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Curiosidades
Con la cabeza en las nubes
 

Un nuevo proyecto
“Estoy planeando publicar un libro sobre olas en mayo de 2010. Creo que hay similitudes entre las olas y las nubes. Primero, la atmósfera es un océano de aire y es muy similar al océano de agua. Y uno hasta ve formaciones de olas en las nubes. Las nubes son el resultado de los muchísimos vientos y de las corrientes de aire. Desde un punto de vista filosófico, también hay puntos parecidos, porque las nubes son tipos de objetos que no tienen superficie.
Leonardo las llamaba “cuerpos sin superficie”, es decir, parecen objetos, pero, sin embargo, no lo son. Cuando uno ve las olas, ve que se mueven, pero cuando uno mira detenidamente el agua, en realidad sólo sube y baja, se mantiene donde está. Lo que va y viene es la energía”.

¿Qué es una nube?
Es una masa visible formada por cristales de nieve o gotas de agua suspendidas en la atmósfera. Las nubes dispersan toda la luz visible y por eso se ven blancas.
Sin embargo, a veces son demasiado gruesas o densas como para que la luz las atraviese, y entonces se ven grises o incluso negras.

 
 
 
Gavin Pretor-Pinney le buscó una vuelta filosófica a esos objetos que Leonardo da Vinci denominó “cuerpos sin superficie” y creó la Sociedad de Apreciación de las Nubes. Gracias a su interés y curiosidad, escribió, además, un libro que fue traducido a 15 idiomas. Palabras de un optimista que sabe que, aunque no lo veamos, el sol siempre está.

Simple y sin vueltas. Así sonaba la voz de este inglés de 41 años y tonada bien marcada que salía desde los parlantes modernos de la computadora. De esas que uno no tiene dudas que ha pasado mucho tiempo en esa isla del Viejo Mundo. Allí donde caen 600 milímetros de lluvia por año y donde las nubes son casi un patrimonio del lugar.
Gavin Pretor-Pinney es el creador y fundador de la Sociedad de Apreciación de las Nubes. Sí, así de curioso como suena, esta sociedad reúne personas a las que, simple y llanamente, les gusta mirar el cielo. O mirar las nubes, mejor dicho. A lo largo y ancho de 68 países debe haber gente que, de tanto en tanto, mira al cielo no sólo para saber si hay sol o si va a llover. “A la gente le pasan cosas muy ambiguas con las nubes: por un lado, le gustan, y por otro, cuando está de vacaciones en la playa, no hace más que enojarse porque le molestan”, comenta Pretor-Pinney, filósofo y diseñador gráfico de formación. Este inglés simpatiquísimo cuenta que siempre tuvo una fuerte afición a los fenómenos científicos, pero que, a medida que fue creciendo, fue inclinándose más hacia el arte. “La explicación que suelo dar a mi interés por las nubes es que ellas, a la vez que son un fenómeno científico, son algo muy poético. También creo que tienen algo de rebeldía contra las leyes simples de la física. Esta doble mirada de las nubes es la razón por la que las encuentro entretenidas y atractivas”, explica.

“¿De qué está hecho eso…?”
“Cuando tenía 4 años y medio, y mi mamá me llevaba a la escuela en auto, me acuerdo de ­ mirar por la ventana y de ver una nube enorme frente al sol con rayos de luz que salían por detrás. Hoy sé que se llaman rayos crepusculares. Pero en ese momento, recuerdo que la primera vez que miré una nube pensé: ‘¿Qué es eso? ¿De qué está hecho? ¿Qué sentiría uno que se sentara ahí arriba…?’. Me hacía todas esas preguntas básicas que se hacen los chicos y que pareciera que cuando uno crece dejan de significar algo”, cuenta Gavin acerca de su interés por las nubes.
Sus preguntas no quedaron en el tintero, y durante mucho tiempo se dedicó a investigar qué había detrás de esos manchones dibujados en el cielo. Y en 2004, su gusto por este fenómeno de la naturaleza empezó a tomar otra forma. “Una amiga estaba a cargo de un festival literario en Cornwell, en el sudeste de Inglaterra. A ella, como a mí, le gustaban mucho las nubes, entonces me preguntó si estaba interesado en dar una charla sobre todo lo que yo sabía de este fenómeno. Paralelamente, yo ya tenía planeado armar una sociedad y escribir un libro sobre el tema, y me pareció una buena idea dar la charla antes de empezar con todo el proyecto”, recuerda el fundador de la Sociedad de Apreciación de las Nubes. El miedo de Gavin era que, en un país donde la mayoría de las personas se queja constantemente por la presencia de las nubes (en Londres el promedio anual de precipitaciones es de 600 milímetros), a nadie le iba interesar que alguien fuera a hablarles de “las maravillas” que había detrás de esos fenómenos.

–¿De qué manera logró “hacer el gancho” con la gente?

