La emoción y la alegría que provocan haber recuperado el Teatro Colón son, quizá, de las más profundas impresiones que afloran en este año del bicentenario de la Patria. Una gran sonrisa se dibuja entre nosotros, mientras las luces comienzan a brillar.
La gran prueba de fuego ya pasó y la acústica continúa en perfectas condiciones. Fue el 6 de mayo, tras la función en homenaje al cuerpo de técnicos y restauradores que trabajaron arduamente en cada metro cuadrado del gran coliseo. Fue el principio de esta fiesta que se coronorá mañana con la gala de reapertura y festejo del Bicentenario.
Puro arte
Las obras de restauración del Teatro Colón plantearon, sin dudas, un gran reto y situaciones fuera de serie, dado el alcance cultural y su carácter arquitectónico. Dentro del edificio fue preciso intervenir de manera delicada. Los trabajos se llevaron a cabo con criterios de restauración aplicados internacionalmente –como en el Restauro de Roma o el ICROA de Madrid– a fin de conservar, al máximo, los estamentos originales y reconstruir lo necesario sin dañar.
Fueron tres los factores que resultaron decisivos, a la hora de comenzar a trabajar en su rehabilitación. Las premisas: la calidad del edificio y su valor histórico, artístico y patrimonial; la importancia de las nuevas necesidades y posibilidades tecnológicas; y, no menos determinante, el estado de conservación general.
Como una historia clínica exhaustiva, fueron necesarios meses y meses hasta llegar a un diagnóstico preciso con sus respectivos tratamientos, más allá de los acuerdos entre los diferentes especialistas. Un ejército de arquitectos, técnicos, restauradores y artesanos, expertos en sonido, ingenieros, electricistas y demás equipos llevaron paso a paso las diversas etapas. La coordinadora de las obras fue la arquitecta Sonia Terreno, que integra un nutrido equipo de versados profesionales.
Labor titánica
“El tendido de caños o cables, dentro de un espacio donde no se podía tocar casi nada, ha sido todo un reto para la creatividad”, puntualizó la arquitecta Sonia Terreno, coordinadora y asesora técnica de la unidad Proyecto Especial Teatro Colón. “Cada uno de estos pasos ha requerido de la concertación permanente de un equipo interdisciplinario. Cada tema debió ser mirado desde el punto de vista de la acústica, conservación, protección contra incendios, consolidación de estructuras, entre otras cuestiones”, señala con una sonrisa, tras los largos meses de tarea sin pausas. En esta amplia obra, se adecuaron todos los sistemas de infraestructura, como la instalación eléctrica, la interfonía, los llamadores a escena, la luminotecnia, los equipos de grabación y video, así como los sistemas contra incendio, incluyendo detección, extinción y audioevacuación. A su vez, se modernizaron todos los medios de salida; se refaccionaron los sanitarios del público y se agregaron servicios para personas con movilidad reducida; independientemente de la renovación del sistema de aire acondicionado.
Paso a paso
El gran eje funcional complejo y de gran calidad ambiental se encuentra aledaño al Foyer del Teatro. Entrando a la sala, se puede apreciar la obra arquitectónica de características únicas, con un espacio teatral extraordinario. Desde cualquier punto, es posible percibir gestos, sonidos y hasta las miradas del público como las de los protagonistas. Un mágico espacio donde los sentidos se potencian y quedan envueltos en una atmósfera sublime. La iluminación es otro factor que contribuye con los efectos visuales, además de potenciar los contrastes de terciopelos, colores y texturas de la cúpula, mobiliario, telón y elementos del escenario.
La restauración llevada a cabo desde la gran estructura de andamios permitió elaborar, con precisión, cada uno de los segmentos tratados, cuestiones delicadas, abordadas con minuciosas técnicas por los expertos a cargo, y facilitó que los directores de obra pudieran trasladarse para supervisar y evaluar la calidad de los trabajos que se realizaban.
