A veces, se dice, un camino torcido termina siendo derecho. Y muchas otras veces, un camino torcido es mejor que cualquier camino recto. Porque suele pasar que en esos recovecos escondidos aparezcan las piedras más extravagantes y las sorpresas más llamativas. “Quiero ser actriz, pero tengo miedo de no ganar plata”. “Me encantaría tener mi propia empresa, pero a la vez quiero ser cantante”. “Amo el arte, pero la arquitectura me gusta mucho…”. Este tipo de dilemas se presentan más de una vez en diferentes momentos de la vida. Cuando uno termina la escuela, aparece ese mandato tan marcado que dicta que “hay que estudiar una carrera”. Y cuando termina esa carrera, aparece la duda de si uno quiere o no dedicarse a lo que estudió.
Para muchos, este camino es recto y sin demasiadas vueltas. Sin embargo, para otros, el andar puede volverse sinuoso como los giros de una montaña rusa. “A cualquier edad y ante cualquier clic podemos hacer giros en nuestra vida”, asegura la licenciada en Psicología, Beatriz Goldberg, en su libro Cómo voy a hacer esto a la edad que tengo.
El camino se hace al andar
No hay una sola forma de llegar a donde uno quiere. Eso es claro para todos los ámbitos de la vida. De empresario a enólogo, de economista a periodista, de médico a actor… Ejemplos son los que abundan. “Hay distintas personalidades: hay gente que es muy fluctuante, muy ciclotímica o muy indecisa; que siempre tiene una duda para todo lo que hace. Cada movimiento lo pone en jaque y piensa que hubiera sido mejor hacer el movimiento anterior. Pero también están las otras personalidades, a las que apunto con mi libro: personas que suelen ser creativas y flexibles a los cambios. Hay gente que tiene muchas potencialidades y le cuesta mucho, según la etapa de la vida, elegirlas”, explica la licenciada Goldberg.
Se puede decir que el camino del artista Milo Locket comenzó “gracias” a ese mix de potencialidades y a la crisis del 2001. El chaqueño, que el año 2009 fue uno de los artistas que más obras vendió en Arte Ba (una de las ferias de arte más reconocidas en la región) y que viene generando una carrera de ascenso, tiene una historia particular donde el quiebre y la creatividad le dieron el lugar para empezar a vivir del arte. Fue ajero, verdulero, tuvo bares, un negocio de ropa con el que llegó a abrir tres locales y una fábrica de remeras en las que estampaba sus dibujos. “En el 2001 cerré todo, empecé a pintar y no paré más. Antes pintaba y dibujaba, pero no lo mostraba y no tenía la idea de vivir del arte. Sí pensaba que iba a tener que trabajar mucho para poder tener plata y tener a la pintura como hobby. Hasta ese momento, veía al arte como un retiro de lo que yo estaba haciendo y no de otra manera”, cuenta Milo. Pero no todo fue color de rosa para el pintor: “En ese entonces, tuve que despedir gente, hacer liquidaciones y devolver cosas. Siempre había tenido el deseo de tener una fábrica, y eso era plata mía, que me había tomado unos cuantos años ahorrar y había hecho una apuesta muy fuerte en un modelo que ya no existía. La crisis me empujó, también, a cambiar la actividad. Con ella decidí que no quería trabajar más de eso. Yo quiero pintar, me dije”.
La licenciada Golberg hace hincapié en la frase que dice que un tropezón no es caída: “Creo que lo importante es que no tomen este cambio como un mal paso, porque dando un buen giro a tiempo, evitan quedarse quietos en algo que no les gusta tanto, y en donde no van a producir ni a ser creativos”.
A María Chernajovski se la conoce como María Cher. “Cuando salí del colegio, incursioné en muchas cosas porque siempre fui muy curiosa. Empecé a estudiar Economía en la Universidad Di Tella, hice un año y medio, y largué. Yo era un personaje un poco raro en la facultad porque tenía un vuelco artístico muy grande y no me sentía en mi mundo. Paralelamente, tomaba clases de teatro”, cuenta la diseñadora. “Trabajé como asistente de dirección y en publicidad hasta que, finalmente, me fui a Londres. Ahí, en Central Saint Martins (escuela de moda londinense), me di cuenta de que tenía mucha facilidad con lo que era indumentaria y que me apasionaba. Volví a Buenos Aires y empecé a encarar mi proyecto, pero nunca pensé que iba a llegar a tener una empresa tan grande. La fundé en el año 2001 con un local en Palermo Viejo, la meca de la moda. Mi día termina siendo mitad diseño, mitad emprendedora. Me hubieran servido mucho las herramientas que me daba la carrera de economista, pero al final las fui haciendo yo misma, generando mis propios sistemas. Al camino lo hice al andar”, reflexiona Cher y agrega: “El camino tiene que ver con el conocimiento de uno mismo: a medida que vas creciendo y teniendo más experiencias, te vas dando cuenta de qué es lo que te pasa laboralmente, cuál es tu función y en qué te sentís fuerte”.
