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Entrevista

“Mil veces dudé si me iba a bancar salir con Adrián”
 
 

Lo que se viene
Luego de su participación del año pasado en Tratame bien, donde interpretó a una mujer abandónica y con tendencias suicidas, Griselda volverá a la TV para protagonizar Para vestir santos, junto a Gabriela Toscano y Celeste Cid. En el unitario producido por Adrián Suar y escrito por Javier Dualte, ellas serán tres hermanas –cuya madre muere en el primer capítulo, con algunos (o varios) problemas para relacionarse con los hombres. “El amor es el motor de la vida, es lo más visceral y es un tema que me gusta para trabajar como actriz. ¿Si alguna vez tuve miedo de quedarme para vestir santos? No, jamás. Siempre estuve de novia. Soy muy de armar relaciones. No me gusta andar ‘picoteando’, cuando alguien me gusta mucho, enseguida quiero estar en pareja”, concluye. Y Suar puede dar fe.

 
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Desde que irrumpió en la TV, a Griselda Siciliani la acompañan los premios y las buenas críticas. Hoy hace teatro con Carla Peterson y se prepara para ser protagonista en un unitario de Suar, su novio.

L a primera vez que la vimos en la televisión fue en la piel de una secretaria torpe, algo tímida y con un tono de voz muy particular en la tira Sin Código 2. El personaje con el que Griselda Siciliani hizo su desembarco en los estudios de grabación de Pol-ka rápidamente llamó la atención y dio mucho que hablar. Tanto que le valió un Premio Martín Fierro y un Premio Clarín, ambos como Revelación. Luego siguió Debbie Quesada, la “prima extremadamente hueca” de Facundo Arana en Sos mi vida. Y Siciliani otra vez se hizo notar. Un escalón más que le sirvió para arribar a su primer protagónico de su carrera televisiva como la joven mamá de Patito feo.
Como si esto fuera poco, sus papeles en teatro (Modositas, Hermosura, La forma de las cosas) también le permitieron mostrar su talento como cantante, bailarina y actriz dramática. Hoy protagoniza una obra junto a Carla Peterson y vuelve a dejar en claro que el camino que empezó a recorrer en su niñez no era otra cosa que el más acertado.

–Corazón idiota habla del amor y de las múltiples formas que tenemos de reaccionar frente a él. ¿Será cierto entonces que nos ponemos un poco “idiotas” cuando nos enamoramos?
–En realidad, el título de la obra reemplaza la forma de metabolizar la neurosis de cada uno frente al amor o el modo de atravesarse y de dejarse atravesar por una historia. Las cosas que somos capaces de hacer para llamar la atención del otro y hasta por momentos, la desesperación que nos puede provocar el no ser amado o correspondido.

–¿Vos sos una enamorada del amor?

–Cuando era chica era muy, muy romántica. Pensaba todo el tiempo en el amor y me encantaban las telenovelas, aunque mis padres no me las dejaban ver… No-sotros somos seis hermanos y sólo nos dejaban ver una hora de tele por día y entonces elegíamos un programa más para chicos. Pero igualmente con una de mis hermanas nos escondíamos para ver Estrellita mía. Andrea del Boca se daba un beso y nosotras nos volvíamos locas (Risas). Hasta sexto grado era fanática de Clave de Sol y estaba enamorada de Lucho, el personaje de Pablo Rago... quería que fuera mi novio.

–¿Y en la adolescencia?
–A los 10 años empecé en la Escuela Nacional de Danza y ahí la exigencia y la disciplina anestesiaron mi parte más romántica. Mis amigas iban a bailar, salían con chicos, pero yo estaba muy metida con la danza. Eso se llevaba toda mi energía… Pero paradójicamente era como una bomba, bailaba, daba prácticas para recibirme de docente, los chicos gustaban de mí, pero yo nada… (Risas).

