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Salud
“Por una medicina más humana”
 

Arte en el Roffo
El Instituto de Oncología Ángel Roffo también lleva adelante actividades y jornadas anuales con los pacientes. Entre las más destacadas están los talleres de pintura y cerámica. “Estas actividades sirven para descargar emociones. Es algo creativo, que requiere la realización de un producto que se termina en un determinado tiempo”, explica la coordinadora del departamento de psicología del Instituto, la psicóloga Mirta Di Pretoro, quien asegura que estas actividades deben ser controladas por especialistas. “Ahora estamos viendo la manera de implementar el arte en los pasillos del hospital”, comenta. La especialista asegura que, a medida que los pacientes pueden expresar más sus sentimientos, reclaman
menos atención de los médicos y los llamados a la guardia se reducen.
Otras actividades que se realizan en el Roffo son las relacionadas con el deporte. El objetivo es que el paciente incorpore técnicas corporales que faciliten y mejoren su nivel de vida para cuando obtenga el alta hospitalaria. “Queremos que al salir del hospital vuelvan a hacer la vida lo más parecida a la que tenían”, afirma De Pretroro.

• Como parte de la iniciativa y para acompañar al programa “Donde quiero estar” del Hospital de Clínicas, Vicky también se propuso ayudar al personal médico, enfermeros y personas que cumplen tareas de asistencia para evitar el síndrome del burn out y otras enfermedades. En marzo de 2008 inauguraron el programa “Sostener a los que sostienen”. “Brindamos técnicas antiestrés y descarga para prevenir el burn out. La terapia corporal consiste en ocho sesiones de masaje californiano y conexión creativa”, explica la especialista.

Relación médico-paciente
“La falta de comunicación en la relación-médico paciente es una de las causas que tienden a deshumanizar esta relación”, comenta María Cucci, directora del Programa de Actualización en Psicoprofilaxis quirúrgica de la Facultad de Psicología de la UBA y codirectora de la Maestría en Psicología y Salud de la Universidad de Palermo. “Esto se debe a la falta de habilidades que tienen muchos médicos en el área de la comunicación. No es un problema sólo de nuestro país, es mundial. Hay un déficit en la formación de grado en la currícula de medicina”, explica. La especialista agrega que el médico debe tener el poder de escuchar y responder, y asegura que se debe establecer una empatía con el paciente. “Lo ideal es entender lo que al otro le pasa y poder tener una distancia óptima que le permita al profesional ayudar a su paciente. Lo más importante es que este tenga esperanza y confianza en su tratamiento para poder seguir adelante”.
Cucci también considera que, muchas veces, esta falta de comunicación tiene que ver con la variable temporal. “Los médicos no tienen tiempo de sentarse a escuchar y los pacientes, a veces, tienen mucho para decir. Hay un dicho que dice que la peor idea fue haber puesto un escritorio entre el médico y el paciente”, comenta.
En algunas instituciones, por ejemplo el hospital de pediatría Garrahan, los médicos tienen un instructivo para comunicarse con los pacientes. “Esto es algo muy interesante porque implica una forma de trabajar adecuadamente”, asegura Mucci. Para la especialista, los médicos deberían adoptar una actitud que posibilite la comunicación bidireccional y de escucha al otro, que prevalezca el “cómo se dice” al “qué se dice”; trascender causas–efectos, sin reducir ni simplificar, categorizar la enfermedad.
“La clave en la relación médico-paciente es la buena comunicación. Tiene que ser un ida y vuelta. A veces, el médico pone distancia para no perder los niveles de objetividad”, concluye.

 
 
 
Transitar la etapa de internación en un hospital no es tarea fácil ni para los pacientes ni para los médicos. La propuesta, que comenzó en la Clínica Mayo de los Estados Unidos, busca acercar el arte a la medicina.

