Nuevos estudios sostienen que el calentamiento de la Tierra está modificando, en el mundo entero, la distribución de muchas especies vegetales y animales. “Los ecosistemas se están fragmentando o van desapareciendo, y numerosas especies están en franca disminución o ya extintas. Estamos forjando la mayor crisis de extinción desde el desastre natural que hizo desaparecer a los dinosaurios hace sesenta y cinco millones de años”, menciona la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el sitio donde promociona el Año Internacional de la Biodiversidad Biológica.
Las respuestas de los ecosistemas son unas de las grandes incertidumbres en la predicción de los efectos del cambio climático. Amy Austin, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), de la Facultad de Agronomía de la UBA y del CONICET, reflexiona sobre el impacto del cambio climático en la flora. “Si bien es cierto que la pérdida de especies vegetales siempre ocurrió como un fenómeno natural, el ritmo de la extinción se aceleró, también, como resultado de la actividad humana. En definitiva, una de las causas del cambio climático es la emisión de gases que realiza el hombre y que afecta a la capa de ozono”, comenta Austin.
La modificación de la distribución geográfica de la flora y la fauna es consecuencia directa del calentamiento de la Tierra. Al cambiar el clima, cambian los lugares que ocupan las especies. Irene Wais de Badgen, bióloga y divulgadora científica argentina, explica en su libro Calentamiento Global que algunas especies están sufriendo cambios provocados por el clima. “Muchas de ellas se ven obligadas a emigrar del ecosistema en el cual viven, debido a las condiciones cambiantes de su hábitat de origen. Y ciertas plantas pueden extenderse hacia nuevas latitudes, y pasa a competir con las allí existentes u ocasionar daños a otros ambientes naturales. Incluso, pueden transformarse en plagas, cuando son exóticas de un determinado lugar”, detalla.
Austin agrega que hay una cierta tendencia a los cambios. “Uno de los ejemplos son las plantas alpinas. Ellas buscan el frío y se corren hacia las zonas más altas de las montañas donde disminu-ye el calor. Un día, les va a pasar que no van a tener adonde ir”, ahonda la especialista.
Por su parte, Adrián Di Giacomo, biólogo, director científico de la ONG Aves Argentinas y miembro del laboratorio de ecología y comportamiento animal de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, menciona que en América del Norte, cerca de doscientas especies ya experimentaron estos cambios en su distribución hacia el polo, en coincidencia con los cambios de temperatura. “Por ejemplo, tenemos la aparición de cambios en los ciclos anuales de las especies, como la aparición prematura de hojas o de insectos, la llegada anticipada de especies migratorias, y la reproducción más tempranas en las aves”, explica Di Giacomo.
Por su parte, Austin comenta que el movimiento de la flora y la fauna trae consecuencias enormes. “A veces, hay una subestimación con respecto a la extinción de las especies animales y vegetales, por esto, la importancia de las reservas naturales”. Di Giacomo coincide y ofrece el ejemplo del impacto que tendría el cambio climático sobre la población de fauna silvestre que se encuentra en la Reserva Natural de Iberá. “El Ciervo de los Pantanos se encuentra en una zona protegida, y si el gobierno correntino retirara la categoría de protección a esa porción privada de la reserva –una zona sensible al cambio climático que alberga a más de veinte especies de animales amenazados de extinción–, las consecuencias podrían ser tremendas”.
Árboles acelerados
Publicaciones recientes demostraron que hay ciertos indicios de que algunas especies están sufriendo transformaciones como consecuencia del cambio climático. Un ejemplo es el nuevo estudio, publicado hace unas semanas en las actas de la Academia Nacional de Ciencias, a cargo del ecologista estadounidense Geoffrey Parker, quien, junto a su equipo, demostró que los bosques del Este de los EE. UU. están creciendo a un ritmo más acelerado.
Parker estudió, durante los últimos veinte años, el crecimiento de 55 parcelas de bosques mixtos. ¿Cuál fue la conclusión? Que los árboles están creciendo más rápidamente por el aumento de las temperaturas y la alteración del dióxido de carbono. “En los últimos 22 años, el dióxido de carbono aumentó un 12% y esto causó que la temperatura haya aumentado 0,3 oC, lo que provocó que la temporada de crecimiento de los árboles aumente en siete u ocho días”, comentó el especialista en su estudio.
Otra de las investigaciones fue la de la revista Trends in Plant Sciences, que asegura que el cambio climático estaría modificando la fragancia de las flores. Para Josep Peñuelas, investigador de la Unidad de Ecología Global de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del estudio, las emisiones de compuestos orgánicos volátiles biogénicos (COVB) por parte de las plantas se incrementaron un 10% durante los últimos 30 años. Peñuelas sostiene que si las previsiones acerca del cambio climático se cumplen y la temperatura de la Tierra se eleva 2 oC, estas emisiones aumentarán entre un 30% y 40%. Estas sustancias, además de emitir olor, juegan un papel clave en la re-producción de las flores. “Es difícil prever qué efecto tendrá este cambio sobre la polinización, ya que los gases que emiten las plantas son señales para el mundo exterior. Si su composición varía, sería como si se cambiaran las palabras de su mensaje. Hay que analizar el comportamiento de los insectos polinizadores ante este cambio”, sugiere Peñuelas.
Las aves, en peligro
El cambio climático, la pérdida de hábitats y la expansión de especies invasoras son las grandes amenazas que tienen las aves. Di Giacomo asegura que sin una acción urgente, para mediados de este siglo, casi un tercio de las especies terrestres de aves puede extinguirse. “Dado que el clima es un factor determinante del lugar que ocupa cada especie en la geografía global, al cambiar el clima, se modifican los lugares que ocupan dichas especies”, explica.
En la Argentina, según Di Giacomo, existen 50 especies que se consideran en peligro de extinción a escala global, sobre un total de 1000 especies de toda nuestra avifauna. “Para Birdlife International, la organización que se dedica a la conservación de las aves, de estas especies amenazadas, unas 190 están al borde de la extinción si no se realizan acciones de conservación a corto plazo”.
Otro de los efectos del cambio climático que afecta a la biodiversidad es el de las variaciones en el nivel del mar. “Debido al aumento de las temperaturas, se produce un fenómeno conocido como expansión térmica del agua y derretimiento de los hielos en los glaciares y en los polos. Si bien los estudios son incipientes, esto está afectando a las poblaciones de pingüinos en la península Antártica”, explica Di Giacomo.
El director general de la Fundación Vida Silvestre, Diego Moreno, coincide en que la pérdida de hielo marino repercute en las poblaciones de pingüinos. “El desprendimiento de los glaciares está afectando el hábitat de reproducción de cuatro especies de pingüinos: Emperador, Papúa, Barbijo y Adelia”, detalla.
El último informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) confirma que la población de pingüinos antárticos está en peligro debido al calentamiento global, y que los pingüinos Adelia, cuya población total ya se redujo en un 65%, sufren “un dramático declive”. El número de pingüinos Emperador, que llega a las costas argentinas y chilenas, también está en peligro y, en los últimos años, se redujo en forma alarmante. Otra de las consecuencias del calentamiento del agua en la Antártida es la disminución del krill, unos crustáceos parecidos a los camarones que constituyen el alimento fundamental de los pingüinos y de las ballenas. “Si el krill disminuye, puede tener efectos negativos importantes sobre las poblaciones marinas que se alimentan de ellos”, cierra Moreno. |