En lo individual y en lo particular radican las excepciones. Lo antónimo vendría a ser, acaso, lo común, lo general; esa especie de lodo donde todos terminan, de alguna manera u otra, manoseados. Bueno, no todos, pero sí gran parte de aquellos que sucumbieron ante la fragancia –tan seductora y tentadora como engañosa– de los realities musicales. Esos oasis en el desierto de quienes se sienten genuinamente artistas y ansían ser alumbrados con las luces del éxito.
A nivel mundial, y sobre todo en la Argentina, estas experiencias televisivas respondieron bastante más a los fines comerciales de la industria, que a los intereses de los jóvenes cantantes con aspiraciones de “ser”. Pocos, contadísimos, consiguieron lo que, en definitiva, estos programas prometen: convertirse en una estrella nacional e internacional (un espíritu que no siempre prima).
David Bisbal lo logró. Y con creces. De principios de siglo a los tiempos que corren, el español se transformó en uno de los artistas más importantes, reconocidos y premiados del universo musical. Pisó tan fuerte desde que apareció en la escena artística, que ya lleva vendidos más de cuatro millones de discos. Su talento (una voz potente y aguda que remite a una amalgama aflamencada entre Luis Miguel y Cristian Castro) lo llevó a conquistar los teatros y los estadios más imponentes, y a protagonizar dúos con artistas de la talla de Raphael, Rocío Jurado, Pedro Fernández y Luis Fonsi, entre otros. Sin embargo, al chaval no se le subieron los humos a la cabeza. “Nunca pensé, ni pienso en si voy a tener éxito o no”, se sincera. Y uno, al escucharlo, le cree.
Andaluz y arrollador
Geminiano de 30 años, rubio súper enrulado, de ojos pardos, ni muy alto ni muy bajo. Bisbal es el hijo menor (tiene dos hermanos: José María y María del Mar) del matrimonio que conformaron María y José, ex boxeador profesional y ex integrante de un trío de música flamenca.
Apenas iniciada su adolescencia, comenzó a experimentar ese placer de entonar y tararear melodías cuando le ofrecieron ser la voz principal de la Orquesta Expresiones. “La música es mi vida. A través de ella, puedo trasmitir toda la alegría que llevo adentro”, asume.
Tanto quiso compartir que, en el 2001, decidió anotarse en la primera temporada de Operación Triunfo (versión España, claro). No ganó el certamen, pero su segundo puesto, a la distancia (y observando la suerte que corrieron los que triunfaron en las diversas ediciones), vale oro. “Son tantos los factores que influyen en la trayectoria de un artista, que exceden a si uno salió o no de un envío televisivo –define tajante–. Hay muchas formas de dar a conocer tu música. Yo lo pude hacer por distintos medios, pero ¿sabes qué es lo más significativo? Que lo hagas con la mayor honestidad posible”.
Bisbal admite que los últimos años pasaron “rapidísimo”. Que su rutina diaria no se asemeja en nada a aquella cotidianeidad que gozaba en su Almería natal, pero también asegura: “todavía no me volví loco, ya que me rodeo de buena gente y no me olvido de dónde vengo, de mi lugar de origen”.
En este lapso, el cantante grabó cuatro álbumes de estudio y dos “en directo” (su performance en vivo es de muy buena a excelente). El primero, Corazón Latino, producido en el 2002 por Kike Santander, batió récord de ventas: ¡600.000 copias en la semana de su debut! Bulería, Todo por ustedes, Premonición y Premonición Live también sorprendieron, con su repercusión, a propios y a extraños. Pero, tal vez, lo que más llama la atención es la debilidad que sienten por él en destinos tan disímiles como Bélgica, Rumania, Suiza, Holanda, Francia, Alemania y Austria. ¡O que sus hits se traducen hasta en japonés!
“La música me permitió y me permite entablar una conexión con el público, que no tiene precio. Es algo impagable e inimaginable. ¿Qué más puedo pedir? Mi sueño se cumplió cuando pude grabar mi primer disco. De allí en más, fueron todas rosas. Aun así, considero que estoy en el preludio de mi carrera, pero todo lo que transité hasta ahora fue muy positivo. ¡Una maravilla!”, se enorgullece. No es para menos, la bisbalmanía llegó para quedarse.
