Cuando la realidad se mezcla con la ficción (o la ficción con la realidad). Erica Rivas (34) se casó con Rodrigo de la Serna algunos años antes de que el actor se convirtiera en su pareja en la vida real. Fue a finales de 1998, cuando se conocieron trabajando en un programa de ficción, en cuya trama él terminaba llevándola al altar. En El corredor nocturno –la película que acaba de estrenar junto a Leonardo Sbaraglia y Miguel Angel Solá–, Erica interpreta a una licenciada en Psicología, carrera que ella abandonó en cuarto año de la facultad cuando decidió dedicarse por completo a la actuación. “Hice varias veces de psicóloga, se ve que me ven cara de psicóloga. (Risas). La verdad es que siento que mis criaturas se aproximan cada vez más a mí o yo me aproximo cada vez más a ellas, es como un baile medio extraño. Estoy en una época en la que trato de poner mucho de mí en mis personajes. Trabajo mucho desde la imaginación y desde allí me ramifico, me amplifico”, cuenta.
–¿De chica también eras tan imaginativa?
–Sí, me inventaba mundos imaginarios y siempre estaba medio como en babia. Hace poco me reencontré con amigos de la escuela primaria y, por suerte, me reconfirmaron que yo siempre estaba en la Luna. (Risas). De chica, me gustaba mucho observar a la gente –algo que sigo haciendo–, y me imaginaba cuentos e historias. Me encantaba leer, escribir, estar en contacto con las plantas, estar con mis hermanos.
–¿Hermanos mayores o menores?
–Yo soy la mayor de cuatro, tres mujeres y un varón. Es una cosa extraña cómo se arma esa constelación de los hermanos, ¿no? Nosotros somos muy seguidos y ellos están siempre presentes en mi realidad. Igualmente no soy de las que llaman todo el tiempo para saber cómo están, pero me gustaría. Soy cada vez más yo, lo lamento, ya todos me conocen. (Risas). Es algo muy fuerte ser la mayor, siento que no tuve mucho tiempo exclusivo con mis papás…
–¿Eso es un reproche?
–No, las cuentas están más que saldadas. Los dos me dieron mucho amor, pero, tal vez, me hubiera gustado un poco más de atención. Por algo no quise tener hijos tan seguidos. Ahora, como mamá, me gusta que Miranda se sienta la reina de sus lugares y de sus cosas. En mi casa, todo era un socialismo salvaje. (Risas) Nada era tuyo, todo era compartido en partes iguales.
–¿A qué edad tuviste a Miranda?
–A los 25. Medio que fui una madre joven para estos tiempos, ¿no? Tengo un costado re “Susanita”.
–¿Cuánto hace que estás en pareja?
–Diez años ya. ¿Vos decís que me tengo que separar? (Carcajadas). Che, nunca un escándalo mediático, una infidelidad, unas fotos in fraganti. Sí, soy re “Susanita”. Es un costado que siempre me reprocho porque no me permite ser más yo. Encima mi mamá se llama Susana, ¡imaginate! Por ejemplo, a mí no me gusta cocinar y sufro por eso. Me digo: “Una mujer que se precie de tal tiene que saber cocinar” y después digo: “¡Nooo!” y pateo las ollas. (Risas).
–¿Cómo ves a las mujeres hoy?
–Las mujeres estamos viviendo un tiempo difícil. Es complicado posicionarse como mujer: la “Susanita” está siempre tocándote la puerta, pero también tenemos como esa obligación de ser exitosas fuera del hogar, ganarnos los espacios, competir con los hombres. Es agotador.
–¿Cuál sería una salida posible?
–No sé realmente, pero para mí hay que tratar de acompañarse verdadera y sensiblemente. Después, si el otro trabaja o no trabaja, si cocina o no cocina, si quiere triunfar o no en su profesión es otra cosa. Ahora no hay una estructura fija, estamos mutando, cada pareja es distinta y está todo bien. Yo veo muchos hombres que se quedan a cuidar a sus hijos y las mujeres salen a trabajar. Cada uno lo va a armando como puede.
–¿El “acompañarse sensiblemente” es el secreto de tu éxito con Rodrigo?
–Si te contestara, dejaría de ser un secreto. (Risas) No sé, no sé… Para mí tiene que ver con el amor… El amor es el “gran” secreto, el secreto de todo. Se esconde en todas las cosas. Seguramente, Rodrigo te va a decir otra cosa. Para mí, la pareja es el amor que uno proyecta, el trabajo de ir ampliando cada vez más esa mirada y esa permeabilidad hacia el otro que te hace ser más comprensivo, que te permite sostener, contener.
Pantalla chica, trabajo grande
–¿Qué hay de vos y la televisión?
–¿Por qué me preguntás? ¿Querés saber por qué no estoy haciendo tele en estos momentos? Porque estoy todo el tiempo. Para qué voy a hacer, si ya estoy. (Risas). Yo creo que un día la gente se va a cansar de mí. ¡La verdad es que recibo tanto y disfruto tanto de mi personaje de Casados con hijos! Hasta hay gente que me llega a decir: “Vos estarás cansada de que te hablen de María Elena y que te encasillen, ¿no?” y yo les respondo: “No, al contrario”. ¡Estoy chocha de recibir la cantidad de halagos que recibo! Se ve que entendieron algo de eso que yo lancé de una manera muy descabellada.
