|
 |
Consejos: problemas cotidianos y la salud Por Toti Hughes, psicóloga clínica
•Ante circunstancias adversas, la persona tiene que tener fortaleza y decidir si va a luchar, si va a pedir ayuda o si se va a dejar caer. Se trata de decidir en la adversidad. Esto significa no ser víctima, aunque haya motivos. En cuanto se supera la adversidad, ya se siente que el ánimo se estabiliza, se fortalece, porque se pudo lograr algo. Esto aumenta los buenos sentimientos hacia uno mismo.
•Muchas veces, los sentimientos que uno tiene para uno mismo son deficitarios, o inmaduros, o infantiles y producen inestabilidad en el ánimo. Es necesario hacerlos conscientes y hacerlos crecer positivamente. Cuanto más conscientes son los sentimientos hacia uno mismo, más salud anímica hay.
•Ante el estrés, hay que tratar de diagnosticar si se lo produce uno o si se produce desde afuera, y así, lograr bajarlo. ¿Cómo? Hay que aprender a elegir qué se deja.
•Como el estrés se inocula en el cuerpo, es importante conocerse para saber qué es lo que lo alivia. Por ejemplo, caminar, el ejercicio físico siempre lo alivia. También lo puede aliviar la compañía de alguna persona. Lo recreativo, el arte y los hobbies son excelentes antídotos contra el estrés porque significa pasar un tiempo agradable desarrollando alguna aptitud. Hay que adquirir instrumentos para que el cuerpo no somatice.
•Es muy importante mantener una alimentación sana y crear un momento agradable para no comer estresado.
•La solidaridad. Ayudar a otros muchas veces baja el sentimiento de estrés porque uno sale de sí mismo. •También son útiles los cambios de hábitos (acomodar los horarios, el tipo de alimentación, el sueño, suprimir el café, etc.). •Reírse. La alegría, el buen humor, los chistes bajan el estrés físico. Es muy sano aprender a reírse de uno mismo, de los propios defectos y problemas.
•Los vínculos afectivos son muy importantes. Tienen un rol fundamental en la estabilización del ánimo. Nada mejor que tener una buena comunicación con la familia y con los amigos. |
 |
Una “vida buena” Por Ernesto R. Alonso*
¿La raíz de nuestras enfermedades está ligada a nuestro estado de ánimo? En principio sí y depende de qué estemos hablando. No vamos a caer en el extremo de decir que hasta el dolor de muelas es “psicofísico” o “psicógeno” como le hubiera gustado a Freud. Tampoco naufraguemos en la visión materialista, de no hace mucho tiempo, de pensar que un ACV es solo una disfunción orgánica. ¡Es una dis- función orgánica, sin duda, pero quizás no está allí el origen del problema! Es probable que una vida estresada, o una existencia humana inadecuada, o una escala de valores decadente puedan contribuir a poner nuestro cuerpo en un estado de máxima tensión. Y es allí, en el cuerpo, donde tiene lugar el impacto de la crisis. Con todo, la raíz está en un cierto “desorden existencial”. El Dr. Víktor Frankl, en su vasta y luminosa obra, tiene páginas hermosísimas donde muestra, con su gran experiencia clínica, cómo hombres y mujeres con vidas desordenadas, con graves injusticias, terminaban enfermando corporalmente, y, en algunos, casos sucumbían a lo peor. “Desorden existencial” es, por ejemplo, cuando me entrego con más pasión a mi trabajo que a mi propia familia, aun cuando declare y proteste que amo a mi familia por encima de todo. “Desorden existencial” es cuando practico un deporte como si fuera lo único y más importante en mi vida. El deporte así asumido se convierte en una especie de “ídolo”. “Desorden existencial” es creer que la sexualidad libre y el consumo de alcohol me liberarán de no sé cuáles opresiones y me dejarán ser lo que soy. “Desorden existencial” es, por fin, cuando estoy convencido de que necesito cambiar de pareja cada tanto, tanto como para que el amor no se “oxide”… Estos desórdenes, y otros, tienen consecuencias para la totalidad humana que es el hombre. Y en algunos casos, son mi cuerpo, y mi vida, los que terminan pagando una abultada factura. No es mala idea pensar que una “vida buena” (la expresión es de Aristóteles), de acuerdo con ciertos hábitos buenos, es una de las mejores condiciones para mantener la salud física. *Psicólogo Social, profesor de la Escuela de Educación, Universidad Austral |
| |
| |
|
| Cada vez es más común atribuir razones emocionales al origen de una enfermedad. ¿Las personas que piensan positivamente se enferman menos? ¿El cáncer y los infartos de miocardio pueden evitarse? |
Los orientales mucho han indagado y profundizado en la íntima relación que existe entre las emociones y la salud. Una mente positiva, la paz interior intacta, las prácticas de yoga y las meditaciones dan cuenta de cómo viven esa relación de aquel lado del hemisferio. Pero ¿qué sucede por estas latitudes? ¿Cómo vivimos la salud y la enfermedad? Aunque cada vez más se atribuyen ciertas enfermedades a cuestiones emocionales, aún no somos 100% conscientes de la interdependencia que existe. Al sentir dolor, la persona pensará que se debe a una cuestión arbitraria y circunstancial, sin ponerse a reflexionar si existe alguna conexión con sus emociones, su estado de ánimo o el momento particular que esté atravesando en su vida. Si la enfermedad es más compleja aún, se le atribuirán sus causas a los denominados factores de riesgo, tales como la presión arterial, el colesterol, el tabaco, la exposición a rayos solares, pero casi nunca se reparará en la cuestión emocional. Esto, a pesar de que, cada vez, se escucha más decir que, por ejemplo, el cáncer puede ser producto de un gran disgusto.
