Las fértiles y extensas llanuras, la pampa húmeda, los vastos y distintos climas, la excelencia de la carne nacional, “Argentina, el granero del mundo”… Tales afirmaciones dan cuenta de la importancia de la actividad agro-ganadera en el país. Lo que aún no se sabe con certeza es su influencia y confluencia en el resto de las actividades económicas, por qué se desempeña como motor de desarrollo de la economía y su incidencia en el Producto Bruto Interno (PBI).
“Hoy, los agronegocios representan cerca del 40% de la economía. De una manera u otra, muchos de nosotros estamos involucrados en este complejo mundo, sin tener un conocimiento cabal de ello. Así, innumerables oportunidades económicas y de vida se nos escapan sin siquiera advertirlo”, detalla el economista Manuel Alvarado Ledesma, quien se desempeñó en empresas de exportación de commodities agrícolas, fue consultor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y, actualmente, dirige la Consultoría Agro Económica (CAE).
Pero ¿qué son los agronegocios? ¿Cuándo surgen? ¿Qué comprenden? ¿Cuál es su rol en la economía argentina? “Vayamos por partes”, sugiere Alvarado Ledesma, autor del libro Agronegocios, empresa y emprendimiento. “La misma palabra expresa dos aspectos: el de la disciplina y el de los agronegocios en sí. La disciplina los estudia desde un punto de vista integral, como flujos y haciendo centro en la cadena de valor. La cadena de valor se origina en el agro. Comprende distintos eslabones que van desde el agro hasta el consumidor final, y desde el agro a todos los que contribuyen a la producción agropecuaria y que están detrás de esta actividad (fabricantes de maquinaria agrícola, industrias de fertilizantes, semilleristas, ingenieros agrónomos que prestan servicios, estudios satelitales, investigadores, etcétera). Ese conjunto de actividades conforman la cadena agroindustrial que es el meollo de los agronegocios”, agrega y remarca: “Lo que resulta de la cadena agroindustrial representa un 35% del PBI argentino y equivale a más del 60% de las exportaciones del país”.
El segundo aspecto, entonces, son los agronegocios en sí. “Son todas las actividades ligadas a esta cadena de valor. Muchas de ellas no se visualizan a sí mismas como parte de la cadena de valor porque no la comprenden. Pero, aunque no sea así, son parte de esta cadena que tiene infinitas y múltiples subcadenas de valor de las distintas actividades: una ligada al trigo, otra a la carne, etcétera”, resume Alvarado Ledesma.
La disciplina de los agronegocios comienza a ser analizada con una mayor complejidad sistémica, en los Estados Unidos, a mediados de los años cincuenta, de la mano de Ray A. Goldberg y John H. Davis, profesores de Harvard. Ellos comienzan a contemplar los agronegocios como un flujo, porque se dan cuenta de la interdependencia que existe. Goldberg explicó, en 1968: “Un Agribusiness Commodity System (Sistema de Agronegocios de Commodities) engloba a todos los participantes involucrados en la producción, procesamiento y marketing de un único producto agrícola. El sistema incluye proveedores de insumos agrícolas, agricultores, operadores de almacenaje, procesadores, mayoristas y minoristas involucrados en las sucesivas etapas de un flujo de commodities, desde los insumos iniciales hasta el consumidor final”.
Alvarado Ledesma suma su opinión a la cuestión: “Donde hay agro es muy probable, por ejemplo, que se instalen fábricas de maquinaria agrícola, como sucede en la Argentina desde hace 60, 80 años”. Y ejemplifica: “Es el caso de Las Varillas, Rafaela y San Francisco; ciudades medianas o pequeñas donde se instalaron todo tipo de proveedores, insumos, maquinaria agrícola, herbicidas y servicios en general que se mueven alrededor de ellos. También se establecen eslabones dirigidos al consumo final, como fábricas de aceite, de pan, de harina, etcétera”.
Los agronegocios hacen foco en la cadena de valor y en el análisis del flujo de todas las actividades que surgen a partir del agro. “Los eslabones ‘aguas arriba’ son todos aquellos que contribuyen a que el agro pueda producir. Y los eslabones ‘aguas abajo’ comprenden todas las actividades por las que los productos del agro se transportan, procesan, industrializan y se ponen a disposición de los consumidores para su ingesta o para su uso”, analiza el economista, quien mantiene permanente relación con el profesor Goldberg para la realización de sus estudios. Y continúa: “Este análisis permite entender por qué al producto bruto agropecuario se lo ve nada más que como un 4,5% del producto bruto, cuando, en realidad, llega a cubrir un 30%, 35%”.
