Hay un momento obligado en toda reunión de amigos, de familias multitudinarias o hasta de pareja, en el que las carcajadas toman la escena y todos terminan agarrándose la panza. Sea cual sea la causa, durante esos episodios de risa intensa se dan muchos cambios silenciosos en el cuerpo que, de ser más conocidos por todos, serían motivos suficientes para vivir riendo.
“Reír aumenta la oxigenación del cuerpo, regula la presión sanguínea, incrementa las defensas, alivia el dolor, favorece la sexualidad, mejora los vínculos, evita el estrés y optimiza la productividad”, detalla la licenciada María Elena Villa Abrille, especialista en terapias de la risa.
“El secreto está en el proceso químico que genera en el cuerpo y en los movimientos incontrolados que provoca en los músculos, ya que estos ejercen un masaje sobre todos los órganos, provocando relajación y un consecuente estado de placer”, agrega.
En medio de tantos beneficios, la belleza pide un lugar y se le concede, ya que las carcajadas también mejoran la calidad de la piel y la rejuvenecen. Para entender cómo se logra este resultado, tal vez sea mejor empezar por entender el problema: “Las preocupaciones, el cansancio, las situaciones de tensión y los simples contratiempos cotidianos generan radicales libres que alteran las células de la piel y la lesionan. Este proceso se llama estrés oxidativo y es uno de los principales culpables del envejecimiento prematuro de la piel”, explica la doctora Viviana Ranone, que no tarda en comentar la solución. “Los mejores aliados para combatir estos daños son las endorfinas, potentes antiinflamatorios que libera el organismo cuando nos reímos, y que bloquean el estrés oxidativo, operan como vasodilatadores y oxigenan la sangre. El resultado es que la piel mejora y gana mayor elasticidad, y un aspecto rejuvenecido”, agrega Ranone.
Por otra parte, los momentos prolongados de risa imprimen en los músculos faciales un ejercicio aeróbico que evita la formación de arrugas y de líneas de expresión, tan características del paso de los años. Pero la piel no lo es todo, y hay más armas de seducción que se potencian cuando una aprende a ejercitar la risa en forma cotidiana.
“Al liberar endorfinas y serotonina, que son las hormonas del placer, todo el cuerpo responde. Eso brinda un estado de plenitud y de goce que no sólo repercute en el pelo, la piel y el ánimo, sino también en la mirada y en la actitud”, comenta Villa Abrille, y agrega: “La mujer que es alegre, que logra desinhibirse y que puede reírse de sí misma es una mujer más segura, con más iniciativa y más dispuesta a generar vínculos. Además, la risa siempre es sinónimo de sociabilización, y cuando se tiene una buena vida social, la conquista es más sencilla”.
La terapia de la risa
Cuando científicos de todo el mundo comenzaron a descubrir los incontables efectos positivos que la risa provocaba en el organismo, no tardaron en crearse agrupaciones de médicos, actores, psicólogos, pediatras y hasta clowns que propusieron la risa como un método para sobrellevar enfermedades crónicas, ganar confianza, aprender a sociabilizar, mejorar la calidad de vida, fortalecer la salud o transitar mejor la vejez. Así nacieron los talleres de la risa, que consisten –como los define la licenciada Villa Abrille– “en sacar el niño que todos tenemos dentro”.
“Creemos, por un mandato social, que los adultos son aquellos que tienen seriedad y rigidez. Y no es así, porque se ha comprobado que la flexibilidad en las actitudes favorece la productividad de las personas”, sentencia Villa Abrille, que durante sus talleres trabaja con la creatividad y las desinhibiciones.
“La primera pregunta que yo hago es: ‘¿Cuándo fue la última vez que te reíste a carcajadas?’, y no puedo creer las caras de desconcierto. La gente comienza a revisar en su cabeza y no lo recuerda. Eso habla de la mala calidad de vida que estamos teniendo, y la terapia apunta, justamente, a desenchufarse de todo eso”, comenta, mientras hace un paralelismo con las fiestas infantiles: “Cuando los chicos salen de los cumpleaños, en donde jugaron a partir de la creatividad, el movimiento y la música, están desbordando de alegría. Esa es la misma sensación que la gente tiene luego del salir del taller, y es inmediata. Porque allí pueden dejar el pensamiento en stand by, algo mágico que sólo logra la risa”.
Pequeños gestos
Si uno pudiera hacer de su propio día a día un taller de la risa, tal vez muchas cosas serían más sencillas. Y aunque parezca difícil, los especialistas aseguran que con cambios simples puede lograrse.
“La risa puede surgir espontáneamente o ser generada. Pero en un caso o en el otro, los beneficios en el cuerpo se logran, ya que con el sólo hecho de sonreir, el cerebro recibe señales de ese gesto y libera endorfinas, además de llenar de brillo los ojos y de reubicar los músculos”, explica Villa Abrille. Y la doctora Ranone coincide: “Cuando uno está deprimido o le duele algo, y pone gestos de dolor, se activan los receptores del displacer, que generan sustancias depresoras que repercuten para mal en el cuerpo y en el ánimo. La única forma de bloquear ese efecto es con la risa. Porque el cerebro guarda huellas de cada gesto en la memoria, y con el tiempo empieza a sentirse más cómodo con las más habituales. Hay que lograr ir de un gesto al otro, como las caras del teatro, para cambiar de estado con más facilidad y tener mejor predisposición para superar los malos momentos”. Por último, el consejo principal de la especialista es reírse mucho, todo lo que se pueda: “La vida tiene que ser una permanente sonrisa, porque la sonrisa acerca y significa ‘sí’”, concluye.
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