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Salud
¿Las dietas conducen a la obesidad?  

Para llevar a cabo un buen plan alimentario, es necesario tener en cuenta los siguientes aspectos:
•Que sea equilibrado y que cubra todas las necesidades del organismo en cuanto a cantidad y calidad de los alimentos.
•Que sea hipograso, es decir, que restrinja las grasas animales y las saturadas.
•Que tenga hidratos de carbono complejos, como verduras, frutas y granos y proteínas magras.
•Tomar entre dos y tres litros de líquido por día.
•Que se trabaje con el paciente la posibilidad de descubrir las emociones que acompañan el comer para lograr un cambio de adentro hacia afuera, centrado en el autocontrol.
•Control médico con evaluación clínica y de laboratorio.
•Realizar actividad física.

¿Cuáles son los errores más frecuentes al comer?
•Saltear comidas, y, por lo tanto, ingerir grandes volúmenes de comida en pocas ingestas a lo largo del día.
•Comer minimizando lo que se come y sin registrar.
•Comer rápido, tragando sin masticar.
•Comer bocados grandes.
•Seleccionar mal los alimentos: en las comidas, debemos incluir alimentos variados, especialmente verduras y frutas crudas, ya que dan saciedad y aportan fibra, vitaminas y minerales.
•No comer sentado.
•No apoyar los cubiertos entre bocado y bocado.
•No darse tiempo para las comidas y comer mirando la televisión o usando la computadora. De esta forma, perdemos la noción de la ingesta.
•Comer sin disfrutar.

 
Alguna de ellas, como las relámpago y las rápidas, al dejarlas suelen provocar un “efecto rebote”. Los especialistas no hablan de milagros: proponen cambiar de hábitos, seguir dietas razonables y hacer ejercicio para poder ganarle a la obesidad. Una enfermedad que en el país la sufren 7 millones de personas.

Hay quienes sostienen que así como la luna ejerce una fuerza de atracción en las mareas, también lo puede hacer sobre los líquidos corporales. Partiendo de esta teoría, la dieta de la luna promete a hombres y mujeres perder peso rápidamente ingiriendo líquidos con ayunos parciales. Esta es una de las famosas dietas rápidas, que propone bajar hasta tres kilos por semana y garantiza que no se recupera el peso ni se pone en riesgo la salud. Pero este tipo de regímenes rápidos pueden ser peligrosos y derivar en el famoso “efecto rebote”.
Los especialistas en nutrición consultados aseguran que no es cierto que las dietas rápidas sean una solución para adelgazar. Este tipo de dietas provocan que, al dejar de comer o ingerir pocas calorías, el cuerpo aproveche las reservas que tiene almacenadas en los músculos. Lo que se pierde no es grasa, sino masa muscular, por lo que el peso baja de forma muy rápida y llamativa.
Susana Gutt, jefa del departamento de Nutrición del Servicio de Clínica Médica del Hospital Italiano, asegura que cuando hacemos una dieta hipocalórica por corto plazo, la tendencia, al abandonarla, es volver a la ingesta calórica previa. “El organismo tiende a recuperar los kilos perdidos, ya que todo en nuestro cuerpo tiende a volver al equilibrio de peso que tenía antes de que lo modificáramos. Si la dieta es muy restringida y el descenso es muy importante, en corto plazo el desequilibrio es mayor, porque el “efecto rebote” o “efecto yoyó” es más marcado”, explica Gutt.
Con este tipo de dietas, quizá se logre perder peso, pero sólo por unos meses. Después vuelven la ansiedad y los kilos de más. Por este motivo, los nutricionistas prefieren hablar, más que de dietas, de planes alimentarios. Para el médico Máximo Ravenna, director del Centro Terapéutico que lleva su nombre, las dietas mágicas nunca sirvieron, o los resultados que se obtienen son parciales, y remarca que la obesidad es una enfermedad: “La obesidad no se produce sólo por dejar de hacer una dieta. Esta enfermedad involucra el sedentarismo, el encierro, la quietud y la sobredosis de Internet”, explica Ravenna.
Y para César Augusto Casávola, jefe del Servicio de Nutrición del Hospital Alemán, el problema radica en que la mayoría de las dietas rápidas que nos recomiendan o sacamos de las revistas no proponen seguir un plan normal de alimentación.

Riesgos para la salud
Las dietas relámpago y sin supervisión médica prometen la pérdida rápida de peso, pero, en muchas ocasiones, puede ocasionar daños graves para la salud. Y al no contar con un control, la adopción de estos regímenes puede producir deficiencias nutricionales. Esto ocurre cuando no se incorpora la suficiente variedad de alimentos o se eliminan importantes fuentes de vitaminas o minerales. Por su parte, Daniel Girolami, docente de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires y responsable del sitio aprenderacomer.com, explicó que eso ocurre cuando las dietas no está prescriptas por un profesional. “No todas las personas aceptan o asimilan los alimentos. Si las dietas no están bien indicadas y si no incorporan la suficiente variedad de alimentos, pueden dañar la salud”, comenta. La especialista Patricia Giacomelli, nutricionista de la clínica Cormillot, se suma al debate y asegura que con las dietas sin supervisión médica se eliminan grasas, pero se reducen otras fuentes de energía: “Por eso es posible que se disminuya la masa muscular, que puede afectar el rendimiento físico y la coordinación, además de producir debilidad”, apunta Giacomelli.

