Fue capaz de hacer las cosas más disparatadas para conquistar el corazón de Facundo Arana en Sos mi vida. También supo lo que era ser un hombre encerrado en un cuerpo de mujer en Lalola y se puso en la piel de una famosísima periodista envuelta en un matrimonio sólo por conveniencia en Los exitosos Pells. Carla Peterson podría haber seguido haciendo de las suyas en la televisión, pero eligió parar. Hizo teatro junto a su gran amiga Griselda Siciliani y le dijo que sí al cine. Acaba de estrenar El mural, el filme dirigido por Héctor Olivera, en el que interpreta a la escritora uruguaya Blanca Luz Brum, famosa por sus poemas, su álgida vida política y su relación con el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.
–¿Te reconociste en algunos aspectos de su vida? ¿Su independencia, su empuje, su fortaleza?
–Más que buscar cierta identificación con ella, traté de comprenderla sin juzgarla. Blanca era una mujer muy inteligente, culta, con una libertad inmensa. A los 30 años ya había vivido en un montón de lugares y tenía ideales claros, equivocados o no, pero fuertes. Hoy es mucho más fácil ir contra la corriente porque tenés un velero confortable que te lleva, ¿no? Creo que ahora, nuestros ideales tendrían que ser los de volver a los orígenes, recuperar la confianza en uno mismo y en los demás, dejar de lado las individualidades.
–¿Vos te tenías confianza cuando decidiste ser actriz?
–Sí, pero sin saber realmente qué era ser actriz porque empecé desde muy chica y era como un juego. Yo sentía seguridad sobre algo que me gustaba, que me atraía mucho, pero con el tiempo, vas encontrando el camino y la confianza para poder transitarlo.
–¿En ningún momento te ganó la ansiedad por llegar?
–No en la profesión concretamente. Me pasaba que cada vez que empezaba a estudiar algo, sentía que ya lo tenía que saber. Desde una clase de canto o baile hasta una de actuación. Uno puede estar toda la vida perfeccionándose, pero está bueno diferenciar las instancias de aprendizaje con las de pulirse porque, sino, esa sensación de estar aprendiendo todo el tiempo se vuelve agotadora.
–¿Hay una instancia en la que uno se recibe de actor?
–Yo puedo decirte que sentí ese clic. Cuando empecé a tomar clases de teatro, mi maestro, Miguel Guerberof, me dijo: “En 10 años vas a ser actriz”. Yo, interiormente, pensaba: “Yo ya soy actriz”. Mientras estaba con las clases, iba haciendo obras de teatro y con el paso del tiempo iba chequeando cómo llegaba a la instancia del estreno. Me acuerdo que cuando estábamos por estrenar El castillo, de Franz Kafka, me sentía tranquila, con el texto incorporado como nunca antes y con una serenidad diferente. Volví a mi casa después de un ensayo, hice la cuenta y habían pasando 10 años. Te juro que me largué a llorar.
–¿Cuál fue esa sensación?
–Sentí que había encontrado mis herramientas para enfrentarme a cualquier director o a un personaje determinado, y podía saber por dónde ir y cómo resolverlo.
–Señorita Peterson, complete la frase: Soy actriz porque…
–Porque me gusta descubrir y apropiarme de historias ajenas, cantar, bailar, moverme, transformarme. Ser actriz me permite tener mi imaginación en constante movimiento. Y sobre todo, me da lugar para divertirme, pasarla bien y tener libertades. Aunque suene extraño, en un punto, para ser actriz, tenés que ser un poco irresponsable, tener una irresponsabilidad que te empuje a tirarte a la pileta y arriesgar más allá de la cantidad de agua que tenga. Ser actriz es una profesión verdaderamente interesante.
–¿Siempre es así?
–Bueno, en realidad, es interesante cuando te tocan roles interesantes, compañeros interesantes, proyectos interesantes… En definitiva, cuando tenés la posibilidad de elegir.
–¿Tenés muchas ofertas laborales?
–Tengo, pero hasta que yo no estoy con el vestuario puesto o yéndome a dormir con el despertador programado para ir a grabar al otro día, sé que todo puede pasar. Tampoco es que estoy todo el tiempo leyendo libros de cine o diciéndole que no a miles de propuestas para hacer tele. También a mí me gusta generar mis propios proyectos y hacerme el espacio para volver con más ganas. Y esas ganas aparecen cuando te guardás un poco, pensás qué querés hacer y así, volvés al ruedo casi con desesperación.
