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arquitectura

“El arquitecto verde”

 

Quién es Emilio Ambasz
Nació en 1943, estudió arquitectura en la Universidad de Princenton, en los Estados Unidos y fundó
el Instituto de Arquitectura y Estudios Urbanos de Nueva York. Fue director de diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), adonde organizó una innovadora exposición que fue muy famosa: Italy: The New Domestic Landscape. Recibió el Compasso de Oro por su diseño de la silla “Vértebra”. Y su sistema de iluminación por módulos, Soffio, ganó el Design Excellence Award de IDSA. Obtuvo el 1.er premio en el concurso del Plan Maestro de la Exposición Universal de Sevilla de 1982 y una retrospectiva de su obra fue realizada en el MOMA en 1989. Entre sus obras más memorables se encuentran: la Casa de Retiro Espiritual en Sevilla (1975-2004), el Invernadero Lucille Halsell del Jardín Botánico de San Antonio, Texas (1988), la Alcaldía de Fukuoka, Japón (2002), el Hospital dell’Angelo y el Banco de Ojos en Venecia-Mestre, Italia (2009). En el otoño del 2011, una retrospectiva de su obra se verá en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid. Tiene un estudio de arquitectos y sus obras han merecido infinidad de premios.

Batimat, EXPOVIVIENDA, es del 1 al 5 de junio y tendrá múltiples actividades, entre ellas, la octava edición de “Arquitectos Argentinos en el Mundo”, con obras inéditas de César Pelli, Emilio Ambasz, Eduardo Elkouss, PfZ Arquitectos, Juan Lucas Young y un homenaje a Eduardo Catalano. Predio Ferial de Palermo, CABA.

En el marco de la muestra Batimat, y dentro de la exhibición “Arquitectos argentinos en el mundo”, podremos apreciar la obra del multipremiado Emilio Ambasz. Su lema, que el verde cubra el gris, se admira en sus creaciones. En esta nota, sólo algunas de sus obras más memorables y aplaudidas.

Emilio Ambasz es un arquitecto de los grandes, reconocido en el mundo entero por sus obras y sus premios. Su talento hace honor a los argentinos. Fue curador de diseño en el MOMA de Nueva York y premio Konex Platino en la Argentina. Ganó el 1.er premio en el concurso del Plan Maestro de la Exposición Universal de Sevilla de 1982; una retrospectiva de su obra se expuso en el MOMA, y otra se verá en el otoño en Madrid (ver recuadro).
Nació en el Chaco, Argentina, pero cuando cumplió siete años se mudó con su familia a vivir al primer piso de un departamento en Buenos Aires. “Mi cuarto daba a un inmenso árbol, era tan grande que me parecía vivir en él, y hasta el día de hoy, su maravilloso recuerdo me acompaña”. Con seguridad, esa estampa se grabó con fuerza en su mente y lo llevó a reinterpretar la relación entre la arquitectura y el paisaje. Con el lema "que el verde cubra el gris" presentó, en todo el mundo, proyectos arquitectónicos "recubiertos" por la naturaleza. En la Argentina, podremos admirar su creatividad en la ampliación del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), que se reabrirá, parcialmente, a fin de año. Allí, los balcones tendrán árboles en la fachada de la avenida San Juan y enredaderas en la opuesta, hacia la autopista 25 de mayo. En sus obras en el Japón, Italia y los Estados Unidos, entre otros países, también se destaca la importancia del verde.

–¿Es un tema que lo desvela?
–Indudablemente, dediqué los últimos treinta años a hacer propuestas y a construir edificios que le devolvieran a la comunidad la mayor cantidad posible de verde. Creo que mi tarea como arquitecto es la de reconciliar nuestra naturaleza artificial con aquella que nos fue dada. El Movimiento Moderno propuso la casa rodeada por el jardín, donde cada elemento está separado del otro. Cuando construyo, trato de que la casa y el jardín estén integrados. Mi fórmula arquitectónica de poner el "verde por encima del gris" o "lo blando por encima de lo duro" es una manera de crear una arquitectura que esté incorporada al verde, a la naturaleza.

–De todas las obras que realizó, ¿cuál es su favorita, su niño mimado?
–Una de las más queridas e importantes es La Casa de Retiro Espiritual en Sevilla. Con ella, quise reexaminar la arquitectura. Lo único que se ve es la fachada, que es como una máscara y, contra todos los pronósticos, sigue erguida, orgullosa y soberbia gracias a su belleza. La casa se potencia gracias al paisaje que la rodea: un valle desde el que se contemplan las montañas de Sierra Morena, repleto de olivos, robles y flores silvestres.

–¿Y el de Fukuoka en Japón?
–También me encanta, porque evidencia que uno puede tener el verde sobre el gris, uno sobre el otro. Para mí, este edificio demuestra que se puede lograr el 100% de espacio para oficinas o viviendas y el 100% del verde que desean los propietarios y vecinos.

–¿Dónde vive, cómo es su casa?
–Divido mis días entre Bolonia y Nueva York. Necesito los dos lugares, mis pies pisando los verdes y mi cabeza en las nubes que se mueven constantemente en el cielo neoyorkino. Pero podría vivir en cualquier lugar. Internet y la tecnología me han hecho libre, aunque no del todo, siempre mantengo reuniones con mis colaboradores.

–¿Cuál es la clave de su creación?
–Creo que todo proyecto arquitectónico debe proponer algo nuevo, algo para mejorar la existencia. Por un lado, yo estoy jugando con los elementos pragmáticos que hay en la actualidad, como la tecnología. Por otro lado, estoy proponiendo un nuevo modo de existencia alternativa. Mi trabajo es una búsqueda para dar forma arquitectónica a las cosas primarias: nacer, amar y, también, morir. Tienen que ver con la existencia en un nivel emocional, pasional y esencial. Quizás, uso elementos muy austeros para expresar esta clave, pero creo que al hacerlo de esta manera, será mucho más perdurable. El diseñador y el creador deben reconciliar el pasado y el futuro en su trabajo y dar forma poética a lo práctico.