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Investigación

¿Energía hecha en casa?

 
No todo lo que es oro brilla
Si bien no hay datos certeros, se calcula que son miles las personas que, día a día, revuelven
la basura para separar los materiales reciclables para vender. En la ciudad de Buenos Aires funcionan cinco cooperativas de trabajadores que formalizaron el “cartoneo” y, con acuerdo de los vecinos, recolectan puerta a puerta plásticos, vidrios, latas, papel y cartón, previamente separados.
Uno de los casos modelo es el de la Cooperativa El Ceibo, que funciona desde hace doce años en el barrio porteño de Palermo y nuclea alrededor de cincuenta trabajadores que recolectan, clasifican y venden buena parte de la basura generada en el barrio.
“Nosotros decimos que eso no es basura, porque sirve, y porque para nosotros significa un ingreso”, explica María Julia Navarro, la coordinadora de recolectores de la cooperativa. “La cooperativa es el fruto de años de esfuerzo y sacrificio; hemos trabajado duramente y tuvimos que capacitarnos en distintas áreas”.
El Ceibo procesa quince toneladas diarias de material reciclable, y son varias las empresas que separan sus residuos para la cooperativa. A partir de este proyecto, más de ochocientas familias palermitanas cambiaron sus hábitos ambientales: separan sus materiales y los guardan hasta que pasa el recuperador,
y colaboran con los trabajadores de la cooperativa quienes demuestran que, en la Argentina, de la basura también se vive.
 
Datos y más datos
•En Argentina se genera un total de 12.325.000 toneladas de basura por año.
Más del 40% del total de los residuos sólidos urbanos que se generan son vertidos en forma inadecuada, ya sea en basurales a cielo abierto o en sitios que no cuentan con los controles mínimos requeridos para una correcta preservación de la salud humana y del ambiente.
•Un 70% de los residuos que hoy se desechan son recuperables.
•Por cada metro cúbico de biogás, se pueden generar 2,1kWh de electricidad.
•El poder calorífico del plástico es similar al del gas natural o el fuel-oil, y mucho mayor que el del carbón, la madera y la basura doméstica. El plástico rinde 45 megajulios (MJ/kg), frente a 46 del gas natural, 43 del fuel-oil, 28 del carbón, 16 de la madera y 8 MJ/kg de la basura doméstica.
•El proceso de descomposición de la basura tarda entre seis meses y un año en iniciarse, pero después desprende gas permanentemente durante veinte años.
La generación de energía a partir de fuentes alternativas –como residuos orgánicos y plásticos– permitirá, en un futuro no tan lejano, que hogares e industrias sean energéticamente autosuficientes. ¿Es posible? ¿Cómo? Pase y vea.

Qué pensaría si le dijésemos que la bolsa de basura que hoy sacará a la calle puede generar la energía que necesita para utilizar en su casa?
Lejos de ser una utopía, la posibilidad de abastecerse energéticamente a partir de residuos y plásticos es una realidad en varias ciudades del mundo. Y con respecto a la expansión de este fenómeno a más destinos, los especialistas en la materia muestran gran optimismo. Uno de ellos es el economista Jeremy Rifkin, asesor de la Fundación Tendencias Económicas y consultor del ex vicepresidente estadounidense Al Gore, quien vaticinó en una conferencia reciente que los hogares y las pequeñas y medianas empresas podrán generar su propia energía y almacenarla en baterías de hidrógeno. Asimismo aseveró: “Se podrá compartir la energía generada en cada hogar e industria, al igual que se comparte información a través de Internet”.
“Técnicamente, esto es posible”, asegura Horacio de Beláustegui, licenciado en Ecología y Recursos Naturales y director de la Fundación Biosfera. “Los desechos orgánicos, que constituyen la mitad de los residuos domiciliarios, son la materia prima que se necesita para generar el biogas, una mezcla de gas producido con bacterias que actúan sobre la biomasa, compuesto en un 70% por metano y un 30% por dióxido de carbono, con trazas de otros gases”, explica de Beláustegui. Este tipo de residuos se trata con un biodigestor, que es la herramienta que trabaja sobre los materiales orgánicos en condiciones anaeróbicas (sin presencia de oxígeno). “Tirar los residuos orgánicos a la basura es como tirar combustible en un pozo, es un derroche de energía”, sintetiza el especialista.
En el caso de los plásticos, el recupero es aún menor: estudios ambientales en la Unión Europea calculan que, a nivel mundial, sólo se recicla un 20% del plástico que se produce, y el resto va a parar a la basura, cuando un gran porcentaje de ellos, con un tratamiento adecuado, podría generar electricidad, calor y combustible.
“Las ventajas de utilizar fuentes alternativas de energía son múltiples”, señala de Beláustegui. “Se reduce el consumo de energía proveniente de recursos no renovables y la emisión de gases de efecto invernadero, al tiempo que disminuye a la mitad la cantidad de residuos que se vuelcan en los rellenos sanitarios, que hoy están colapsados y contaminan aire, agua y suelo”.