Escritores enseñando poesía. Banda de músicos interpretando temas en las habitaciones y espacios públicos. Exposiciones de fotos y pintura. No es una escuela de arte, pero podría ser.
Escenas como estas se viven a diario en las tres sedes de la Clínica Mayo en Minnesota, Florida y Arizona gracias al programa “Humanities in Medicine”, cuyo objetivo es integrar las artes al ambiente médico. Desde hace 27 años, el programa busca humanizar la medicina, incluyendo el arte como un elemento esencial para facilitar la recuperación del paciente y mejorar su relación con el médico.
Las actividades que se realizan en la clínica forman parte de una tendencia que se viene desarrollando en el mundo. Esta corriente se denomina Humanización Hospitalaria, tiene como objetivo principal tratar al paciente de una manera más integral y ha comprendido que durante la enfermedad, el ser humano tiene otras necesidades que
van más allá del tratamiento.
“El arte es un vehículo natural para llevar a cabo esta misión. Acercar las artes al ámbito de asistencia sanitaria humaniza el lugar y aleja al paciente de la fría sensación del ambiente mecánico, tecnológico y científico del hospital”, explica Jerald Pietan, jefe del área de Humanitarismo en Medicina de la Clínica Mayo de Jacksonville.
Durante el año, el centro realiza diversos programas artísticos que incluyen música en vivo, obras de teatro, exhibiciones de cine, exposiciones fotográficas, pintura, dibujo, escultura y cerámica. Esto permite a los pacientes interactuar y expresarse a través de variados métodos y técnicas artísticas manuales, como así también de la escritura creativa, la música y la relajación.
Pietan asegura que está comprobado que estas actividades ayudan al paciente durante su tiempo de internación y explica que la experiencia de esto años les ha demostrado que cuando los pacientes están relajados reducen su nivel de estrés y esto redunda en una disminución de la medicación porque el dolor que sienten es menor.
Robert Bluestone, guitarrista y ex paciente de la Clínica Mayo, acompaña y enseña su música a los pacientes para que mejoren sus síntomas. “El arte alivia la ansiedad del momento y acompaña a la persona enferma que está asustada”, comentó el guitarrista, quien después de que su esposa estuviera internada por padecer cáncer de ovario, comprendió que trabajar con la creatividad ayuda al paciente.
Otra de las funciones de introducir el arte en los ambientes hospitalarios es el efecto que provoca en la relación médico-paciente. “Hay reacciones positivas sobre el personal que atiende a los enfermos. Cuando, por ejemplo, los músicos están en las salas, cambia el ánimo de todos”, señala Pietan.
En la clínica, también se desarrollan los programas “Body & Soul, The Art of Healing” (Cuerpo y Alma. El arte de la curación), donde más de doscientos músicos profesionales de la Banda Sinfónica local colaboran llevando su arte a los pacientes dos días a la semana, y se realizan actividades con escritores de la Universidad de Arizona. Juntos escriben cuentos o poesías. El resultado de esta actividad es la creación de una obra escrita que les dan a los pacientes.

