xisten herramientas para controlar la economía personal, no sólo ante las crisis globales, sino también ante aquellos momentos de la vida que ponen al bolsillo bajo presión? ¿Se puede aprender a prever y resolver las problemáticas propias del dinero desde las cuatro paredes del hogar? Para Danila Terragno y María Laura Lecuona, licenciadas en Administración, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y especialistas en finanzas personales y negocios, la respuesta es categórica: ¡SÍ!
Para ambas, fundadoras de una consultora que desarrolla y gestiona contenidos para empresas, organizaciones y medios de comunicación, y autoras de libros de autoayuda técnica, como Tu negocio propio y tu dinero y Momento$ crítico$: cómo superar las crisis que desestabilizan tu economía personal, el dinero tiene un rol central en la resolución de circunstancias delicadas. “Ya sea en decisiones pensadas –el matrimonio, la llegada de un hijo o una mudanza–, como en situaciones sorpresivas –accidentes, despidos o una crisis nacional/internacional–, el impacto económico suele ser desestabilizante: gastos imprevistos, reducción de ingresos o deudas. Nosotras trazamos un ‘mapa de momentos críticos’ y planteamos cómo un manejo integral de las finanzas personales fomenta a prevenir algunas de estas vicisitudes, y a encontrarse mejor preparado para enfrentarlas y sobrepasarlas. Tener resuelto el tema dinero ayuda a concentrarse en otros aspectos, sin presiones y con mayor libertad”, aporta Lecuona.
–Ayúdenme a entender. ¿Hasta qué punto pueden influir en nuestra economía personal el divorciarse o quedarse viudo?
Terragno. –Las que mencionás son eventualidades en las que los asuntos económicos pueden quedar ocultos tras el cimbronazo emocional que estos cambios traen consigo. Si no anticipamos los efectos para el bolsillo, corremos peligro de caer en modelos económicos inviables.
Lecuona. –El matrimonio y el divorcio, aun sin papeles, afectan gastos, ingresos y patrimonio de la pareja. Es habitual que muchas mujeres, al divorciarse o enviudar, tengan que afrontar, no sólo el golpe afectivo, sino el descubrimiento de que no tienen forma de mantenerse. Aunque no sea romántico, es esencial, desde un comienzo, acordar con la pareja los ítems económicos de la unión: quién aportará qué, cómo se distribuirán los quehaceres, a qué nivel y estilo de vida se aspira y qué proyectos quiere concretar cada uno. Luego, manejar el dinero con transparencia, lo que colaborará a que prospere si el matrimonio se mantiene, y, en caso de que fracase, a distribuirlo sin conflicto.
–Manejar mal la economía personal pone en alerta rojo el patrimonio, ok. ¿La calidad de vida también? ¿Por qué?
Lecuona. –¡Sin duda! En la actualidad, tiene un rol protagónico. Claro que el dinero no lo es todo: uno puede contar con muchos recursos y “vivir mal”. Pero el acceso a la vivienda, a la salud, a la educación, al entretenimiento y a otras necesidades está, cada vez más, ligado a la situación económica de una persona y su familia.
Terragno. –La idea es que si le dedicamos un espacio a la planificación, finalmente pensaremos “menos” y no “más” en el dinero. Hay que evitar, a toda costa, la angustia de no poder repagar las deudas o la frustración de no poder cumplir nuestros proyectos. ¿Cómo? Controlando al dinero para que este no nos controle a nosotros.
–¿Cuáles son las acciones concretas para que seamos los protagonistas de nuestras propias decisiones?
Lecuona. –Lo esencial es asumir que, si bien recibimos golpes externos, las finanzas personales están, en gran parte, en nuestras manos. La salud de ellas depende de buenos hábitos en el largo plazo: mantenerse alertas e informados de los cambios; tener un fondo de reserva para emergencias con dinero que permita sobrevivir, al menos, seis meses; ahorrar para conquistar objetivos –en lugar de endeudarse–; buscar mejoras laborales; evaluar oportunidades de inversión; etcétera.
