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Arquitectura
“Arquitectura en primer plano”
 

Con sello propio
Einar Jarmund nació en 1962 en Oslo, la capital noruega, donde todavía vive y trabaja. De todas formas, el reconocimiento del mundo por su obra lo lleva a viajar durante gran parte del año brindando
conferencias y presentando proyectos. Se formó en la Escuela de Arquitectura de Oslo durante la década de los ochenta, y luego partió a los Estados Unidos para ganar experiencia laboral y realizar una Maestría en Arquitectura en la Universidad de Washington, en Seattle. En 1995, regresó al país nórdico para fundar su propio estudio, que en poco tiempo se ubicó en la vanguardia de la arquitectura noruega contemporánea. Pese al éxito y a la demanda de trabajo permanente, hoy, el estudio Jarmund / Vigsnæs Architects mantiene un reducido staff de quince personas que selecciona, con sumo cuidado, sus proyectos. Otra de sus pasiones es la docencia, por lo que dicta clases en la prestigiosa Rhode Island School of Design, en los Estados Unidos.

 
 
 
En los últimos lustros, la arquitectura noruega se ganó un lugar entre las más prestigiosas del mundo, por sus líneas modernas y el uso de materiales nobles, como la piedra y la madera.
Einar Jarmund, que vive en Oslo y ejerce la docencia en los Estados Unidos, es uno de sus máximos referentes.

Durante la última década, su calidad de vida, sus ínfimos niveles de pobreza y su estabilidad económica y política, hicieron que Noruega fuera elegida varias veces por la ONU como el mejor país del mundo para vivir. Otro motivo de orgullo para este país nórdico es, sin dudas, su tradición en arquitectura y diseño. Reconocida como una de las escuelas más prestigiosas de la actualidad, Noruega tiene una arquitectura que privilegia los materiales nobles, como la piedra y la madera, en un ambiente delimitado por su larga línea costera y sus crudos inviernos.
Uno de los exponentes contemporáneos más renombrados es el arquitecto Einar Jarmund, del estudio JVA con base en Oslo, quien estuvo en la Argentina durante la XII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires.
Podríamos decir que los arquitectos, según su especialidad, se dividen en tres grandes grupos: los que diseñan para la comunidad –como el rosarino Mario Corea–, los que se dedican a construir edificios corporativos o multifamiliares y los que aman el desafío de crear viviendas unipersonales. Einar Jarmund pertenece a esta última categoría.

–Si bien hizo grandes proyectos, su estudio se especializa en hacer casas para clientes particulares. ¿Por qué?
–Las obras grandes son interesantes de hacer, pero toman mucho tiempo y cuestan mucho dinero. Por eso, preferimos trabajar con clientes más modestos. Un cliente rico es menos emocionante, porque al no tener límite de presupuesto, no sabe bien lo que quiere y se va por las ramas. El cliente con menos dinero tiene límites, y tiene que descubrir qué es lo realmente importante en su vida. Los límites despiertan la inteligencia y la creatividad. La economía es una variable muy importante en la arquitectura actual. Por otra parte, al fin de cuentas, una construcción siempre es una construcción. Por más que sea una torre de oficinas o una casita en un lago. No importan los metros, es una expresión arquitectónica.

–¿Cómo es el proceso a la hora de pensar una casa para un cliente?
–Para nosotros, hacer una casa para un cliente es como pintar un retrato de la persona o como escribir un cuento de su vida. Tener una relación cercana con el cliente es muy importante para nuestro estudio y, por suerte, en Noruega hay una clase media muy grande que puede costear nuestros trabajos. Muchos arquitectos que se identifican con un lenguaje arquitectónico y luego lo repiten en todas sus obras, como una marca. Nosotros, en cambio, tomamos cada caso específico y lo desarrollamos como una arquitectura única. Por eso, les decimos que no queremos ser predecibles y nos gusta sorprender al cliente. La idea es ser como detectives. Investigar todos los datos y descubrir todo lo que la persona transmite.

–¿El clima extremo y la geografía noruega lo obligan a ser más ingenioso y creativo en su arquitectura?
–Seguro. Las limitaciones son buenas para la creatividad. Tenemos un clima muy dinámico. Es muy frío en invierno, pero cuando se puede abrir la puerta en verano, es muy hermoso. Por eso, tratamos de hacer obras flexibles y adaptables, tanto en cuanto al clima como con respecto al paso del tiempo. Hay veces que la arquitectura se adapta al paisaje y otras que el paisaje se adapta a la arquitectura. Eso es una cuestión de intuición. Y eso es lo que me pregunto ante cada obra: ¿Cuál es la decisión correcta en este caso?

–Noruega es reconocida por sus altos estándares de protección ambiental. ¿Cómo se traducen esos valores en su trabajo?
–No hablo demasiado de ecología por una simple razón: siempre fue importante y lo aplicamos a todas las obras. No es algo nuevo, algo que no hayamos pensado antes. Pero claro que hoy la conciencia ambiental es más importante y todos debemos pensar en ello en el mundo de la arquitectura.
Además, los materiales predominantes en nuestras obras son la madera y la piedra. El desafío es explorar todas las posibilidades de un material. En eso nos consideramos incansables.

–¿Está familiarizado con la arquitectura argentina?
–Sinceramente, no demasiado. Por lo que conocí de Buenos Aires hay mucha variedad y diseño. Incluso, estuve en La Plata viendo la casa que hizo Le Corbusier. En cambio, sí tengo contacto con arquitectos chilenos, que por las características geográficas de su país tienen obras similares a las de Noruega.

Más info
www.bienalba.com
www.jva.no