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entrevista
“Quiero contagiar el entusiasmo de ayudar”
 
De gira por primera vez
Las únicas tres veces que se cruzaron en los estudios de grabación de Pol-ka, él quiso
asesinarla. Claro, Laureano Gómez Acuña la odiaba por ser la hermana de uno de los
Valientes. Ahora, son compañeros de ruta
por diferentes localidades del país. Arnaldo André y Eugenia –quien por primera vez en su carrera está haciendo gira–, protagonizan Quedate a desayunar, una comedia dirigida por Rodolfo Bebán. “Estoy aprendiendo un montón con dos tipazos como ellos”, asegura. En la obra, André es un hombre maduro y solitario, y Tobal es una joven rebelde y embarazada que abandona su hogar
y toca a la puerta de la casa de Tomás, personaje que interpreta André. ¿Conclusión? El destino les tiene deparada una larga y peculiar convivencia. Quedate a desayunar se presenta durante mayo en Rosario, Casilda y Cañada de Gómez (Santa Fe) y en junio, llega a Villa María, Río Cuarto, Villa Carlos Paz y Marcos Juárez (Córdoba).



 
Trabaja en la televisión desde hace más de catorce años y, en el 2009, fue parte del gran éxito de Valientes. Su personaje le valió una nominación a los premios Martín Fierro. Fuera de la pantalla chica, Eugenia Tobal dedica gran parte de su tiempo a ayudar a los que más lo necesitan. Ahora, protagoniza, junto a Arnaldo André, una obra de teatro dirigida por Rodolfo Bebán.

A los 15 años, Eugenia Tobal descubrió su pasión por el arte; fue cuando comenzó a estudiar actuación en su Ramos Mejía natal. Cinco años después, la joven de ojos dulces y sonrisa franca entraba a la televisión y desde entonces, le pone el cuerpo a grandes éxitos de la pantalla chica: 099 Central, Padre Coraje, Mujeres asesinas y Mujeres de nadie 2, entre otros tantos. El cine y el teatro también le dieron un lugar, pero su camino profesional transitó, mayormente, por la televisión. El año pasado –luego de unos vaivenes laborales algo extraños–, entró en Valientes y su personaje se ganó un espacio de privilegio en la tira éxito de Pol-ka. Andy no sólo terminó conquistando el corazón rebelde de Enzo (Gonzalo Heredia), sino que también le valió su primera nominación como Actriz de Reparto en Drama para los premios Martín Fierro.

–¿Siempre te llevaste bien con la televisión o tuviste prejuicios?
–Nunca tuve prejuicios con la televisión. Hago y miro tele. Tal vez, no me pueda enganchar diariamente con una tira porque muchas veces los horarios de mi trabajo no me lo permiten. Pero renegar de la televisión me parece hasta poco profesional. ¿Trabajar en algo que no te gusta ver? Es raro, pero cada uno es cada uno, ¿no?

–Cuando ingresaste a la tira Valientes, la tira ya estaba muy instalada en el público. ¿Tuviste miedo de que no “compraran” tu personaje?
–Al comienzo tuve ciertas incertidumbres, pero cuando vi que la historia y mi personaje fluían relajadamente, ese miedito se diluyó por completo. Siempre he tenido la suerte de que el público responda súper bien con mi trabajo; siento que me quieren y eso me da una tranquilidad impresionante. Intento ponerles a mis personajes un plus de algo de mi personalidad y eso genera cierta empatía con la gente.

–¿Qué creés que ven cuando te ven?
–Que en mi trabajo soy consecuente con lo que soy, con lo que digo y con lo que hago en mi vida personal. La gente compra mi parte más genuina e, inevitablemente, eso se traslada a mis personajes. Con el paso de los años, me he vuelto muy responsable con todo lo que genero como actriz porque hay quienes te siguen –sean muchos o pocos–, que te imitan, quieren saber cómo pensás, qué hacés fuera de la pantalla.

–Fuera de la pantalla, como vos decís, llevás adelante muchas acciones solidarias. ¿Cómo empezaste con eso?
–No hubo un hecho concreto, pero comenzó a aparecer en mí una necesidad de hacer algo por los demás. Hace más de diez años arranqué colaborando con Unicef y, en el 2008 puntualmente, hice, junto a la fotógrafa Alejandra López, un calendario con actrices famosas para recaudar fondos para la Fundación Oncológica Encuentro. No busco ser ejemplo de nada, pero si tengo la posibilidad de usar mi popularidad para ayudar, obvio que voy a hacerlo. Es algo que me hace muy bien.

–O sea que el calendario fue como el puntapié inicial para comprometerte cada vez más en causas solidarias.
–Tal cual, así lo viví. Igualmente, siempre digo que no se trata de querer salvar al mundo porque eso puede volverse frustrante. En mi caso, focalizo dónde quiero ayudar o con qué ONG quiero colaborar y ahí pongo mi energía. Ahora estoy metida con la Red Solidaria y con la Asociación Civil Por los chicos, que trabaja con comedores comunitarios. ¡Tenemos mucho para hacer por los niños! ¡Y ellos agradecen tanto!

–¿Cuáles son tus sensaciones más fuertes a la hora de ayudar?
–¡Una satisfacción y una felicidad tremendas que me desbordan! Con el tiempo, me fui curtiendo un poco para no sufrir tanto con cada caso. Obviamente, siempre te siguen afectando las historias que vas conociendo, pero cuando el ser solidario se vuelve algo más habitual, te ponés más fuerte. Te diría que es una especie de “lindo dolor”, aunque suene contradictorio. Sentís dolor por ver a alguien que tiene sus necesidades básicas insatisfechas, pero a la vez, estás haciendo algo para intentar remediar eso.

