Lo observaron detenidamente? ¿Habrán reparado en esa piel pálida, en esos ojos verdes y desencajados, en ese pelo enmarañado y naranja, y en esas manos mugrientas? No, de ninguna manera, es imposible que Johnny Depp pueda ser elegido como el hombre más sexy del planeta si se lo contempla caracterizado como el Sombrerero Loco, su personaje en Alicia en el País de las Maravillas, la próxima producción de Tim Burton.
Pero, claro, las muchachas de People y de Cosmopolitan, acaso las publicaciones que lo catalogaron bajo ese rótulo, no lo evaluaron por sus personificaciones, sino por su imagen poco convencional, su look bohemio y su “sex appeal”. No es la primera vez que Depp alcanza tal reconocimiento: en el 2003, ya había sido distinguido como “el más seductor” (mote que, en su momento, lograron Mel Gibson, John Kennedy Jr., Tom Cruise, Patrick Swayze, Richard Gere, Brad Pitt, George Clooney, Harrison Ford, Ben Affleck, Jude Law, Matt Damon, Hugh Jackman y hasta Denzel Washington).
Para las mujeres, Deep es el hombre ideal: tiene encanto, está impecable físicamente (ostenta 46 años), no asiste a fiestas que no se relacionen con su trabajo y se dedica full time a su familia. Habría que agregar a la lista, la modestia. ¿Por qué? Sus palabras hablan por sí solas: “Yo no diría que soy una persona que haga latir los corazones”. ¿No es un tierno?
Lo cierto es que, al parecer, el actor, así como le sucede al vino, con los años se pone mejor. Estética (al notar de las damas) y profesionalmente, ya que, en el 2010, si algo se exhibirá en las carteleras de los cines es un nombre y un apellido: Johnny Depp.
El gran simulador
Ya a nadie se le escapa el grado de amistad que el actor mantiene con Burton. Así como en los ochenta fue Michael Keaton, Depp es el actor fetiche, versión siglo XXI, del director de Batman, Marcianos al ataque, El planeta de los simios y Big Fish. Juntos rodaron El joven manos de tijeras, Ed Wood, La leyenda del jinete sin cabeza, Charlie y la fábrica de chocolate, El cadáver de la novia y Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet.
A juzgar por la cantidad de espectadores y los millones de dólares recaudados, el binomio funciona como un relojito. “Lo adoro. Lo respeto tanto que estoy dispuesto a hacer todo lo que él me proponga. Nos tenemos muchísima confianza, y eso se traslada al trabajo”, le dedicó Depp. Para su felicidad –y la de los cinéfilos–, la fórmula se repetirá cuando llegue a la pantalla grande, el próximo mes de mayo, la nueva adaptación del clásico de la literatura creada, en 1865, por el matemático, sacerdote y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson (o sea, Lewis Carroll).
En Alicia en el País de las Maravillas, Depp sacará de la galera otra de sus interpretaciones ¿alocadas?, ¿extravagantes? Sólo el talento irrefutable del estadounidense nacido en Kentucky hará que el Sombrerero Loco no remita a Edward Scissorhands, al capitán Jack Sparrow, a Willy Wonka ni a Sweeney Todd. “Nunca busqué tener la imagen de una persona rebelde. Al tildarme así, intentaron encasillarme, pero no lo consiguieron”, definió tajante. “Uno de los objetivos de mi labor es la de sorprender al público e incluso a mí mismo. Ser diferente no tiene nada de malo. Todos los somos, pero, en la sociedad actual, hay cierto temor a serlo. Yo les enseño a mis hijos que es bueno tener opinión propia y mantener la integridad. Siempre supe, claramente, quién era y quién no”.
Como músico… un gran actor
Para corroborar semejante última afirmación, habrá que remontarse a una infancia bastante nómade. Es que mamá Betty (camarera) y papá John (ingeniero) eran un tanto aventureros: hasta que se afincaron en Florida, en 1970, los Depp (de ascendencia alemana, cherokee e irlandesa) se mudaron ¡más de veinte veces!
A esa altura, el pequeño Johnny tenía siete años y ya les confesaba a su hermano Danny y a sus hermanas Christie (hoy su manager) y Debbie, que su gran pasión era la música. A los doce años, recibió el mejor regalo de parte de su madre: una guitarra eléctrica con la que tocó en diversas bandas, como The Kids.
El divorcio de sus padres hizo que Depp, en plena adolescencia, le rindiera honor a aquello de sexo, droga y rock and roll. Pero pudo superar esa etapa cuando descubrió su otra vocación, con la que sí ganaría fama y dinero.
Hay que decirlo: Depp llegó a los sets casi por casualidad. Por medio de su ex esposa, Lori Anne Allison, conoció al actor Nicolas Cage, quien lo llevó a la audición en la que consiguió su primer papel cinematográfico (en la cinta de terror Pesadilla en lo profundo de la noche).
