Un sendero aislado en el medio de la selva conduce al visitante a un edificio monumental de forma cilíndrica en la cima de la montaña. Allí adentro, es posible escuchar una transmisión continua de sonidos emitidos a miles de metros desde el interior de la Tierra y captados por micrófonos geológicos.
Esto no es ciencia ficción. Es Sonic Pavilion, la nueva intervención del artista estadounidense Doug Aitken en el Instituto Cultural Inhotim, un parque ambiental y uno de los museos de arte contemporáneo más importantes de Brasil.
Situado en Brumadinho, a 60 km de la ciudad de Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais, el lugar es una maravillosa combinación de arte y medioambiente en el que ambos interactúan en forma armónica y se renuevan sin cesar en un predio de 2100 ha.
En Inhotim la contemplación de arte y de naturaleza van de la mano. Distribuidas en galerías o instaladas por los jardines, el visitante encontrará obras de los principales artistas contemporáneos, muchas de las cuales fueron creadas especialmente para este lugar.
El proyecto, que es una iniciativa privada, comenzó a gestarse en la década de los noventa, fue inaugurado en el 2004, pero recién en el 2006 abrió al público con las infraestructuras completas.
El hacedor de este paraíso único es el empresario siderúrgico y magnate minero, Bernardo Paz, uno de los más grandes coleccionistas del mundo, que ya hacía un tiempo largo venía interesándose por las obras de arte realizadas a partir de 1960.
Con el correr de los años, el empresario comenzó a dar forma a un sueño que ya compartía con su esposa, la artista brasileña Adriana Varejão, y fue comprando campos para hacer realidad su pasión por el arte y la botánica.
Hoy, en Inhotim, se exponen más de quinientas obras de arte, compuestas en su totalidad por artistas nacionales e internacionales, entre los que se destacan los brillantes trabajos de Tunga, Cildo Meireles, Doris Salcedo, Víctor Grippo, Rivane Neuenschwander, Valeska Soares, Yayoi Kusama, Edgard De Souza, Matthew Barney o de Janet Cardiff & Gerorge Bures Millar.
Más que un museo
La imagen del museo tradicional como un espacio cerrado no es compatible con el escenario que nos presenta Inhotim. Su singularidad son las estrategias y las metodologías de interacción utilizadas con el público.
En el recorrido por los jardines –diseñados por el renombrado paisajista brasileño y uno de los más influyentes arquitectos de Brasil, Roberto Burle Marx (1909 – 1994)–, el visitante se encuentra con obras expuestas al aire libre o adentro de las 12 galerías que posee el museo. Allí se pueden observar desde exposiciones, pinturas, esculturas, diseños y fotografías hasta videos e instalaciones artísticas increíbles.
Distribuidos en un área de 45 ha, los pabellones transforman el recorrido en una experiencia excitante. Una de las atracciones es la intervención de los artistas canadienses Janet Cardiff & George Bures Millar, quienes crearon un ambiente sonoro inspirado en el grabado El sueño de la razón produce monstruos (1799), de Goya. Compuesto de grabaciones de marchas, canciones de cuna, texto hablado y composiciones musicales, a través de los 98 parlantes instalados en el lugar, la obra conduce al espectador a través de una narrativa que revela las cualidades físicas y escultóricas del sonido.
Otro de los sitios que sorprenden es la galería donde se encuentra la obra de la artista Adriana Varejão. Diseñada por el arquitecto residente en San Pablo, Rodrigo Cerviño Lope, la impresionante construcción está suspendida sobre un estanque artificial, y rodeada por dos grandes espejos de agua.
Pero con las nuevas obras que se inauguraron el año pasado, el museo amplía el concepto de ser sólo un espacio de exposición. Se trata de una metodología artística innovadora que considera el espacio, la situación y el concepto del ambiente en el que las obras están insertas.
Para la directora ejecutiva del instituto, Ana Lúcia Gazzola, las inauguraciones consolidan la singularidad de Inhotim como un espacio de arte contemporáneo diferenciado de todos los otros museos del mundo. “La expansión del acervo ensancha también las fronteras de Inhotim, ya que salen deliberadamente de las áreas tratadas con paisajismo hacia espacios más o menos agrestes. El artista puede crear en Inhotim su utopía artística”, comentó Gazzola.
Cada paso que el visitante dé en Inhotim será un gran motivo de sorpresa. Quedará asombrado al enfrentarse, por ejemplo, con el trabajo del renombrado artista estadounidense Chris Burden. Beam Drop (2008), su obra, es una escultura localizada en la cima de una montaña. La realizó con 71 vigas de construcción que fueron arrojadas por una grúa desde una altura de 45 m dentro de una zanja de cimiento fresco.
Otro de los ejemplos es el del artista argentino Jorge Macchi, quien fue invitado por el museo para realizar Piscina (2009), un diseño que el artista hizo de un cuaderno de direcciones con índice alfabético, hoy transformado en una piscina en funcionamiento.
Pero el caso más impactante es la creación de uno de los fundadores de la vanguardia artística de Brasil, Helio Oiticica. Su obra, Magic Square N° 5, De luxe (1978), revela y conceptualiza el espacio y la arquitectura.
Arte y naturaleza en armonía
Recientemente elevado a la categoría de jardín botánico nacional, este parque ambiental se divide en dos áreas principales: la Reserva Natural de 600 ha de bosques nativos y el Parque Tropical con 45 ha de jardines y cinco lagos ornamentales que suman casi cuatro hectáreas más.
Por los caminos de Inhotim, donde los paisajes suelen ser los jardines, y las paredes del lugar son los bosques de la selva, se puede observar una extensa y original colección botánica de especies tropicales raras y pertenecientes a los biomas de la Mata Atlántica y del Cerrado (sabana brasileña).
Pero los jardines no son sólo un lugar de contemplación estética. En este espacio, el instituto realiza estudios florísticos, catalogación de nuevas especies vegetales y conservación in situ de especies. Además, hace uso del paisaje como una forma de sensibilización para la conservación de la biodiversidad.
Actualmente, se cultivan más de 3000 especies de plantas: Con más de 350 especies, Inhotim posee una de las mayores colecciones de palmeras de Brasil. Y con cerca de 450 unidades de plantas que pertenecen a la familia de las Aráceas, se llevan el puesto a la mayor colección de esta familia en el hemisferio sur. Las codiciadas orquídeas son también protagonistas de este maravilloso lugar. Pueden apreciarse más de 334 especies, distribuidas por diferentes sectores del parque.
Sin dudarlo, se puede afirmar que el concepto que relaciona el medioambiente con el arte contemporáneo es lo que más impresiona del Instituto Inhotim.
Los paisajes de las galerías y las instalaciones estuvieron a cargo de Eduardo Goncalves, curador de la colección botánica de Inhotim. Él comentó que para algunos trabajos sólo se necesitaron pequeños ajustes o intervenciones en el paisaje. “En otros casos, los jardines tomaron mayor importancia y se convirtió en una parte relevante de la obra misma”, concluye Goncalves.
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