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Entrevista

“Julio Alsogaray
Ciudadano de los mares ”

 

Julio Alsogaray consolidó una brillante carrera hasta ser considerado uno de los timoneles más destacados del país. De chico comenzó en la Clase Optimist, y participó en campeonatos sudamericanos por equipos. En 1999, se inició en la categoría Laser, en la que participó en los Juegos de Beijing 2008. Cuatro años antes, había obtenido el título de Campeón Argentino de Laser. En el 2005 fue campeón en el Nacional Chileno, y en los Preolímpicos de Buenos Aires, Campeón Argentino de Laser (2007).
2008 fue su mejor año, cuando arañó la medalla de plata en Beijing.
Tuvo su revancha con el título obtenido en el Sudamericano, poco después.
Y, desde entonces, se prepara para ser el mejor argentino en Londres 2012, donde tiene por objetivo alcanzar una medalla.

 
 
 
El año pasado, en los Juegos de Beijing, estuvo cerca de subir al podio. Hoy, es su asignatura pendiente para Londres 2012. Uno de nuestros mejores regatistas especializados en Clase Laser se posó en tierra para contar cómo se ve el mundo desde las distintas superficies.

Los primeros calores del año empiezan a hacerse sentir, pero esta tarde el cielo parece rebelde: se puso negro y llueve tanto que no está de más preguntarse si no es este el tan anunciado diluvio universal. Porque este arrebato diluviano se hace sentir aún más frente al río, en San Fernando, donde el agua despejó a los benditos mosquitos y, de paso, también a la gente. Los veleros se mueven todos al mismo compás: van y vienen, van y vienen. Después de correr hasta alcanzar un refugio, Julio Alsogaray, viajero y ciudadano del mundo, timonel y uno de los deportistas argentinos que mejor nos representan en los mares, se ríe y dice lo que le recuerda este aguacero: “Yo tenía once años y estaba solo en el río y de repente se largó una tormenta así, así de fuerte, como ésta, igualita… era tremenda… y me la tuve que bancar solo… no sabés el miedo que te dá estar solo en el medio del río. Pero había que sacar fuerzas y salir adelante. A veces me asombro al acordarme de cómo le gané al miedo aquella vez con nada más que once años”.
Tiempo después, a sus 29, el chico que nació el 11 de abril de 1980 en San Pedro, provincia de Buenos Aires, y se crió en el río, navegó muchísimas aguas de otros tantos lugares. Y alcanzó medallas y premios y reconocimientos, y fue un destacado atleta en los Juegos Olímpicos de Beijing, el año pasado. Pero ya no piensa en eso en términos de pasado sino en los de la experiencia: ahora su objetivo es Londres. “Londres 2012 ya empezó para mí”, dice y cuenta que entrena durísimo para clasificar, para volver a estar –una vez más– en la máxima cita del deporte a nivel mundial.

–¿Cómo calificarías a lo que hacés? ¿Deporte, pasión, medio de vida?
–Esto es una pasión que tengo desde los 8 años. Mis padres querían que hiciera algún deporte y en San Pedro es muy común entrenar en actividades que tienen que ver con el río. Yo era del Náutico San Pedro. Éramos cuatro hermanos a los que la naturaleza nos fue guiando. Si no tenés pasión, si no sos obsesivo con lo que querés lograr, es difícil llegar.

–¿Y cuál creés que es la fórmula?
–El esfuerzo, involucrarse con lo que se hace, saber que hay que elegir y dejar cosas de lado.

–¿Qué cosas dejaste?
–Salidas con amigos, algunos gustos. Viajaba y viajo mucho: primero de San Pedro a Buenos Aires y viceversa. Y ahora de San Pedro a Buenos Aires y a muchos lugares del mundo. Siempre fue duro. Pero uno elije. No me arrepiento.

De soledades y compañías
–Dicen que los navegantes son tipos solitarios.