Como si fueran dos caras de una misma moneda, Luis Chiozza, médico y doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Río Cuarto, explica la interdependencia entre la salud y las emociones. “Los estados de ánimo van a influir en el tipo de vida que uno lleva y en la salud, de doble manera. Por un lado, las emociones afectan el funcionamiento de los órganos. Y por otro lado, influyen en la conducta y en las cosas que uno realiza. Cuando uno está emocionalmente mal puede tomar decisiones equivocadas y hacer cosas perjudiciales para la salud”, argumenta.
“En los últimos años, se llegó a comprender cómo los estados de ánimo de personas que tienen un duelo largo, llevan a una depresión del sistema inmunitario”, aclara y prosigue: “Por ejemplo, no pueden destruir las células dañadas que dan lugar a cánceres. El cáncer es el producto de una célula que se daña en su ADN y se multiplica en forma descontrolada y que, generalmente, el sistema inmunitario destruye. Pero si el sistema inmunitario está deprimido, no cumple bien su función”.
Surge una pregunta clave: cuál es la proporción que existe entre dicho factor y el resto de los factores, los relacionados con el cuerpo. Chiozza responde: “El problema es que se piensa que una cosa es el cuerpo y otra, el alma. Y esto tiene que ver con la forma de pensar del racionalismo. Uno no divide el alma del cuerpo. Es tan enorme la relación entre los estados anímicos y la enfermedad que es casi como hablar de la misma cosa”.
Continuando con el ejemplo del cáncer y el sistema inmunitario, el especialista, premiado con un Konex en psicoanálisis, argumenta: “Ante dos personas con el mismo cáncer histológico, la evolución de la enfermedad depende de muchos factores, entre ellos, el sistema inmunitario. Hay personas que se han muerto de otras enfermedades y cuando se las examinó se ha descubierto que en la tiroides o en la próstata tenían cánceres histológicamente malignos que se habían detenido. Hay muchos cánceres que se detienen espontáneamente porque, de pronto, el sistema inmunitario los destruye o los “cerca” y evita que progresen y sigan creciendo”.
–¿Se puede decir que un estado de ánimo positivo puede ayudar a curar una enfermedad?
–Sí, por supuesto. Pero no es tan sencillo, no se puede decir al estado de ánimo que se ponga bien, simplemente porque le han dado ese consejo. Es necesario lograrlo y para eso, no siempre basta la buena voluntad. Muchas veces, para cambiar el estado de ánimo, es necesario otro tipo de ayuda. Como una relación afectiva, significativa, que pueda influir en el ánimo o por intermedio de una persona que se aproxime y que ayude a comprender porqué se está tan deprimido. Ahí se abre todo el enorme capítulo de la psicoterapia.
–¿Y, científicamente, cómo actúa, cómo influye?
–Si la persona se empieza a sentir mejor, con más alegría y con deseos de vivir, si se gratifica haciendo cosas y tiene proyectos que la gratifican, entonces su sistema inmunitario va a funcionar mejor.
–¿Y su sistema inmunitario va a empezar a atacar al cáncer?
–Sí, aunque si el cáncer ya está muy desarrollado, la cuestión no será tan sencilla. Pero, evidentemente, aun en la evolución de un cáncer que ya se ha manifestado, influye muchísimo el estado del sistema inmunitario. Tanto es así que no todos los cánceres con la misma histología –que significa que visto en el microscopio, el tejido canceroso es el mismo– evolucionan de igual manera.
