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Homenaje
“Cárlos Thays El jardinero renacentista”
 

Palabras del bisnieto
Más conocido como Carlos Thays IV, también es paisajista, además de Ingeniero agrónomo (UBA). Cursó el posgrado en Arquitectura Paisajista en la misma universidad. Fue becario de la Harvard University (Diseño del paisaje y Taxonomía vegetal). A la vez, es docente de la carrera de Diseño del Paisaje (UBA) y Profesor en la John Brookes School of Design, Estados Unidos. Es colaborador de varias revistas especializadas argentinas y extranjeras, y titular del Estudio Thays.
–¿Cómo cree que serán los diseños de jardines y parques en las ciudades durante los próximos veinte o treinta años? Casos de ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, la Plata u otra que usted considere señalar.
–Presumo que los diseños harán hincapié en la naturaleza –acaso no sólo verde–, no como elemento decorativo, sino como fuente de vida y como elementos dinámicos en las ciudades, con estacionalidad y calidades diferentes en el tiempo. Podrán ser modernos, ultramodernos y vanguardistas, no podrán, ni deberían, dejar de lado su origen romántico en el imaginario de la sociedad. Este romanticismo, con sus flores, colores y sensaciones no tiene sentido que sea intelectualizado o, sencillamente, dejado de lado.
–Como paisajista, ¿qué opina acerca del cambio climático, en tanto afecte también a las especies protegidas en jardines botánicos y parques diseñados?
–El cambio climático podrá tener algún efecto negativo en parques y jardines botánicos. Creo que no es grave frente al efecto negativo del calentamiento en los biomas y ecosistemas naturales que son los que, efectivamente, regulan la vida en el Planeta. A veces, siento que si hay vandalismo en plazas y parque urbanos, no es tan sorprendente que el humano sea tan necio en persistir con la destrucción de la vida en la Tierra.

 
 
 
Con diversos homenajes, se ha evocado este año en nuestro país a Cárlos Thays, una figura clave del espacio verde, autor de proyectos que enmarcan diferentes ciudades con el diseño de mag- níficos parques y jardines.

Cómo sería Buenos Aires sin el color violeta de la flor del jacarandá o sin el rosado intenso de las flores del lapacho? El ceibo, el palo borracho y la tipa Tipuana tipu, –posiblemente el árbol preferido de Thays– integran, entre otras tantas, las principales especies que nuestra capital luce y disfruta, y forman parte del espacio público urbano. Todo ello es obra de Cárlos Thays, quien dejó sus huellas estampadas a lo largo de la Argentina: Misiones, Río Negro, Neuquén, Santa Fe, Córdoba, Paraná, Mendoza, Tucumán, Salta y Mar del Plata, donde su sello sigue perenne como su propia obra.
Un hombre fuera de serie, de perfil absolutamente renacentista.

Un hombre genial
Thays nació en París, en 1849 y murió en Buenos Aires, en 1934. Dada la magnitud de su trabajo, es conocido como el jardinero mayor de Buenos Aires. A pesar de su origen francés y de su formación también desplegada en París, Thays adoptó a la Argentina como patria. Llegó en 1889, y se sumergió en ella analizando y estudiando sus valores naturales con miras a potenciarlos desde el paisajismo. El “supremo triunfo del progreso” consistió, en parte, en que “extensos parques, grandes avenidas, y servicios públicos modernos y eficaces debían asombrar al viajero”, según una frase de José Luis Romero sobre el protagonista de estas páginas, en su obra Latinoamérica, las ciudades y las ideas.
Porque hay que decirlo, el talento de Thays se unió con su tenacidad y voluntad de excelencia. También, con su originalidad y genio. Esa línea de conducta, sumada a la política urbanística de un país en pleno desarrollo, hizo posible tanto brillo. El criterio llevado a cabo por Thays en cuanto a la conservación y protección de la flora nativa y a la incorporación de flora extranjera logró composiciones únicas que trascendieron en el tiempo. Los elementos cromáticos de la vegetación significaron una suerte de paleta de colores que dieron un carácter singular a la imagen urbana de hoy.
Una gran exposición, bajo la curaduría de Sonia Berjman, le dedicó, recientemente, un merecido homenaje en el porteño Centro Cultural Recoleta.

