Melancólicos abstenerse. El que sigue no es un texto apto para quienes extrañen la pelota de tiento o las raquetas grandes de madera que hasta los años ochenta o noventa costaba manejar de tan pesadas. No es, tampoco, para aquellos que recuerdan las bicicletas de antaño, imposibles de levantar, salvo que uno estuviese dispuesto a hacer un gran esfuerzo. El futuro llegó, y hace rato, al deporte que se da la mano y hasta firma contratos multimillonarios con la tecnología. Hoy, las pelotas de fútbol tienen microchips, las bicis son de fibra de carbono y pesan casi lo mismo que una mosca y las raquetas están compuestas por grafito, titanio, cerámica, aluminio o fibra de vidrio.
Nada de esto se gesta en talleres artesanales, sino en laboratorios ultramodernos, en los que especialistas estudian cada mínimo detalle para acercar el producto, lo más posible, a la perfección. Ocurre lo mismo con la ropa: remeras que permiten que se evapore mejor la transpiración, y zapatillas para atletas, que se amoldan a sus pies, como si los abrazaran. Son, estos, tiempos en que la música viene desde el calzado, el nadador puede competir con su mp3 bajo el agua y el que quiere hacer trekking o paseos de aventura, cuenta con zapatillas con GPS incorporado.
Inolvidables, pero definitivamente en un pasado tan dorado como lejano, quedaron las grandes leyendas, como la del etíope Abebe Bikila, quien en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, pasó a la historia por ganar la prueba de maratón con un pequeño detalle: corrió descalzo. Nada que ver con el jamaiquino Usain Bolt, quien casi cincuenta años después se jacta, no sólo de ser el más veloz del mundo, sino también de que le hayan diseñado un calzado exclusivo para alcanzar el sueño de los héroes.
Hoy, el deporte de alta competencia es imposible sin tecnología de primera. A tal punto que las grandes marcas tienen laboratorios en donde gestan los conceptos y las ideas para las prendas que luego utilizarán sus atletas. “En nuestro laboratorio se miden las pisadas de los deportistas, se analiza cómo mejorar una pelota de fútbol y hasta se prueban las remeras o las distintas indumentarias en cápsulas especiales”, describe Diana Schenone, gerente de comunicaciones de Nike Argentina.
El ojo tecnológico
El “ojo de halcón” (Hawk-Eye) es uno de los inventos con mayor desarrollo tecnológico que tiene el deporte y, en particular, el tenis. Hace alusión a la vista perspicaz de esa ave. Consta de cámaras que recogen movimientos y de ordenadores que procesan datos con una precisión asombrosa, ya que establecen el lugar exacto en el que picó una pelota que, muchas veces, puede ir a velocidades superiores a los 130 km/h. Su margen de error es de entre 2 y 3 ml.
El fútbol –el deporte más popular del mundo– es aún reacio a la aplicación de los avances de la ciencia. Quienes se oponen argumentan que la tecnología podría quitar autoridad a los árbitros.
Los avances en el campo tecnológico apenas se ven en la cancha. Una de las variantes más reconocidas de los últimos tiempos tiene que ver con la utilización de, por ejemplo, carteles electrónicos para avisar los cambios de jugadores, o bien, el tiempo de descuento en un partido. No disponen, aún, de aquellas opciones que sí se aplican a muchos otros deportes.
¿Por qué el fútbol no se quiere adaptar a los cambios? En alguna oportunidad, lo respondió el propio presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), Joseph Blatter, quien explicó: "Si convertimos al deporte en una ciencia, le quitaremos la emoción. Nadie discutiría si una jugada fue o no penal, y así".
Por su parte, Martín de Ambrosio, autor del libro El deportista científico, por qué las pelotas no doblan y otras jugadas de laboratorio (Editorial Siglo Veintiuno), nos dice: “Yo creo que la tecnología es aplicable en determinadas circunstancias. Si el juez es honesto, no veo por qué no se puede confiar en su apreciación, como pasa en el fútbol. Justamente, entiendo que la intención de un jugador es difícil de definir. Saber cuándo alguien quiso o no hacer algo es complicado. En eso estoy de acuerdo con la FIFA en cuanto a su actitud conservadora. Esa incertidumbre es una de las gracias del deporte”.
Por el contrario, cuando juzga la presencia del ojo de halcón en el tenis, afirma: “Es positivo. Sobre todo en deportes en los que el juez tiene que fallar en forma tajante, saber si la pelota picó o no dentro de la cancha. Hay otros deportes de más interpretación en los que es dudosa la tecnología”.
El fútbol americano, que en los Estados Unidos mueve tanta gente como pasiones, acepta la aplicación tecnológica en sus partidos. Allí, los árbitros tienen intercomunicadores con los que pueden comentarse las jugadas. Así, sus decisiones se pueden basar en la opinión de jueces que observan las alternativas por monitores en los que hasta ven las repeticiones del juego. Pero eso no es todo en este deporte. Los entrenadores cuentan con dispositivos para comunicarse con los capitanes de sus equipos. De esta forma, les hacen las indicaciones que creen convenientes para los cambios tácticos en las jugadas.
Otros deportes
Entre los montañistas, el uso del GPS se ha convertido en un aliado irreemplazable; y en el atletismo, es imposible concebir una carrera sin el chip, pequeño elemento que evalúa tiempos y distancias. Para los escaladores, la novedad son los aparatos tecnológicos que vienen con todo integrado. HumanEdgeTech es el principal proveedor del mundo en tecnología para expediciones.
Los fanáticos del mountain bike también gozan de los adelantos: las bicicletas vienen con cuadros de carbono, doble suspensión, amortiguación trasera y frenos de disco.
El golf, una de las actividades deportivas que más dinero mueven, no es ajena a los cambios. Los palos vienen cada vez más livianos y las pelotas son cada vez más veloces y los dirigentes deben cambiar los reglamentos de manera más asidua para adaptarse a las nuevas tecnologías.
La tecnología en la indumentaria deportiva se la implementa con los fines de: mejorar el rendimiento, responder a las exigencias específicas de cada deporte y deportista, protegerse de posibles lesiones y encontrar mayor confort durante la actividad física. “Creo que en la actualidad, todos los atletas tienen, más o menos, el mismo calzado y, por lo tanto, las empresas que representan a los ganadores se jactan más por publicidad que por efectividad”, sugiere Martín de Ambrosio.
Entre tantos temas vinculados al deporte y a la tecnología, queda una pregunta bien argentina. Porque todavía hay quienes se burlan y no saben si es cierto eso que dijo una vez Passarella respecto de la pelota en la altura. La contesta el mismo De Ambrosio.
–Al final de cuentas, ¿la pelota dobla?
–Dobla menos que a nivel del mar. Passarella tenía razón. Aunque parezca mentira, aunque fuera excusa para la derrota, decía la verdad.
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