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salud

“Donación de órganos
Vida después de la vida”

 
 

¿Ser o no ser?
Para manifestar la voluntad de ser donante, es necesario firmar un acta de expresión en el INCUCAI, en los organismos jurisdiccionales de ablación e implante o en la sección Documentación de la Policía Federal. O asentarlo en el Documento Nacional de Identidad, en las oficinas del Registro Civil. Si cambia de opinión y quiere dejar expresa su oposición, debe recurrir a estos canales o enviar un telegrama gratuito desde las dependencias del Correo Argentino.

 
Datos
Según estadísticas del INCUCAI, durante el 2009 y, por segundo año consecutivo, se alcanzaron los 500 donantes reales, lo que permitió que se realizaran 1192 trasplantes de órganos, la segunda cifra más alta en la historia del país.
De esta forma, la Argentina alcanza una tasa de 13 donantes por millón de habitantes (PMH). La edad promedio de los donantes fue de 41 años, y mientras que el 53% de las muertes fue producto de accidentes cerebrovasculares, el 78% de los donantes provino de operativos de procuración llevados a cabo en establecimientos hospitalarios de dependencia pública.
 

Un día como hoy, pero hace 13 años, la primera argentina trasplantada de hígado dio a luz a Dante, su primogénito. La sociedad entera sonrió y celebró el ciclo de la vida. En homenaje a ellos y a toda la comunidad trasplantada y donante de órganos, se conmemora hoy, y desde 1998, el Día Nacional de la Donación de Órganos.

Hace ya bastante tiempo, María Inés Mc Carthy perdió a su pequeño hijo, Martín, de 7 años. “Tuvo un accidente en el campo con un caballo. En un primer momento pensé que estaba desmayado, pero cuando llegamos al hospital, le hicieron el electro y dio plano. Estaba descerebrado. Es muy difícil atravesar esa situación, el dolor te abruma, pero teníamos en claro que por él ya nada se podía hacer. Fue ahí cuando mi marido me propuso donar los órganos de nuestro hijo. Es un momento duro, no lo voy a negar… pero, así y todo, estoy agradecida y orgullosa de haberlo hecho y de haberle dicho sí a la donación. Estoy en paz, siento que cumplí con el deber de haber ayudado a quien más lo necesitaba. Al donar, no importa la religión, el sexo o el nivel socioeconómico de la persona, lo importante sólo es ayudar al que lo necesita”.
Los trasplantes se consolidaron hacia fines de 1970 gracias al descubrimiento de nuevas drogas inmunosupresoras. En nuestro país, tuvo lugar en la década de los noventa, al promoverse, desde el Estado, políticas sanitarias que impulsaron nuevas instancias de coordinación. Se crearon organismos jurisdiccionales de procuración en las provincias, se optimizó la cobertura territorial y se consolidó el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), dependiente del Ministerio de Salud de la Nación. En el 2005, y con vistas a aumentar el número de donantes, se aprobó la Ley 26.066, que establece que toda persona mayor de 18 años es considerada donante, excepto que manifieste su voluntad contraria. Al entrar en vigencia un año después, y gracias a las nuevas donaciones, pudieron salvarse muchas vidas más en suelo nacional.
En la actualidad, la conciencia sobre el valor de donar órganos creció, y más de dos millones de personas manifestaron la voluntad de donar sus órganos y tejidos, y otras cuarenta mil se inscribieron como donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (médula ósea) en el INCUCAI. “A nivel regional, estamos entre los países con mayor actividad de donación y trasplante –cuenta Carlos Soratti, actual presidente del INCUCAI–. Para ser más preciso, Uruguay tiene los índices más altos de trasplantes renales por millón de habitantes en la región, por encima de 30, y en segundo lugar está la Argentina, con 25 trasplantes renales por millón de habitantes. Pero en trasplantes no renales (hepáticos, intratoráxicos, renopancreáticos, intestinales) y con relación a la cantidad de habitantes, la Argentina es la más desarrollada y se ubica en primer lugar”.
Recibir un órgano implica someterse a estudios de compatibilidad, estar sano al momento de recibir el órgano (no tener fiebre, resfríos, caries, etc.), atravesar una intervención quirúrgica que suele durar entre dos y diez horas, lidiar con el rechazo y tomar medicamentos de por vida. Pasada esta prueba, los trasplantados logran llevar una vida normal, con las mismas satisfacciones y altibajos que cualquier ser humano, pero seguramente, con una mirada distinta para encarar la vida. “Los trasplantados llevamos una vida muy normal. Pese a que fue un golpe físico muy duro, psicológicamente siempre voy para adelante. Esa es la clave”, afirma Alberto Caraoghlanian, quien recibió un trasplante de hígado en el 2001 y, años después, entabló un vínculo muy fuerte con el deporte, como medio para recuperar la salud y la confianza en sí mismo. Participó de los Juegos Mundiales para Deportistas Trasplantados y fue distinguido, al mérito deportivo, con un premio Olimpia (galardón que se le otorga a los referentes del deporte local), pese a su enfermedad. “El deporte es una terapia que me hizo más fuerte y me obligó a tirar para adelante”, confiesa Alberto.