–Se me ocurrió que una de las formas de entusiasmar a la gente era darle un nombre divertido a la charla: “Lectura inaugural de la Sociedad de Apreciación de las Nubes”. Sonaba muy formal y, a pesar de que en mi cabeza ya existía el nombre, ¡en realidad no existía nada real! ¡Y funcionó! La charla tuvo muchísimos asistentes. El problema vino cuando después de la charla la gente se empezó a acercar a preguntarme: “¿Cómo me uno a tu Sociedad?”. Ese fue el indicador de que debía empezar el proyecto.

Apreciar lo inapreciable
“Es una sociedad que funciona gracias a Internet”, aclara Gavin cuando se le pregunta qué significa formar parte de este grupo de “observadores de nubes”. En la página, que está hecha gracias a los aportes de todos los usuarios, hay una sección donde cada uno puede colgar las fotos de las nubes más raras; una sección llamada Cloud Shop (Almacén de Nubes), en donde se encuentran desde calendarios con fotos hasta ropa para chicos, novedades e investigaciones sobre el fenómeno y hasta, incluso, haciendo clic en uno de los enlaces, uno puede encontrar la mejor música para escuchar mientras mira las nubes. Además, hay un breve Manifiesto que explica por qué abogan los miembros de la Sociedad. Su fundador explica que tiene que ver, básicamente, con juntar a un grupo de personas con intereses comunes, dispersos alrededor del mundo en 68 países.
“Nunca dediqué demasiado tiempo en tratar de convocar y reunir gente. La parte de la Web que ha crecido de una manera impresionante es la galería de fotos: las personas mandan fotos de nubes de todo el mundo, y nosotros las categorizamos según el estilo y tipo de nube. Además, los animamos a que manden fotos de nubes que se parecen a cosas. Ser miembro es, básicamente, eso. Además, cuando uno se inscribe como socio, le damos un certificado con su nombre y una insignia”, cuenta Pretor-Pinney.

–¿Qué ve detrás de las nubes que le llama tanto la atención?

–Son una parte hermosa de la naturaleza, pero son tan temporarias, tan pasajeras, tan momentáneas y tan efímeras… Nos olvidamos de que están siempre ahí en el cielo, y esto quiere decir que hemos dejado de mirarlas. Incluso se han convertido en algo sobre lo cual quejarse. Pensé, entonces, que había una necesidad de recordarles a las personas que pueden encontrar belleza todos los días, en las cosas pequeñas.

–¿Quiénes integran la Sociedad?
–Algo que me pareció muy interesante mientras veía que la Sociedad crecía era la gran gama de edades que la conformaban. Muchas personas, por ejemplo, se convierten en miembros cuando nacen sus ahijados y les dan la membrecía como regalo. Hay miembros que sólo tienen meses de vida, y hay personas de más de 90 años (el mayor tiene 97). En cuanto a mujeres y hombres, algo de lo que estoy muy orgulloso es de que es prácticamente parejo para los dos sexos. Lo que pasa con este tema es que hay dos maneras de mirar el cielo: una más analítica y masculina, que tiene que ver con qué clase de nube es, cuál es el nombre, qué indica acerca de los cambios en el clima, qué puedo aprender de ellas. La otra mirada, la mirada femenina, registra más las reacciones emotivas que generan. Hay dos maneras de mirar las nubes, y esa es la razón por la que hay un número parejo de hombres y mujeres en la Sociedad.

Las nubes, en palabras
El proyecto de Pretor-Pinney no se limitó a la página de Internet. Hace poco tiempo, este curioso y poeta del cielo publicó su primer libro llamado Guía del observador de nubes, que fue traducido a 15 idiomas y fue un best seller en Inglaterra. En él habla acerca de la clasificación de las nubes según sus formas, sobre los famosos cumulus nimbus, sobre los cirroestratos y sobre las formaciones más exóticas. Entre sus páginas se mezcla una mirada más poética y sensible de estos manchones del cielo. “Tuve que investigar mucho. Quería un libro que fuera para todo el mundo. Ayer, por ejemplo, el cielo sólo tenía un par de nubecitas… ¿Por qué cambia según el día? ¿Qué las hace así? Me interesaba poder responder estos interrogantes, así como hablar acerca de nuestra relación con ellas”, cuenta Gavin.

–Cuénteme cómo convenció a un editor para que publicara su libro. No debe haber sido fácil…
–¡Fui a ver a 26 editores antes de que me dijeran que sí! Todos dudaban, porque no creían que a la gente le interesaran las nubes; hasta hay un tipo de público a quien les parecen deprimentes. Pero, después de tanto inconveniente, el libro se convirtió en un best seller en Inglaterra y empezó a estar disponible en 70 países más. Para mí fue algo obvio, porque me había dado cuenta de que era un tema que interesaba mucho a las personas. El hecho de que me hubieran dado vuelta la cara me hizo pensar si estaba loco, pero, a la vez, iba viendo que la Sociedad crecía en Internet y se iba expandiendo sin hacer ningún esfuerzo. Y eso me hizo pensar que debía ser una buena idea.

Más info:
www.cloudappreciationsociety.org