Su tiempo se reparte entre redacciones, entrega de boletines informativos on line, su amor por su mujer Susana y los increíbles viajes en kayak por la Patagonia Argentina-Chilena y la Antártida. Podríamos decir que Claudio Scaletta es un kayakista amateur, pero sus sendos viajes y su pasión demuestran lo contrario. Sin ir mas lejos, el año pasado completó una hazaña por aguas antárticas, que lo marcó a fuego, junto con el explorador chileno y kayakista profesional Cristian Donoso. El dúo completó la travesía más extensa en la historia del continente blanco, y la tercera en su tipo: navegaron casi mil kilómetros durante dos meses por aguas antárticas, con el fin de registrar y dar a conocer los efectos del cambio climático en el litoral de ese continente. Partieron desde la base chilena Gabriel González Videla –a la que accedieron a bordo del Antartic Dream luego de cuatro días de navegación desde Ushuaia–, y culminó sesenta y un días después en el Estrecho Gerlache. En esta nota, Claudio revive sus aventuras.
Expedición Antártida
en kayak
Recorrieron canales, estrechos, fiordos y bahías, visitaron bases y refugios nacionales y extranjeros, y obtuvieron un registro fotográfico y audiovisual de las grandes colonias de pingüinos, mamíferos marinos, glaciares y témpanos para difundir esta área en el mundo. “La Península Antártica se está calentando cinco veces más rápido que el promedio mundial del Planeta. Con el propósito de alertar a la opinión pública sobre los efectos del cambio climático en el litoral Antártico, decidimos emprender esta travesía autosuficiente en kayak. El archipiélago Palmer y la costa de Danco poseen una de las mayores concentraciones de fauna silvestre en el continente blanco, pero es, a la vez, uno de los más afectados por el calentamiento global”, cuenta Scaletta.
–¿Cómo fue el primer día de navegación?
–Los primeros nueve kilómetros demandaron dos horas; los kayaks de 4,40 m estaban muy cargados y había que familiarizarse con la navegación. Eso no impidió observar la fauna: pingüinos, colonias de cormoranes, gaviotines y ¡una golondrina! La segunda hora de remo transcurrió bajo una nevada espesa y un silencio absoluto. Impresionantes los témpanos; en dos de ellos había focas leopardo... Otra constante, el tronar de los glaciares, el arrullo de las olas y el murmullo lejano de la fauna. Los días que duró la travesía nos alimentamos con raciones diarias de avena con leche en polvo y azúcar para desayuno y almuerzo, y pastas con soja y queso rallado para la cena. Las noches transcurrían en carpa –durmiendo en bolsas de dormir y escuchando el sonido de la lluvia–, y los días, a puro remo, por aguas heladas, con temperaturas muy bajas que oscilaban entre los 0,6 y 1,4 °C (sin olvidarse de las jornadas de vientos fríos y temperaturas bajo cero).
–¿Durante esta expedición riesgosa, tuviste algún contratiempo?
–A los tres días de zarpar me fisuré la costilla; me caí fuerte y pegué con el borde de una roca. El dolor amenazó con amargarme el viaje. Cuando ponía las manos en el agua, comenzaba el dolor, si llegaba a volcar hubiera sido complicado y casi imposible reabordar. Pero, hice reposo algunos días y luego, seguí remando. Después de dos semanas, la fisura comenzó a sanar.
En tantos días de travesía y trabajo, la dupla sumo anécdotas, amigos y se familiarizó con el entorno. “En las cercanías de las Islas Melchior nos topamos con un grupo de ballenas jorobadas. Navegamos entre ellas durante una hora y, muchas veces, saltaban fuera del agua con un despliegue de energía que sobrepasaba la realidad”, relata entusiasmado Claudio y continúa rememorando lo vivido esa jornada. “Llegamos a las islas Melchior y detrás de nosotros entró a la zona un velero de 44 pies. Su capitán, Jean, que vive de hacer travesías, nos invitó a bordo. Recepción con vino tinto, salamín, pan… y para cenar, lomo argentino. ¡Un día perfecto!”.