En la sala, por ejemplo, después de sacar capas y capas de pintura de malas intervenciones y telas tapadas, reaparecieron los colores originales: sanguina, salmones, turquesas, celestes, amarillos rosáceos, verdes. Una paleta más floral, coincidente con el art nouveau que en la época se usaba en materia de decoración.
Cuestiones de tacto
Según expresaron los expertos de cada área, la restauración y el retapizado de las butacas de todos los niveles se realizaron manteniendo los tapizados de crin vegetal y crin animal con la técnica del fasonado. En cuanto a los cortinados de acceso en todos los niveles, los entelados y cortinados de los palcos, el tapizado de los pasamanos, las alfombras y el telón de boca fueron cuidados con extrema delicadeza para alcanzar su restitución máxima. El conjunto juega un papel radical tanto en la estética como en la acústica de la sala. Y siguiendo las pautas de protección contra incendios, se fabricaron los géneros ignífugos que, ahora, reproducen los originales. Los terciopelos de lana fueron adaptados para las butacas y banquetas de los diferentes niveles. Y los elementos textiles para los palcos, pasamanerías, entelados, bordados y demás fueron elegidos con extrema atención y cuidado, tras pruebas analizadas en Europa por más especialistas.
Por su parte, las luminarias quedaron coronadas por la pieza principal, la araña de seis metros de diámetro, que pesa más de 4000 kilos y que quedó reubicada en el centro, rodeada por la pintura de Soldi en la cúpula que domina la sala.
Cambios sustanciales
La colosal magnitud del trabajo emprendido enfrentó como reto una superficie de 58.000 m2. En una recorrida por sus espacios, es posible apreciar elementos recompuestos que saltan a la vista: cubiertas de los techos planos y los de zinc, tras su limpieza y restauración, o los vitrales y claraboyas.
A nivel del piso escénico, la reforma escenotécnica facilita las operaciones de traslado y montaje mediante nuevas plataformas montacargas, con tapas mecanizadas, que descienden hasta los talleres de producción.
La acústica es palabra santa. Con la intervención de equipos de especialistas de gran prestigio, como el ingeniero Rafael Sánchez Quintana y el ingeniero en acústica Gustavo Basso, que además es un notorio violinista, se logró la máxima prioridad de cuidado. El resultado es un éxito y merece un fuerte aplauso.
En el escenario, se cambió el piso de madera pero se mantuvo el disco giratorio, aunque se modernizaron su mecanismo y su pendiente, que cuentan con un rasgo original, estrictamente conservado. Y el foso de orquesta también tiene nuevo piso de madera, de características similares al original, y su mecanismo de elevación permite hacerlo llegar hasta el nivel del escenario.
Esta obra dota al teatro de un nuevo montacargas con salida a la Plaza del Vaticano, que permite ordenar el movimiento de materiales y escenografías desde los talleres del tercer subsuelo y hacia él nuevamente.
La renovación del sistema de control luminotécnico y la reubicación de la cabina de operaciones completan las mejoras destinadas a la operatividad del escenario.
Para restaurar las fachadas del Salón Dorado y del Foyer, los especialistas tuvieron que realizar arduos trabajos de investigación y diagnóstico para llegar a concretar las pruebas piloto que marcaron el camino seguro de acción.
Cada paso se documentó y se guarda en formato digital, como se hizo con las pruebas, cateos y ensayos de materiales en laboratorios. Estos documentos serán un elemento fundamental para la conservación en las próximas décadas, y también para centros de estudio, para teatros líricos del mundo y para el ámbito académico en general.
Los invitados que mañana participen de la reapertura del célebre teatro no podrán disfrutar del nuevo telón, que será estrenado recién hacia fin de la temporada. Es que el reconocido artista plástico Guillermo Kuitca y la escenógrafa y vestuarista Julieta Ascar, tras resultar ganadores del concurso abierto para la elaboración del nuevo telón, aún trabajan en su desarrollo. Mientras tanto, se utiliza el antiguo telón de terciopelo, debajo del arlequino (fragmento de madera pintada que se encuentra en la parte superior), ya restaurado.
Ahora sí, que suban el telón. |