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Color esperanza  

Un bicentenario con más color
En el marco de los preparativos para el bicentenario, los vecinos del barrio de Pompeya, al sur de la ciudad de Buenos Aires, tendrán la oportunidad de darle color a su espacio público. Se trata de una iniciativa conjunta que lleva adelante el gobierno porteño con el apoyo de la Asociación Civil Más Color y de la empresa Sinteplast, quien facilitó las pinturas. La zona que será intervenida durante todo el mes de septiembre es conocida como “El pueblito”. Se trata de un área de unas 130 casas bajas, rodeada de fábricas y con una plaza que da al Riachuelo. La propuesta fue recibida con mucho entusiasmo por los vecinos, que se reunieron en un club del barrio durante meses para capacitarse y decidir cómo pintarían sus casas. Al finalizar la pintada, en los primeros días de octubre, se realizará un concurso con un jurado formado por personalidades de la cultura.

 
En las últimas décadas, General Ballivián se había convertido en un pueblo olvidado. Esta localidad salteña de apenas dos mil habitantes, ubicada a 30 kilómetros de Tartagal, fue abandonada primero por el ferrocarril. Luego escaseó la asistencia gubernamental. Y hasta
la misma naturaleza pareció soltarle la mano, pero el color le tendió una pincelada.

Después de años de aislamiento, General Ballivián recibió ayuda de la forma menos pensada: con color. En 2003 la Asociación Civil Más Color llegó al pueblo con una propuesta tan simple como revolucionaria: usar el color como herramienta para modificar el espacio exterior y generar una transformación interior. Con la participación de todos sus habitantes, se pintaron los frentes de las 300 casas y se le cambió la cara al lugar. A los pocos meses, el colectivo de larga distancia volvió a pasar por Ballivián y comunicó al pueblo con el mundo exterior. “El color transforma, integra, revitaliza y llena de alegría y belleza el espacio público. El color ayuda a vivir mejor”, aseguran en Más Color, la organización que pinta pueblos y edificios públicos en las zonas más necesitadas del país, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Con sede en Buenos Aires, esta asociación civil nace luego de la crisis de 2001, cuando una artista plástica, una galerista, una coordinadora social, una colorista y un empresario deciden sumar sus conocimientos para generar un cambio. “Somos personas que veníamos de distintos campos, pero nos unió el interés por combinar el arte con lo social”, explica Catalina Clusellas, una de sus creadoras.
Siete años y miles de litros de pintura más tarde, hoy Más Color lleva pintados pueblos, escuelas, bibliotecas y centros culturales a lo largo y ancho del país. Armados con brochas y rodillos, ya transformaron paisajes tan disímiles y distantes como Caleta Córdova (Chubut), Tartagal (Salta), Libertad (Santiago del Estero) o Del Viso (Buenos Aires). Ya sea en una pequeña escuela rural o en un barrio del conurbano bonaerense, el objetivo siempre es el mismo: involucrar a la gente para mejorar el lugar donde vive. “El color es el estímulo para producir cambios más profundos. No hay cambio sin estímulo”, explica Clara Escalante, otra de sus miembros.
Más que un cambio estético, esta organización sin fines de lucro apuesta a una transformación integral de la comunidad. Y para ello es fundamental el compromiso y la participación de sus habitantes. El proceso, que dura entre dos y seis meses, puede dividirse en tres etapas. Primero se hace la convocatoria a la gente, donde se presenta el proyecto y se busca conocer la idiosincrasia de los habitantes y las características del lugar. En esta etapa se realizan talleres de color para definir entre todos los habitantes una paleta cromática acorde con la identidad del pueblo. “Hacemos un estudio del lugar sobre la base de datos antropológicos, geográficos y climáticos, que encontramos en cada destino. Cada región tiene características diferentes y transmite sensaciones especiales. Es muy importante el tema de la identidad cuando se hace una paleta", aclara Diana Goransky. “Por ejemplo, en Tartagal trabajamos con la comunidad aborigen de los tapietes, que habían sido trasladados de sus ranchos a un barrio de la ciudad por un plan de viviendas del Gobierno. El problema era que no sentían esas casas como propias. A la hora de pintar el frente de sus casas, los aborígenes decidieron hacer murales con diseños autóctonos que relataban sus costumbres y su historia”, recuerda Clara. Y agrega: “Con el proyecto se integraron al resto del barrio y terminaron pintando todos juntos”.
En la segunda etapa, entonces, se ponen manos a la obra. Para esto, los miembros de la organización dictan talleres prácticos de cómo pintar casas, y así, mucha gente termina aprendiendo un nuevo oficio. “El pueblo cambió; ahora entra el colectivo. Está tan lindo... Y yo ahora trabajo de pintor”, contaba Luis Díaz, un joven de Ballivián.
Luego de pintar, Más Color convoca a la comunidad a la etapa final. Se trata de un cierre, que incluye una evaluación del trabajo realizado, una entrega de premios y, por supuesto, festejos varios. El vínculo que se genera entre los pueblerinos y los voluntarios de Más Color es intenso, y no faltan las lágrimas y los regalos en las despedidas. “Cuando trabajás casa por casa en un pueblo, te involucrás mucho con el otro. Le estás pidiendo a una persona que haga un cambio, y eso es maravilloso”, dice Catalina.