Un tema complejo pero satisfactorio
A nivel mundial, España lleva la delantera en materia de donaciones. Tienen 34 donantes por millón de habitantes, mientras que en nuestro país hay sólo 13. Ante tamaña diferencia con respecto a la realidad local, el cuestionamiento llega solo: ¿los argentinos tienen temor o voluntad a la hora de decidir donar? “El tema de la donación de órganos es complejo porque está atravesado por la muerte de una persona –apunta Soratti–. Aunque suene duro, es la verdad y nadie quiere escuchar hablar de muerte. Por eso, la modificación de la Ley en el 2005, conocida como la ley del donante presunto, busca que la donación sea definida en vida por cada persona. Cada uno se puede manifestar a favor o en contra de la donación de órganos, pero si la persona no expresa oposición en vida, la ley interpreta que la actitud es favorable a la donación”.
–¿Por qué se tomó esta decisión?
–Para no sobrecargar a la familia, que acaba de perder un ser querido, con la responsabilidad y el peso de decidir si utilizar o no los órganos del fallecido. Se apunta a que cada uno tome la decisión en vida y la haga saber. El rol de los médicos será indagar, en el núcleo familiar, si conocían la voluntad de esa persona para poder actuar en consecuencia.
Lo que comenta el presidente del INCUCAI hace referencia a la figura del coordinador hospitalario, rol que produjo en nuestro país un incremento en el número de donantes, según afirma el médico terapista y coordinador, Matías Anchorena. “Debemos abordar a la familia del paciente, explicarles que el ser querido falleció, preguntarles si conocían la voluntad de la persona con respecto a la donación e informarles el derecho que tenía esa persona, y que todos tendremos una vez que fallecemos, de ser donantes”, cuenta Anchorena.

Compartir la vida, no regalarla
La donación de órganos (riñones, hígado, corazón, pulmones, páncreas e intestino) sólo puede concretarse si la persona muere en la unidad de terapia intensiva de un hospital. Y las estadísticas arrojan que la donación sólo es posible en 5 de cada 1000 defunciones. Para quienes fallecen fuera de las unidades de terapia intensiva, la donación posible se reduce a la de tejidos (córneas, huesos, articulaciones y piel). Un operativo de donación de órganos es una carrera contrarreloj en la que participan hasta 150 profesionales que asumen el compromiso de concretar la voluntad del donante y la esperanza de los pacientes en lista de espera.
Cuantificando los avances científicos en esta materia, hoy en día, con un sólo donante se pueden salvar ocho vidas (dos trasplantes de riñón; dos de pulmón; dos de hígado –se lo divide–; uno de páncreas o intestino delgado y uno de corazón), sin contar otros vinculados con la calidad de vida, como los trasplantes de córneas o piel.
A pesar de que el número de donantes aumenta cada año, el Dr. Félix Cantarovich, especialista argentino que se desempeña en el Servicio de Trasplante en adultos del Hospital Necker de París, destacó que “miles de pacientes de todo el mundo mueren en lista de espera a causa de la falta de órganos, porque no se le supo explicar a la comunidad que ser donantes es compartir la vida, no regalarla”. Cantarovich, que fue el primer Director del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), explicó que el concepto que debería primar es que el donante, ante todo, es un potencial receptor en vida, pero las comunidades aún no lograron asimilar este concepto.
Por su parte, Carlos Soratti propone “fomentar entre la gente una actitud vinculada con la solidaridad, el desprendimiento, el altruismo y la predisposición para que sus órganos sean utilizados después de su muerte. La mejor manera de resolver problemas de salud de muchos es mediante una construcción colectiva. En esto, no hay salvación individual”.
A pesar de la difusión que tiene el tema en los medios, mucha gente ni piensa en la donación a menos que un hecho fortuito los toque de cerca.
Al respecto, el especialista comenta que “hay que trabajar para que la población sin cobertura formal pueda tener acceso a los servicios de trasplantes. Y por otro lado, y para aumentar el número de órganos destinados al trasplante, incorporar coordinadores hospitalarios en las terapias intensivas de los hospitales con alta complejidad. Eso supone desarrollar la concepción del hospital donante”. De lograrlo, la Argentina continuará avanzando en el número de trasplantes por año. Desde el INCUCAI prevén llegar a 20 donantes por millón de habitantes en algunos años más, y así, en lugar de 1200 trasplantes por año, los que agradezcan a la vida serán, aproximadamente, 2000 personas.
Hoy, domingo 30 de mayo de 2010, es un día para recordar a las personas que se convirtieron en donantes a través de un acto desinteresado de amor, solidaridad y altruismo y, a todos aquellos que, gracias al trasplante, no sólo mejoraron su calidad de vida sino que también continuaron con el ciclo vital.

 
Por Anita Pando.
Foto: Rex Features/Dachary