“Hay una constante en estas personas”, asegura Beatriz Goldberg. “Tienen una cierta creatividad y una cierta inquietud. A veces, no encuentran un solo lugar para desempeñarse en todo lo que les gusta. Por ejemplo: Hay personas que son arquitectas, pero que no le gusta la arquitectura y le quieren dar un giro a eso y terminan haciendo gráficas o programas de arquitectura, porque les gusta la locución. Muchos logran hacer un mix con las distintas potencialidades que tienen. Con lo que tienen ellos, se fijan qué es lo que hay y qué pueden hacer”.
De acá para allá
Desde hace seis años, Mariana Arias –difícil de agregar su profesión, ya que pasó de modelo a actriz, y de actriz a periodista–, conduce Dímelo Tú, un programa de entrevistas en canal Magazine. “Creo que todo lo que hice me formó en diferentes aspectos: mi tiempo de modelo me dio seguridad estética, me enseñó a cuidar la imagen, y haber hecho tantas publicidades me dio oficio ante las cámaras. Me nutrí viajando: estuve durante tres años trabajando en París, Milán y New York, viajé a Rusia, la India, Venecia, Brasil, Chile, Estambul y México… Todo eso queda en uno. En mi experiencia de vida y manejo en el medio, un medio que, finalmente, no está tan alejado de los otros que después transité”, asegura Mariana, a quien le faltan pocos meses para recibirse como licenciada en Comunicación Periodística en la Universidad Católica Argentina.
En consonancia con las declaraciones de la Arias, Goldberg explica: “Estas personalidades tienen mucha tolerancia a la frustración; ellos no sienten que pierden, porque son optimistas. No se centran en lo que pierden, sino en lo que ganan con la experiencia. Yo siempre digo que optimizás el camino porque agregás, nunca quitás. Sumás valor a lo que viene. Lo que estudiaste te sirvió de algo: seguramente aprendiste a estar con gente, a dar conferencias, podés tener mayor capacidad de argumentación si sos abogado. Cada cosa que hiciste fue una experiencia de vida”. Por su parte, Mariana concluye: “Las tres profesiones son parte de mí. No puedo elegir una, y creo que las podría ejercer al mismo tiempo hoy, sin prejuicios porque ya me siento más capacitada y no me da miedo. Me gusta mucho trabajar y las capacidades que fui adquiriendo a lo largo de los años están en mí y las puedo poner en práctica, siempre con respeto y profesionalismo. El límite está ahí: si veo que en algo voy a hacer agua, prefiero correrme, soy demasiado exigente”.
Quien también logró hacer un giro importante en su carrera para dedicarse a lo que realmente disfrutaba, es el actor Diego Peretti, ese hombre con cara llamativa, que en su última película interpretó a un compositor poco inspirado y compartió un protagónico junto con la actriz uruguaya Natalia Oreiro. No todos saben que la primera carrera de Peretti fue la Medicina Psiquiátrica. Carrera que, incluso, llegó a ejercer hasta que el hobby de la actuación se fue transformando en la profesión que más disfrutaba. Durante algunos años, Diego ejerció las dos carreras, hasta que decidió ponerle un punto final a aquello que había estudiado al salir del colegio.
Otra persona que se animó a cambiar de rumbo en su carrera es la actual diseñadora Verónica Santesteban. Cuando terminó el colegio, estudió psicología y ejerció la profesión durante 10 años. Simultáneamente, tomó clases de pintura con el pintor Carlos Gorriarena. Fue un antes y un después. Un día se le animó al diseño de accesorios, puso un local, y durante un tiempo ejerció las dos carreras. Hace unos años, dejó el diván para dedicarse con éxito al negocio de la moda.
“Sobre todas las cuestiones, es bueno que tengan una visión optimista y creativa de la vida. No sentir que un cambio es una caída. Lo importante es volver a empezar y estar orgulloso de eso, y sentir que lo que hicieron es muy loable. Hay que trabajar todos los aspectos de uno para encontrar esas potencialidades en caso de “tropezar”. Hay gente que puede tener una segunda profesión y lo importante es poder descubrirla, no importa cuándo. Ser simples, ser creativos, darse cuenta de que un tropezón no es caída. Y, sobre todo, que hay cosas de la vida, o experiencias, que te hacen dar un giro. Tomarlas en cuenta. Hay quienes se hunden en la depresión y hay quienes enseguida miran qué aprendieron de eso y hasta quizás ven aspectos de uno que no conocían antes”, concluye Beatriz Goldberg. |