La clave es cambiar de hábitos
Los organismos y centros de salud estiman que en nuestro país son más de 7 millones las personas que padecen obesidad. Prestando atención a la problemática, los especialistas consultados coinciden en que para adelgazar de manera saludable y controlar el peso, hay que seguir un sistema y un plan de alimentación equilibrado y realizar ejercicio físico. Cuando se inicia un plan de adelgazamiento –explica Ravenna– debe saberse que el propósito de fondo es que se adquiera una nueva manera de comer. “Lo lógico es que cuando bajamos rápido de peso con las dietas, no nos curamos del comer. Por eso, las personas con problemas de peso, primero, deben entender que el problema no es la dieta, sino la obesidad”. Ravenna opina que las dietas “famosas” no van más. “Ahora debemos trabajar íntegramente con el paciente, y lo importante es adelgazar para cambiar los hábitos y no cambiar los hábitos para luego poder adelgazar. Los pacientes deben aprender a decir que no”, aclara.
Por su parte, Gutt asegura que el plan alimentario es un “traje a medida”, que diseñan el paciente y el profesional, donde se explicita cuál debería ser la meta establecida a corto y mediano plazo para lograr el descenso de peso. Giacomelli también coincide en que hay que modificar progresivamente los hábitos y sostiene que se deben aportar como mínimo 1200 calorías por día. “Consideramos que un descenso de pe-
so es razonable cuando se pierden entre 500 gramos y 1 kilo por semana, salvo excepciones”, asegura.
Los especialistas también explican que para que el régimen alimentario se pueda sostener, se debe acompañar con actividad física y, si es necesario, con terapias que ayuden al paciente a descubrir las emociones que acompañan el comer. De esta forma, se logrará un cambio profundo basado en el autocontrol de la ansiedad. “La idea es poder reeducar alimentariamente al paciente con asesoramiento nutricional y técnicas de terapia de la conducta, para que pueda controlar su vínculo con la comida y así llegar a su peso posible y sostenerlo en el tiempo”, comenta la directora de la clínica DAR (Dietas de alto rendimiento), Vicky Chaia.

Cómo distinguirlas
Distinguir las dietas que nos pueden hacer mal no es difícil. Los regímenes milagrosos son aquellos que nos prometen bajar de peso rápido sin brindarnos los requerimientos nutricionales adecuados.

Tipos de dietas
Dieta de la luna
Dura 24 horas. Está permitido consumir sólo agua mineral, té, café, mate, caldos caseros y jugos colados. Están prohibidos la sal en exceso, los caldos en cubitos o concentrados, el azúcar y los lácteos. El secreto está en ayunar el día de luna nueva y llena.
Objetivo: se pueden llegar a perder hasta dos kilogramos en un día.
Crítica: “Los astros acompañaron al ser humano en la predicción del futuro desde la antigüedad. La ciencia no acepta que los cambios planetarios tengan efecto sobre la composición corporal. Si no ingerimos nutrientes, el balance será negativo y perderemos mucha agua. La obesidad es el aumento de peso a expensas de la grasa corporal, por lo tanto, con esta dieta no adelgazamos, sino que nos deshidratamos. Por supuesto que pesamos menos y nos sentimos livianos, ya que el agua corporal representa aproximadamente el 60% del peso corporal en los adultos”, explica Gutt.

Dieta disociada
Se basa en la distribución de los alimentos a lo largo del día o en la semana. La dieta sostiene la teoría de que los hidratos de carbono no pueden ser consumidos junto con las proteínas, ya que las proteínas se digieren en un medio ácido, y los hidratos de carbono, en un medio alcalino.
Objetivo: bajar hasta dos kilogramos por semana.
Crítica: “La dieta no brinda los requerimientos nutricionales adecuados y puede traer complicaciones”, asegura Chaia.

De la sopa
Surgió hace unos años en un hospital de los Estados Unidos. Se diseñó para aquellas personas que, con enfermedades cardíacas y obesidad, debían perder peso para poder someterse a alguna intervención quirúrgica.
Objetivo: bajar seis kilogramos en una semana.
Crítica: no deben someterse a ella personas con diabetes ni aquellas a las que se les haya diagnosticado una insuficiencia renal crónica. Por eso, en este caso, conviene consultar con un especialista para que les haga los pertinentes análisis y controle el proceso.

Dieta Atkins
Creada por el cardiólogo norteamericano Robert Atkins. Permite el consumo ilimitado de grasas, como la manteca y la carne, pescado, huevos y lácteos. Limita el consumo de hidratos de carbono y de verduras y frutas.
Objetivo: propone bajar de dos a cuatro kilogramos por semana.
Crítica: “Las grasas saturadas y las proteínas altas en colesterol sin límite no son buenas. Esta dieta carece de las vitaminas y los minerales, presentes en los cereales y los vegetales", explica Gutt.