El pasado volvió. Volvió con la forma de ese Clemente negro que en el 82 cantaba, solo y en una tribuna armada para la televisión, "Burumbumbum Burumbumbum / yo soy el hincha de Camerún". La historia se siente en ese Clemente original que pedía papelitos y papelitos a los hinchas de la Selección en el 78 y que se multiplicaría poco después en los comercios y en los hogares de los argentinos: todos queríamos uno. Viejos tiempos se leen en antiguas revistas El Gráfico y se palpan, también, en pelotas de tiento, en botines Sacachispas o Fulvence o vaya uno a saber qué vieja marca. Camisetas, tapitas de gaseosas alusivas a equipos o clubes, tazas, fotos, muñequitos: todo es historia.
Y esa historia se encuentra en "La pelota, una pasión. La cancha, una emoción. El fútbol y los porteños, en el recuerdo", una exposición organizada por el Museo de la Ciudad de Buenos Aires que sirve para acercarse a ese deporte tan amado al sentimiento de los argentinos. Pero no es una muestra más: es un viaje a la infancia, a tiempos que no se pierden ni se olvidan. Tiempos que despiertan para recordarnos que aquello que parece un sueño de antaño fue real. Y tangibles, los recuerdos llaman, hacen cosquillas en el alma.
"Si vos vieras la cantidad de oficinistas, con tuppers en sus manos, que aprovechan su horario de almuerzo para venir; o curiosos de pantalón corto e idioma extranjero que se mezclan con los objetos…", explica Eduardo Vásquez, director del Museo de la Ciudad y responsable de la organización de esta muestra que fue pensada con un año de antelación, concretada hace unos días y planificada para permanecer abierta hasta comienzos de 2010.
Desde entonces, no dejan de desfilar curiosos: adolescentes, jóvenes, adultos y chicos fascinados por ese túnel del tiempo al que llegan de la mano de sus abuelos.
Hay cosas para las que el fútbol es único: unir a la gente es una de ellas. "Hicimos una convocatoria, tendiendo redes, con gente que nos prestara cosas. Diariamente recibimos donaciones. Vino mucho del fútbol y como queríamos completarla pedimos colaboración también a los clubes", explica Vázquez.
Chacarita y Boca fueron dos de las entidades que más colaboraron para que esto sea hoy una realidad. Los artículos de exhibición fueron creciendo en cantidad y asombrando por su calidad. Objetos que se creían perdidos aparecieron. Otros que se habían olvidado están presentes. El cajón de los recuerdos, de pronto, se desempolvó y se abrió y florecieron, mágicamente, aquellos héroes de infancias propias y ajenas: los futbolistas y todo lo que con ellos y la pelota tiene que ver.
No faltó el ex jugador que donó sus más que viejos botines, sin retocar nada y con el desgaste del paso del tiempo a la vista, como para darle más vida a la ocasión. Otro –un hincha cualquiera– entregó su colección de tapitas de gaseosas alusivas a equipos argentinos. Y así se fue armando.
Pero no se trata de una exposición más. Apunta a otra cosa: a que el futbolero exhibiera lo que con tanto sentimiento guardaba y no a que los elementos queden como frías muestras de otros tiempos. No es una mera exposición futbolera, con cronologías, bronces y referencias a los equipos que hicieron historia en este deporte. Es, más bien, una suma de recuerdos del recuerdo.
"Veo que la gente de todas las edades tiene reacciones variadas. Los mayores son más nostálgicos de aquellos tiempos en que los deportistas eran amateurs y no tenían la vida maravillosa que tienen ahora. Hay, por ejemplo, una vitrina, que donó Ferro, en la que está la foto de Roque Marrapodi y al lado una valijita con los botines que él llevaba todos los domingos a la cancha. Es una valijita muy muy muy humilde", recuerda Vázquez. Y agrega: "La gente extraña aquellos tiempos en que los futbolistas jugaban por una camiseta, por un color. Hoy no hay identidad, los partidos se arman con jugadores que pueden ser de cualquier otro equipo. La gente añora que los jugadores sean representantes de una camiseta".
Emociones y pelotas
Las emociones están a la orden del día. Muchos son los que se dejan llevar por los sentimientos. “Una día pasó algo muy curioso y simpático a la vez. En el acceso a la exposición está la escultura que le hicieron los hinchas de Racing a Merlo. El otro día, vinieron tres muchachos, uno casi se arrodilló y los otros dos ni se arrimaron. Se notaba la rivalidad. Eran de Independiente. Eran amigos, pero ahí, ante el sentimiento futbolero, se dividieron, se diferenciaron", describe Vázquez.
Las viejas pelotas merecen un tiempo suplementario. "Hay antiguas y más modernas. Los visitantes se quedan como pasmados cuando las miran. Mucha gente fanática del fútbol no sabe que las pelotas actuales son un invento argentino que se hizo en Córdoba", cuenta el entrevistado.
Cuestiones generacionales, temporales, afectivas, sociales y deportivas hacen que el Mundial 78 tenga un recuerdo especial. El Gauchito de cortos y botines, entre otros muchos souvenirs, simboliza ese torneo disputado en nuestro país y que fue el primero ganado por la selección nacional. "Hay muchos recuerdos de ese Mundial. Desde una botella de vino hasta la plasticola que venía con el escudito del campeonato. Casi todos tienen algún símbolo u otro elemento, como monedas, muñecos o lo que fuere", concluye.
El fútbol, ese sentimiento
"Los objetos son el vehículo más directo para contar la historia de una comunidad. Hay camisetas que están lavadas, pero si te acercás, hasta sentís cierto olor a transpiración. Hay una pelota inflada que fue guardada hasta ahora, y ahora la ves muy vieja. Están los zapatos de un jugador de Ferro que parecen sucios, pero no lo están; están usados, que no es lo mismo. Los raspones que tienen esos zapatos cuentan más que tres hojas escritas sobre su vida", sintetiza Vázquez.
"Estas exposiciones viven con la gente. Si eso pasa, la exposición tiene razón de ser", señala. Y entonces, tomando aire como aquel que va a patear un penal, pero en su caso, a punto de disparar su último pensamiento de la entrevista, dice: "Al fin de cuentas, lo que sucede alrededor de esto es algo que no se puede razonar. Hay estudios sociológicos sobre el tema, pero los sentimientos no se razonan. Surgen, simplemente se viven. Son una pasión. Una pasión argentina". |