–¿Entonces una persona positiva tiene más barreras contra el cáncer u otra enfermedad?
–Siempre y cuando sea auténtico. Hay personas que tienen un ánimo superficial positivo porque se la pasan negando todo lo que no funciona, pero eso no significa que el problema no opere dentro de su vida. La enfermedad no depende de la actitud que uno asuma, depende del organismo entero. Uno puede estar superficialmente contento, pero profundamente deprimido y el sistema inmunitario va a estar deprimido igual.
–¿Qué factores operan para que se desencadene un cáncer?
–El cáncer se produce porque dentro de una célula se da una mutación, en su ADN, y la célula, en vez de fabricar las proteínas necesarias para ese organismo, fabrica las proteínas para una célula cambiada. Y a su vez, se multiplica de manera desordenada y en lugares donde no debería hacerlo, hasta que altera las funciones del organismo, inclusive hasta matarlo. Para que esto se produzca tiene que haber, al menos, ocho mutaciones. Nosotros producimos miles de células cancerosas continuamente y el sistema inmunitario las mata. Las mutaciones no solo se producen desde adentro de la célula, sino que están condicionadas por otros factores como los virus, las sustancias radiactivas, los rayos x, el humo del tabaco, los rayos solares, por ejemplo. De un 5% a 10% del cáncer tiene que ver con una predisposición hereditaria que tampoco significa que se vaya a cumplir. Cuando todos estos factores intervienen, no se puede decir que solo uno es la causa de la enfermedad. No existen las relaciones lineales.
–¿Y el factor emocional?
–A lo largo de los años, hemos descubierto que así como hay un carácter obsesivo o esquizoide, también hay un carácter cardíaco, diabético y un carácter canceroso. Esto no significa que la persona que tiene un carácter diabético se vaya a enfermar de diabetes, pero sí significa que el que se enferma de diabetes tiene un carácter diabético. Por ejemplo –a grandes rasgos y dicho de una forma muy simple–, se puede decir que el carácter cardíaco es el de una persona que se toma todo a pecho, que siente cualquier ofensa como una herida en el corazón. Con el carácter canceroso pasa un poco lo mismo.
–¿Cuándo se enferma uno?
–En realidad, siempre dentro de una crisis. Una persona no se enferma en cualquier momento de su vida. Si uno estudia ese momento va a encontrar una situación conflictiva en la vida de esa persona. Es ese momento crítico que influye en su estado de ánimo, en su estado inmunitario y en el tipo de enfermedad que desarrolla.
–¿Qué sucede con los enfermos de infarto de miocardio?
–Todos los pacientes de infarto de miocardio tienen algo parecido. Por eso, un médico los puede diagnosticar y tratar, porque aprendió con otros pacientes que tuvieron lo mismo. No hay dos casos totalmente iguales, pero sí una parte similar. Desde el punto de vista psicológico, todos ellos pasan por una crisis biográfica que tiene algo en común y que es típica del paciente que tuvo un infarto y completamente diferente del paciente con otra enfermedad. Hay una especie de guión –en el sentido de libreto– que es igual en todos los casos. Lo mismo sucede con el asmático, con el enfermo del hígado y con el que tiene cáncer. Es una condición necesaria pero no suficiente.
–¿Cuáles son las características de ese guión?
–Tiene que ver con un síndrome que llamamos ignominia. La palabra significa algo que no tiene nombre. Esta palabra se puede usar para lo que es inefable y penoso. Es algo que no se puede soportar. Como un tipo de ofensa con algunas características particulares. La primera es el no poder atribuir la culpa al otro porque se siente en parte responsable, aunque no totalmente. Es muy común que la padezcan padres frente a situaciones con sus hijos, ya que es muy difícil echar la culpa a un hijo de una ofensa cuando es uno el que lo educó. Se genera algo muy penoso de lo cual no se puede responsabilizar totalmente al otro ni a uno mismo. La segunda condición es que es algo que no se puede soportar, que hay que resolverlo y al mismo tiempo, no se encuentra la solución. La última característica es que es algo público, que trasciende y que se siente humillante. Siempre que se busca bien se encuentran este tipo de situaciones en los casos de infarto.
–Entonces, además de hacer los tratamientos médicos convencionales, habría que tratar también el factor emotivo…
–En primer lugar, la persona tiene que tener conciencia de que existe. En la gran mayoría de los casos no se sabe que existe. Se piensa, por ejemplo, que el cáncer viene por accidente, que es producto del asar, o porque fumo o porque sí.
|
|