Para las expertas, hay tres herramientas que son claves para emprender la tarea. La información (¿Cuánto dinero tengo? ¿Cuánto gasto? ¿Cuánto podría ganar y ahorrar haciendo algunos cambios en mi forma de vida?), la planificación (hacer un presupuesto de ingresos y gastos en el que se contemplen lo seguro y los proyectos que se desean concretar), y el ahorro e inversión (aunque el dinero parezca no ser suficiente nunca, siempre es necesario hacer a un lado una pequeña cantidad para el futuro, resistiendo a los estímulos de la sociedad de consumo que invita a derrochar sin límite –se pueden ahorrar unos miles de pesos al año reduciendo un poco lo que se dispensa en golosinas, cigarrillos o taxis–).
Ahorro, independencia y plazos fijos
Terragno y Lecuona coinciden en que los primeros meses del calendario son ideales para pensar en cómo será el año a nivel “flujo de dinero”. “Conviene hacer un presupuesto en la computadora o en papel. No es tan complicado. Se trata, simplemente, de un pronóstico que permita identificar, de antemano, si los ingresos alcanzarán, si se producirán baches, si se podrá ahorrar o si el nivel de gastos es demasiado alto”, comenta Terragno.
–¿Hay una fórmula para ahorrar?
Terragno. –La mayoría de la gente ahorra “lo que sobra”. Hay que dar vuelta las cosas: hacer a un lado el ahorro y, después, gastar con el dinero restante. Así, garantizamos pagarnos, primero, a nosotros mismos, a nuestros proyectos, a nuestro futuro. De lo contrario, nos arriesgamos a que “no sobre nada”. El objetivo primordial del ahorro debería ser la constitución de un fondo de emergencias. Es aconsejable tener una reserva de dinero que cubra, al menos, tres meses de gastos. Esto nos permite maniobrar en caso de quedarnos sin trabajo, sufrir un accidente o tener que ocuparnos de un familiar enfermo.
–Ustedes afirman que la independencia económica está ligada a no depender, para vivir, del cien por ciento del trabajo de uno. Suena muy lindo, pero ¿es posible?
Terragno. –La independencia económica se logra ahorrando e invirtiendo (a menos que uno herede una fortuna o gane la lotería). El problema es que, si bien suena lindo no depender del trabajo, lo que no resulta tan atractivo es el diferimiento de gustos y placeres en pos de ese objetivo. El punto de partida debe ser el compromiso con la independencia económica. ¿El paso siguiente? Ponerse metas para sortear. Por ejemplo, si hoy vivo 100% de mi sueldo, puedo proponerme, en cinco años, bajar esa dependencia al 90%. Hay que sentarse, hacer números y armar un plan: sistematizar el ahorro, invertir el capital que se acumula y reinvertir los intereses que se ganan. Al cumplirse los cinco años, tendremos dos ingresos: el del trabajo (90%) y el de la renta (10%).
Lecuona. –Para que sea aún más claro: si una persona de 20 años, destina, todos los meses, 75 dólares de su sueldo a jugar a la lotería, cuando tenga 65 años, no habrá ganado más que algún premio insignificante, y enfrentará su retiro sólo con lo que perciba por su jubilación. Si esa misma persona guarda, mensualmente, 75 dólares en una caja fuerte, a los 65 años contará con 40.500 dólares. Ese dinero puede ser un buen fondo para emergencias, pero será exiguo para afrontar los años que le quedan por delante. Ahora, si ese joven, en las mismas condiciones, hace a un lado 75 dólares y los invierte, a lo largo de los 45 años que le restan hasta retirarse, obtendrá un rendimiento promedio del 8% anual. A los 65 años, sumará casi 400.000 dólares en su patrimonio. Este último caso implica un mayor esfuerzo, ya que hay que hacer buenas inversiones y monitorearlas de cerca. Pero el trabajo de este inversor se compensará con el tiempo. He aquí la diferencia entre dejar el futuro en manos del azar y programarlo para hacer realidad nuestros sueños.
