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Actualidad
“Shanghai se viste de gala”
 

China, Messi y Urlezaga
“¿Argentina? Maradona, Messi”. Esa frase es la más escuchada por un argentino que se da a conocer en la China. Es que si bien no son buenos jugadores de fútbol, buena parte de los 1327 millones de chinos son amantes de ese deporte. Por ende, ese es el principal puente entre ambos países. El pulso de la calle parece tener correlato en el comercio. El cónsul argentino en Shanghai, Eduardo Ablin, reveló que uno de los artículos para niños más vendidos en la ciudad es la camiseta de Barcelona de Messi.
Y los pósters del crack argentino aparecen en todas las vidrieras de los locales de la marca de la selección argentina. Con esos antecedentes, buscan instalar escuelas de fútbol por parte de ex jugadores argentinos en ciudades cercanas a Shanghai, con el objetivo de promover al país en esas tierras. Pero Messi no es el único argentino que conmueve a los chinos. El protagonista de la foto promocional del reciente Festival Internacional de Arte de Shanghai fue el reconocido bailarín y coreógrafo Iñaki Urlezaga.

La ciudad en números
- 4180 millones de dólares invertirá China en la Expo.
- 70 millones de visitantes espera recibir Shanghai para la muestra.
- 18 millones de habitantes tiene la ciudad.
- 492 m tiene el World Financial Center, la torre más alta de Shanghai. Le siguen la de TV Perla Oriental (468 m) y el Jinmao (420 m).
- 32 m de extensión tiene el puente de Dong Hai, el segundo más largo del mundo.
- 7,1% creció Shanghai, una ciudad con estatus autonómico, en los primeros tres trimestres de 2009 en la
comparación interanual para totalizar 150 billones de dólares.
- 5,28 km2 tendrá el predio de la Expo.

 
 
 
La capital económica de la China es una vidriera del crecimiento del país y se prepara para ser sede de la mayor muestra de la historia: la Expo Universal Shanghai 2010. El pulso de una ciudad cautivante que vive en obra.

El tren comercial más rápido, tres de las torres más altas y el segundo puente más largo del mundo. Shanghai, que reúne todas esas marcas, no es sólo la capital financiera de la China, sino la nave insignia de su intento por convertir el crecimiento vertical en desarrollo.
Bañada por el Mar de la China oriental y por la bahía de Hangzhou, Shanghai se erige en el centro de la línea costera del país y es su principal puerto. Para el censo de 2007, tenía 13.800.000 habitantes, aunque las estimaciones actuales ya hablan de 18.000.000.
Si bien cuenta con 700 años de historia, su ascenso como ciudad mundial sobrevino hace mucho menos. Por eso, en sus 6350 km2 conviven la modernidad con las principales cepas de la tradición china. Esa distinción se recorta en las construcciones que abre el río Huangpu: de un lado, la vanguardista Pudong y del otro, la clásica Puxi.
En el distrito de Pudong, un páramo hasta hace algunos años, se erige ahora el polo financiero y el aeropuerto, al que se accede a través del subte o el Maglev, el tren de levitación magnética de alta velocidad que alcanza los 431 km/h y recorre 30 km en 7 minutos y 20 segundos. También aloja a tres de las torres más altas del mundo, la de TV Perla Oriental (468 m), el Jinmao (420 m) y el World Financial Center (492 m); y al segundo puente de mayor extensión, el de Dong Hai de 32 km, que lleva al puerto de Yangshan.
Al compás de su crecimiento, en los últimos años, la ciudad sobre el mar –Shanghai en mandarín– no sólo equiparó la cantidad de autos con la de bicicletas y motos, históricas dominadoras de las calles chinas, sino que se calzó el traje de anfitrión de eventos culturales, musicales y deportivos de primer nivel mundial.
Y mientras espera convertirse en el mayor polo financiero de Asia y en centro de navegación mundial en el 2020, la ciudad está embarcada en organizar la mayor muestra de la historia: la Expo Universal Shanghai 2010.

Mega expo
Definida como los Juegos Olímpicos de la Ciencia y la Cultura, la muestra permanecerá abierta entre el 1 de mayo y el 31 de octubre, con una inversión de 4180 millones de dólares y a la espera de 70 millones de visitantes. Los edificios se desplegarán en 5,28 km2, el doble del tamaño del principado de Mónaco, en una zona céntrica a ambos lados del río Huangpu. Es decir, que la Expo estará en Pudong y también, en Puxi. Para dar lugar al evento, las autoridades chinas relocalizaron nada menos que 272 industrias y 18.000 familias. Y tanto el centro como los suburbios están convertidos en un gran obrador. Hay puentes, carreteras, líneas de subterráneos y rascacielos en construcción, mientras barrios pobres son demolidos y sus habitantes trasladados a complejos habitacionales que se construyen en las afueras.
El lema de la exposición “Mejor ciudad, mejor vida” tiene que ver con las ecociudades y, precisamente, la mudanza de las industrias busca reducir uno de los principales problemas de Shanghai: la contaminación.
Para el funcionamiento, el anfitrión pone el marco y buena parte del contenido, pero los pabellones nacionales son responsabilidad de los países.
Habrá cinco construcciones que perdurarán después del 31 de octubre, entre ellas, el pabellón nacional de la China, un gigante rojo con forma de gorro tradicional y tres pisos, que estará destinado a ser un nuevo museo.
Entre los 200 países participantes, hay algunos que construyen un pabellón propio con diseños impactantes, sobre todo los desarrollados; otros alquilan uno, y a los más pobres el organizador los agrupa y les edifica un espacio común, como hizo con el continente africano.
La Argentina se encuentra en el segundo grupo. Pero espera sacar jugo de sus atracciones, entre las que habrá choripanes y réplicas de Lionel Messi, una pasión china.
A pocos meses de su apertura, un recorrido por las obras deja al visitante en estado de asombro. Vistos desde la terraza de la oficina central de la Expo, unos quince mil obreros parecen formar hormigueros en todos los sectores. Y el predio, cercado por dos puentes, parece interminable.
La ciudad palpita el mayor evento de su historia, y la mascota, Haibao –tesoro del mar–, está en todas partes, junto a grandes carteles de flores en todos los parques y contadores de días que avisan sobre la llegada de la Expo.
Con Shanghai como emblema, la China trasunta una mezcla de opulencia y esmero, a sesenta años de la revolución que alumbró la República Popular de Mao y a poco más de treinta de la apertura que puso en marcha Deng Xiaoping.
Ahora, la apuesta del gobierno de Hu Jintao es que la muestra sea otra vidriera del posicionamiento internacional chino tras los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Pese a que muchas libertades continúan restringidas, la globalización china coincide con una fase de apertura interna. Y Shanghai parece el lugar indicado para colgar la marquesina. Con unos 4000 rascacielos, el enclave de la punta oriental del país es conocido como la capital económica y la Nueva York de Asia. Sin embargo, no todas son buenas en la ciudad sobre el mar. El crecimiento, que abre paso a un tráfico infernal, el olor de las alcantarillas, la prostitución y la industria de artículos falsos muestran la otra cara de la China, en combustión, del nuevo siglo.
Pero, pese a estas últimas cosas, todo indica que lo mejor está por venir.