–El viaje que encararon tuvo como fin documentar y difundir los efectos del cambio climático en el continente blanco. ¿Qué conclusiones obtuvieron?
–En Mikkelsenn, comprobamos que la población de pingüinos antárticos (Emperador, Papúas, Barbijo y Adelia) está en peligro. Para alguna de estas especies, el calentamiento global está alterando el hábitat sobre el cual desarrollan su vida; para otras, la comida está siendo más escasa debido al incremento de temperatura. El hielo marino (que se forma en el agua de mar) cubre una superficie 40% menor que hace 26 años. Esta reducción produjo la merma del krill, importante fuente de alimentación para los pingüinos papúa. La cantidad de estos pingüinos decreció de un 30% a un 66% en algunas colonias, dado que la menor disponibilidad de comida dificulta la sobrevivencia de las crías.
–¿En qué zona es más notorio el calentamiento global?
–En la costa noroeste de la Península Antártica, el calentamiento es más dramático que en ninguna otra parte. Las poblaciones de pingüinos de Adelia disminuyeron en un 65% en los últimos 25 años. Las temperaturas más cálidas provocan que la atmósfera retenga más humedad, lo que resulta en más nieve. Mientras que los pingüinos de Adelia necesitan que la superficie esté libre de nieve y hielo para criar a sus pichones.
–¿Qué ocurre con la temperatura?
–En Vernadsky existe una estación meteorológica que funciona desde 1945. Más de medio siglo de dataciones meteorológicas registraron un incremento de 3 °C en la temperatura media de esa zona de la región antártica. En efecto, las colonias de pingüinos Papua en la isla Petermann, según informaron los científicos ucranianos, llegaron a este lugar desde el norte buscando sitios más fríos donde nidificar, y aprovechar nuevas zonas para ese fin.
Nueva travesía rumbo a Chile
Ocho meses después de concluir la expedición Antártica, Claudio se tomó unos días de descanso y, en compañía de Marcelo Hostar, cruzó la Cordillera y llegó Hualaihué, Chile, para iniciar una nueva travesía. El objetivo: recorrer los canales y fiordos cordilleranos chilenos para visitar las termas naturales. “Tras cuarenta kilómetros de navegación por el Canal Comau –donde alcanzamos la velocidad máxima del viaje de 14,8 km/h–, y luego de adentrarnos en el fiordo Cahuelmó, llegamos al brazo que nos conducía a las termas. Armamos rápido el campamento y nos metimos en el agua caliente de las piletas perforadas en la piedra con un buen pisco sour, el trago emblema de Chile. ¡Es muy dura la vida del kayakista patagónico!”, ironiza Scaletta. Pero hay más, en la costa sur de la boca del estero de Cahuelmó hay una lobería. Mientras el dúo navegaba, escuchaba los gruñidos a lo lejos y trataba de no molestar a los animales. Era época de apareamiento y estaban sensibles. “Recorrí esta zona por primera vez en diciembre de 2004. Por entonces, creía visitar un mundo mucho más deshabitado e inhóspito, la presencia humana era aquí un atractivo”. Las siguientes termas por visitar eran las de Porcelana, que a diferencia de las de Cahuelmó, no están sobre la costa, sino que es necesario adentrarse en la selva valdiviana para llegar. “Avanzamos por un sendero hasta un río, ahí encontramos el arroyo de agua caliente. Las piletas eran como pequeños diques en medio de la selva y a medida que se asciende, se encuentran nuevas piletas con agua cada vez más caliente. La felicidad es esto. Relax, un rico vino y de vuelta al mar”, concluye Claudio, quien ya está planeando su próxima travesía –sin fecha definida– con Cristian Donoso: Navegar por el Cabo de Hornos partiendo de las proximidades de Punta Arenas. |