–En los últimos años, muchas personas con poco conocimiento sobre economía empezaron a invertir en plazos fijos. ¿Cuál es el secreto? ¿Cómo hacerlo?
Lecuona. –El plazo fijo es la inversión financiera más sencilla de todas. Se presta dinero al banco, por un plazo fijo que, generalmente, es de treinta días, y el banco devuelve el dinero junto con los intereses ganados. No hace falta tener una cuenta para hacer un plazo fijo. Uno puede presentarse en el banco con el dinero y su DNI, e invertir. Es una buena manera de hacer a un lado el dinero para objetivos de ahorro a corto plazo y contrarrestar los efectos de la inflación. Hay otras alternativas, como algunos bonos o los fondos comunes de inversión. También, la compra de divisas.
Terragno. –Hay muchos argentinos que, no sin razón, tienen miedo a colocar dinero en entidades financieras. Pero tampoco sirve quedarse con los pesos debajo del colchón. De hecho, ponderando los riesgos, puede que esa sea una de las peores opciones. Es cuestión de seguir la situación económica del país y tomar recaudos. En el caso del plazo fijo, es importante saber que la garantía de depósitos es de hasta treinta mil pesos por entidad, por lo que no conviene tener más de ese monto en un solo banco.
Deudas que hacen crecer
Ambas especialistas tienen una mirada un tanto particular sobre las deudas. Según ellas, usado con criterio, el endeudamiento puede servir… para aumentar el patrimonio. “Es un concepto que se conoce como ‘apalancamiento’ –ahonda Terragno–. Si tomo un crédito para comprar una casa, esa casa, posiblemente, se valorice en el tiempo. Tuve que pagar intereses, sí, pero soy más rico; usé el dinero para ‘apalancar’ mi crecimiento. Lo mismo ocurre con los proyectos que nos agregan valor a nosotros mismos, como la educación o el negocio propio, o cualquier inversión que generará una futura renta. En cambio, si me endeudo permanentemente para consumir (con la tarjeta de crédito o pidiendo préstamos), al final no queda nada. Gasté más plata de la que costaban las cosas que compré, esas cosas ya no tienen valor, y, además, me perdí la oportunidad de usar ese dinero para otro fin”.
–Las deudas le ponen los pelos de punta a cualquiera. Y atravesar ciertas situaciones, como “sacarse la grande” o recibir una herencia, también. ¿Cómo encarar tales trances?
Terragno. –Ganar la lotería es un golpe de suerte. No es muy común que alguien se vuelva millonario de esa forma, pero sirve para explicar algo que sí es más habitual: el enriquecimiento repentino de alguien que no está habituado a manejar grandes sumas de dinero. Puede ser un artista o un deportista cuya carrera despega, o el dueño de una Pyme que crece de golpe. Las recomendaciones son diversas. Generar un aumento escalonado y manejable del estilo de vida, para no caer en desbordes y acostumbrarse a la nueva situación económica; asegurarse de generar ahorros y realizar inversiones para que la riqueza no sea temporaria. No concentrar mucho dinero en un solo lugar: mantener inversiones en depósitos bancarios, fondos, propiedades y bonos; tener cuidado al seleccionar asesores o administradores. Nunca delegar todas las decisiones; manejar la riqueza en función de objetivos; y llevar un control de los gastos, ya que con los cambios bruscos se pierden los puntos de referencia habituales.
EJERCICIO
Para comenzar a tomar el control de las finanzas personales, Danila Terragno y María Laura Lecuona proponen el siguiente autodiagnóstico, que combina los recursos personales o familiares con los hábitos y costumbres respecto del uso del dinero. Marcar en cada pregunta la opción que mejor describe su situación personal o familiar.

RESULTADOS
Mayoría de respuestas a) y b): indican una economía bien preparada para enfrentar momentos críticos. Mayoría de respuestas c) y d): muestran un alto grado de vulnerabilidad.
NOTA: el test completo, incluido en el libro Momento$ crítico$, contempla 12 variables de evaluación adicionales.
|