Comunidades modelo
Los países pioneros en este tipo de experiencias son los europeos, donde centenares de municipios ya valoran y aprovechan la energía proveniente de los desechos orgánicos. Así, en la ciudad francesa de Lille, los colectivos funcionan con el biogás generado por los residuos de los mismos ciudadanos. Otras ciudades lo transforman en electricidad para la iluminación pública, y en calor, para la calefacción de los edificios públicos.
En nuestro país hay algunas comunidades modelo, como Colonia Emilia, una población de 800 habitantes ubicada en la provincia de Santa Fe, en la que funciona el biodigestor de la primera comuna de la Argentina, que transforma la totalidad de sus residuos domiciliarios orgánicos en biogás y abono. El tratamiento de la basura que producen sus propios ciudadanos genera un caudal de biogás que sustituye unos 15 kg de gas envasado por día.
El ingeniero Eduardo Groppelli, director del Centro de Estudios y Gestión Ambiental (CEGA) de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad del Litoral e integrante del Grupo de Energía No Convencional que funciona dentro de esta misma casa de estudios, fue el encargado de supervisar el desarrollo de los aspectos tecnológicos de este digestor. Al respecto, el ingeniero precisa: “Es en el sector agroindustrial donde se llevan realizadas las mejores experiencias, ya que cuentan con el financiamiento adecuado y pueden amortizar el costo de un biodigestor. Si bien la tecnología ya está desarrollada, todavía no es competitiva porque no hay financiamiento en todos los sectores”.
Groppelli sostiene que el primer paso hacia una comunidad como Emilia es el correcto tratamiento de los residuos domiciliarios y la diferenciación entre residuo orgánico e inorgánico, como plástico, vidrio, papel y latas. Además, advierte que con una buena gestión de residuos, se puede recuperar el 70% de lo que hoy se tira a la basura y, al mismo tiempo, cuidar el medioambiente. Según Groppelli, este tipo de experiencias son más factibles de implementar en sociedades rurales pequeñas, donde también pueden utilizarse otro tipo de fuentes energéticas (como el sol en las provincias del noroeste, y el viento en la zona cordillerana y la Patagonia). “Estas fuentes descentralizadas de energía utilizan los recursos ambientales de cada región para generar su propia energía. De esta forma, no sólo se reduce el consumo energético a partir de hidrocarburos, sino que se democratiza su disponibilidad, ya que el sol sale para todos”, ahonda Groppelli.

Hacia una política ambiental
Como sucede en otras disciplinas, los desarrollos tecnológicos van un paso adelante de las políticas para su implementación. El caso de la energía sustentable no es la excepción.
Actualmente, en la Argentina se encuentra en marcha el Plan Nacional de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU). Este proyecto, que cuenta con financiamiento internacional, tiene como objetivo reducir los residuos enviados a disposición final y su óptimo tratamiento.
Pablo Mesa, coordinador del Plan GIRSU, cuenta que el proyecto se encuentra avanzado en varios municipios: “Hay muchas jurisdicciones que ya tienen sus planes GIRSU y algunas otras están concluyendo sus respectivos procesos de licitaciones para la adjudicación de distintos tipos de obras. Hasta el momento, la evaluación es positiva”.
Los especialistas coinciden en que es necesario implementar un plan integral que contemple el problema de la energía y el de la basura. En ese sentido, Raúl Estrada Oyuela, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Ambientales, opina que “tanto en la Argentina, como en la región en general, estamos bastante atrasados en cuanto al tratamiento de los residuos sólidos urbanos, en gran parte, por la excesiva producción de este tipo de residuos y del mal manejo que se hace de ello”.
Con respecto a la posibilidad de autoabastecimiento energético, Estrada Oyuela tiene sus reservas. “Se debe comprender que hay varios factores que dificultan esta posibilidad. Uno de ellos es la poca competitividad que tendría esta energía alternativa frente a la producida a partir de hidrocarburos”, detalla quien tuvo un papel relevante en el proceso de negociación que comenzó con el Mandato de Berlín y desembocó en el Protocolo de Kyoto. “Esta idea requiere de una conciencia ambiental que actualmente no está presente y de una serie de medidas que hagan estas políticas atractivas, ya que, como costumbre cultural, no puede imponerse”.
Entre estas políticas, Estrada Oyuela propone “una ley que limite la excesiva producción de envases plásticos, un sistema de basura diferenciado que facilite el reciclado y un plan de sustitución de consumo, como existe en Inglaterra, donde ya se producen envases de plástico biodegradables”.
Para finalizar, opina: “Llegar a basura cero es bastante difícil, pero es factible reducirla en un gran porcentaje si todos logramos entender que tirar algo a la basura no es para nada gratuito”.