Un día, Bruno Rovagnati descubrió un falso perfil de sí mismo en Facebook, creado exclusivamente para insultarlo y ponerlo en ridículo dentro de la empresa donde trabaja. Las personas detrás del ataque tomaron datos, fotos y videos de su perfil verdadero de Facebook, y comenzaron a agregar sus contactos. También crearon páginas falsas en Blogger, Twitter y YouTube, donde utilizaron videos que él había publicado, escribieron textos en su nombre y expresaron su adhesión a contenidos con símbolos nazis. “Me enteré por comentarios de mis amigos, o por otros que me preguntaban si realmente era yo quien los había agregado”, comenta Rovagnati, habitante del partido bonaerense de Pilar y víctima, a sus 26 años, de los peligros asociados a una alta visibilidad en la Web.
El caso de Bruno no es extraño. Colegas deseosos de nuestro puesto, parejas despechadas, personas obsesionadas, pedófilos, extorsionadores o simples estafadores suelen estar detrás de casos de ciberacoso o suplantación de identidad. Por ejemplo, fotos tomadas dentro de una casa y la actualización de datos anunciando el comienzo de las vacaciones es información que una banda delictiva necesita para el robo perfecto. Del mismo modo, la info que publica un usuario sobre sus seres queridos, como sus nombres y fotografías, puede ser decisiva para un secuestro virtual.
Y aunque no existieran personas malintencionadas, muchas veces son los mismos usuarios quienes siembran la semilla de sus futuros dolores de cabeza. ¿Cómo? compartiendo fotos, videos y otros contenidos comprometedores que, mal protegidos, terminan siendo vistos por los menos indicados: compañeros de trabajo, familiares o reclutadores de personal de la empresa a la que sueñan pertenecer.
¿Tenemos real conciencia de los problemas que puede causarnos el subir información personal a Internet? ¿Tomamos las medidas adecuadas para evitar que nuestros datos sean vistos por cualquiera? ¿Hasta qué punto Facebook es seguro y protege nuestra información?
Minimizar los riesgos
“La seguridad en Internet no existe, es una sensación, y Facebook no es la excepción a esa regla”, asegura Miguel Sumer Elías, especialista en nuevas tecnologías y profesor de Derecho Informático en la Universidad de Belgrano (UB). Y agrega: “Lo que uno puede hacer es minimizar los riesgos”.
Por eso, los expertos recomiendan tener presente que todo lo que se sube a la red quedará expuesto a los ojos del mundo entero. No hay que olvidar que los sistemas de seguridad, programados por seres humanos, están lejos de ser infalibles. Y que el propio fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, fue víctima de ataques virtuales en los que piratas informáticos accedieron a toda su información. “Si uno quiere estar relativamente seguro en Facebook, debe ser muy consciente de lo que publica y configurar con gran cuidado las opciones de privacidad”, afirma Daniel Monastersky, abogado, CEO del sitio www.identidadrobada.com y docente universitario en Derecho Informático.
Criterios básicos
Los especialistas consultados coincidieron en ciertos criterios que deberían guiar un uso consciente, responsable y seguro de Facebook:
•No tener un millón de amigos. “Debemos ser muy selectivos y no agregar a alguien porque chateamos una vez o porque nos parece que lo conocemos. Está en juego nada menos que el acceso a información muy valiosa sobre nuestra vida”, advierte Elías. Según el experto, son 150 o 200 los contactos que una persona puede, razonablemente, conocer.
•No subir contenidos que puedan perjudicarnos. “No publiques nada en tu perfil que no te sientas cómodo adjuntando a un currículum o solicitud de beca”, recomienda Facebook. Monastersky es enfático al respecto: “Hoy en día, tu currículum es Internet. Y, por cómo funciona la Web, una vez que algo se sube ya nadie puede borrarlo; de ahí la importancia de pensar varias veces antes de publicar algo”.
