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Entrevista
“No me gusta
acelerar los tiempos”
 
Rompiendo las fronteras
En el 2002, Benjamín Rojas fue elegido por Cris Morena para formar parte del elenco de “Rebelde Way”, la novela juvenil que tuvo enorme éxito en la Argentina, varios países de América Latina, Israel y España. De la tira nació Erreway, la banda integrada por Benjamín, Luisana Lopilato, Felipe Colombo y Camila Bordonaba. El primero de los tres discos que grabaron se convirtió en Disco de Platino en sólo 7 días. En el 2004, los “niños rebeldes” filmaron la película 4 caminos y ese mismo año, el chico de los ojos casi transparentes se sumó a “Floricienta”, la novela protagoniza por Florencia Bertotti. En
el 2008, se hizo tiempo para protagonizar el filme La leyenda, junto a Pablo Rago y Leonora Balcarce. Actualmente, Benjamín interpreta a Jake y Blake, dos gemelos separados al nacer. La tira se ve por Disney Channel en EE. UU., Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, México, Caribe, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Nicaragua y Venezuela. En mayo, harán una gran gira por América Latina.
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El primer paso
Un tío fotógrafo llevó unos retratos suyos a una agencia y desde entonces ya nada fue igual en su vida. Con tan sólo 12 años, Benjamín llegó a la televisión como uno de los huerfanitos de “Chiquititas” allá por 1998, donde interpretaba a Yago, un chico criado en la selva. En la misma tira y por esas raras cosas de la tele, el jovencito nacido en La Plata y amante del rugby, luego se convirtió en Bautista. Tres años de enorme éxito televisivo tuvieron su corolario final con la película Chiquititas, Rincón de Luz, rodada en Villa Langostura. El filme protagonizado por Romina Yan y Facundo Arana centraba su historia en Belén, una dulce mujer que, desde su puesto de cocinera, se hace compinche y amiga de los niños internados en el orfanato, y juntos logran hacerle frente al malvado Coronel (Juan Leyrado) y así poder librarse de sus castigos.

 

A los 24 años, Benjamín Rojas lleva la mitad de su vida actuando en televisión. Sabe lo que es ser parte de grandes éxitos, como “Chiquititas” y “Rebelde Way”. Hoy atraviesa un momento único: protagoniza la primera tira hecha en la Argentina y hablada en inglés para los Estados Unidos.

Amable, relajado, dispuesto y de muy buen humor. Imposible descifrar que Benjamín Rojas lleva sobre sus espaldas la enorme responsabilidad de ser la cara visible de un hito dentro de la televisión argentina. El chico nacido en La Plata hace 24 años y a quien vimos crecer en la pantalla chica, es el protagonista de “Jake & Blake”, una tira en inglés, con actores argentinos, producida por Cris Morena y Gustavo Yankelevich para los Estados Unidos.

–A los actores y actrices que trabajan en Pol-ka suelen llamárlos “chicos y chicas Suar”. ¿Vos serías un “chico Morena”?
–¡Eso dicen! (Risas) Creo que es algo natural. Si trabajás muchos años con la misma persona, te empiezan a etiquetar. Con toda esta moda del Facebook, te hablo de “etiquetar”, ¿viste?

–¿Cómo fue que se armó el binomio Cris Morena-Benjamín Rojas?
–Supongo que a medida que yo iba creciendo, fue viendo que yo le respondía como ella quería. También hay algo de las buenas oportunidades que me dio y que siempre traté de aprovechar, la buena relación que supimos armar…

–Pero algunos de esos chicos de los que hablás –Luisana Lopilato y Felipe Colombo–, también probaron suerte en otras productoras.
–Sí, claro. En mi caso, yo elegí quedarme y crecer con ella. La verdad es que me siento como trabajando en familia, muy cómodo, y puedo probarme sin sentir ese miedo del primer día.

–¿Qué cosas te atraen de trabajar en TV?
–No sé si estoy pensando si me atrae trabajar en la tele o si lo que realmente me atrae es actuar. Me parece que me tocó trabajar en la televisión, me tocó entrar por ahí –seguramente por mi aspecto físico–, pero al tiempo descubrí que lo que me gustaba era interpretar personajes. Tuve una continuidad que no quise desaprovechar y quizás por eso relegué o le dije que no a otras cosas que me ofrecieron para hacer en teatro.

