Para un número considerable de argentinos, el 2009 fue un año de billeteras delgadas, de ajustes y de gastos cuidados. Sin embargo, al momento de ahorrar para tomarse unos días de descanso en las vacaciones, las artimañas parecen haber dado resultado, ya que varias ciudades quedaron casi vacías luego del éxodo turístico.
Pero ¿hacia dónde partieron todos los que partieron? Si nos guiamos por el estudio realizado por la agencia de investigación de mercado Oh! Panel, que midió los gustos de los argentinos cuando se acerca el verano, podríamos decir que el 30% de quienes pudieron vacacionar, llevaron sus “petates” hacia la querida Costa Atlántica.
El mismo análisis arrojó que los destinos más elegidos después del mar, son las sierras del centro del país y la Patagonia. Lugares que, en consecuencia, gozan de una gran temporada por estos días y esperan un febrero con buen nivel de turismo nacional.
Por el contrario, los destinos internacionales, según Oh! Panel, esta vez sólo fueron elegidos por un 15% de los turistas. Ese número se lo reparten, en una gran porción, Brasil y, en menor medida, Uruguay. Es que el tipo de cambio y los precios crecientes en ambos países limítrofes no ayudan a la hora de planificar las finanzas para los días de relax.
Pero eso no es todo en materia de preferencias, ya que la encuesta también ahondó, por un lado, en los principales objetivos que tienen los argentinos de cara a esta temporada; y por el otro, en averiguar con quiénes les gusta compartir el receso estival.
Con respecto a la primera inquietud, la respuesta fue casi unánime: “Descansar después de una año difícil”. En cuanto al clan con el que se viaja, un 50% de los encuestados eligió hacerlo en familia, un 26% en pareja y un 12% con amigos. El resto no mostró preferencia en cuanto a la compañía, ya que, sea en donde sea, como sea y con quien sea, lo importante es relajarse y disfrutar.
La reina del mar
La Feliz está feliz, y no es para menos. Con un 18% de turistas más que hace un año, las playas de Mar del Plata hacen honor a una frase conocida: “¡Por acá no se puede caminar!”. Pero esa situación, lejos de generar odios o incomodidades, despierta en los amantes de La Bristol, La Perla o La Varese un gustito muy particular: el de estar codo a codo con los otros visitantes y hasta compartir un mate y unos churros con el vecino de sombrilla que conocieron hace poco más de media hora.
Ya durante el primer fin de semana del 2010, se percibió que esta temporada sería la mejor de los últimos cinco años. Según datos del Ente Municipal de Turismo (EMTUR), llegaron más de doscientos cincuenta mil turistas para estrenar calendario en la costa marplatense, muchos de los cuales se quedaron a pasar allí los primeros quince días de enero. Al término de esas dos semanas que inauguraron la temporada, ya habían pasado por Mardel más de trescientos cincuenta mil veraneantes, un número que no se registraba desde el 2004. Para esta segunda quincena, la situación continúa en alza, ya que hay un 75% de alquileres tomados, y un 40% de la hotelería reservada.
Tal como sucede desde los años sesenta –cuando Mar del Plata ya estaba consolidada como el destino veraniego por excelencia–, quienes caminen por La Rambla y posen su cámara de fotos de cara al mar obtendrán una postal en donde todo será sombrillas y la arena se verá poco y nada. Lo que sí cambió, desde entonces, son las diferentes opciones para sacarle jugo al día: los paradores evolucionaron, mejoraron sus servicios, ampliaron sus espacios y crearon nuevas comodidades.
Las playas céntricas, por ejemplo, cuentan, desde este verano, con refacciones notorias, como amplios decks de madera con reposeras y sombrillas, y enormes piscinas para que aquellos que no son amantes del mar tengan la posibilidad de darse un chapuzón refrescante (este panorama puede verse, sobre todo, en La Bristol y en Playa Varese).