–¿Cómo es crecer en compañía de seis hermanos?
–¡Apretado! (Carcajadas). Imaginate que vivíamos en un departamento de tres ambientes, en el barrio de Caballito, hasta que nació el sexto. Era como vivir en un jardín de infantes, muy felices, aunque a veces con cierta necesidad de estar a solas. Debe ser por eso que ahora soy tan ermitaña. Me gusta estar en mi casa, no atender el teléfono; lo disfruto, me da placer. En mi casa paterna, todo era compartir, compartir, compartir y también por eso debe ser que soy tan desapegada con mis cosas.

–Conclusión: una infancia que te marcó.
–Totalmente, mi vida con mis hermanos define la mujer que soy. Muchos juegos, siempre… A las muñecas, a la soga, a la oficina o Mesa de noticias. ¡Yo hacía de Cris Morena, yo era la ascensorista! (Risas). Sin dudas, tanta cosa lúdica se tradujo después en la elección de mi profesión. Mi hermana menor, Leticia, también canta y actúa, y las otras dos estudiaron artes plásticas.

–Tu abuela además era pianista, ¿no?
–Sí, la mamá de mi mamá. Ahora voy a llevarme el piano que era de ella a mi casa. Estoy chocha. Era una abuelita muy buena, pero cuando nos enseñaba a tocar era sumamente exigente. Tenía doble personalidad (Risas). Recuerdo que cuando ya estaba muy mal de salud, reconocía a muy poca gente, entendía pocas cosas, pero se sentaba al piano y tocaba. ¡Era fuerte verla, se le jugaba algo muy visceral!

Lograr el objetivo
–Haciendo un repaso de tu camino recorrido, ¿te considerás una artista de suerte?

–Esto es algo que llevo conmigo desde muy chiquita y sé lo que es padecer y frustrarse. Pensá que de 100 chicos que ingresamos a la Escuela de Danza, nos recibimos sólo 10 y mientras cursás, lo más habitual es que no te aprueben en los exámenes. Hay que hacerse fuerte para poder afrontar la dureza de los profesores a una edad muy temprana. Después, la verdad es que iba a las audiciones y por lo general llegaba hasta las instancias finales y no quedaba. Hice espectáculos que no me gustaban y otros en los que iban a vernos 3 personas.

–¿Y en qué momento se abrió la compuerta?

–Yo lo relaciono con Modositas, el espectáculo que hice con Virginia Kauffman. Me acuerdo que estábamos haciendo gira con Pipo Pescador y empezamos a pensar en las cosas que nos hacían reír. Nos llevó dos años escribirlo y después lo ensayamos un año más. Además la producción era nuestra, pesito a pesito. Lo estrenamos con la enorme alegría de estar haciendo algo muy nuestro y sirvió para que nos empezaran a descubrir. Lo hacíamos en un sótano inmundo allá por el 2004 y teníamos críticas en los diarios. ¡No lo podíamos creer! El otro día encontré el recorte de una crítica que decía: “Agenden estos nombres, van a dar que hablar”.

–La concreción de un deseo muy propio provocó la revolución.
–Es que en vez de usar esa energía para golpear puertas ajenas, la pusimos en algo nuestro. Nosotros no queríamos ser famosas, sólo queríamos hacer lo que nos gustaba y el deseo más profundo era concretarlo, no el resultado. Yo siento que ese momento liberó una zona mía creativa e interpretativa muy fuerte…

–… Qué hizo que al poco tiempo llegaras a la tele.
–Fue raro y siempre creí que lo de la tele se iba a terminar pronto. No conocía el medio y lo sentía como “Bueno, es este personaje, me salió bien, me dieron un premio, pero ya”. Pero cuando estaba finalizando Sin Códigos, me ofrecieron hacer Sos mi vida y ahí pensé que si me salía mal se terminaba todo, pero que si me personaje pegaba, tal vez me podían llamar otra vez.

–Y te llamaron nada más ni nada menos que para protagonizar Patito feo.
–¡No lo podía creer porque yo pensaba que nadie estaba reparando en mi trabajo! La verdad es que me gusta trabajar en televisión y creo que si podés elegir los personajes, hacer tele es hermoso. No entiendo a los actores que hemos visto crecer en la televisión y después se la pasan criticándola. Patito feo fue una oportunidad muy grande para mí que hasta me permitió comprarme mi propio departamento.

