por negocios. La combinación de ambas cosas es lo que busco y, de a poco, voy encontrando el equilibrio entre estar acá y viajar haciendo lo que me gusta. Ahora estoy dedicado a la investigación y el desarrollo de equipos para kitesurf, mi propia marca.
–¿Pasaste de las competencias a los negocios?
–Mi filosofía es ser dinámico, tengo mi propia marca de equipos, y quizás esto me llevó a estar del lado empresarial. Pero no quiero, ni voy a perder, el estilo de vida ni la razón por la cual estoy en esto, que es porque me gusta y me divierte. Es mi pasión.
–¿Cómo se te ocurrió pasar de deportista a emprendedor?
–No dejé de ser del todo deportista. Hace poco participé en el Mundial de Kite Course, que se basa en la competencia entre riders alrededor de un circuito determinado, tipo regatas. Pero contestando tu pregunta, se me ocurrió unir dos de mis pasiones: el marketing y el kitesurf. En el kite hay muchas modalidades: freestyle, sobre olas, o la gente que sólo quiere volar tranquilo. El concepto que yo tengo es que, ante todo, el kite es el medio de energía que te lleva, que te propulsa. Después, podrás elegir la tabla que quieras para ir al terreno que desees: agua plana, freestyle u olas. Nosotros lo que pensamos crear es un mismo kite, adaptable, para practicar diferentes estilos sin la necesidad de cambiar de un modelo a otro. Es un deporte que está despuntando, y buscar el nicho de mercado es una cualidad de los emprendedores.
Según dicen, los argentinos tenemos energía emprendedora, como la de Martín, que supo desafiar olas de más de diez metros de altura. |