Buscar
 
Cocina Investigacion Moda Personajes Turismo Contactenos
 
 
 
 
Investigación
“Infertilidad masculina Un paso adelante”
 
 
 

IMSI
•Técnica indicada para aquellos que hayan tenido fallas en tratamientos previos por fertilización in vitro (FIV) o ICSI convencional o por fragmentación del ADN.
Ventajas:
•Selección del gameto en tiempo real y con gran magnitud.
•Se puede elegir el mejor espermatozoide y desechar aquellos que son deformes o que presentan más de un 4% de residuos celulares.
Si bien no se encuentran grandes diferencias entre la IMSI y la ICSI, los resultados de la IMSI revelan una mayor tasa de fecundación, mayor cantidad de embriones de primera calidad y mayor tasa de implantación y de embarazo. Según la publicación de Benjamin Bartoov en el Journal of Andrology (2002), las posibilidades de fecundación del óvulo aumentan de un 30 a un 60%.

Factores que pueden deteriorar la fertilidad masculina:
•Algunos medicamentos para ciertas enfermedades, como la diabetes.
•Infecciones en los órganos sexuales, enfermedades venéreas, prostatitis o paperas.
•Lesión testicular por accidente, cirugía o radiación contra el cáncer.
•Problemas en el pene, como el hipospadias, una malformación que consiste en una abertura cercana al orificio terminal.


 
 
 

La infertilidad masculina pasó de ser un tema tabú a una preocupación entre los hombres: en el 40% de los casos de infertilidad en la pareja, son ellos los que padecen alguna dificultad para concebir.
La buena noticia: las nuevas metodologías optimizan los tratamientos de fertilización asistida y aumentan un 15% la tasa de embarazo.

El título de la nota responde, básicamente, a dos razones. La primera, de tinte sociológico si se quiere, data de algunas décadas atrás cuando, a la hora de concebir un hijo, la mujer era la depositaria de toda esperanza. De surgir contratiempos, nadie ni siquiera intentaba desviar la mirada hacia el hombre y encontrar en él alguna dificultad. Esto ya fue superado y con creces.
Para el otro “paso adelante”, no hay que remontarse tanto en el tiempo, sino remitirse a una actualidad cada vez más optimista en lo que se refiere a la infertilidad masculina, sobre todo si se considera que, en el 40% de los casos de infertilidad en la pareja, son ellos los que padecen impedimentos. Renovados aires soplan con fuerza en este campo, por medio de técnicas inéditas, que, por un lado, seleccionan los mejores espermatozoides, y, por el otro, analizan el ADN.
“Desde hace años, la medicina reproductiva intenta encontrar respuestas a los interrogantes que plantea la falta de embarazo”, define Ramiro Quintana, especialista en medicina reproductiva y preservación de la fertilidad. “Muchas causas son aún desconocidas, y es difícil predecir, por ejemplo, la capacidad fecundante del espermatozoide. Sin embargo, recientemente, aparecieron estudios que, si bien no se aplican en forma rutinaria, ayudan a plantear diagnósticos y a establecer diferentes tratamientos que pueden mejorar las probabilidades de lograr el embarazo”, agrega quien está a cargo del Servicio de Fertilidad de Instituto Médico Adrogué y del consultorio de Fertilidad del Sanatorio Trinidad de Palermo.
En España, la situación no es menor: la Sociedad Española de Esterilidad (SEE), además de revelar que la infertilidad del varón explica el 40% de los casos de parejas estériles, informó que entre un 10 y un 15% de las parejas de ese país tienen serios inconvenientes para procrear.
“Desde el punto de vista masculino, los obstáculos para lograr el embarazo siempre existieron. Debido a una mayor difusión en los medios y a la pérdida de ciertos tabúes, los varones concurren a la consulta con mayor celeridad, cuando antes demoraban la ida al consultorio. Ahora, existe una mayor concientización y demanda en la consulta”, desliza Susana Kopleman, subdirectora médica del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGyR).
En palabras de Carlos Carrere, director del Centro Urosexológico y Andrológico (CEUSA) y presidente del Instituto de Andrología y Reproducción Asistida (IARA), la infertilidad es una disminución en la posibilidad de lograr un embarazo, pero que no significa siempre un impedimento. “A veces, el nivel de fertilidad de la mujer compensa la subfertilidad de su pareja. Por esta razón, los varones subfértiles que no pudieron tener hijos con una mujer lo consiguen con otra, no porque su cuadro clínico haya mejorado, sino porque esta última mujer lo compensó con su alta fertilidad. Este equilibrio no funciona al revés”, comenta Carrere, desde Procrearte, Red de Medicina Reproductiva y Molecular.
Si bien en el 30% de los casos se desconoce el origen del problema, las causas más comunes de infertilidad masculina se extienden desde la presencia de varicocele (várices testiculares), el antecedente de enfermedades infecciosas (como las paperas en el adulto) y los trastornos hormonales, hasta las infecciones por transmisión sexual, la exposición a altas temperaturas, la edad y las alteraciones genéticas.