–¿Tenías el sueño del techo propio?
–Siempre, pero jamás pensé que iba a lograrlo ahora, a los 31 años. Mi proyección era más de bailarina o de maestra de danza y la verdad es que pensé que iba a costarme mucho más. Yo no relacionaba mi carrera con la televisión.

Así en la tele, como en la vida
–Tu cirugía de nariz te transformó casi en un asunto de Estado: en Internet había encuestas para que la gente votara cuál nariz le gustaba más: si la de antes o la de ahora. Se dijo que lloraste mucho porque no te gustaba el resultado…
–Obviamente, se habló mucho porque fue algo muy visible, pero nadie anda explicando por qué se operó el juanete. Para resumir… Yo tenía la nariz torcida para un costado y no me gustaba. Me dejé guiar por el mal consejo de un médico que me dijo que era una pavada, que era como sacarme un lunar. ¡Le creí! Yo soy súper impresionable, pero cuando me embalo con algo, lo tengo que hacer. Ahora que ya pasó un año de la operación estoy feliz con el resultado, pero lo viví como una verdadera tragedia.

–¿Qué pasó concretamente?
–Yo no estaba preparada para verme con otra cara, inflamada, deformada… Estaba desilusionada, tenía miedo por no saber cómo me iba a quedar.

–¿Imaginabas semejante revuelo?
–Tenemos como una cierta resistencia a los cambios y a los cambios del otro mucho más, pero como se ven con lejanía, es más fácil opinar. Ahora mucha gente me dice “Me gustaba tu nariz de antes” y lo más loco es que antes nadie me decía nada de mi nariz.

–¿Pero te sorprendió todo lo que se dijo?
–¡No! Cuando me vi la cara explotada no me sorprendió nada. Yo grabé Patito feo con la cara inflamada como nunca nadie se mostró. Natalia Oreiro me dijo una vez: “Pensá que nunca más vas a estar tan expuesta como en ese momento”.

–¿Eso es lo que llaman “el precio de la fama”?
–Yo no creo que haya que pagar un precio y tampoco es que soy tan famosa. No puedo pasar por la puerta de un colegio primario, pero no soy tan conocida. Mis trabajos sí son conocidos, pero la gente no me vive pidiendo autógrafos. A nadie le puede molestar que lo reconozcan por lo que hace. Jamás se me ocurría no salir a saludar a quienes me están esperando en la puerta del teatro: pagaron una entrada para verme hacer lo que a mí me gusta… Es como un esfuercito más, pero hay que estar.

–¿Ser la novia de Adrián Suar provoca que lo que hacés se amplifique o que las miradas estén más puestas sobre vos?
–Es cierto que las miradas se acentuaron cuando empecé a salir con Adrián, pero ya había pasado el primer año de Patito feo y tenía bastantes ojos puestos sobre mí. “¡Es una revelación, hace todo bien!”, era el comentario. ¿Viste que en este país llama mucho la atención cuando actúas, bailás y cantás? (Risas).

–Volviendo a la pregunta anterior…
–Cuando lo conocí, claro que pensé lo que podía significar empezar a salir con alguien como él y mil veces dudé si me lo iba a bancar o no, pero nos enamoramos, queríamos estar de novios… El revuelo fue al comienzo, pero ya llevamos dos años. Hay que dejar correr el agua y después todo se calma. Obviamente que no me causa mucha gracia que todo el mundo tenga una opinión sobre mi novio y sobre el vínculo que tenemos: que nos casamos, que estamos embarazados, si quiero ser madre… Me aburre el tema y me siento una boba cuando me veo en la tapa de una revista diciendo “Adrián me va a enseñar a ser madre”, sobre todo porque ¡es una frase que nunca dije! Pero si yo sintiera que mi pareja con Adri es algo complicado o que me pesa, directamente no estaría con él.

 
Por Sebastián Fernández Zini. Fotos: Macarena Otero.