Sin embargo, la popularidad masiva apareció gracias a la pantalla chica, a través del personaje de policía que hizo en 21 Jump Street, la serie estadounidense que estuvo, desde 1987, cinco años en el aire. “La oportunidad de hacer aquella serie fue buena porque me ayudó a crecer profesionalmente. No obstante, me sentía un poco atrapado, ya que se grababa, durante nueve meses, cinco días a la semana. Sé reconocer la parte de negocio de esta industria y me juré a mí mismo que sólo encararía los personajes que me interesasen. Si fallaba, fallaba yo; y si funcionaba, funcionaba yo con mis ideas. Jamás traicioné mis instintos ni hice una película por dinero”, comentó el artista, desnudando, en definitiva, por qué la televisión es un pequeño asterisco en su vasta trayectoria.
Lo que sigue es historia sabida. Hollywood lo abrazó, pero no por su inclinación al canto (algo que él hubiese querido), sino por su don e intuición para componer personajes especiales y marginados. ¿Algunas de sus obras? Don Juan DeMarco, Donnie Brasco, La novena puerta, Terror y locura en Las Vegas, Antes que anochezca, Descubriendo Nunca Jamás, A la hora señalada, La ventana secreta, Érase una vez en México, Desde el infierno, Chocolate, Enemigos públicos, El imaginario del Doctor Parnassus y la saga Piratas del Caribe.
A propósito de esta última, Depp aseguró que encarnar al capitán Sparrow lo colmó de satisfacciones. “Todos tenemos algo de pirata –arrojó convencido–. Nos traslada a nuestra niñez; tiene que ver con la libertad, la rebelión y el sentimiento de no tener responsabilidades. Jack es muy divertido, ya es como mi hermano gemelo. ¡Hasta lo hago en casa! A mis hijos les apago la televisión con la voz de Sparrow. Les ordeno: ‘¡Ya está bien niños, ya está bien!’. Lástima que me contestan: ‘Andá papá, dejanos en paz que estamos viendo al Hombre Araña’”.
El hombre detrás de la estrella
John Christopher Depp II (tal su nombre completo) nació el 9 de junio de 1963. Araña el metro ochenta de altura, pesa setenta kilos, tiene ojos castaños y más de diez tatuajes en el cuerpo. Muy amigo de sus amigos, cimentó grandes lazos con el matrimonio Burton (Tim y Helena Bonham Carter), con Hunter S. Thompson, Marlon Brando, Allen Ginsberg, el guitarrista Keith Richards y con Stephen Graham.
Es tan amante de los libros, la lectura y las obras de arte, como lo fue de mujeres atractivas. Se casó con Lori Anne Allison y, postseparación, se vinculó con Sherilyn Fenn, Jennifer Grey, Winona Ryder y Kate Moss. Pero, desde 1998, su corazón pertenece a Vanessa Paradis. Junto a la actriz y cantante francesa, tiene dos hijos: Lily-Rose Melody y Jack John Christopher Depp III. “Vanessa y los niños son muy importantes para mí porque me impulsaron a encontrarme –sentenció en una entrevista–. Cuando nació mi hija, sentí que me quitaban un velo y se disipaba una capa de niebla en mi propia vida. Gané en claridad y enfoqué mejor hacia adónde seguir. Los hijos te fortalecen. Las cosas que me enojaban ya no me interesan. Si antes me ponía furioso toparme con un paparazzi, ahora le pido que me deje jugar a las muñecas con mi hija”.
Su mención a los periodistas de espectáculos no es aleatoria. En más de una ocasión, se peleó con ellos. Es que Depp casi que les tiene fobia. De hecho, pasa más tiempo en su departamento de París que en el de Manhattan. “Trato de mantener una distancia segura de Hollywood y de sus juegos de poder. Yo soy parte de ese universo, pero no quiero que interfiera con mi intimidad”, aseveró. “Amo a los Estados Unidos, pero asimismo, es un país lleno de ignorancia, de violencia y de ambición. Allí cuesta mantener la cordura. No quiero criar a mis hijos en una sociedad tan enferma. Francia me dio la chance de llevar una vida muy simple. Además, ¡cada vez hablo mejor el francés!”.
Tal vez, el dato más extremo sea que Depp compró una isla en las Bahamas para sentir las mieles del anonimato. “Es mi forma de tratar de volver a la normalidad. El escapismo es mi manera de sobrevivir. Cada vez que me sentí frustrado por ser el ‘chico novedoso’, me calmé y me fui allí para desaparecer. Espero que mis hijos crezcan en la isla, aprendiendo sobre el mar y cómo protegerlo. Y que lo mismo hagan mis nietos. Ese lugar le agrega años a tu vida”, definió.
Pero Depp deberá dejar las Bahamas para retornar a los sets de filmación. Lo esperan un 2010 y un 2011 ajetreados. “Fantaseo con retirarme, pero tengo más hilo en el carretel –descontó–. Es que me encanta el proceso creativo: trabajar con los otros actores, con el director y con los guionistas, y luego tener que encontrar la esencia de cada escena. Es algo que me satisface mucho… ¡aunque no como estar en la isla!”.
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