Buenas nuevas
“El espermatozoide se conoce desde hace más de trescientos años. Siempre se intentó valorar su capacidad para fertilizar un óvulo, así como resaltar su influencia en la producción de un embrión que dé origen a un hijo sano. En el espermograma, el número de espermatozoides, su concentración y su movilidad son informaciones básicas, pero, en el presente, la visualización y la clasificación de los espermatozoides de acuerdo con su forma adquirió una importancia fundamental”, ahonda Quintana.
En el XIII Congreso de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), se presentaron dos técnicas que optimizan los tratamientos de fertilización asistida y aumentan un 15% la tasa de embarazo: la IMSI y la separación magnética por columnas de anexina V. Pero vayamos por partes.
El método IMSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides seleccionados morfológicamente) utiliza un microscopio de alta resolución para seleccionar los mejores espermatozoides y descartar los que no son aptos para la fecundación. Su antecesor fue el ICSI (inyección espermática intracitoplasmática), que elegía el gameto masculino con un microscopio de hasta cuatrocientos aumentos (el microscopio de IMSI es de más de seis mil aumentos).
“Cuando se describió, en 1993, la técnica del ICSI, se supuso que con el sólo hecho de llevar el espermatozoide dentro del óvulo se podría superar el impedimento que tenía el espermatozoide para fertilizar. Fue un gran adelanto, pero se comprobó que muchos embriones de buena calidad generados con malos espermatozoides no evolucionaban más allá del tercer o cuarto día. Después, se verificó que este detenimiento del embrión era por una fragmentación del ADN espermático y que, mediante una técnica denominada TUNEL, podía diagnosticarse”, relata Carrere.
Una investigación realizada por el Instituto Jones para la Medicina Reproductiva, de Norfolk (Estados Unidos), descubrió que algunos espermatozoides pueden aparentar sanos, pero, en efecto, tienen deteriorado el ADN, lo que minimiza las posibilidades de embarazo. Aquí, el quid de la cuestión.
“La información genética del espermatozoide está contenida en una molécula llamada ADN. Por lo tanto, que la molécula no esté fraccionada o rota es fundamental para que el espermatozoide pueda fertilizar el óvulo. En una muestra de semen, saber el número de espermatozoides con ADN fragmentado es muy importante”, aclara Quintana y prosigue: “Los factores ambientales o el consumo de tóxicos (alcohol, tabaco, drogas, etcétera) hacen que un hombre tenga un alto número de espermatozoides con ADN fragmentado. Para poder diagnosticar esto, se realiza el test de TUNEL, que mide el porcentaje de fragmentación del ADN. En determinadas situaciones, el óvulo puede mejorar los defectos del ADN del espermatozoide, pero por las condiciones técnicas o por la edad o funcionamiento del óvulo, esto puede no ocurrir y, así, las posibilidades de un embrión o de un hijo sano disminuyen. Ante esto, la implementación del ICSI –es decir, inyectar un espermatozoide en el óvulo– puede ser insuficiente, y se debe recurrir, por un lado, a instrumental de mayor aumento para seleccionar mejor la forma del espermatozoide que se inyecte, y, por el otro, a la técnica de separación magnética por columnas de anexina V, donde los espermatozoides con ADN fragmentado se pegan a unas esferas especiales y permiten que los espermatozoides sanos pasen y sean ellos los seleccionados para inyectar en el óvulo. Así, hay más probabilidades de cumplir con el objetivo de la pareja”.
Con el asesoramiento de Kopleman, un resumen concluiría que el desarrollo del ICSI permitió ser padres a varones que no podían serlo por una muy baja concentración, movilidad o formas normales en sus espermatozoides. Actualmente, el ICSI se complementa con el IMSI (selecciona espermatozoides cuando sus formas están severamente afectadas) y las columnas de anexina V (se utilizan cuando el ADN del espermatozoide está fragmentado de manera tal que pueda incidir negativamente en el procedimiento; así se pueden separar aquellos espermatozoides afectados de los que no tienen el problema y utilizar estos últimos para realizar el ICSI). ¿Claro? Sigamos.