Cárlos Thays en la Argentina
Como Director de Paseos de la ciudad de Buenos Aires, Thays tuvo una trayectoria incansable que se fue desplegando durante sucesivas décadas por todo el país. En nuestra capital, llevó a cabo y remodeló un gran número de espacios verdes, como el Parque Patricios, Parque Centenario, Barrancas de Belgrano, Parque Colón, Parque Pereyra Iraola, Parque Avellaneda, Parque Lezama, Chacabuco e Intendente Alvear. A ellos se suma una serie de plazas, como las del Congreso, la de Mayo, Rodríguez Peña, Solís, Castelli, Brown y Balcarce, entre otras. Hubo otros espacios que se per-dieron en el transcurso del tiempo, como la plaza del Teatro Colón, documentada en numerosas fotografías de época. Del mismo modo, creó jardines en hospitales, regimientos y edificios públicos, y arboló las calles con 150.000 ejemplares, hoy altos y frondosos.
Su forma de planeamiento paisajístico es, en la actualidad, tangible a los ojos. Colores y perfumes que brotan de árboles autóctonos: el Lapacho en septiembre, el Ceibo en octubre, el Jacarandá en noviembre, la Tipa en diciembre, y más tarde, el Palo borracho por varios meses. Lo mismo ocurre con su paso por el interior del país, donde dejó vestigios admirables de su arte como el paisajista de varias provincias. Su trabajo se destaca en Córdoba, Mendoza, Tucumán y Mar del Plata. Hay que recordar que, junto con los paseos públicos, construyó parques para estancias y residencias privadas. Para encargos particulares, proyectó parques, jardines, invernaderos y ornamentación paisajística en más de cuarenta establecimientos rurales. Pero su perfil inquieto lo llevó, a la vez, a indagar en diseños dirigidos al urbanismo, de manera que sus múltiples acciones lo convocaron a realizar –entre otros– la delineación del residencial y porteño barrio Palermo Chico, hoy conocido como Barrio Parque. Su veta científica y su atracción por la investigación permanente, lo impulsaron a crear el Jardín Botánico de Buenos Aires, centro valioso para la formación de especialistas, que goza actualmente de reconocimiento internacional. Fue inaugurado en 1898 y cuenta con 69.772 m², en los que se encuentran además de 5500 especies vegetales, diversas esculturas de gran belleza. Fue uno de los orgullos de Thays, por lo que supuso entonces, su adelantada concepción como plataforma para quienes sienten afición por el estudio de la arbocultura. Su carácter quedó reflejado en las palabras de su nieto Carlos Thays III . Él lo rememora en el compendio editado por la Embajada de Francia para su reciente homenaje: “Mis escasos ocho años cuando murió abuelo Thays hace que no sean muchos los recuerdos que de su persona quedaran registrados en mi memoria, más que alguna que otra vivencia personal... De mis visitas a su casa de Federico Lacroze, recuerdo haberlo visto en el jardín de invierno, sentado en una silla hama-ca con un saco fumoir, su cabeza cubierta con una gorra bien francesa, y a sus pies, un fiel perro echado, llamado ‘Menelick’... Era un anciano lúcido y muy alegre, y a quienes con él estaban les contaba cuentos y divertidas viven-cias de su andar por tantos lugares y ciudades del mundo, intercalando, algunas veces en sus narraciones, frases en francés tales como ‘sacré Mon Dieu’, cuando le costaba recordar algún nombre o lugar”.

La gran obra de Iguazú
En 1911, Cárlos Thays creó el Parque Nacional de Iguazú, aunque la concreción se efectivizó en 1934. Además, tuvo a su cargo el centro urbano con diseño radial de esa localidad. Ese emprendimiento fue una continuación en la línea de su trabajo enfocado a la protección del patrimonio natural, lo que supuso una gran producción de tareas preliminares junto al descubrimiento del proceso de germinación de la yerba mate. Semejante hecho permitió la extensión de los cultivos de estas plantaciones, económicamente rentables, y las llevó a transformarse en un producto de gran valor para su consumo en la región, incluyendo Uruguay y el sur de Brasil.

Su vida y su jardín familiar
Jules Charles Thays, (Cárlos Thays, posteriormente, así, con acento en la “a”), era hijo de un tipógrafo belga establecido en París y de una joven de Versalles.
Nació en la capital francesa el 20 de agosto de 1849 y murió en Buenos Aires el 1 de febrero de 1934. Perdió a su padre cuando era niño y se mantuvo junto a su madre mucho tiempo en su casa de la Rue du Four, próximo a Saint Germain des Prés, pleno barrio de París Latino.
Su vida se desarrolló por partes iguales entre su ciudad y Buenos Aires. Fue discípulo, secretario y gran amigo de Édouard André, con quien aprendió el oficio con gran profundidad. Junto a André viajó a diferentes ciudades de Europa y pudo conocer de cerca los jardines y parques más destacados. Thays fue un gran amante de la lectura. Aunque él mismo se autodenominó Ingeniero, Ingeniero Paisajista, Arquitecto o Arquitecto Paisajista, los seguidores de su época optaron por llamarlo el jardinero mayor de Buenos Aires. En 1889, Thays firmó contrato con la empresa argentina Crisol, por recomendación de André, para diseñar, trazar y ejecutar las obras del parque Nueva Córdoba, en esa provincia. Más tarde, en 1891, se incorporó a la Municipalidad de Buenos Aires, donde tuvo a su cargo gran número de funciones todas vinculadas con grandes proyectos. En 1892 se casó con la argentina Cora Venturino con quien fundó
una familia dedicada, plenamente, a la creación paisajística, generación tras generación. Su hijo Carlos León, Ingeniero Agrónomo, fue su continuador, al frente de los paseos porteños, entre 1922 y 1946. Su nieto Carlos Julio Thays, nacido en 1926, destacó su paso por la Administración Nacional de Parques
Nacionales. Su bisnieto, Carlos Thays, nacido en 1959, continúa con la gran responsabilidad de proseguir la tradición familiar en la misma línea profesional.