–Imagino que en todos estos años habrás recibido ofertas de otros lugares para hacer productos diferentes a tiras juveniles...
–Sí, pero siempre con personajes adolescentes. Quizás en cine tuve la posibilidad de mostrar alguna otra cosa, pero… (Se detiene, mira hacia abajo, piensa). Además, yo elegí quedarme porque mis objetivos coinciden con los de la productora de Cris.

–¿Cuáles son esos objetivos?
–Salir, mostrar al mundo lo que se hace en Argentina, abrir las fronteras, superarse. No quedarse sólo con lo bien que nos va en nuestro país. ¿Por qué no probarnos y ver cómo nos va con un programa que pueda ser visto también en toda América Latina o en México? Ella debe tener una mejor respuesta que la mía, pero para mí eso es sinónimo de crecimiento constante.

–Más allá de las críticas o gustos personales, ¿sería una forma de mostrarle al mundo “lo bien” que podemos hacer televisión en la Argentina?
–Totalmente. Yo he tenido la oportunidad de hacer otras cosas en el exterior–tal vez no tan grandes como una tira–, y enseguida te das cuenta de la buena materia prima y de las buenas producciones que tenemos acá.

Gran momento gran
–Benjamín, vos tenés mucha experiencia en protagónicos compartidos, pero con “Jake & Blake” te llegó la oportunidad del protagonismo absoluto. ¿Era algo que anhelabas o te tenía sin cuidado?
–En una época sí lo pensaba, cuando era más chico, tal vez. Pero nunca fue algo que me sacó el sueño. La verdad es que siempre transité mi profesión con mucha tranquilidad y nunca me dio para pedir un protagónico absoluto. Me gusta ir despacio, no acelerarme ni acelerar los tiempos. Cuando te tiene que llegar, te llega. Si todo el tiempo estás pensando en lo que viene, no disfrutás de lo que te toca.

–Decime la verdad, ¿nunca te ganó la ansiedad?
–Pero imaginate si hace dos o tres años atrás me llamaban para hacer estos dos personajes que son muy diferentes entre sí ¡y en inglés!, quizás no los podría haber hecho. Hay que darse el tiempo para crecer, para aprender.

–Dos personajes, primero en inglés y después doblarlos al español. Un desafío al cuadrado, ¿no?
–Es muy groso para mí. De hecho, en la primera reunión donde me contaron el proyecto, no lo podía creer, me parecía muy raro, me agarraron las dudas, cómo lo voy a hacer, por qué a mí… Después está bueno decirse a uno mismo: “Bueno, si me eligieron, por algo será”.

–Además, este proyecto –como ningún otro–, te da la gran chance de proyectar tu carrera en el exterior. ¿Te ves trabajando en Hollywood, por ejemplo?
–Por ahí, hace dos o tres años, no, pero ahora sí. Si aparece algo que me tienta mucho, claro que me iría a trabajar afuera.

Lejos de las luminarias
–Sos el más pequeño de tres hermanos y el único integrante de la familia dedicado al mundo artístico. ¿Cómo lo viven ellos?
–Creo que tanto mis padres como mis hermanos siempre manejaron muy bien el tema de tener alguien conocido dentro de la familia. Estoy seguro de que gran parte del éxito de mi camino recorrido se lo debo a mis padres porque me supieron llevar, contenerme. Es muy fácil marearse con la fama, ¿no?

–¿Te pasó?
–En plena adolescencia, tipo 15 o 16 años –que ya es una edad complicada para cualquiera– y nos agarró una gira muy grande con los chicos de “Rebelde”. Mucho fanatismo, mucha idolatría, hoteles cinco estrellas, televisores plasma enormes, play-station y teníamos un asistente que nos daba todos los gustos todo el tiempo. Era como una muestra gratis de lo que es ser una estrella de rock durante 15 días seguidos. Después volvés a Ezeiza y te das cuenta de que nada cambió, pero es imposible no creértela un poco. Igualmente, soy un convencido de que sobre el escenario hay que creérsela un poco porque si no el público te devora, te arrasa.

