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“En busca de la belleza real ”

 

Ellos no se quedan afuera
Si bien, hasta hace algunos años, los hombres no eran presas muy cotizadas para las marcas de cosmética, el auge de la belleza como valor fundamental no pudo más que atraerlos. “Los tiempos actuales nos sorprenden con avisos de cosmética y tratamientos de belleza para los hombres. Aparecen todo tipo de ofrecimientos acerca de la transformación del cuerpo mediante la actividad física o la cirugía. La imagen
del hombre actual parece haber desterrado aquel viejo atavismo que reza que ‘el hombre es como el oso…’. La preocupación por la apariencia es otra variable del emparejamiento de los dos sexos”, asegura la psicóloga Gloria Husmann.
La relacionista pública de L’Oréal, Eleonora Kaplan, asegura que desde la firma notan que el hombre está incorporando hábitos de cuidado personal que van más allá de los gestos de higiene y limpieza. “Se está dejando de ver este aspecto del cuidado de la piel como únicamente femenino. Hay una tendencia muy importante a la utilización de cremas hidratantes y antiage, que en Europa ya lleva cinco años de crecimiento sostenido, no sólo en las marcas más sofisticadas, sino también en las masivas”.

La ciencia de la belleza
La belleza, más allá de todo debate cultural, tiene una explicación certera que parte de la antigua Grecia, en donde se establecieron las medidas perfectas del rostro, fundamentadas en la simetría. Aunque esa palabra suene a proporciones, en realidad estaba basada en la similitud entre el lado izquierdo y el derecho del rostro.
Parece ser que la simetría es un patrón de comportamiento también demostrado por la naturaleza, ya que distintos animales que buscan pareja, las eligen con rasgos simétricos. Aparentemente, eso determinaría un sistema inmunológico más resistente: los rasgos simétricos evidencian genes más robustos, mejorando la posibilidad de supervivencia de la especie. Esta teoría evolutiva es apoyada por una investigación que demuestra que las normas que definen lo que es atractivo se asemejan de una cultura a otra: un estudio llevado a cabo por la Universidad de Louisville comprobó que personas de razas distintas comparten las mismas preferencias al momento de definir los rostros más atractivos, siempre basados en una fundamental simetría de rasgos faciales.

Mientras las pasarelas del mundo exhiben cuerpos inalcanzables, las revistas retocan a sus modelos con técnicas digitales y las estrellas abusan de las cirugías estéticas, el público ruega una pausa. Algunos medios y el universo de la cosmética se alinean en la cruzada. ¿Llega un nuevo paradigma de belleza?

