Seguramente, las sombras de Jorge Luis Borges y de Julio Cortázar andarán por la Feria del Libro de Buenos Aires; tal vez, oscureciendo la presentación de sus colegas. Es que desde esa generación de autores (entre los cuales habría que mencionar a Marco Denevi, a Manuel Mujica Láinez y a Ernesto Sábato), no surgieron escritores que representen al alma argentina (y si los hay, todavía no consiguieron la fama y el prestigio que merecen). “Es verdad –dice Marta Díaz, directora de la Feria desde hace quince años–, y se nota sobre todo en el exterior, donde un noventa por ciento de los escritores argentinos que se conocen y se traducen están muertos. La nueva camada no tiene la misma repercusión. Por eso, es trascendental la presencia argentina en la última Feria del Libro de Frankfurt (Alemania), para divulgar y promocionar a nuestros autores”.
En Frankfurt hubo libros como Martín Fierro, de José Hernández, un hombre del siglo XIX; El oro de los tigres, de Borges; El dragón y la princesa, de Sábato; Rayuela, de Cortázar; y Manuelita, de María Elena Walsh. ¿Qué hace que un escritor sea traducido y otro no? ¿Quién lo decide?
Antes de que Díaz despeje la duda, va una anécdota: en los años sesenta, el embajador de España en la Argentina era un señor llamado Alfaro y Polanco. Alguien le recriminó que luego del llamado Siglo de Oro, que se extiende desde el siglo XVI a parte del XVII, y que incluye desde Miguel de Cervantes hasta Calderón de la Barca, España no había dado una generación de talentos comparable. “¿Y qué quieres tú? –replicó Alfaro– Hay siglos en los que uno no está para nada”. Pero volvamos a las traducciones...
–Ser o no traducido es algo que tiene mucho que ver con la labor de los agentes literarios. Escribir es una cosa; que editen lo que escribiste es otra. Hay que buscar un distribuidor que se ocupe de vender ese libro. Los agentes literarios son importantes porque promueven a sus representados. Por lo general, los contratos entre un autor y una editorial son personales y se refieren a imprimir y distribuir una obra dentro del país. Pero muchos autores, que quizá son talentosos pero desconocidos, pagan la impresión de su propio libro y luego, se encuentran con que los libreros no los exhiben. Además, la mayor parte de las personas no elige el libro de un desconocido. Pero con las nuevas tecnologías…
–¿Qué pasa con las nuevas tecnologías?
–Pasa que un libro, o un fragmento, se publica en Internet y son los lectores quienes los recomiendan, no los críticos.
–Pero ¿el autor cobra derechos?
–Por lo general, no. Esa cuestión no está debidamente legislada.
–¿En estos días, hay más escritores que lectores? ¿No es abrumador y hace que uno huya de la lectura? ¿Cómo elegir en la Feria entre centenares de miles de libros?
–A ver... Yo veo a la Feria más bien como un servicio y como una fiesta. No creo que la cantidad de libros apabulle a nadie. Al contrario. Uno puede hojear y aceptar o rechazar. Un lector, generalmente, tiene preferencias temáticas, y entonces, busca los libros de su agrado. Yo le recomiendo que si lee ensayos, busque ensayos; si lee cuentos, busque cuentos. Nadie leerá todos los libros.
–¿Usted qué lee?
–Me gustan las novelas policiales. Ellery Queen, por ejemplo. Ahora leí Millenium.
Alta en el cielo…
“Este año –dice Marta Díaz– le damos mucha importancia al Bicentenario, aunque, por alguna razón que desconozco, la idea de que vamos a celebrar dos siglos produce más bien indiferencia. Tal vez, la Feria contribuya a divulgar nuestra historia, que es apasionante. En la Feria, con nuestros actos y la presencia de historiadores, tratamos de interesar a la gente… pero no nos dedicamos solo a eso. Hay exposiciones plásticas y algo nuevo: un espacio dedicado a los cómics”.
–En los años sesenta se intentó promocionar las historietas llamándolas literatura dibujada. ¿Por qué tienen éxito ahora?
–En la última feria de Frankfurt hubo un stand dedicado a la historieta. Los argentinos tenemos excelentes historietistas, tanto dibujantes como argumentistas. Y repetimos algo que vi en Frankfurt: al-gunos chicos se disfrazan de su héroe favorito, y se entregan premios a los mejores disfraces. No es todo: las grandes librerías argentinas tienen ya sectores dedicados a la historieta. En la Feria, la idea es presentar todos los rubros que atraen. Es muy interesante analizar su comportamiento.
Vení que te lo firmo
Cuentan que hace algunas décadas, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, quienes habían inventado un autor policial llamado Bustos Domeq con cuyo nombre firmaban cuentos que escribían entre los dos, estuvieron tres horas firmando ejemplares. Fatigado, Borges le dijo a su amigo: “Adolfito, con el paso del tiempo, un libro nuestro que no esté dedicado ni firmado va a ser una rareza y costará mucho dinero”. Bromas aparte, la ceremonia de dedicatorias es insoslayable, aunque encierra algunos riesgos. “Es patético –dice Díaz– ver a un autor poco conocido, que se preparó para firmar, solo en su stand, sin que nadie le pida un autógrafo o que le firme el libro”.
–¿Hubo algún escritor que debió pedir una tregua porque sus lectores lo abrumaron con petitorios de firma?
–El caso que más recuerdo es el de Ray Bradbury. El autor de Crónicas marcianas estuvo cinco horas firmando ejemplares y no lo dejaban marchar. Le pedían que posara con ellos para una foto, y accedía, siempre con una sonrisa. Una vez, lo acompañé a una librería que estaba en la calle Florida, donde iba a presentar su último libro. Lo paraban en la calle y le decían que eran sus lectores, le estrechaban la mano, corrían a comprar un libro y le pedían que lo firmara. Y él, siempre amable. No recuerdo a ningún otro escritor que haya tenido un éxito de público semejante. La firma de ejemplares es un ritual de amor entre autor y lectores.
–¿Existen comportamientos raros entre los visitantes?
–No. Además, los visitantes tienen comportamientos previsibles. Los que van de lunes a jueves buscan tranquilidad y los de los fines de semana, que muchas veces van con sus hijos, prefieren el ruido y compran como en el supermercado.
–¿Los lectores de libros en papel son una raza en extinción?
–No, en absoluto. Ni los lectores ni el libro impreso en papel. El libro digital avanza de una manera descomunal, pero no reemplaza al soporte de papel. Umberto Eco dijo que el libro de papel no va a desparecer nunca. Que si no hay electricidad, el libro digital se vuelve algo inútil. En cambio, siempre se puede leer un libro de papel a la luz de un candil. Y Bradbury agregó que el libro de papel es algo que uno puede llevar a la cama, como un amante.
–¿Qué requisito debe cumplir la Feria para que sea un éxito?
–Que venga mucha gente y que se cometan muy pocos errores, pero, sobre todo, la Feria tiene que ser aséptica y tener un criterio de igualdad. Lo mismo para el autor consagrado como para el autor novel.
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