Mitos y verdades
Alrededor de la infertilidad masculina circulan varios mitos, como aquellos que argumentan que se reduce a un dilema psicológico o sexual. Falso de toda falsedad. Como lo es también la sentencia del español José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), en la que aseveró que los anticonceptivos orales no sólo atentan contra el medio ambiente (ya que, a través de la orina, se liberan toneladas de hormonas), sino que son una de las principales causas de la infertilidad masculina en Occidente. “Descarto de lleno este dato”, contesta Sergio Papier, director médico de CEGyR.
En otra vereda, se ubica un estudio europeo que constató que una alimentación saludable mejora la fertilidad masculina. Al parecer, los bajos niveles de nutrientes antioxidantes tienen un efecto negativo sobre la cualidad del semen. El autor del estudio, Jaime Mendiola, de la Universidad de Murcia, sostuvo que los hombres que consumen más productos lácteos y carne, y menos lechuga, tomate y fruta, eran más propensos a tener espermatozoides de mala calidad.
¿Y si las computadoras portátiles y el ciclismo también aportan su granito de arena? Especialistas norteamericanos advirtieron, en la revista Human Reproduction, que el uso prolongado de las notebooks sobre las rodillas afecta la fertilidad masculina. Esto se debería a que la temperatura generada por la computadora aumenta la temperatura del escroto y puede alterar el esperma (el alerta emerge si se tiene en cuenta que las laptops ya superaron, y con creces, las ventas de las PC de escritorio). Otra contribución la hicieron los expertos que participaron en Ámsterdam del Congreso de la Sociedad Europea de Reproducción y Embriología Humana. Para ellos, practicar ciclismo de manera intensiva alteraría la cantidad y calidad de los espermatozoides (debido a la compresión de los testículos contra el asiento). Según Papier, “ninguna de las mencionadas es causa absoluta en sí de la infertilidad, pero se les debe prestar atención, porque pueden incidir en la problemática”.

En definitiva, hay que “parar las antenas” con respecto a la infertilidad masculina, y eso podría traducirse en una suma que conjuga conciencia, precaución e información más la consulta a tiempo con el especialista. “Sin dudas, a muchos hombres sólo les quedaba la alternativa de la adopción, la inseminación con semen de donante o, sencillamente, resignarse. Hoy pueden ser padres, gracias al desarrollo tecnológico logrado en repro-ducción”, cierra Gastón Rey Valzacchi, médico del Servicio de Urología del Hospital Italiano y encargado de Andrología y Disfunciones Sexuales en el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC).

Un problema tan femenino como masculino*
Se calcula que el 10% de las parejas tienen problemas de fertilidad, y un número no cuantificado tiene menos hijos de los deseados. Habitualmente, a la infertilidad se la consideraba un inconveniente femenino (es la mujer la que consulta inicialmente). Esta actitud errónea surgió al considerar que si la mujer es “quien se embaraza”, debería ser ella “la responsable de no poder quedar embarazada”. La fertilidad es la resultante de la suma de los potenciales masculinos y femeninos.
Es muy común que el diagnóstico de infertilidad lleve al hombre a una gran frustración. La mayoría de los hombres infértiles tienen, en algún momento, la idea de que ellos no son capaces de hacer lo que otros hombres pueden. Se confunde infertilidad con masculinidad, sexualidad, virilidad y potencia.
El sistema reproductivo masculino es tan complejo que hay múltiples causas potenciales de infertilidad. Este sistema empieza a desarrollarse en el feto y puede verse afectado por enfermedades o por el estilo de vida de la madre gestante. Después del parto, ciertos factores externos como las infecciones, los fármacos o la radiación pueden alterarlo. Durante la adolescencia y la adultez, el hombre forma los espermatozoides, y durante este complejo proceso –regulado por hormonas– el calor, los medicamentos y las sustancias químicas también modifican la calidad de los gametos.
Genéticamente, los varones se diferencian de las mujeres en que ellas tienen dos cromosomas X, mientras que ellos tienen un solo cromosoma X y un cromosoma Y. La presencia de este cromosoma es lo que indica que, en el embrión, se formen los testículos, los cuales, una vez constituidos, producen las hormonas necesarias para el desarrollo del varón.
Las técnicas de biología molecular identificaron en el cromosoma Y una región llamada AZF, donde se ubican varios genes que intervienen en la formación de los espermatozoides. El estudio de estos genes en los hombres infértiles permitió reconocer que un porcentaje de los casos se debe a la pérdida de estos genes. Esto es importante, ya que permite explicar el cuadro sin perder tiempo y dinero en estudios y tratamientos que no serán efectivos.
En 1991, la Universidad de Copenhague presentó un trabajo en el que comunicaba que el recuento de espermatozoides en los hombres había disminuido espectacularmente en los últimos cincuenta años. Los factores mejor documentados que afectan negativamente la fertilidad masculina son los fármacos terapéuticos y la radiación, que alteran la división celular o interfieren con las hormonas de la reproducción.
También está el calor: se supone que los testículos humanos están fuera del cuerpo para permitir que los espermatozoides maduren a 2 °C más bajos que la temperatura corporal normal.
Por su parte, la obesidad aparece como otro enemigo, por afectar los niveles hormonales, ya que la testosterona (la hormona masculina) se convierte en estrógenos (hormona femenina) en el tejido adiposo de los hombres obesos. Alrededor del área genital de estos hombres, tiende a formarse un “delantal” de grasa, que calienta los testículos. El alcoholismo excesivo, el cigarrillo, las drogas y el abuso de café son otros factores.
*Por Gastón Rey Valzacchi, médico del Servicio de Urología del Hospital Italiano y encargado de Andrología y Disfunciones Sexuales en el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC).