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entrevista

“Mi libro tiene vida propia
y correrá su propia suerte”

 

Quién es Vila-Matas
Enrique Vila-Matas nació en Barcelona en 1948. De chico quería jugar al fútbol en el club Barcelona, pero la literatura (comenzó a escribir a los 12 años) ganó la batalla. Es autor, entre otros, de Historia abreviada de la literatura portátil, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, El mal de Montano, París no acaba nunca, Doctor Pasavento, Exploradores del abismo y Dietario voluble. Entre sus ensayos literarios figuran El viajero más lento, Para acabar con los números redondos y Desde la ciudad nerviosa. Recibió, entre otros premios, el Herralde, el Prix Aguirre-Libralire, el Fundación Lara, el de la Real Academia Española, el Elsa Morante y el Internazionale Mondello. Sus libros se tradujeron a más de veinte idiomas.

Los libros
que hay que leer

Para Vila-Matas, hay ciertos libros de lectura imprescindible. “Por supuesto, el Ulises de Joyce. Y mis libros. Si no pensara que merecen ser leídos, no los escribiría. Y El Quijote. Y los libros de Raymond Roussel. Y todo Shakespeare. Si te parece demasiado, empieza por Hamlet y La tempestad. Añadiría Borges, también todo, pero puedes empezar por Ficciones”.
 

El catalán Enrique Vila-Matas es, en estos días, uno de los escritores más leídos en España. Hombre singular, pertenece a una extraña orden. Es uno de los caballeros de la Orden del Finnegans. Fue distinguido con el premio de la Real Academia Española y acaba de presentar su libro Dublinesca.

Quienes piensan que algunos escritores son seres singulares y a veces sorprendentes, con seguridad llegan a esa conclusión después de hablar con el catalán Enrique Vila-Matas, autor de novelas y ensayos. Empecemos por una de las singularidades que lo destacan: es miembro de la Orden del Finnegans, que reúne a las personas que tienen, allá en el Cielo, al irlandés James Joyce, y todos los años viajan a Dublín, capital de Irlanda, van al pub que se llama, precisamente, Finnegan´s y beben cerveza negra en homenaje al autor de Ulises y de Finnegan´s wake, dos novelas de las que todo el mundo pondera su genialidad. Vila-Matas añade que el que no las leyó no sabe lo que se pierde, por más que Borges (Jorge Luis) asegurara que eran dos de los libros más tediosos del mundo y que cuando él intentó leerlas aguantó media docena de páginas y las dejó para siempre. Los caballeros de la Orden del Finnegans (orden republicana, integrada –por ahora– solamente por seis escritores españoles) no sólo hacen eso, sino que recorren Dublín pub por pub y calle por calle, tal cual lo hizo Leo Bloom, el personaje de Ulises. El que falta a la cita es expulsado.
“Ocurre que –dice Vila-Matas– Finnegan´wake es una novela escrita de un modo tan particular que será entendida dentro de ciento cincuenta años. Y el Ulises también ofrece dificultades. Pero ambas son geniales y admirables”.

–¿Por qué?
–¿Cómo por qué? Porque rompió con todos los moldes de la novela, desarmó el idioma y lo armó dándole otro sentido; inventó un nuevo modo de contar hechos o ideas. Y porque sus novelas son complejas como la vida misma, que es compleja. Por eso, la única condición exigida para pertenecer a la Orden del Finnegans es adorar a Joyce. En cuanto a la novela Finnegan´s wake, el mismo Joyce comentó que la única persona que la entendía era su hija. Y sucede que la hija de Joyce estaba loca.

–Su última novela (la suya, Vila-Matas, no la de Joyce) se llama Dublinesca. Es un homenaje a Joyce, ¿no?
–No. Y no la voy a explicar. El lector inteligente la entenderá y será como si la reescribiera, porque eso hacen los lectores inteligentes, reescribir las novelas con su modo de leerlas.
Digámoslo nosotros. Dublinesca es la historia de un editor español que viaja a Irlanda, y está muy bien escrita, aunque sin los ajedreces oscuros y, a veces, inescrutables de Joyce.
Pero vamos, ahora, a la segunda singularidad: un colega periodista de Vila-Matas descubrió que si lee sus apellidos al revés queda Satam Aliv. “Eso lo inventó un escritor catalán. Y, a partir de allí, yo escribí un cuento sobre un país africano en donde todo se leía al revés, y se hablaba también al revés. Entre otras cosas, porque en ese país todo andaba al revés”, cuenta nuestro entrevistado.

–Bueno, es algo que suele suceder en algunos países, ¿no?
–Supongo que sí. Pero yo vine a presentar mi novela. En todo caso, utilicé eso de Satam para librarme de algún molesto o molesta, diciéndoles que era mi verdadero nombre, cosa que los asustaba.