Al fin alguien que se parece a mí”, pudo leerse hace algunos meses en el blog de la revista Glamour USA. La lectora hacía referencia a una modelo de 20 años que apareció, sin previo paso por el photoshop, en la edición de septiembre de la revista americana. Lizzie Miller, la aventurada joven que se le animó a tan osado desafío en plena era de la perfección, mide casi un metro ochenta y roza los ochenta kilos; unas dimensiones que, por estas épocas, se consideran más que lejanas al estereotipo de belleza. Sin embargo, la respuesta del público nada tuvo que ver con la crítica, sino todo lo contrario: primero en los Estados Unidos y luego, alrededor del mundo, los mensajes con elogios a la californiana se fueron multiplicando hasta el día de hoy.
Lo mismo sucedió con la edición de abril de la revista Elle francesa, en la que una modelo de curvas prominentes protagonizó la primera plana. Se trataba de Tara Lynn, una belleza de talle 48, cuya imagen obtuvo el visto bueno alrededor de todo el globo. Ambos medios, así como sus lectores, parecen haber tirado la primera lanza de una lucha contra los descarnados estándares actuales de belleza.
Tal como explica la antropóloga Paula Sibilia en uno de sus más recientes artículos: en tiempos ancestrales, cuando la escasez y la sequía eran la norma, la acumulación de grasa en el abdomen se apreciaba como un indicio de abundancia y fertilidad. No sucede lo mismo, claro está, con los vientres de las modelos actuales. La pregunta que surge, inevitablemente, es “¿cómo llegamos hasta aquí?”
“En principio porque existe una idea muy arraigada, promovida e internalizada por los medios, que relaciona a la estética con el éxito. Muchas personas creen que la belleza, y especialmente la delgadez, las ayudará a conseguir mejores trabajos, más amigos o mayores logros”, introduce la licenciada en sociología Graciela Chiale.
Hay más detalles que ponen en evidencia que la búsqueda incesante del rostro y el cuerpo deseados tiene un porqué en la psiquis humana. Así lo explica la licenciada en psicología Gloria Husmann: “En las personas, cuando contemplan algo bello, se origina un sentimiento de satisfacción que se asimila al de bienestar. Es, entonces, cuando se relaciona a la belleza con otros sentimientos. Los chicos la asocian frecuentemente con la bondad, prefieren una maestra linda porque ‘es más buena’. Hoy es casi una asociación directa hablar de belleza y de éxito, y los modelos de personas exitosas que muestran los medios revelan esta asociación”.
Paula Sibilia, en su artículo, se pregunta cómo una sociedad que enfrentó tantos obstáculos para obtener libertades individuales, se permite volver a encorsetarse bajo imágenes prediseñadas. La respuesta al planteo, para Chiale, radica en que la gente vive ambas realidades como compatibles: “Si hiciéramos esta pregunta en el marco de una encuesta, creo que la mayoría de las personas respondería que, en definitiva, tiene la libertad de consumir o no, de acuerdo con su deseo. Por supuesto, en casi la totalidad de los casos, lo hacen sin darse cuenta de que están condicionados a consumir de acuerdo con los modelos socialmente impuestos”.

Basta de excesos
Los principales disparadores para la búsqueda de una estética más genuina parecen ser los rostros uniformados (o deformados, en los peores casos) de quienes se someten, en exceso, al bisturí real o al digital (claro, hablamos del photoshop).
Una encuesta a nivel nacional realizada en Canadá demostró que el 71% de los entrevistados consideran que el uso de la tecnología de retoque digital es inaceptable. Y en los Estados Unidos, el relevamiento que cada año lleva a cabo la revista People con respecto a quiénes son las personas más atractivas del mundo, sentó precedentes en la misma dirección: el premio mayor se lo llevó la bellísima Julia Roberts, que si bien nadie puede afirmar que nunca haya sido objeto de algún retoque, tampoco puede negarse que es dueña de una de las bellezas más naturales: un peso saludable, un rostro digno de su edad y ningún
dejo de exabrupto quirúrgico.
El psicólogo social Elliot Aronson de la Universidad de Stanford explicó, una vez, que la persona que recibe un feedback positivo de su entorno, refuerza su autoestima. “Esto es un motivo muy poderoso, que lleva a la gente a hacer cualquier cosa en nombre de la estética. Desde los implantes y las cirugías hasta los ‘botox parties’, la liposucción en la hora del almuerzo o hasta poner en riesgo la vida”, comenta Eugenia Abad, skincare grouper de Johnson y Johnson.
La doctora Daisy Carini, dermatóloga, aduce otra causa para los excesos quirúrgicos: “Casi todas las mujeres se presentan en el consultorio con ‘algo que quieren cambiar’, no importa si es real o no. Esto es porque hay mucha insatisfacción interna, y es más fácil cambiar algo de nuestro cuerpo. Y el agravante es que varias mujeres no pueden verse a sí mismas en un conjunto. Sólo ven las partes que no les gustan por separado. El resultado es un rostro de dimensiones adecuadas, pero sin naturalidad ni rasgos originales”.
Para la licenciada Chiale, el quid de la cuestión es “diferenciar lo que se es, de lo que se cree que se es. La percepción de uno mismo muchas veces no coincide con la realidad. Luchar contra el paso del tiempo es –desde el inicio– una batalla perdida. Sin embargo, el deseo de lograr la estética impuesta casi siempre termina ganando”.
En el constante intercambio de los especialistas, comienza a hacerse presente otra realidad: la utilización en demasía de técnicas invasivas, la mayor parte de las veces responde a patologías que no suelen diagnosticarse como tales.
“La obsesión por la imagen perfecta lleva a una persona a la búsqueda de transformaciones en su físico. Además de los conocidos trastornos de la alimentación, existen otras patologías relacionadas con el modelo de belleza ideal. Un ejemplo es el trastorno dismórfico, conocido también como ‘trastorno de la fealdad imaginaria’, que hace que las personas afectadas se sometan a múltiples cirugías”, asevera Husmann.
Sin embargo, como consecuencia de la luz de esperanza que supone el regreso a la naturalidad, la cosmética no sólo se amplió y se perfeccionó, sino que también se encuentra de cara a consumidores más informados y más reacios al bisturí. “En mi práctica diaria, observo que las mujeres, lentamente, han elegido las técnicas no invasivas para mejorar su aspecto. Las cirugías sólo las consideran cuando los demás métodos ya no son eficaces”, desliza la doctora Carini. Por otro lado, desde las marcas líderes aseguran que cada vez es más común ver mujeres frente a góndolas leyendo cuáles son los activos de un producto, para posponer, o incluso desechar, las técnicas invasivas.