–No me parece. Uno hace amigos también, y se relaciona con ellos. Eso sí: tratamos de que las giras no sean de más de treinta días porque te queman la cabeza. Estás todo el tiempo concentrado, todo el tiempo pensando en mejorar. Y eso te estresa muchísimo. Una de las cosas que hago siempre que termino es volver a mi casa en San Pedro para bajar un poco los decibeles y desenchufarme; y sirve.

–¿Qué es el río para vos, además de tu ámbito profesional?
–Un lugar en el que también te podés olvidar de todo. Estar dentro de la naturaleza te hace olvidar de los compromisos, del trabajo, te desestreza, te hace sentir el viento en la cara, las olas. Salgo a navegar y siento las cosas que están alrededor y trato de pensar sólo en eso. Es una sensación. Me gusta navegar en el río. Lo conozco muy bien y me encanta. Somos amigos, compañeros con el río.

–¿En qué pensás ahora? Te quedaste mirando el cielo…
–Pienso en lo que me preguntaste antes. No somos tan solitarios. Navegamos solos en el barco, pero cuando estamos en tierra andamos con amigos, disfrutamos juntos entre los colegas, estamos relacionados. Siempre alguien te acompaña, la novia, un familiar. Siempre hay alguien.

–¿Te cambiaron la vida los Juegos Olímpicos?
–Los de Beijing fueron mis primeros Juegos, una experiencia maravillosa, única, que valió la pena a pesar de todo el sacrificio que hicimos: los viajes, los esfuerzos económicos, las contras que tuvimos. Participar en la inauguración y ver cómo respondía la gente fue algo increíble. En lo deportivo tuve muy buen comienzo, pero después terminé séptimo en una regata. De todas formas, siempre la luchamos. No nos salió, pero nos queda la tranquilidad de que hicimos todo lo posible. Además, estar entre los siete primeros es muy bueno.

–¿Y Londres 2012?
–Vamos a ir mejor preparados. No vamos a tomarlo como una revancha, pero iremos con más experiencia. Será otra cosa. Cuando estás por correr en una competencia olímpica, el corazón va a mil, respirás hondo porque te agarra un miedo tremendo. Eso es algo que también hay que superar.

“Hay que poner el pecho, siempre”
–Hablás de las cosas que debiste resignar para crecer como deportista. ¿Te arrepentís de algo?
–No. Soy lo que soy. Soy lo que se fue dando de a poquito. Y me encanta cómo soy, no me arrepiento de nada.

–¿Qué aprendiste al quedarte, a los 11 años, solo en el medio del río y bajo la tormenta?
–Solo y en el medio de la tormenta, como en la vida en general, no te queda otra que ponerle el pecho a la situación. Es duro, pero aprendés, aprendés, aprendés.

–Cuando se habla de destacados deportistas argentinos de la actualidad, aparece tu nombre. ¿Qué te genera eso?
–Está bueno, porque es un premio por algo que vengo haciendo desde hace muchos años. Y la verdad es que con buenos resultados… que los amigos se alegren por uno está buenísimo y te hace sentir muy lleno por dentro.

–…
–Bueno, ahora soy yo el que te pregunta en qué pensás.

–Me preguntaba cómo te llevás con el optimismo. No dejaste de sonreír en ningún momento de la charla.
–(Risas). Me llevo bien. Soy un tipo optimista. Me siento bien con lo que hice, con lo que hago y tengo esperanzas en lo que haré. El deporte, para mí, es una forma de vida, y me gusta la vida que llevo. Sí, me considero un optimista.

–Dicen los que te conocen que no dejás de pensar en los Juegos de Londres 2012.
–Mmmm… para mí Londres 2012 ya empezó. ¿Sabés cuándo? Cuando terminaron los Olímpicos de Beijing. Te voy a contar algo que resume lo que me pasa con los próximos Juegos: el último día de Beijing, cuando me iba, observé que vendían unos barcos a un precio razonable. Y los compramos. Los compramos pensando en la próxima campaña. No queríamos quedarnos en Beijing, sino ir por más. Entonces empezamos enseguida. Y te digo más: para Londres me veo bien. Muy bien.

–Paró de llover.
–¿Viste? Siempre para de llover.