–¿Por qué se te vuelve necesario generar tus propios proyectos?
–Porque me acerca a las cosas que más genuinamente quiero hacer. Me entusiasma, me pone inquieta, despierta otras facetas que la tele y toda su organización pueden llegar a adormecer. Pero también es cierto que cuanta más televisión hacés, más sencillo se te vuelve generar tus propios proyectos, ¿no? Quisimos hacer un musical con Griselda (Siciliani) y conseguimos productor y terminamos en el Paseo La Plaza. Cinco años atrás, el panorama hubiera sido completamente diferente: haciendo una rifa para juntar la plata y llamando a la gente por teléfono para que nos viniera a ver.
–¿Carla, qué es lo más atractivo de hacer televisión?
–Estar en contacto con la gente que la hace día a día, porque te aseguro que para trabajar en la tele tenés que amar lo que hacés. Además, la televisión te da la posibilidad de entretener a millones de personas y eso, para mí, es muy reconfortante. Ni hablar de que ganás buen dinero, tenés tu prepaga al día, podés darte ciertos lujos… (Risas).
–¿Y cómo manejás la presión exitista que impone la pantalla chica?
–Yo tengo en claro que no todo depende de mí y eso me relaja un poco. Si bien soy hiperresponsable y me gusta meterme a full en cada proyecto al que le digo que sí, sé que la cosa también depende de los productores, los guionistas, el gerente de programación del canal… Obviamente que yo quiero que me vaya bien, que el programa guste, pero para mí también hay otro éxito que es el estar trabajando de lo que amo. Y eso no es poca cosa.
–Una vez dijiste que el ser protagonista no sólo significa encabezar, sino que también te vuelve una actriz confiable.
–Claro, significa que los productores saben de qué lado te ponés cuando te llaman para trabajar, que estás siempre lista… Podés ser divina y una excelente actriz, pero si no sos capaz de cargarte un programa al hombro, difícilmente te vuelvan a llamar. También es cierto que si hiciste algunos programas que anduvieron bien, ya saben que la gente te sigue, te compran, y eso ya es un punto a favor.
–¿Qué es lo que compra el público de vos?
–Creo que cuando ven los personajes, la pasan bien, les gusta, se divierten o…
–…Se emocionan.
–Bueno, yo no sé si la gente se emociona tanto. Es todo tan rápido… Yo creo que estamos como freezados y muy pocas cosas nos traspasan. Además, ponés un noticiero y eso sí que te destroza. Cómo hacés para competir con la realidad, ¿no? Me parece que en las ficciones televisivas lo que más gana es la originalidad.
–¿Cómo vivís todos los extras que se generan por ser una mujer famosa? Que te casás con Mike, que estás embarazada, que estás conviviendo…
–Hay un momento en que entendés que no podés estar todo el tiempo dando explicaciones de tu vida privada y que esto es así. También siento que si ladran, es señal de que estoy cabalgando. (Risas), Y otras veces, trato de buscarle una justificación para no enojarme. Pero ya está, ahora todo está más calmo.
–En la última entrega de los Martín Fierro, se los vio relajados…
–Igualmente, siempre hay un irrespetuoso que te pregunta: “¿Y, para cuándo el casamiento?” ¡Qué sé yo! Son esas preguntas que aunque seas actor, abogado o maestra nunca podés contestar con certeza. Son lugares comunes, obvios, cursis… Además, es tan feo andar contando todo, ir participando a todo el mundo de lo que, supuestamente, está por venir… A mí no me gusta enterarme de la vida de los demás, ¿para qué querés tanta información de la intimidad ajena?
–¿Es cierto que tenés un programa en tu computadora que te alerta cada vez se publica algo sobre vos?
–Tenía, ya no tengo más. Lo puse para poder leer las notas que hacía y ver las fotos, pero cuando empecé a ver que se la pasaban comentando sobre mi vida, dije: “basta, es una locura”. (Risas).
–Carla significa “la que es fuerte”. ¿Te reconocés en tu nombre?
–¡¿En serio?! ¡No lo sabía! Me lo voy a tatuar. (Risas). Sí, soy fuerte. La debilidad es un lugar de comodidad que no me cierra.
–¿Te considerás una mujer “presentista” o te gusta proyectar?
–Suelo configurar mis deseos, pero no les pongo un tiempo de concreción, prefiero dejarlos librados al Universo. Lo que sí hago es dejarme atrapar por las cosas que me gustan, y confío en que esas cosas me van a llevar a otras, siempre mejores. |