Vivimos en la era de los sentidos. Son tiempos de sonidos puros, sabores múltiples y aromas exóticos. Gustos como maracuyá o mango escalan posiciones en el listado de las heladerías. Y un simple vaso de vino tiene atributos, cualidades, dejos, rasgos y hasta carácter. Incluso pedir un café ya no es tarea sencilla: el aroma de un pocillo nos transporta no sólo a Colombia, sino que ahora un desprevenido puede acabar en Etiopía o Indonesia.
En un mundo signado por la oferta y la demanda de experiencias sensoriales, la industria tecnológica es la que más lleva invertido en este desafío de transformar actividades cotidianas en un placer para los sentidos. Veamos: hoy nadie saldría conforme del cine sin haber disfrutado de un sonido digital envolvente, y la definición vívida de los plasmas arrasa al ya entrañable televisor de tubo.
Así, mientras las experiencias en sonido e imagen alcanzan niveles de perfección impensados hasta hace pocos años (y ante la improbabilidad de oler un teléfono o saborear un monitor, al menos por ahora), todos los cañones de la tecnológía apuntan hacia el sentido del tacto.
La idea de incorporar sistemas táctiles en la tecnología personal es simple: volver a los orígenes. Dejar de lado extensiones como el teclado y el mouse –en su momento, necesarios, pero intermediaros al fin– para volver a utilizar las manos y tocar directo sobre la pantalla.
“Intuitivo, elegante, cómodo y natural”, son los elogios más comunes de los usuarios fanáticos de lo digital, que ya se subieron a la moda touchscreen. “Costoso, delicado y difícil de operar”, son las críticas más escuchadas entre los fundamentalistas del mouse y del teclado.
Lo cierto es que la tendencia hacia la pantalla táctil o sistema touchscreen, tanto en telefonía móvil como en computadoras personales, se afianza en los mercados de alta gama y amenaza con transformarse en una norma. Pero ¿se trata de costosos aparatos más cercanos a la ciencia ficción que a la realidad o son dispositivos que facilitarán la interacción de los usuarios con las máquinas? Es decir, ¿se trata de una moda digital o se avecina el fin de los botones como los conocemos?
A juzgar por las apuestas de gigantes como Microsoft, Nokia o Google, y según las opiniones de los especialistas, todo hace pensar que el sentido del tacto llegó a la tecnología para quedarse.
Los expertos coinciden en que la explosión del mercado de las pantallas táctiles llegó de la mano del iPhone, el revolucionario teléfono portátil de Apple. Desde su lanzamiento en 2007, la imagen de personas que acariciaban las pantallas de sus nuevas criaturas se multiplicó por millones hasta obligar al resto de los fabricantes de telefonía móvil a implementar sistemas operativos similares. “El iPhone abrió la caja de Pandora”, grafica el ingeniero Alejandro Silvestrini, director de Transferencia Tecnológica, de la Universidad Austral. Y agrega: “Nadie quería dar el primer paso, porque requiere mucho esfuerzo en investigación, y eso no siempre se capitaliza en los resultados”.
“El iPhone popularizó los sistemas táctiles, y ahora todas las grandes empresas están desarrollando lo mismo”, asegura Andrés Bursztyn, ingeniero y director de Ingeniería en Sistemas de Información de la Universidad Tecnológica Nacional, en Buenos Aires.
Lo cierto es que hoy la mayoría de los teléfonos de alta gama del mercado funcionan con sistemas táctiles, y los grandes jugadores se disputan un negocio que, luego de años de pruebas y errores, empieza a dar dividendos. “Hoy Google está superando a Apple con su sistema operativo Android, que se basa en una tecnología táctil más veloz, además de ser libre y gratuito para cualquier teléfono”, dice Silvestrini sobre los nuevos sistemas a punto de salir al mercado.
En la carrera táctil, por ahora, los teléfonos celulares parecen haber tomado la delantera por sobre las computadoras personales. “Tiene todo el sentido del mundo ofrecer estas tecnologías en productos portátiles, donde lo importante es poder hacer todo con una o dos manos. Las PC, por su parte, no tienen hoy esa necesidad. El tacto como modo de interacción con los dispositivos es cool, pero no siempre es más práctico. Hoy sería difícil pensar en una PC ciento por ciento táctil donde tuviéramos que tipear sobre una pantalla”, dice Francisco Ortiz, gerente de Ventas de Entretenimiento y Dispositivos de Microsoft Argentina. Los números son elocuentes: durante el año pasado sólo 2 de 300 millones de computadoras personales vendidas llevaron incorporados sistemas táctiles.
La principal barrera que deben sortear los fabricantes para lograr instalar las pantallas táctiles en los hogares de la gente es el precio. “Para que se terminen de masificar, habría que ajustar los costos, ya que hoy, más que nada, son productos de alta gama”, explica Bursztyn.
Técnicamente, en el mercado se utilizan pantallas resistivas o capacitivas. La tendencia apunta hacia estas últimas, que permiten tocar varios puntos de la pantalla simultáneamente (como el iPhone) y no necesitan de un puntero, como las resistivas, sino que alcanza con rozar la superficie con la yema de los dedos.
En cuanto a su tamaño, las pantallas táctiles tienen formato widescreen (es decir que se puede visualizar el contenido de forma horizontal), lo que las hace más prácticas para navegar por la Web. Claro que también se pueden usar de forma vertical, algo más cómodo para hacer llamadas, por ejemplo.
Con la tecnología ya desarrollada, el otro desafío de las empresas de informática ahora pasa por convencer al usuario de las bondades de utilizar los dedos en lugar del clásico mouse. Hay quienes sostienen que, más allá de su funcionalidad, el teclado y el mouse están muy arraigados entre los usuarios como para dar paso a una tecnología que para muchos es considerada más un lujo que un beneficio. “Al usuario le cuesta mucho apren-der a usar una interfaz. Para todos fue difícil aprender a usar el mouse por primera vez. El usuario dedica muchas horas a aprender a manejar algo y luego no siempre quiere cambiar”, explica Silvestrini. Y pronostica: “Igualmente, hoy estamos asistiendo a un proceso de aprendizaje acelerado. Lo que decante de la experiencia con pantallas táctiles será algo más definitivo como forma de comunicación con las máquinas”.
En cambio, otros expertos auguran una lenta desaparición de la vieja dupla mouse-teclado y no le temen a las comparaciones con películas de ciencia ficción. Hace un par de años, en un evento de tecnología, le preguntaron a Bill Gates sobre el futuro de la interacción entre el hombre y la máquina. Su respuesta fue que el mouse y el teclado eran productos en vías de extinción, ya que lo más natural para los seres humanos sería directamente poder manejar todos los sistemas y dispositivos mediante la voz y los gestos. “Las nuevas tecnologías han permitido que desarrollemos sistemas que se adecuan de la mejor manera a la forma en que los seres humanos interactuamos con los dispositivos electrónicos. Las pantallas táctiles son un gran paso hacia este futuro cercano, pero siento que son sólo parte de una etapa más en la evolución”, opina Ortiz.
¿Lo que viene? Se habla de sistemas de reconocimiento de voz y hasta de gestos, en los que nuestros movimientos serán descifrados por las máquinas y ni siquiera será necesario tocar una pantalla para interactuar con las computadoras. Mientras tanto, bienvenidos a la era del tacto.
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