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salud

“Fertilidad La edad es clave
a la hora de concebir”

 
Cómo influye el factor
psicológico y emocional en la concepción

La infertilidad es una de las experiencias emocionales más delicadas y dolorosas
en la vida de una pareja. El tener dificultad para concebir hijos puede producir una crisis psicológica que afecte la vida personal, la relación de pareja, las relaciones sociales, las familiares y el plano laboral. Transitar el camino de los diagnósticos y tratamientos para lograr el embarazo puede convertirse en una experiencia prolongada y estresante.
La preocupación habitual de las parejas que realizan tratamientos de alta complejidad es la de si su estado de ánimo puede influir sobre sus chances de embarazo. La respuesta puede variar, dependiendo de la corriente de pensamiento en la que base sus fuentes de información. No cabe duda que lo psicológico puede mediar sobre la fertilidad si hablamos de embarazos buscados naturalmente y en parejas sin problemas reproductivos. Esta influencia, por lo general, es temporaria y depende de factores internos o externos que impliquen estrés o depresión; ambos factores pueden alterar las hormonas que comandan el funcionamiento reproductivo, y esto puede generar una disfunción temporal del eje reproductivo. Si hablamos de tratamientos de alta complejidad, donde el funcionamiento hormonal está manejado en forma externa, debemos ser cautos, para no cargar a los pacientes con culpa y con más estrés del que implica el tratamiento en sí mismo. En este terreno, la evidencia científica es contradictoria y no hay un consenso definitivo basado en la evidencia.
Por: Lic. Darío Fernández, psicólogo especializado en medicina reproductiva del CEGYR.
 

 

 

Cuando el deseo de agrandar la familia no se cumple, surgen miles de interrogantes en la pareja. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué a nosotros? ¿Podremos tener hijos? Más allá de cuál sea el motivo, está comprobado que hoy, el 20% de las parejas que deciden tener un hijo no pueden concebirlo de manera natural. Los especialistas brindan un panorama concreto sobre esta realidad. Causas, tratamientos, factores de riesgo y posibles soluciones.

Ulises parecía un sueño lejano. Sus padres, Federico y Florencia ansiaron su llegada durante siete años. Durante ese tiempo, se sometieron a siete tratamientos de fertilidad, consultaron centros de reproducción asistida en el exterior, buscaron apoyo en psicólogos… hasta que finalmente, hace tres años, recibieron la noticia más esperada de sus vidas: iban a ser padres, Flor estaba embarazada. Y la mano de la ciencia mucho tuvo que ver. La historia de Fede y Flor se repite, constantemente, a lo largo y ancho del país y del mundo. “Es una tendencia que fue profundizándose en los últimos veinte años, ya que, por motivos personales, profesionales y sociales, la mujer decide tener hijos a los 30 o 35 años cuando ya pasó su etapa más fértil que es entre los 20 y 30 años”, comenta el doctor Marcos Horton, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva. De todos los factores que intervienen en la posibilidad de lograr un embarazo, la edad de la mujer es el que más influye en las probabilidades de lograrlo. “La causa por la que la infertilidad femenina se acentúa con el tiempo se relaciona de manera directa con la disminución en la producción de óvulos y su baja calidad. Muchas veces, los óvulos que se producen contienen alteraciones cromosómicas que son causa de infertilidad o de abortos espontáneos” dice la Dra. Andrea Marazzi, ginecóloga especializada en Medicina Reproductiva.
Por su parte, el Dr. Manuel Nölting, presidente de la Sociedad Argentina de Endocrinología Ginecológica y Reproductiva (SAEGRE), asegura: “En las sociedades desarrolladas, hay una tendencia creciente a retrasar la edad materna para concebir, debido principalmente, a la incorporación de la mujer al mundo laboral, a cambios de pareja o divorcios tempranos”.
“Es frecuente que la búsqueda del embarazo se produzca pasados los 35 años, lo que implica no solo una reducción en el potencial reproductivo de la mujer, sino también en el hombre –agrega el director médico del Cegyr, Sergio Papier–. Ambos pasaron más tiempo expuestos a situaciones que podrían afectar su fertilidad como pueden ser cirugías, traumatismos, etc.”, concluye.
Varios factores sociales que comenzaron en la segunda mitad del siglo pasado contribuyeron a esta tendencia: 1) la anticoncepción; 2) la inserción de la mujer en el campo laboral; 3) la edad avanzada en la que la mujer se casa; 4) la postergación del embarazo para priorizar la seguridad laboral y económica; y 5) el desconocimiento. No muchas mujeres saben que su fertilidad declina desde los 28 a 35 años.
Ante semejante panorama, uno se pregunta si siempre hubo infertilidad o es un problema del siglo XXI. Lo real es que siempre existió, pero años atrás se acostumbraba a formar la familia y buscar un embarazo a edades más tempranas y esto favorecía al éxito de la búsqueda de un hijo. A los 35 años la mayoría de las mujeres tenían su planificación familiar definida. En la actualidad, la calidad y el ritmo de vida, sumados al alto índice de estrés, favorecen una actividad sexual desigual, lo que dificulta el logro del embarazo. Los tiempos son muy importantes cuando se habla de fertilidad, y es primordial que las parejas estén informadas acerca de los plazos que deben esperar antes de consultar a un especialista: las mujeres menores de 35, un año; mayores de esa edad deberán darse un plazo de seis meses; y si la mujer tiene 40 años, debe consultar al inicio de la búsqueda para recibir asesoramiento. Las parejas que tienen un problema ya diagnosticado deben acercarse a la consulta cuanto antes.