–¿Por qué creés que pegó tanto el personaje de María Elena?
–María Elena era una mujer muy intensa, decía cosas tremendas, no muy fáciles de digerir, criticaba cosas “progres” que, supuestamente, está mal visto criticar, pero que a la vez padecía. Ella era feminista, pero a su vez tenía un marido metrosexual, era exitosa en su trabajo, pero también se sentía una frustrada… Tal vez, todas esas contradicciones pegaron fuerte en el público. El otro día, un señor me dijo algo muy interesante: “Yo sé que lo que vos hacías era un personaje, pero era de verdad”.
–¿Tenías ciertos prejuicios de hacer una comedia con actores populares como Guillermo Francella y Florencia Peña?
–Sí, la verdad que sí. Re prejuiciosa e ignorante. Ellos son actores maravillosos. Me acuerdo de que al principio pensaba que iba a terminar posando en tanga para una revista. (Risas). Yo venía de ciertos lugares donde se piensa que ser famoso o popular no se lleva bien con ser talentoso. Me di cuenta de que siempre había trabajado para llegar a la misma gente para la que trabajan ellos, nunca trabajé para los intelectuales. Yo no vengo de una fami-lia donde se escuchaba Bach mientras se comía. Tal vez, en el teatro es diferente, pero en la tele no me interesa ser una actriz de elite.
–¿Nunca te arrepentiste de decirle que no al protagónico de Los exitosos Pells?
–¿Viste que ahora Carla (Peterson) está saliendo con Mike (Amigorena)?
–Tal vez, vos también hubieras sucumbido frente a los encantos de Mike.
–¡Eso mismo me dijo mi depiladora! (Risas). En realidad, yo hice el piloto de “Los Pells” sabiendo que no iba a poder estar en la tira porque estaba comprometida con Alejandro Doria para filmar una película. No me iban a dar los tiempos, me hubieran tenido que esperar y yo ya sabía que Alejandro estaba enfermo. (N. del R.: Alejandro Doria murió en junio de este año). No quería hacerlo esperar. Me acuerdo que él se puso muy mal cuando el programa resultó un éxito porque se sentía culpable. Mil veces le tuve que decir que no era así, que yo había elegido filmar con él. Además, el programa no hubiera sido un éxito si estaba yo.
–¿Por qué decís eso?
–Carla era perfecta para ese personaje.
–Bueno, pero por algo te convocaron primero a vos.
–Obvio, y yo lo hubiera re disfrutado. Yo hice el piloto por amor. Adoro a Mikey tenía muchas ganas de traba-jar bajo las órdenes de Luis Ortega y de la productora de su hermano. ¡Bingo! Pero se los dije: “Yo les hago el piloto, está todo bien, pero si sale la película, yo no voy a estar en el programa”. Pero no estoy nada arrepentida, al contrario. No me veo para nada en eso, no podría haber hecho todas esas tapas de revistas, tanta exposición me hubiese matado. Me doy cuenta de que todavía no estoy preparada para eso y tal vez nunca lo esté. Además, seguían pasando la repetición de Casados con hijos, ¿no iba a ser mucho? Casi 24 horas de mi cara en la tele. (Risas).
–¿Por qué no tenés televisión en tu casa?
–Televisión tengo, pero sólo la usamos para ver películas, DVD.
–¿Qué te pasa con la tele?
–Demasiado tengo con hacerla como para encima tener que verla.
–¿No es un poco contradictorio lo tuyo? ¿Qué pasaría con tu trabajo si todos pensaran como vos?
–Pero yo también hago cine y teatro. A ver, no ver tele es una de las tantas cosas que hago para no contaminarme. Yo no me meto en política, no me meto en religión… Siento que tanto la tele como los medios de información interfieren en mi antena de capta-ción de emociones como actriz.
–Pero te guste o no, las cosas pasan. ¿No pensás en tu hija, el país, el futuro, los políticos, las votaciones, la economía…?
–La información igualmente me llega, no estoy encerrada entre cuatro paredes. Tengo amigos, voy al supermercado, al colegio de mi hija, hablo con la gente… La realidad me llega de la manera en que yo la puedo absorber. Pienso que la sobreinformación te contamina el pensamiento, te quita sensibilidad.
–¿Cuáles son tus planes para el futuro?
–Me están saliendo un montón de proyectos de cine y estoy re contenta con eso. El año que viene voy a hacer una película junto a Diego Torres y, tal vez, antes de fin de año filme otra que se llama Las mujeres siempre llegan tarde.
–¿Entonces nada de televisión por el momento?
–No. ¿Sabés qué pasa? Yo tengo que congeniar los tiempos con Rodrigo. Tenemos una niña que necesita atención y tenemos que equilibrarnos. Me gusta que sepa que estamos, llevarla al cole, saber en qué anda. Es una niña de 8 años de este siglo. ¡Suculenta! |