Cada cual con lo suyo. Ese es el mandato del entrenamiento funcional, una manera de hacer ejercicios que desde hace pocos años está dando sus primeros pasos en América Latina y que ya tiene a más de un entusiasta de la técnica en el país. Y, como todo, también fue concebido de una manera diferente por cada uno de ellos. Sin embargo, lejos de discusiones y debates acerca de qué es o qué debería ser el entrenamiento funcional, hay algo que tienen en común: son ejercicios inte-grados que respetan la funcionalidad de la anatomía de cada cuerpo y cuyo fin es mejorar la habilidad de cada persona para hacer sus actividades diarias de ma- nera más eficaz. Sea un atleta de alto rendimiento, un ama de casa, un tenista o la asistente del gerente general de una empresa.
Funcionar “como el cuerpo lo pide”
Diana Bustamante es especialista en elongación y Pilates y directora del Centro Kaizen, en la ciudad de Buenos Aires, donde el eje de trabajo se basa en lograr una integración mente-cuerpo para alcanzar el bienestar integral. Bustamante, además, es entrenadora funcional, formada en la escuela de Juan Carlos Santana, referente de esta técnica en los Estados Unidos. “Este tipo de entrenamiento nace como una necesidad de moverse como nos pide el cuerpo”, cuenta la especialista acerca de sus orígenes. “El término funcional tiene que ver con las funciones y con la fisiología del cuerpo. Es un entrenamiento que está adaptado a lo que el cuerpo necesita y a los movimientos que hacemos naturalmente”.
A la hora de diferenciar el entrenamiento funcional de un entrenamiento más clásico, nos explica que la gimnasia tradicional busca aislar ciertos grupos musculares como lo hace, por ejemplo, la gimnasia localizada. “En vez, se busca involucrar muchos grupos musculares para hacerlo más parecido a nuestros movimientos habituales, sea para los deportes o para la vida diaria. Yo puedo entrenar funcionalmente para sentirme mejor o puedo entrenar funcionalmente para mejorar mi rendimiento en algún deporte específico. Esas son las dos grandes ramas en que se divide la técnica: wellness – o bienestar– y entrenamiento deportivo”, resume Bustamante, quien se destaca por su trabajo personalizado en wellness y que es consciente de que el trabajo más conocido de esta joven técnica en América Latina es la que se aplica a los deportes y no tanto al bienestar en general. “Recién ahora se está haciendo un poco más popular, pero la gente no la conoce demasiado, salvo que haya viajado al exterior. Lo que más se conoce es el entrenamiento funcional pensado para un deporte, y no enfocado en el bienestar ni en la postura”.
La mirada desde el deporte
Lograr la más alta performance en el menor tiempo posible. Richard Crosa, Master International Coach Specialist en Functional Training (entrenamiento funcional) y director del FTHP Institute, trabaja con este lema en la mente, él también entiende que cada cuerpo funciona de determinada manera. Crosa, a diferencia de Bustamante, se dedica especialmente a trabajar con deportistas, entrenadores e incluso, con terapistas físicos y kinesiólogos. Explica que la evolución de esta técnica se dio, básicamente, por un mejor entendimiento del cuerpo humano. “Lo que evolucionó y apareció como novedad en los últimos diez años no fue una técnica o un elemento diferente sobre cómo entrenar, sino la biomecánica funcional integrada, entre otras que tienen que ver con un conocimiento mucho más profundo sobre cómo funciona el cuerpo humano”.
Entrenamiento funcional vs… ¿disfuncional?
“El entrenamiento funcional, en realidad, es el entrenamiento propiamente dicho. Se debe entender, además de la práctica en sí, cómo funciona el cuerpo y cómo se debe entrenar cada uno de los músculos para mejorar la capacidad de movimiento en la vida diaria o para hacer un deporte o, incluso, para rehabilitar una lesión. Todo esto se basa en comprender que el cuerpo humano funciona de una determinada manera”, cuenta el director del FTHP Institute y recalca que no existe un entrenamiento “disfuncional” en contraposición a uno funcional. “Si uno va a un médico, quiere que lo mire de forma holística y no que sólo mire una parte y nada más. Esto es igual. No se puede aislar ninguna parte del cuerpo”, resume Crosa, para quien esta técnica comenzó en los años 90, en los Estados Unidos. En ese momento, los terapistas físicos y los kinesiólogos eran presionados por las grandes ligas deportivas para que rehabilitaran a los deportistas en menos tiempo del que estaban empleando, porque esos jugadores no podían estar fuera del circuito. “Empezaron a probar de qué manera podían hacerlo con los métodos tradicionales, agregando movimientos que tuvieran que ver con la estabilidad y el equilibrio, en pos de acelerar su regreso al deporte. Eso, que empezó como ensayo y error, les dio muy buen resultado y, a partir de ahí, se fue profundizando hasta que se empezó a aplicar en la prevención y en el entrenamiento”.
Apto para todo público
Sobre quiénes se acercan a conocer esta manera de hacer ejercicio, las respuestas de los especialistas son muy variadas. Bustamante, quien trabaja de manera personalizada, asegura que es muy amplia la gama de edades: “Desde chicos de 20 hasta personas de más de 60. Por otro lado, no necesitás nada: ni una máquina, ni un gimnasio, ni un lugar específico. Se puede hacer al aire libre, en una habitación… Aunque no tenga ningún elemento, siempre puedo recurrir a movimientos y darle más o menos intensidad. Trabajamos mucho con el peso del cuerpo”. El trabajo de Richard Crosa es diferente. A su centro se acercan profesores de educación física, entrenadores personales, kinesiólogos y preparadores deportivos, entre otros. “Además, hago consultorías deportivas: trabajo con el deportista y con su entrenador de forma conjunta”, concluye.
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