Otras causas de infertilidad
Por lo general, a la dificultad para concebir se la consideraba un inconveniente femenino (es la mujer la que consulta en un principio). Esta actitud errónea surgió al considerar que si la mujer es “quien se embaraza”, seguramente sea ella “la responsable de no poder embarazarse”. Pero la fertilidad es la resultante de la suma de los potenciales masculinos y femeninos. Al momento de no lograr un embarazo de manera natural, hay ciertos factores de riesgo que inciden. Las estadísticas arrojan lo siguiente:
•30% de origen masculino: Edad, infecciones por transmisión sexual, alteraciones en la calidad, cantidad, movilidad o morfología del esperma, varicocele (várices testiculares), antecedente de enfermedades infecciosas (paperas).
•30% de origen femenino: Edad (mayor de 35 años), endometriosis, problemas de ovulación, trastornos hormonales, etc.
•30% combinadas (involucran a ambos miembros de la pareja).
•10% no se encuentra una causa evidente del problema reproductivo (los estudios dan normales y no se produce el embarazo). Estos casos reciben el nombre de ESCA (esterilidad sin causa aparente).
En cuanto a los principales causantes de infertilidad en hombres y mujeres, podríamos mencionar, en primer lugar y como ya lo hicimos anteriormente, la edad materna y paterna avanzadas. En el hombre, se manifiestan alteraciones en la producción de los espermatozoides: disminuye la calidad, el volumen y la motilidad. A partir de los 45 años, existe una probada disminución de la calidad genética de los espermatozoides. En segundo lugar se encuentra el tabaco. Diferentes trabajos de investigación demostraron los efectos nocivos del tabaco en la función ovárica, dependiendo de la cantidad y del tiempo de exposición de la mujer a este tóxico. Algo similar ocurre en la calidad y cantidad espermática y, sin duda, en el desarrollo y crecimiento fetal. También se pueden mencionar las enfermedades de transmisión sexual: La Chlamydia trachomatis es un microorganismo intracelular que genera infecciones asintomáticas en el aparato reproductor masculino y femenino, y se transmite sólo por contacto sexual. “En el caso de los hombres, ha aumentado significativamente la incidencia de Chlamydia trachomatis en las últimas décadas. La manifestación clínica más frecuente es la uretritis que, no tratada, puede producir un riesgo potencial de infertilidad” comenta el Dr. Gustavo Álvarez, andrólogo del CEGyR.

Senderos de luz
“No hay soluciones fáciles –dice Marcos Horton–. Pero las parejas deberían saber lo importante que es la edad de la mujer al momento de lograr el embarazo, y planificar su familia considerándolo. Igual, esto no siempre es factible porque la posibilidad de desarrollarse profesionalmente es una prioridad de la mujer en la sociedad moderna. Criopreservar (congelar) óvulos para su uso futuro es una alternativa que se está comenzando a difundir, pero, obviamente, obliga a someterse a un tratamiento de fertilidad en el futuro”.
Los doctores Sergio Papier y Manuel Nölting proponen otras alternativas de reproducción asistida (ver recuadro), que se aplican una vez que se haya diagnosticado el problema que presenta la pareja.
Dependiendo del diagnóstico, se debe elegir el tratamiento adecuado e individualizado para cada caso concreto.


Tratamientos de baja complejidad
Estimulación ovárica: Consiste en esti- mular a los ovarios –a través del uso de medicamentos– en aquellas pacientes que no ovulan con normalidad o cuan- do es conveniente conseguir mayor número de ovocitos para aumentar las posibilidades de embarazo.
Inseminación intrauterina: Se coloca el semen en la cavidad del útero para mejo- rar las posibilidades de lograr el embarazo (acercar los espermatozoides a los óvulos).
Tratamientos de alta complejidad
Inyección Intracitoplásmica de Espermatozoides (ICSI): El procedimiento consiste en la inyección de un es- permatozoide dentro del óvulo utili- zando una aguja de vidrio. Esta técnica se utiliza en la actualidad y permite visualizar a los espermato- zoides en un microscopio, con un aumento de 400 veces su tamaño.
Inyección Intracitoplásmica de Espermatozoides Morfológicamente Seleccionados (IMSI): Esta nueva técnica se realiza con un microscopio con ópticas especiales, que permite visualizar al espermatozoide unas 6000 veces más grande y observar así, con más detalle, los defectos de la cola, su implantación, el cuello y la forma de la cabeza. Esta nueva técnica permite diferenciar los espermatozoides buenos de aquellos que parecen buenos pero no lo son, y así poder introducirlos dentro del óvulo.
Separación Magnética por Columnas de Anexina V: El foco de tratamiento se centra en bajar los niveles de frag- mentación de ADN, y una de las maneras es “filtrando” la muestra espérmica por medio de columnas de anexina. Los espermatozoides alterados tienen propiedades moleculares diferentes a los normales y al filtrarlos se seleccionan los normales para la fecundación del óvulo. A pesar de todos estos avances en materia de fertilidad asistida, aún no se ha logrado un tratamiento con una tasa de efectividad del 100%. Para concluir, es interesante destacar lo que propone el doctor Manuel Nölting: “Lo importante es informar a la población sobre esta realidad para que cada uno, desde el conocimiento, pueda actuar”. Sin duda, la edad es el marcador por excelencia de la cali- dad ovacitaria. El tener en cuenta este dato es trascendental porque, además de mejorar, considerablemente, las posibilidades de lograr un embarazo, se reducen las anomalías genéticas.

 
Por Anita Pando.
Fotos: Inés Tanoira y Mane Mauvecin.