Si bien la mayor cantidad de familias se aloja en la zona céntrica de la ciudad, las costas más elegidas por los jóvenes son las del sur, que ya hace algunos años se transformaron en las más glamorosas de Mar del Plata. Allí, los camastros con telas colgantes y el bandejeo de sushi configuran un panorama habitual. Las bikinis se ven más diminutas que en el resto de la ciudad y las cámaras de televisión hacen constantes recorridos en busca de las celebrities que eligen esos rincones.
Entre los mencionados balnearios, se encuentra la novedad del verano: Fort Beach Nikki Mar del Plata. Se trata del parador inaugurado por Ricardo Fort, un coquetísimo predio de trescientos metros de extensión, con una carpa vidriada y aire acondicionado, un bar de jugos exóticos, cocina internacional a cargo de expertos, tres piletas con jacuzzi, algunas casitas de madera de estilo hindú, una docena de camastros y más de cincuenta sombrillas. Eso sí, allí todos quieren asistir, pero sólo pueden ingresar los invitados del anfitrión y las personas que están alojadas en el Hotel Sheraton de la ciudad.
Otras playas
elegidas y renovadas
No bien la Ruta 11 deja atrás a la enorme figura de brazos abiertos que da la bienvenida a Madariaga, se llega a las ciudades balnearias que también atraviesan una temporada a “todo trapo”. Hablamos de la seguidilla que comienza en Pinamar y se extiende hasta Mar Azul, pasando por Valeria del Mar, Ostende, Cariló, Villa Gesell, Mar de las Pampas y Las Gaviotas.
Allí, la temporada 2010 también se siente (y cómo). En la ciudad de los panqueques de Carlitos (sí, hablamos de Gesell), en lo que va de enero se registró un 20% más de visitantes que el verano pasado. Desde la intendencia, aseguran que ese fenómeno se debe, por un lado, a que la gente no está tan apremiada económicamente; y, por el otro, a las renovaciones que experimentó “La Villa”, que la transformaron en un sitio aún más tentador para los turistas. Y vaya si es cierto: con el aspecto de su peatonal absolutamente renovado y playas especialmente modificadas para que puedan acceder personas con discapacidades motrices, este verano la ciudad balnearia de los médanos pica en punta.
Cuando el sol pega fuerte, los paradores más elegidos de Gesell son los que se ubican entre los paseos 104 y 110, y algunos de la zona norte por donde descansa el bellísimo bosque. Durante el atardecer, las cabalgatas a la orilla del mar son un plan familiar ideal. Por las noches, todas las miradas se posan sobre Pueblo Límite, el complejo gourmet y bailable que se encuentra a la salida de la ciudad, sobre la avenida Buenos Aires.
Pinamar no se queda atrás, señores. También con sus reservas casi a tope y con una mejor temporada que en el 2009, luce un nuevo rincón cada vez más explotado: la zona norte. Lejos del ruido y de la concurrida avenida Bunge, los turistas de mayor poder adquisitivo escogen como sitio predilecto a la que hasta hora se conocía como Zona Lasalle, entre las calles Juncal y Odisea. Quienes residen allí no tienen necesidad de ir al centro, ya que se conformó un nuevo espacio comercial, dueño de un estilo muy similar al de Cariló, en donde se puede conseguir desde lo más básico hasta indumentaria de reconocidas marcas. En este reducto, pueden verse a las familias más tradicionales, como los Bunge o los Pereira Iraola, tanto como a celebridades de bajo perfil o políticos de alto cargo. El mismo ambiente se adueña de los paradores, entre los que los más elegidos son CR y Los Delfines.
Pero si se quiere juventud, música electrónica, deportes 4x4, clases de pilates sobre la arena y mucho glamour, las playas escogidas son las que van desde el parador La Frontera hacia el sur. Bunge y el mar, por supuesto, siempre es un sitio de paso para llevarse la más típica postal pinamarense.
Entre los balnearios más pequeños de la zona, los de mayor convocatoria son Cariló y Mar de las Pampas, aledaños a Pinamar y a Villa Gesell respectivamente. En ellos, la magia reside en cómo la playa y el mar se conjugan con densos bosques y pinares. Este tipo de paisaje impulsa campañas de vida sana, paradores ecológicos, gastronomía naturista y sitios de actividades relajantes.
