Desde hace algunos años, Dubai se convirtió en el paraíso terrenal de Medio Oriente, donde ricos y famosos del mundo entero se deleitan con hoteles y restaurantes de lujo, boutiques de primera línea, autos de alta gama y negocios inmobiliarios del más alto nivel. Todo esto, ante la atenta mirada del mundo occidental deseoso por descubrir esta perlita musulmana que se convirtió en una ciudad en plena construcción de islas artificiales, carreteras, los edificios más altos del Planeta y barrios privados temáticos (Dubai Sports City, Dubai Motor City, etcétera).
Llegar a la ciudad de los rascacielos demanda todo un día. Desde Buenos Aires no hay vuelos directos y es necesario hacer conexión vía San Pablo o París, dependiendo de la aerolínea elegida. Para ingresar al país se necesita visa, de hecho, sin ella, la compañía no embarca al pasajero.
Al arribar, ya sorprende el aeropuerto. Inmenso, luminoso, inmaculado, repleto de escaleras y cintas que transportan miles de personas por segundo. Hasta tienen una combi que circula por el interior del recinto para quienes no quieren caminar largas distancias. Y los novatos pueden contratar el servicio de Marhaba que se encarga de asistir al turista en lo que se refiere a visa de entrada al país, migraciones, búsqueda de equipaje y ayuda para encontrar la salida. ¡Menos mal, porque es muy fácil marearse!
El viaje inolvidable
Al transitar por Sheikh Zayed Road (arteria principal de Dubai) se puede obtener un panorama completo de la ciudad y comprobar que todo fue construido en grandes dimensiones. En un sector se encuentran los rascacielos más imponentes del mundo –distrito Downtown Burj Khalifa– donde sobresale la torre más alta del Planeta, el Burj Khalifa. Sus 828 m de hormigón y hierro, que equivalen a 162 pisos, fueron inaugurados, con todas las pompas, el 4 de enero de 2010 –después de 5 años de construcción–. Fue una fiesta. Se plotearon colectivos con la bandera del país y la cara del Sheikh Mohammed, dispuestos para transportar gratis a quienes asistían al evento. Dubai estaba revolucionada. Danzas típicas, juegos de luces, música y aguas danzantes dieron el puntapié inicial, hasta que el silencio y la oscuridad acapararon la escena para darle lugar a los fuegos artificiales. ¡Sorprendentes! Con una sincronización sin igual, estallaban e iluminaban la colosal obra, desde todos los pisos de la torre y al mismo tiempo. Era imposible no gritar ni desear que ese instante no terminara nunca. En plena noche se hizo de día, y daba la impresión de que la torre iba a tomar vuelo. Parecía un cohete de la NASA a punto de despegar. Majestuoso. Los gritos y aplausos coronaron la noche.
La ciudad
Mezcla de Islam, ultramodernidad y opulencia, Dubai da que hablar. Tiene el único hotel siete estrellas del Planeta –el Burj Al Arab construido en una isla artificial y sobre las aguas del Golfo Pérsico–. Tiene también el edificio más alto del mundo, la isla artificial Palm Jumeirah –donde se encuentra el lujoso hotel Atlantis y el parque de diversiones acuáticas Aquadventure– y barrios cerrados de lujo, además de estar en plena construcción del archipiélago The World, que recreará, a escala, los cinco continentes.
Pero no es fácil recorrer Dubai a pie, hay pocas, poquísimas veredas, por lo que la mejor alternativa para acercarse hasta la parada del colectivo o hasta el metro es el taxi o el auto. El calor es tal durante el verano (entre 35 oC y 50 oC) que nadie se anima a andar por la calle. A no desesperar, los medios de transporte tienen aire acondicionado. Mientras que los colectivos y el metro funcionan dentro del continente, el monorriel sólo opera en The Palm Jumeirah para conectar la isla artificial con la ciudad.
Pero hay más, Dubai tiene 2.300.000 habitantes (2008), 40 hoteles 5 estrellas y la misma cantidad de Shopping Malls. Los más top son Mall of the Emirates y Marina Mall (ubicados en la exclusiva zona Dubai Marina), mientras que las mejores ofertas se consiguen en Batuta Mall. Además, posee 100 bares y muchos restaurantes, donde es común ver fumar Shisha (tradicional pipa de agua). La Shisha es todo un símbolo de medio oriente y su aroma dulce, por la utilización de diferentes sabores frutales (manzana, limón, etcétera.), puede detectarse durante el almuerzo o la cena. Hablando de comidas, en medio del desierto y a casi 30 km de Dubai, sorprende Al Hadheerah, un restaurante a cielo abierto, que ofrece tenedor libre de comidas típicas acompañadas por shows musicales y bailes. Otro lugar imperdible, para ir de día o de noche, es Madinat Jumeirah. Inspirado en una ciudadela árabe, este complejo de 40 hectáreas con hoteles boutique, casas de verano, souk (mercado árabe de venta de objetos de decoración, telas y alfombras) y exclusivos bares y restaurantes, se conecta mediante canales artificiales y góndolas para transportar a los huéspedes. Es la zona fashion y vale la pena conocerla.
Lo prohibido y lo permitido
Las tradiciones y costumbres musulmanas merecen un capítulo aparte y hay que respetarlas para lograr una convivencia equilibrada. Las parejas no pueden besarse ni abrazarse en lugares públicos, y las mujeres extranjeras deben cubrirse el torso (hombros y codos) y las piernas hasta la altura de la rodilla, siempre que acudan a un lugar con gente. Si bien hay playas con un mar increíble de color turquesa –Golfo Pérsico–, la gran mayoría son privadas pertenecientes a hoteles o familias adineradas. Solo hay una playa pública de unos 300 m de extensión (lindera al hotel Burj Al Arab) que pueden visitar hombres y mujeres por igual, pero en la cual las damas musulmanas no pueden bañarse. En cuanto a las turistas, pueden usar mallas en esta playa, en piscinas privadas de condominios, barrios cerrados u hoteles.
Hindúes, paquistaníes, europeos y sudamericanos, entre otros, forman parte de este crisol de razas en expansión que respeta a rajatabla uno de los pilares del Islam, la oración. Todos los días se escuchan los llamados a rezar a través de los parlantes exteriores de las mezquitas, que están cada dos cuadras más o menos, por toda la ciudad. Son 5 veces al día: alba, mediodía, mediatarde, crepúsculo y noche; y muy respetados. Como uno está en el país de la opulencia, es bueno mencionar que en Abu Dhabi (emirato más grande de UAE y a una hora de distancia de Dubai) se encuentra la Gran Mezquita del Sheikh Zayed Bin Sultán Al Nahyan, cuyos restos descansan allí, y es la tercera más grande del mundo con capacidad para 40.000 personas. El turista puede visitarla todos los días, excepto los viernes y durante los rezos, y en el caso de las damas –sin importar la religión que profesen–, deben ponerse la abaya (vestimenta típica que cubre el cuerpo excepto la cara, los pies y las manos). Los detalles de diseño impactan: un inmenso patio central con pisos de mármol, paredes internas de mármol –con diseños florales hechos a mano con incrustaciones de piedras preciosas– y la alfombra más grande del mundo, de más de 5600 m2 que fue tejida a mano y para la que trabajaron 1300 iraníes. Sin palabras.
Parece mentira que Dubai sea real. Repleta de grúas y obreros que trabajan las 24 horas del día, la ciudad sigue creciendo y nadie sabe con qué podrá sorprendernos.
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