Resultados
Y para las mentes grises que desconfían del poder del color, aquí van algunas pinceladas de los resultados conseguidos: “Empecé el secundario de nuevo. Ahora mi casa tiene vida y viene gente, amigos. Estoy orgullosa de mi lugar”, dijo Susana Funes, de 47 años, al terminar de pintar su casa en Caleta Córdova, una localidad de Chubut, que luego fue declarada de interés turístico por el gobierno provincial. Otro testimonio es el de Francisco Romero, de 9 años, luego de pintar la escuela de Ballivián junto con sus compañeros de curso: “Ahora mi escuela nunca más va a estar sucia. Todos la pintamos”, narró.
Mucho se ha escrito sobre el poder del color. Psicólogos y pensadores de todas partes del mundo coinciden en la influencia del color en el comportamiento humano. El propio Goethe sentó las bases para una psicología del color en su tratado Teoría de los colores, cuando se opuso a la visión meramente física de Newton y sostuvo que, en realidad, el color depende también de nuestra percepción subjetiva.
Hoy es sabido que los colores cálidos se consideran estimulantes, alegres y hasta excitantes, mientras que los fríos son tranquilos, sedantes y, en algunos casos, deprimentes. Y aunque estas determinaciones son puramente subjetivas y debidas a la interpretación personal, las investigaciones han demostrado que son corrientes en la mayoría de las personas.
Más para aquí en la historia, una referente en esto de combinar el color con la solidaridad es la organización norteamericana Public Color, que desde 1996 convoca a voluntarios para pintar escuelas en los barrios carenciados de Nueva York.
Actualmente, Más Color está pintando en el barrio de Pompeya, al sur de la Capital Federal, con el apoyo del gobierno porteño y de una empresa de pinturas. El caso es un modelo de responsabilidad social bien aplicada: confluyen aquí el sector público, el privado y el civil, para mejorar la calidad de vida de una zona relegada de Buenos Aires. Sucede que, como tantas otras organizaciones no gubernamentales (ONG), Más Color depende exclusivamente del apoyo de empresas y de donaciones privadas, ya que sus recursos son limitados. “Para las empresas o funcionarios con intereses en una determinada comunidad, el proyecto es interesante, porque no tiene un tono paternalista. Son los propios vecinos los que deciden hacer el trabajo. Pintar produce un efecto contagio”, explica Catalina.
Hoy el colectivo de larga distancia sigue pasando por General Ballivián, pero la lucha diaria contra la pobreza continúa. Entre sus calles de tierra pueden reconocerse los ranchos de colores que todavía dan esperanza. La misma de la que hablaba Roberto Quispe, un anciano wichí del pueblo: “Mis antepasados soñaron que esta comunidad se iluminaba, y por suerte estuve vivo para verlo… Es verdad: se iluminó y se llenó de color”.

Más info: www.mascolor.org.ar / www.bicentenariociudad.gov.ar