•No divulgar datos personales delicados. Con el nombre completo y la dirección de correo electrónico es más que suficiente. No incluir domicilio, teléfono, ni situación sentimental. “No subir fotos de la familia ni de la casa, o información sobre las rutinas y actividades diarias… usar el sentido común pensando que alguien, eventualmente, podría acceder a esos datos con voluntad de hacer daño”, recomienda Elías.
•No usar aplicaciones desconocidas. Al hacerlo, el usuario comparte información valiosa sobre sí mismo y sobre sus contactos con los creadores de esos programas. ¿Qué hacen ellos con los datos? Quizás nada malo... pero quizás sí. “El usuario no tiene forma de comprobarlo. Además, es un hecho que gran parte de esas aplicaciones instalan virus y espías en las computadoras”, agrega Monastersky.
•Tener un perfil. A los que no están interesados en Facebook, Monastersky les recomienda que se registren y se contacten con sus conocidos, aunque después no usen la cuenta con frecuencia. “De lo contrario –sostiene–, le están dando, a quien quiera usurparles la identidad, una gran oportunidad de ser los primeros en generar un perfil falso y agregar a sus conocidos”.
La moda de mostrarlo todo
Publicar todo, en todo momento y con pocas precauciones. Por ahí pasa la moda hoy. “Para los jóvenes, Facebook es la principal puerta de entrada a la Web. Acceden unas seis veces por día. Y, de ese modo, van construyendo una suerte de relato audiovisual colectivo de la vida social”, explica Roberto Igarza, docente e investigador de la Universidad Austral, especializado en nuevas formas de consumo en la cultura. Para él, una parte de ese fenómeno radica en que la gran mayoría de los usuarios comparte todo con todos, sin crear grupos según niveles de confidencialidad y dejando su información personal “en un campo que no está para nada delimitado”.
Por su parte, Elías agrega: “Estamos cambiando hacia una generación indiferente respecto de su privacidad, donde la tendencia a mostrar se instala como un estilo de vida. Esto se complica cuando hablamos de chicos que juegan a mostrarse sin ser conscientes de las consecuencias”.
Entender y controlar
¿Qué rol deben cumplir los padres en este escenario, como naturales protectores de sus hijos? ¿Cómo controlar la actividad de estos en Facebook? ¿Cómo lograr que entiendan los peligros y adopten precauciones adecuadas?
En principio, Facebook no permite el acceso a menores de 13 años. Y les recomienda a los padres que “juzguen si es necesario supervisar a sus hijos mientras utilizan el sitio”. Luego, los anima “encarecidamente” a hablar con ellos sobre los riesgos del uso de Internet.
“Hay que hablar con los chicos –recomienda Elías– y decirles lo mismo que nos decían nuestros padres cuando íbamos a jugar a la plaza: ‘no hables con extraños’, sólo que en una versión adaptada a Internet”. En su opinión, no es bueno prohibirles el acceso a Facebook, porque la curiosidad los llevará a ingresar en forma oculta, lejos de los ojos paternos. Por el contrario, aconseja mantenerse cerca de ellos y hablarles sobre los peligros en un lenguaje que puedan entender. “Educarlos y darles confianza para que, en una situación de peligro, no se queden callados por pensar que serán castigados”.
El problema es que, para que los padres puedan dialogar, primero necesitan instruirse. Por lo menos, tener un perfil en Facebook y saber de qué se trata. “Sino, los chicos perciben ese desconocimiento y no consideran a sus padres como autoridades en la materia”, afirma Monastersky. “Quizás, la solución sea incorporar conocimientos sobre Internet y el uso responsable de las redes sociales en un espacio público como es la escuela, compartido por padres, hijos y docentes”, sugiere Igarza. O tal vez, los padres, sin perder el vínculo padre-hijo, figuren como amigos de sus hijos en Facebook, con el fin de ingresar a su actividad online. “Hay muchas medidas de ese tipo que se pueden tomar, pero lo fundamental es que los padres logren entender lo que está sucediendo, cosa que no siempre pasa”, concluye el experto. |