Ya desde el fin de semana largo de Navidad, los centros comerciales, modestos en cuestión de tamaño pero no en lo que respecta a contenido, se ven repletos de familias (es el público que más elige estas zonas, por la tranquilidad de sus playas). Un detalle de estos sitios es que tienen una segunda quincena más brillante que la primera, por lo que se esperan buenos caudales de turismo también para febrero.
Tanto Cariló como Mar de las Pampas y otras playas pequeñas de la zona, hace años eran promesas, y ya hace un tiempo pasaron a ser confirmación.
No al mar, sí a los lagos
Esas personas que cada vez están más agotadas del ritmo de sus ciudades, y que sienten que elegir la Costa Atlántica no es sinónimo de descansar, son las que eligen las pequeñas poblaciones patagónicas como destino de veraneo. Y eso es algo que se incrementa año tras año.
Así lo demuestra el 11% de crecimiento turístico que tuvo la ciudad de Esquel en lo que va de esta temporada. Allí, en ese rincón de la provincia del Chubut en donde el canopy y los paseos en el antiguo tren “La Trochita” son las actividades más elegidas, se superaron las cifras de visitantes de años anteriores. Un dato importante es que, de ese afluente, el 95% es de nuestro país y sólo un 5% proviene del exterior. Dentro del público argentino, un 56% de quienes eligen Esquel proviene de Buenos Aires, un 26% del Chubut yel resto se divide entre cordobeses y santafesinos.
Algo similar sucedió con Puerto Deseasado, en Santa Cruz, donde ya en diciembre se hablaba de dos mil personas ocupando la plaza hotelera. A esa ciudad, muchos se acercan por su singular belleza y por diversas festividades que se dan por estas épocas, tales como el Festival del Marinero, las peregrinaciones religiosas y el Certamen de Pesca del Tiburón. Quienes pasan sus vacaciones allí optan, principalmente, por excursiones náuticas. ¿Las más elegidas? La que recorre el Río Deseado y la que lleva hacia la Isla Pingüino.
Tal como estos dos pueblos sureños, otros sitios de reconocido interés, como los neuquinos San Martín de Los Andes, Villa Traful, Meliquina y Villa La Angostura, también gozan de un verano con buena ocupación, dividida entre argentinos y chilenos. Lo mismo que sucede en la ciudad patagónica por excelencia: Bariloche.
Lo que es claro, en el sur, es que la tendencia en cuanto a elecciones de alojamiento habla de que la gente quiere vacaciones tranquilas y, si se puede, baratas. Así se refleja en el 100% de ocupación que tienen los refugios, el 96% del que gozan las cabañas, el 83% de quienes eligen hosterías y el 76% que se llevan los hoteles.
Cuando se les pregunta a los turistas que arriban a los pueblos patagónicos por qué eligieron vacacionar allí, todos hablan de tranquilidad, de poco ruido, de bellos paisajes y de contacto con la naturaleza. ¿Hace falta algo más en vacaciones?
Infinitos aplausos
El teatro es otra de las actividades que la gente no deja pasar de largo durante las vacaciones. Menos aún los que tienen la dicha de estar en las principales capitales teatrales, como Mar del Plata, Carlos Paz o la más reciente San Luis. En La Feliz, donde las propuestas de espectáculos son variadas, la mayor aceptación del público la tiene Más respeto que soy tu madre, protagonizada por Antonio Gasalla. Sólo en su primer mes de temporada, la obra vendió 27.000 entradas.
Detrás del capocómico, se ubica Carmen Barbieri con Fantástica, que es, hasta el momento, la revista más elegida. Florencia de la V hace lo suyo en Villa Carlos Paz, con Living la viuda loca, que viene ganándole la batalla a su ex director, Gerardo Sofovich, quien también tiene muy buena convocatoria
con Gracias a la villa. Las tierras puntanas no se quedan atrás. Allí, desfilan obras como El año que viene a la misma hora, Lutherapia y Pour La Gallery, entre otras. Como se ve, hay para elegir.
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