Sin mirar atrás
Así bautizó Bisbal a su más reciente placa discográfica, en la que parece partir de cero, pero con el mismo ímpetu y júbilo que lo caracterizan (además de ser temperamental, apasionado, bromista, nervioso y perfeccionista hasta el hartazgo). “Sin mirar atrás es un CD positivo que tiene como propósito dibujarle una sonrisa a quien lo escuche e incentivarlo a que siga luchando por alcanzar los máximos sueños que guarda el corazón”, precisa. “¿Por qué elegí ese título? Porque soy partidario de que hay que ir para adelante. ¡Siempre! Hay que mirar atrás sólo para rescatar las cosas buenas. Obvio que tenemos que aprender de los errores del pasado, pero sólo detenernos en ellos lo justo y necesario”.
–El disco navega por el pop latino, el rock, el rhythm and blues y las baladas, mezclando todos los estilos que ya interpretaste en sus antecesores. ¿Es así?
–Sí, estás en lo cierto. Tiene cosas que me recuerdan a Corazón Latino y una fuerte influencia de Premonición. Pese a ello, creo que es un disco que tiene fuerza propia. Lo grabé en estudios de diferentes países y es el único de los que realicé en el que participan productores españoles. Escribí muchas de las canciones con extraordinarios autores como Amaury Gutiérrez, Antonio Rayo, Rafael Vergara, José Abraham, Vega, Espinoza Paz, Joel Enriquez y David Palau. Y quedó muy bonito un dueto que hice junto a la británica Pixie Lott. Gracias a la magia que aportaron estos grandes músicos, creo que el resultado final es bien bien original.
–Cada vez estás más involucrado en la composición, sobre todo en lo que respecta a las letras. En Sin mirar atrás, sos coautor de seis de las trece canciones. ¿Qué te inspira a la hora de sentarte frente a una hoja en blanco?
–Mi vida entera. La amistad, el amor, lo que observo en la calle, lo que voy sintiendo. Algunas de mis letras tienen un fuerte contenido social. Me preocupan la crisis mundial, las desigualdades, las guerras y los intereses que se persiguen a cualquier costo. Y esto me interesa dejarlo plasmado en mi obra. Creo que la música ayuda a comunicar ideas y cada uno elige comprometerse o no con una ideología. Estoy convencido de que la música puede abrirles los ojos y el corazón a mucha gente.
–Son varios los cantantes románticos que, en la actualidad, volcaron su repertorio hacia las “canciones de protesta” en detrimento de las baladas y los boleros. ¿Pensás que el género perdió un lugar de privilegio que, décadas atrás, ostentaba?
–Creo que una buena canción va más allá del género. No te puedo negar que las modas existen, pero siempre hay gente enamorada que regresa a este estilo de música para alimentar sus sentimientos.
Íntimo
No todas son blancas, negras y corcheas en el universo Bisbal. El cantante confiesa que le encantan el ciclismo, la pesca, los karaokes, ser el alma de las reuniones, las lentejas de su mamá, mirar las carreras de Fórmula Uno y los partidos de la liga española. Pero aclara que, para él, merece un párrafo aparte estar en familia y compartir una buena cena con amigos.
No obstante, por estos días, al andaluz lo desvela una paternidad que golpeará a su puerta, por primera vez, en marzo de 2010. En pareja desde hace cuatro años con la diseñadora de joyas Elena Tablada, espera la llegada de una beba, algo que lo tiene inquieto y ansioso. “¡Es todo muy nuevo para mí! Por lo que me comentaron quienes ya fueron padres, será un momento magnífico. Tengo mucha ilusión. Es un regalo único que llegó del cielo y del amor. Me da hasta miedo ser tan afortunado y feliz”, desliza tímidamente (nunca pierde su simpatía extrema, pero se le nota que lo incomoda ingresar en terrenos muy personales).
Mientras, Bisbal prepara una extensa y promisoria gira que lo hará desembarcar en Latinoamérica, España y el resto de Europa. “Quiero seguir trabajando fuerte para llevar mis raíces por aquellos países que me otorguen esa oportunidad”, se entusiasma. Sabe que lo recibirán con los brazos abiertos. A él. Al cantante que sobrepasó las barreras de los realities televisivos para consolidarse como una estrella en el firmamento musical. Bien ganado lo tiene.
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