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Bienestar
Equinoterapia
caballos que “curan”
 
Historia de la equinoterapia
Las ventajas de la equinoterapia se conocen desde la antigua Grecia. Hipócrates, en su libro Las Dietas (458 AC) ya aconsejaba la equitación para regenerar la salud y preservar el cuerpo de
muchas dolencias. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, los médicos la recomendaban para prevenir un rango muy amplio de enfermedades, por ejemplo, “la gota”.
Pero fue recién a principios del siglo XX cuando la disciplina llegó al ámbito hospitalario. En 1901, se fundó el primer hospital ortopédico del mundo: el hospital de Oswentry en Inglaterra donde se trataba a los heridos que volvían de pelear en la guerra contra los Boers. Una voluntaria del hospital resolvió llevar a sus caballos para intentar quebrar la monotonía del tratamiento de los mutilados. Más tarde, se empezó a usar al caballo para tratar a personas afectadas por parálisis cerebral. A partir de 1952, aumentó notablemente el interés por los beneficios de esta actividad, gracias a la perseverancia de Lis Hartel, una danesa de 16 años que, tras verse afectada por una poliomelitis, siguió practicando equitación y ganó la medalla de plata en adiestramiento en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Sus logros fueron conocidos en el mundo y la disciplina se exportó a todos lados. Hoy, existen cientos de centros especializados en equinoterapia en todo el Planeta.

Escuelas de equinoterapia en la Argentina
•Escuela integral de animales Tupac Amaru (Buenos Aires): consultar www.tupac-amaru.net
•Fundación cordobesa de equinoterapia (ciudad de Córdoba): consultar www.abcequinoterapia
.com.ar/cursos/
•Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para discapacitados (Capital Federal): consultar www.aaaepad.org
•El alba equinoterapia (Mar del Plata): consultar www.elalbaequinoterapia
.com.ar
•Escuela de equitación Jockey Club (Mendoza): consultar http://chicosycaballos.
blogspot.com

 
 
El tratamiento con equinos es una excelente alternativa para tratar a personas con discapacidades tanto físicas como mentales. Los chicos, según sus padres, lo dis- frutan como si fuese un juego.

Harto de cualquier palabra que incluyera el término “terapia”, no se entusiasmó demasiado la primera vez que escuchó hablar del tratamiento con caballos. Su hijo Hernán, que tenía entonces 8 años y sufre de síndrome de Down, había pasado por todos los tratamientos posibles y, a esa altura del partido, Carlos ya se preguntaba si tenía sentido seguir llevándolo de consultorio en consultorio. Pero como siempre, y porque cuando se trata de Hernán su paciencia no conoce de límites, decidió darle una oportunidad a este método. Hoy, tres años después, sabe que no se equivocó: milagros no hubo… pero sí ciertas mejorías a nivel coordinación, grandes sonrisas y muchísimas horas de diversión en familia. Hernán tiene actualmente 11 años y es un fanático de los caballos. “Una de las paredes de su habitación está empapelada de sus fotos montando. Incluso, tiene algunas de las competencias en las que participó”, cuenta Carlos.
Su historia es una entre cientas. Son muchísimos los padres de chicos con discapacidades que comparten su experiencia con la equinoterapia y que recomiendan de manera efusiva el tratamiento con animales. Dicen que ayuda con la motricidad y la coordinación, pero que también sensibiliza, tranquiliza, alivia. Utilizada para tratar a personas con discapacidades físicas o mentales, la equinoterapia moderna surgió a mediados de los años cincuenta y llegó a la Argentina varias décadas después (ver recuadro). Hoy, hay escuelas de equinoterapia en casi todas las provincias del país.

¿En qué consiste la equinoterapia?
“Es la rehabilitación a través del caballo”, explica Alejandra Valenti, presidenta de la Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para Discapacitados. “Gracias a que el animal realiza un movimiento tridimensional (adelante, atrás, arriba, abajo y hacia los dos costados) sirve como rehabilitación”.
Este movimiento tridimensional explica, en parte, por qué en los últimos años este método creció más que otras terapias con animales. De todas maneras, José Luis Pagani, uno de los expertos más importantes que tiene el país en materia de conducta animal, prefiere hablar de “zooterapia”. “El caballo se usa frecuentemente como elemento dentro de la terapia, porque su movimiento hace trabajar los mismos músculos que se utilizan al caminar. Pero el animal es nada más que un medio para un fin. También se realizan terapias con perros o con aves”, explica el director de la escuela integral de animales Tupac Amaru.
El trabajo de Pagani no consiste solamente en dar la clase de equitación, sino además, en adiestrar a los animales para que, llegado el momento de la interacción con los alumnos, se comporten de la manera esperada por el equipo médico. “Es un trabajo interdisciplinario”, afirma respecto de la terapia.
Los caballos con los que se trabaja son, en general, más altos y grandes que el típico caballo criollo. Valenti explica que tiene que ver con que permiten que los alumnos desarrollen habilidades que no desarrollarían de otra manera. “A los hipoacúsicos, que generalmente sufren de vértigo, les permite tratar el tema de la altura. Al resto, les enseña a enfrentar y superar el miedo”, asegura.

¿Para quién está indicada la actividad?
El movimiento del caballo hace que la equinoterapia sea especialmente útil en el tratamiento de discapacidades motoras, explica Pagani. Sin embargo, como el caballo también influye sobre la psiquis del alumno, la disciplina sirve, además, para tratar discapacidades mentales y sensoriales. “La razón por la que funciona mejor que una sesión de kinesiología es porque es más divertido estar arriba de un animal y al aire libre, que en un consultorio”, asegura Valenti.
Carlos dice que, en su caso, este aspecto de la terapia fue fundamental. “Estábamos todos cansados de llevar a Hernán de consultorio en consultorio. Sentíamos que lo hacíamos más por nosotros, por nuestras expectativas, que por él”, admite.
Los expertos coinciden en que la terapia con caballos funciona porque logra que el paciente se ponga en contacto con lo lúdico y, entonces, el tratamiento se transforma en algo así como un juego. En chicos autistas, por ejemplo, este aspecto de la actividad “hace que estén más abiertos a aprender otro tipo de habilidades; y en chicos hiperkinéticos, desarrolla capacidades como la de saber esperar el turno”, explica Valenti.

¿La equinoterapia cura?
No, no cura. Sin embargo, la equinoterapia –al igual que otros muchos tipos de tratamientos– puede ser fundamental a la hora de intentar frenar el deterioro que tienden a sufrir las personas con discapacidades. La idea es estimular a la persona para que estas discapacidades no aumenten.
“En general, el chico llega con su familia y se le hace una entrevista. Los padres nos cuentan la historia del niño y qué expectativas tienen. En algunos casos, no les interesa tanto la cuestión terapéutica como que el chico la pase bien y se divierta. Están cansados de tanta terapia”, explica Valenti. La participación de la familia en la clase es esencial para lograr resultados positivos.
Sin embargo, a la hora de decidir llevar a un familiar a una sesión de equinoterapia, es fundamental recabar información acerca de la organización y asegurarse de que se trate de un lugar serio. “Hay muchos aventureros –afirma Pagani–. Acariciar a un animal no es hacer zooterapia. El animal tiene que estar adiestrado para ir cumpliendo metas”.
El ideal para el instructor es que el alumno vaya desarrollándose hasta ser capaz de participar de una clase de equitación normal. No todos lo logran. Pero en el proceso aprenden, socializan, se divierten, disfrutan al aire libre y se hacen amigos de los animales. ¿Se puede pedir mucho más?