Dice y siente que cada noche en el escenario es adrenalina pura, que las cámaras ante las que actúa le hacen sentir la intensidad. Y que esos sentimientos se renuevan, se expanden, renacen cada vez que acude al llamado de la actuación. Todo esto lo afirma sonriendo, mientras come un brownie de puro chocolate que, según cuenta, no se le hace privativo para su espigada figura de ex modelo: "No, no me cuido. Soy así de flaca, siempre fui flaca", explica.
Porque Florencia Raggi sí ha recorrido un largo camino que se inició en pasarelas hasta que las ganas se le fueron del todo, y empezó a darle lugar a la actriz que, desde adentro, le pedía a gritos una oportunidad. Los capítulos de su vida, desde entonces, se le fueron juntando hasta formar un camino que la llevó a cumplir su sueño de actuar. Corrían los años noventa, y un buen día acrecentó su fama cuando visitó a Nicolás Repetto en su recordado programa “Nico”, que él mismo conducía. Las miradas cruzadas entre ambos, en plena entrevista, dieron de qué hablar al periodismo cazacorazones. Son pareja y son, también, familia con hijos: Renata y Francisco dan cuenta de ello. Y es, ella, actriz y mamá. Mujer, en definitiva, de unos cuantos sueños cumplidos que intenta contar en esta entrevista.
–¿Qué es la actuación para vos?
–Es algo que no puedo evitar hacer.
–¿Por qué?
–Porque me da una inmensa felicidad debido a que resulta la excusa perfecta para conocerme cada día más.
–¿Desde cuándo te sentís actriz?
–Desde chiquita. Siempre quise actuar, pero constantemente lo fui postergando. Tenía claro que lo de modelo era pasajero. Y a los 22, no tenía dudas de que mi pasión estaba ahí, en la actuación. Me esforcé mucho por cumplir ese deseo. Pero me parece que ser actriz es algo natural, algo que se tenía que dar.
–¿La actuación te ayuda a conocerte más a vos misma?
–Inevitablemente, me replanteo y me conozco en diferentes estados y actitudes. Uno hace de otro sin dejar de ser uno mismo. Me siento muy a gusto actuando. Es un aprendizaje de vida. Hay cosas que las llevo puestas para Florencia persona.
–¿Un actor nace o se hace?
–Creo que uno tiene diferentes talentos y facilidades, pero pienso que todo se hace con deseo, perseverancia, voluntad y trabajo. No es que uno nace y puede ser actor. Hay talentos con los que se nace y otros que se pueden moldear.
–¿Sos selectiva al momento de elegir un trabajo?
–Me gusta investigar los personajes que me tocan. Creo que eso es parte del atractivo de esta profesión. Por eso, busco papeles que me permitan sacarme las dudas que tenga. Y siento siempre la necesidad de ampliar mis conocimientos sobre los personajes.
–¿Teatro o cine?
–Antes decía que el cine, sin dudas. Hoy lo sigue siendo, pero el teatro me gusta cada vez más. Casi te diría que en lo personal, ahora están cabeza a cabeza.
–¿Por qué?
–El teatro tiene adrenalina, inmediatez, vértigo, y a medida que te vas acostumbrando a eso, más lo disfrutás. Estoy entendiendo cómo es el código, pudiéndome relajar cada vez más.
–¿Temés repetirte con tantas noches de actuación?
–No. Es que cada noche es diferente, por más que a veces pareciera que no. Y está bien que sea así, porque es todo un arte darle vida a cada momento, a cada actuación. Las experiencias que tuve en el teatro fueron todas diferentes. No es nunca lo mismo la primera noche, que cuando ya tenés varias encima. Yo siento que cada función es un acto de amor y de entrega muy grande.
–¿No te da miedo que un personaje termine comiéndose a Florencia Raggi?
–Con mi trabajo de actriz me exorcizo, pero no me quedo pegada. Hubo interpretaciones en las que tenía que llorar. Y lloraba mucho, muchísimo. Y de verdad. Pero no es que me quedaba mal; lo aprovechaba más bien como liberación.
Riesgos, deseos y maternidad
Es curioso: no se abandona nunca de una sonrisa que es causa y efecto de un estado de ánimo, de una actitud que se juega y se gana y se mantiene todos los días con más perseverancia que azar. "No creo en el azar", repetirá durante la extensa charla en un silencioso bar del ruidoso centro de Buenos Aires.