El vuelco de la cosmética
¿Será que cuando promedie el siglo XXI realmente habrá cambiado el paradigma de belleza? Eso, al menos, es algo de lo que parecen proponerse las marcas líderes en el cuidado de la piel, que decidieron virar sus campañas hacia una nueva estética.
“Nuestro cambio comenzó en noviembre de 2004, cuando un estudio que realizamos nos dio como resultado que sólo el 2% de las mujeres del mundo se sentían bellas –introduce Jorgelina Racciatti, directora de Marketing de Dove–. Esto nos hizo descubrir que estábamos frente al compromiso de generar un debate global acerca de los estereotipos actuales de belleza. Así que comenzamos una campaña titulada `Por la belleza real’, para brindar mensajes auténticos sobre la belleza femenina”.
Eleonora Kaplan, encargada de las relaciones públicas y la prensa de L’Oréal, comenta que la filosofía de su marca también va por ese sendero: “Hoy debemos pensar en una belleza más genuina, en un concepto más cercano a la salud y al equilibrio que a lo meramente ‘lindo’. Poder desarrollar productos efectivos posibilita que las marcas ayuden a las mujeres a optimizar su imagen natural”.
Desde Natura, Sabina Zaffora, Gerente de Asuntos Corporativos, explica que los productos de la marca “apuntan a proporcionar un mejor vínculo del individuo consigo mismo, combatiendo los estereotipos y valorando la identidad de cada uno. Creemos que hay un cambio de modelo de belleza; hoy las personas buscan el bienestar”.
“Muchas marcas se están volcando hacia lo que llaman la belleza real –agrega Abad–, recurriendo a modelos conocidas por su postura pública respecto de los retoques reales y virtuales, o que pertenezcan al mismo grupo etáreo de sus consumidoras. Nuestras marcas de cuidado de la piel, por ejemplo, usan modelos acordes con la edad de las consumidoras, con un look natural y una belleza que refleja armonía y respeto por sí mismas”.
“Hace un siglo, la expectativa de vida de la mujer era de 46 años, hoy llega casi a los 80. Las mujeres desean que esa vitalidad se vea reflejada en su imagen exterior. Pero también valoran lo que han vivido, y no quieren mostrarse artificialmente jóvenes. Jane Fonda, una de nuestras grandes embajadoras, tiene más de 70 años y nadie duda de su belleza o de que puede ser un modelo para muchas mujeres.”, asegura Kaplan.
Si bien algunos especialistas aún son escépticos sobre este cambio de rumbo, los primeros pasos, al menos, parecen estar dados. Sólo hay que intentar ver las cosas de un modo diferente: “Debemos recuperar la noción de que somos bellas tal como hemos nacido y de que el concepto de ser mujeres nos debería engrandecer por sí mismo”, propone Carini, y concluye: “Si bien las preocupaciones económicas y sociales desplazaron el concepto de belleza hacia la superficie del cuerpo, no debemos olvidar que lo que nos identifica es lo que llevamos dentro, nuestra persona. En definitiva, ser linda, hoy, es ser una mujer íntegra”.