–¿De qué se trata el programa Rutas solidarias?
–Es un programa que ideé y escribí el año pasado y que va a salir en unos meses por el Canal Encuentro. La idea es poder transmitir lo que yo viví cuando hice el calendario. Contará y mostrará diferentes proyectos solidarios en todo el país.

–¿Cuál es tu objetivo concreto con este programa de televisión?
–Contagiar el entusiasmo de ayudar. La gente, en general, es solidaria, pero necesita ver. Hay quienes quieren colaborar, pero no saben dónde o cómo hacerlo, por eso, me parece bueno mostrar. Con Rutas…, yo te muestro cuál es el panorama de una determinada escuela y te cuento que hay personas que están trabajando con esa escuela. Después queda en cada uno el hacer o no hacer. Si logro que una persona se mueva y tenga ganas de ayudar, ¡mi objetivo estará más que cumplido!

Un tropezón no es caída
–El 2009 comenzó algo contrariado para vos: ibas a ser la contrafigura de Natalia Oreiro en una novela producida por Pol-ka que quedó en la nada. Después te convocaron para otra novela que tampoco se concretó. ¿Cómo viviste esas idas y vueltas?

–Al principio fue un golpazo enorme. Yo tenía mucho entusiasmo y mucha emoción puestos en la novela de Natalia porque sentía que para mí era una gran oportunidad profesional. Se trató de una enorme desilusión, ni más ni menos que eso.

–¿Y cómo revertiste esa situación?
–Me puse a hacer: me junté con amigos actores para idear algunos proyectos, llamé a directores de cine con los que me gustaría trabajar… Yo no puedo quedarme en mi casa esperando que suene el teléfono. Siempre fui igual. Soy un cohete, me siento una gran hacedora y todo el tiempo me ocupo de no dejar morir las ideas, de llevar a cabo todo lo que se me viene a la cabeza. Hay que animarse a la autogestión, y si algo se te viene a la mente, es porque tiene que ser llevado adelante. Algunos tienen la suerte de que todo les venga servido en bandeja, yo no. (Risas).

–Bueno, Eugenia, tampoco te ha ido tan mal...
–No, ya lo sé, pero yo siento que he ayudado mucho a que las cosas me sucedan. Creo mucho en que el Universo puede colaborar con uno, pero que es uno mismo el que tiene que ir armando su propio destino. Lo que sucede es que no siempre es fácil entender que las cosas pasan cuando tienen que pasar. Hay ciertas elecciones que uno toma que no son muy claras en ese momento, pero que luego terminan llevándote al lugar más deseado.

–Siempre hablás de que los verdaderos trabajadores en tu familia son tus padres y tus hermanos. ¿Por qué hacés esa diferencia en relación con vos?
–¡Yo también trabajo! (Risas). Lo que quiero decir es que ellos se levantan todos los días a las 6 de la mañana y trabajan hasta las 8 de la noche como locos. Lo mío también tiene sus sacrificios, pero tiene privilegios y beneficios que otras profesiones no tienen. Yo tengo muy internalizada la cultura del trabajo porque en mi casa siempre se ha trabajado mucho. A mis hermanos y a mí nunca nos faltó nada, pero tampoco nos sobró. Si yo soy un cohete, mi mamá es la NASA.

–¿Te reconocés en ella?
–Mi madre me supera al cien por ciento (Risas). Obvio que hay algo del empuje, la energía y del entusiasmo que mamé de ella.

–¿Es un modelo para seguir, la familia que tus padres lograron conformar?
–Sí, absolutamente. Yo me crié en una familia que a mí también me gustaría armar. Mis hermanos están casados, tienen sus hijos… Hace poco, festejamos el cumple de uno de mis sobrinos, y que mi novio también se enganche con todo este tema de la familia “unita” está buenísimo para mí. Hoy por hoy, la familia está muy desdibujada y no todo el mundo tiene la suerte de tener a sus padres juntos. ¿Te digo algo? No sé si será una casualidad, pero todos los amigos de mi infancia también tienen a sus padres juntos.

–¿Creés en el amor para toda la vida?
–No. Creo en el amor con la construcción diaria, pero también creo que se te puede cruzar alguien en el camino que te haga cambiar el rumbo. Para mí, lo bueno está en pelearla y creer que una pareja puede funcionar. La familia es un pilar importantísimo. Estoy convencida de que ahí está lo realmente importante… El trabajo está buenísimo y que a cada uno le vaya bien en lo que elija como profesión, también; pero al final, lo que queda son los afectos.

–¿Tenés ganas de ser mamá?
–Me encantaría, pero por ahora en plan tranqui. Cuando se tenga que dar, se dará. No me gustaría llegar a los 40 sin ser madre… No porque los 40 me asusten, sino porque creo que se necesita de una gran energía y paciencia para criar un hijo y los años te van quitando algo de eso.

–¿Cómo te llevás con el paso de los años, cómo fue pasar de década y llegar al umbral de los 30?
–Me encantó cumplir 30, me pareció un cambio de década genial. Empecé a sentirme más linda, más segura de mi misma. Los deseos se pusieron en otro lugar. La mirada de uno toma más fuerza y lo que opinan los demás comienza a desdibujarse. ¡Y eso está muy bien!