–Hubo un momento en que decidiste parar y te alejaste de la televisión casi un año y medio. ¿Por qué fue?
–No daba más, venía de ocho años seguidos de hacer tiras y estaba muy cansado. Le dije a Cris que quería parar un poco, sin saber qué iba a pasar conmigo y con mi profesión. A ella le pareció bien, además, no tenía nada fijo para ofrecerme y se dio el espacio para parar.

–¿Y aprovechaste para hacer qué?
–Para poder ver un poco más a mis amigos de La Plata… Yo soy de La Plata, por eso. Empecé a estudiar guitarra, inglés, a hacer deportes. Y, obviamente, no hacer nada también. Muchas veces, parar un poco la cabeza te permite conectarte más con vos mismo y saber qué querés y para dónde ir. No estar en la tele me permitió experimentar otras cosas.

–¿Por ejemplo?
–Tuve la suerte de hacer mi primera película, de bajo presupuesto, llamada Kluge, que era el nombre del personaje de Alejandro Awada. Un equipo de trabajo de sólo 20 personas, una sola cámara… De golpe, encontrarme trabajando así, de forma más experimental, me sirvió mucho. Tenés la posibilidad de proponer más, usás tu propia ropa para el personaje.

–Volviendo al tema familiar, seguramente debés ganar más dinero que tus hermanos y hasta que tus propios padres. ¿Eso te genera culpa?
–No tengo ni idea cuál es el sueldo de mis hermanos… ¿Culpa dijiste? No, la verdad que no. (Risas). Hablando en serio, estoy convencido de que el dinero que gano, lo trabajo. Son 12 horas diarias de lunes a viernes, muchas veces se suman los fines de semana, viajes, ensayos, mucha presión. Obviamente que en este país las dimensiones de lo que se gana no son muy equitativas que digamos y quizás, en algún momento, te ponés en pensar que sos un privilegiado, pero lo que tengo ganado, lo tengo merecido.

–¿Sabías que si ponés Benjamín en Google, apareces antes que Benjamín Franklin, Benjamin Button y Benjamín Vicuña? ¿Pusiste plata?
–¡No! (Risas) Lo de Franklin debe ser por un tema de actualidad… Voy a chequearlo y te digo.

–¿Solés leer lo que se dice de vos?
–Trato de estar al tanto. Si arranco con algo nuevo –como es el caso de “Jake & Blake”–, que es un proyecto tan grande, me gusta saber qué se dice, si gusta, cómo lo toman en otros países. Creo que muchas veces, una crítica hecha a tiempo y bien fundamentada puede ser muy útil para mejorar mi trabajo.

–¿Cómo se vive el tema de ser un referente para miles de adolescentes y niños?
–Me di cuenta de que, con este nuevo programa, la edad de los chicos que me siguen bajó considerablemente. Es toda una generación nueva que me descubre ahora y estoy muy atento a no quitarles la magia. Si me llaman por el nombre del personaje, si se me acercan para que les firme un autógrafo, si se quieren sacar una foto… Siempre tengo la mejor onda y entiendo la fascinación que pueden tener porque a todos nos ha pasado.

–¿Y en tu vida cotidiana? ¿Cuidás más tu intimidad, evitás los escándalos?
–Obvio, y no es tan complicada como mucho creen. Si no querés aparecer en todas la revistas, no aparecés; si querés que no se enteren si estás de novio o no, también se puede. Igualmente, yo no tengo nada para esconder, soy un pibe muy tranquilo.

–Ser un hombre deseado por millones de chicas, ¿también se lleva con tanta naturalidad?
–En realidad, yo lo entiendo como parte del cariño del público. Pero respondiendo a tu pregunta, todo va bien hasta que te encontrás con una chica que te dice: “Ah, pero sos mucho más petiso de lo que parecés en la tele” y ahí caés en picada libre a la realidad. (Risas).

 
Por Sebastián Fernández Zini.
Fotos: Macarena Otero.
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