–¿Qué papel tienen los agronegocios en la Argentina?
–La Argentina tiene una altísima relación con los agronegocios. Son muy relevantes, ya que contribuyen, de manera directa, al 60% de nuestras exportaciones. Es así como el complejo oleaginoso (soja, girasol y maní, con sus industrias) aporta la mitad del valor de las exportaciones del país. Desde el sector de los agronegocios en sí, surgieron infinidad de organizaciones que promueven la innovación tecnológica y el conocimiento a nivel privado, como ser AAPRESID (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa), y AACREA ( Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación) y Cadena de la Soja, entre otros. A nivel oficial, está el INTA (Instituto Nacional de tecnología Agropecuaria) que hizo un papel bastante bueno, pero que no tiene suficiente presupuesto como para seguir ampliándolo. Desde el punto de vista privado, a partir dela década de los noventa, aparece la siembra directa como una nueva alternativa. La Argentina es el país que más implementa este tipo de práctica, en relación con su superficie. Aproximadamente, el 85% de la superficie agrícola extensiva está cubierta con siembra directa.
–¿Qué es la siembra directa?
–Es una innovación que quiebra con diez mil años de agricultura convencional, que vela por la ecología y donde se trata de cuidar el suelo. Desplaza el arado convencional, que dañaba al suelo, por una nueva práctica que trata de agredir la tierra lo menos posible. No utiliza medios mecánicos y se basa en el herbicida no residual. La operación de siembra es de mayor complejidad tecnológica, aunque tiene como ventajas el ser más económica y, como dije, más ecológica. Esto último la hace más rentable porque los campos mejoran, optimizan la absorción de agua y permiten una agricultura más intensiva sobre la tierra que se degrada menos –o no se degrada, si está hecha adecuadamente–.
–¿Qué demanda el mundo?
–Alimentos y biocombustibles. Y eso lo puede dar el agro. La Argentina está en condiciones de alimentar al doble de la población que hoy alimenta. La gran demanda se debe a que los países emergentes, como China que entró en la era capitalista y su nivel de vida creció rápidamente, consumen, más allá del arroz, otros tipos de alimentos. La China y la India son países que antes no aportaban demasiado a la demanda mundial. Hoy sí. Lo mismo sucede con los biocombustibles que son demandados por razones ecológicas y, además, políticas, para independizarse de los países petroleros.
–¿Qué ejemplos argentinos hay de agronegocios como cadenas de valor?
–La cadena de valor de la soja es la más competitiva del mundo, pero le falta completarse. Porque ‘aguas arriba’ está muy bien desarrollada, pero ‘aguas abajo’, no tanto. Falta más desarrollo porque exportamos a granel y podríamos hacerlo para la entrega al consumidor final. ¿Cómo? Con el aceite ya embotellado, con su marca.
–¿Cómo es el caso del vino y los productos diferenciados?
–El vino es otro tipo de agronegocio, más sofisticado y pequeño, y en el que la cadena de valor se produce íntegramente en la Argentina. Este producto diferenciado está funcionando muy bien en el país. En materia de vino, la Argentina “ se venía quedando” con respecto a Chile, pero hoy lo está superando. Desarrolla vinos varietales, asegurando la variedad de la uva que toma el consumidor. Europa asegura la región, afirma que proviene de “tal lugar” (a esto se le llama ´denominación de origen´). Lo que sucedía es que, en general, en una región había una variedad determinada, entonces, implícitamente, se entendía que había “tal variedad”. La Argentina tiene las dos vías: la de la denominación de origen y la del varietal, es decir, la vía europea y la vía del nuevo mundo –como se la suele llamar a América en materia de vinos–. Hay vinos varietales, hay vinos con denominación de origen y hay vinos con ambas cualidades. El aceite de oliva es otro ejemplo argentino donde se desarrolla toda la cadena. En algunos casos, también la carne, que se produce, se troza, y se entrega en su paquete y con su marca. Con la yerba y el té, lo mismo.
–Por último, ¿existe otra forma de que un commodity pase a ser un producto diferenciado?
–Sí, a través de la rastreabilidad o trazabilidad. Es decir, del seguimiento de to-do el proceso del producto. Esto le asegura al consumidor qué proceso se siguió y por dónde pasó. Es una forma de generar valor agregado a un producto.
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