–Pero ocurre, Vila-Matas, que esa palabra es prima hermana del Príncipe de las Tinieblas, Vlad Tepes, más conocido como Drácula. ¿No le hicieron fama de Drácula a usted? Digamos que su ciudad natal, Barcelona, tiene un Barrio Gótico que sabe de oscuridades y mazmorras y leyendas, ¿no?
–Bueno, no acostumbro a andar de noche por el Barrio Gótico con una capa. Supongo que a alguien se le habrá ocurrido contar esa especie porque, alguna vez, usé capa oscura y abrigo rojo. Y también, por mi capacidad para chupar la sangre de todo lo que leo.
En todo caso, no entré en combate de boxeo literario contra nadie que haya dicho eso. Me pareció divertido, más bien.

–Pero ¿le interesa Drácula?
–Hombre, es una gran novela gótica. En Dublín fui a ver la casa del autor, Bram Stocker. Pasó algo cómico con eso. La primera vez que fui, ví que junto a la puerta había un cartel de bronce que decía “Aquí vivió y escribió Drácula, Bram Stocker”. Al año siguiente, volví a pasar y habían vendido la casa e instalado un instituto de belleza para mujeres. ¡Y sacaron el cartel, porque a las clientas no les gustaba que les hicieran tratamientos de rejuvenecimiento en la casa donde había nacido Drácula!

–¿Por qué esa predilección de los irlandeses por los vampiros?
–No le entiendo.

–Bueno, está Carmilla también
–Tiene mucha razón. Antes de que Stocker escribiera Drácula, Sheridan Le Fanu, que era irlandés, escribió Carmilla, la historia de una vampiresa que ataca a los hombres. Pero supongo que las fantasías sobre los vampiros son comunes a todas las culturas. Lo que ocurre es que gracias al cine, Drácula se hizo muy famoso. Recuerdo que cuando tenía ocho o nueve años, sentí mucho miedo cuando vi una película sobre Drácula con Christopher Lee. De noche, creía que Drácula me seguía, y yo quería dormir con la luz encendida. Y tiempo después, cuando ya era periodista de una revista de Barcelona, fui a entrevistar a Christopher Lee. Cuando me acerqué a él, estaba de espaldas. Y giró hacia mí y lo vi a Drácula, y por una fracción de segundo regresó aquel miedo. Fue muy extraño porque, sinceramente, no soy una persona miedosa. Y, por lo demás, Lee es un hombre muy amable, muy culto, toca el piano, escribe literatura… una gran persona.

–¿Le gusta el cine?
–Mucho… He sido crítico de cine durante un tiempo. Y también, periodista.

–Y… errores cometemos todos. ¿Por qué escribe, Vila-Matas?
–Yo empecé a escribir para aislarme de mi familia. Es un símbolo de la literatura, aislarse del mundo para inventar uno diferente. A los doce años, me aburría mucho con mi familia porque teníamos que ir siempre a la playa. (Dato marginal, todavía huye del sol. Su piel es blanca traslúcida).

–¿Era como una obligación? Ir a la playa, digo…
–Sí. Entonces me aislaba para escribir o escribía para aislarme, tanto da. Escribía sobre lo que me interesaba en ese momento y sobre lugares desconocidos, porque fui bastante sedentario, siempre en Barcelona, en donde lo bueno era ver fútbol. Soy hincha del Barcelona y ahora, de Messi. He vivido siempre en Barcelona, salvo dos años que pasé en París trabajando de periodista y escribiendo, novelas ya.

–Pero ha escrito sobre África y sobre Irlanda… ¿por qué territorios ajenos? Tolstoi decía “cuenta tu aldea y contarás el mundo”…

–No es tan así. Escribo sobre territorios ajenos, pero para referirme a mi propio territorio. Parto del extranjero para hablar de Barcelona. En todo caso, todos partimos de lecturas universales conocidas. Todos hemos leído el Quijote y a todos nos ha influenciado.

–¿Es de los escritores que disfrutan escribiendo o de los que sufren frente a la página en blanco?
–Nunca me he formulado esa pregunta, pero de ningún modo escribiría si fuera un sufrimiento. Trabajo con continuidad, por la mañana, escribiendo durante muchas horas. Y cuando algo no sale, lo dejo para el día siguiente. Antes me obstinaba, pero era pasarla mal, y eso no me gusta. Si no me sale la novela, continúo con otra cosa, por ejemplo, escribo sobre fútbol o sobre cine.

–¿Quién ganará el Mundial de Fútbol?
–Siempre ocurre una sorpresa. Desde luego, me gustaría que ganara España… pero depende mucho de la suerte.

–¿Qué suerte tendrá Dublinesca, su último libro? ¿Ganará el Mundial de Literatura?
–Cuando lo has terminado, el libro tiene vida propia. Ya no depende de ti. Correrá su propia suerte. Y ojalá la tenga, y mucha. En cuanto a eso del Mundial de Literatura, oye, ¡qué buena idea! Ojalá la pongan en práctica.

 
Por: Carlos Baudry.
Fotos: Javier Torres. Bacchetta. Gentileza Editorial Planeta.