–Se te ve optimista. Sonreís seguido, te reís más de lo habitual…
–Soy de la idea de que cada uno crea su vida, de que todo depende de uno y de que es nuestra responsabilidad pasarla bien. No es que nací sabiéndolo o que lo siento de chiquita, sino que es algo que indago y de lo que me convenzo cada vez más.
–¿Qué papel juega el riesgo en tu vida?
–Es fundamental arriesgarse para ganar, para disfrutar, para aprender. Me quedo con lo positivo de arriesgarse.
–¿Creés en la fuerza del deseo?
–Creo que si uno tiene un deseo contundente y noble, se cumple. Los deseos son ideas que se pueden cristalizar. Tal vez, si no las llevás a cabo es porque no estás convencido.
–¿Qué es ser madre?
–Es algo que disfruto mucho. Hoy es mi razón de vivir. Cuando nació mi hija, en el momento del parto, me dije: "todo lo que me queda por vivir es yapa". Igual, sabemos que la maternidad no es eso sólo, pero en ese momento se tiene un sentimiento tan carnal, tan maravilloso… Tenés un hijo y dejás de ser el centro del universo. Está buenísimo.
Adiós carnaval, hola sueños
De aquella modelo que cruzaba miradas con Repetto, se transformó en una actriz hecha y derecha que compartió cámaras y escenarios con grandes entre grandes, como Luis Brandoni o Patricio Contreras, entre muchos otros. La Florencia del pasado le dejó lugar a esta que disfruta del sueño cumplido. Sabe, sin embargo, que todo sigue, que tal vez nada permanece. Que los laureles no son para dormirse, sino para darse el gusto del mimo y seguir adelante.
–Alguna vez dijiste que siempre tratabas de realizar lo que te hacía bien. ¿Abandonar el modelaje tuvo que ver con esa idea?
–La vida de modelo me cansó rápido: la dejé a los 22. No la quise hacer más y no la hice más. Quería dedicarme al teatro, a lo que me iba a hacer feliz. No me costó nada dejar el modelaje.
–Hablabas en un momento del riesgo. ¿Eso fue jugarse, en su momento?
–Jugarse es animarse, animarse, animarse… a lo mejor, después te arrepentís, pero la vida es muy corta, y si no hacemos lo que nos gusta, nos pasa por el costado. Cuando menos estemos pegados a lo que dicen que tenemos que hacer, mejor. Prefiero estar pegada a lo que yo quiero. Y para eso, tengo que escucharme y preguntarme mucho a mí misma.
–¿Y qué cosas te preguntás?
–Si estoy a gusto con lo que hago, cuáles son mis deseos, cómo va el tema de mis vínculos, si estoy bien conmigo. Creo que el tiempo corre rápido y las exigencias también, pero todos tenemos el poder de parar a ver qué estamos haciendo, adónde vamos. Y no depende de la condición económica. Lo peor es resistir a los cambios, que son cosas naturales que hay que aceptar.
–¿Qué son para vos los vínculos?
–Lo más importante que uno genera en la vida: sentirse cómoda con quienes uno está, aprender con esas personas es fundamental. No podría estar en un ámbito totalmente hostil.
–¿Tenés plena confianza en vos misma?
–A veces confío en mí y otras, no. Soy una persona muy tenaz. Pero me parece que lo que más me caracteriza es el impulso, el ir por todo. Todo es trabajo y trabajo. Creo que todo es una causa y un efecto, y es por algo.
–Muchos te identifican aún por ser la pareja de Nicolás Repetto. ¿Eso te juega en contra? ¿Te es pesado?
–Me resulta cómodo tener a Nico a mi lado, porque conoce del medio. Sería incómodo, creo, si no fuera del ambiente. En ese sentido, creo que la situación me es favorable.
–En tu última película tu personaje vive la crisis de los 40. ¿Cómo ves ese tema?
–La película Tres deseos me enseñó lo que es esa famosa crisis. Indagué en eso, en el personaje. Un personaje que hablaba poco consigo mismo y que si lo hacía, no se animaba a arriesgar. Creo que es bueno pensar qué hacemos con nosotros mismos. Los problemas de pareja siempre son, primero, con uno mismo. Creo que ya pasé la crisis de los 40, pero eso es algo que veré recién cuando tenga los 40 (risas). De momento, no tengo problemas con la edad. |