Clases de arte en el Clínicas
“Donde quiero estar”. Así se llama el programa que funciona desde hace tres años en la Sala 1 de Ginecología del Hospital de Clínicas, y que tiene como fin acompañar a las mujeres a transitar el tiempo de internación que requiere cada sesión del tratamiento de quimioterapia.
Técnicas de relajación, pintura, trabajo corporal, masajes y maquillaje son algunas de las actividades y recursos terapéuticos que se realizan en el lugar. La mentora del proyecto y revolucionaria de la sala de oncología es Vicky Viel Temperley, instructora en psicoprofilaxis para el parto en embarazos de alto riesgo, que después de acompañar la agonía de su hijo de 17 años, quien falleció por un tumor cerebral, aprendió la importancia que tienen los acompañantes y las actividades para las personas que padecen una enfermedad. “Con este programa, los pacientes son los protagonistas de la historia y dejan que la quimioterapia transcurra de la mejor manera posible”, explica Vicky.
Una de las actividades que más disfrutan las pacientes son las clases de arte. A través de los talleres, se busca crear un foco de atención importante para que el paciente aprenda a manejar situaciones concretas de ansiedad, temor, tensión y dolor, y a transformar la espera pasiva en una actividad compartida y creativa. “La música y la pintura son dos recursos que permiten que el paciente se conecte con la parte sana de su cuerpo”, comenta Vicky.
Por momentos, la sala de quimioterapia del Clínicas se parece a una galería de arte donde las sesiones de quimioterapia pasan a llamarse “clases”, y las pacientes dejan de ser llamadas “la de la cama 24” para pasar a ser “la artista que pintó tal cuadro”. “Los médicos se acercan al paciente de otra manera y se refuerza el vínculo con el paciente”, asegura Vicky.
Viviana Hamilton, médica deportóloga, estuvo durante el 2008 en tratamiento de quimioterapia por un cáncer en su mama izquierda. “Tenía 42 años, un hijo de 11, y estaba muy asustada”, recuerda Viviana. Pero cuando empezó el tratamiento apareció Vicky, la animó con las actividades y la impulsó a pintar. “Cuando llegué casi que me obligaron a pintar. Yo les decía que no sabía y ellos me decían: ‘no importa, vos pintá’”. Hoy, Viviana lleva realizados más de veinte cuadros y asegura, como paciente y médica, que las actividades de arte ayudan a sentir esperanza y mejoran la relación con el médico. “Como el enfermo está con otro ánimo, el médico se siente más relajado, con más confianza y el trato se humaniza”, asegura.
Para Adriana Arzuaga, quien también estuvo internada en el Clínicas, las actividades del taller fueron la forma de salir de la situación de angustia que le provocaba la enfermedad. “Siempre me gustó la pintura y los talleres me ayudaron mucho. Fue un apoyo incondicional para la etapa que me tocó vivir. Te dan fuerzas y te demuestran que podés seguir adelante”, asegura.
Estas clases cumplen también con otro objetivo, el traslado de la obra de arte al hogar. “La mayoría de las mujeres finaliza su cuadro en su hogar. Esto produce un efecto positivo en el proceso del tratamiento. En vez de pensar ‘qué mal me siento’, el pensamiento se deriva a ‘cómo puedo hacer para terminar la obra, qué colores le puedo poner’”, cuenta la creadora del proyecto.
Vicky asegura que, desde que se implementó el programa, bajaron las náuseas, el dolor de cabeza y el ardor en la vía endovenosa. “El dolor existe, pero se registra menos”, asegura.
Las actividades de estiramiento y de relajación para los músculos afectados por la cirugía, los masajes en los pies y la cara también ayudan a contrarrestar los efectos de la medicación y a entablar una mejor relación con la persona que acompaña al enfermo.
Actualmente, son cerca de cincuenta profesionales los que trabajan ad honórem en el programa “Donde quiero estar”, que abarca a las pacientes oncológicas, a sus acompañantes y a todos los pacientes ambulatorios e internados en Psiquiatría.

El arte también beneficia a los médicos
Otro de los temas poco difundidos en la sociedad son los programas y actividades culturales para reducir el burn out o desgaste profesional de los médicos. Los resultados de estos talleres, indirectamente, sirven para que la relación médico-paciente sea más humana.
En el área de Pediatría del Hospital Italiano, desde hace varios años vienen trabajando con el Programa de Salud Médica para médicos residentes y del área de Pediatría. A través de grupos de teatro y talleres de narración médica, intentan abordar aspectos de la comunicación con los pacientes y la bioética de la práctica cotidiana.
La medicina narrativa, que comenzó a implementarse en los Estados Unidos y Europa, intenta enseñar la práctica de la comunicación y la capacidad de escuchar e interpretar las historias de los pacientes. “Desde los textos literarios, por ejemplo, se ayuda a los médicos a trabajar y a comprender la problemática de la enfermedad. Y estas actividades le dan un campo de mayor sensibilidad”, cuenta el psicólogo Ignacio Usandivaras, coordinador del área de Prevención del departamento de Pediatría. “Es importante que el médico entienda y trabaje con sus ‘cuestiones’ y problemas propios, analice qué le pasa con su rol de médico y aprenda a abordar temas tan complejos como la muerte. La idea con este curso es que los profesionales de la salud tengan una formación más antropológica”, concluye.