El “juego de las semejanzas” comenzó a fines de 2008, cuando Diego Maradona cumplió su sueño de ser el director técnico de la selección. En la conferencia de prensa en la que Julio Grondona, mandamás de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), presentó al flamante entrenador, Carlos Bilardo –quien, a su vez, era elegido como Secretario Técnico de las Selecciones Nacionales– les disparó a los periodistas: “Yo creo que tienen que pegar más, uno tiene que luchar, viene todo muy flu (NdR: léase light). Cuando vienen los palos, uno tiene que defenderse y ahí se pone dura la Selección”. La Generación del 86 –con Héctor Enrique como mano derecha de Maradona y Sergio Batista, José Luis Brown, Oscar Garré y Julio Olarticoechea dirigiendo las juveniles– volvía a caminar los pasillos de Viamonte 1366 y a liderar el predio de Ezeiza.
El ex entrenador quiso zamarrear la calma de los presentes e hizo este extravagante pedido evocando las batallas que él tuvo que afrontar previo a la Copa del Mundo de 1986. Su combinado se hizo fuerte en la adversidad y conquistó aquel Mundial tras recibir la crítica despiadada de la prensa y del público, después redimidos ante el éxito a través de la famosa bandera que rezaba “Perdón, Bilardo”.
El camino para llegar a Sudáfrica fue idéntico a la clasificación para el certamen en tierras aztecas: pura sangre, sudor y lágrimas (contemplemos que Maradona asumió bien entradas las eliminatorias, posrenuncia de Alfio Basile). Las objeciones al Maradona DT recrudecieron con la goleada histórica versus Bolivia (1-6, en La Paz), la caída en Ecuador (0-2), la paliza brasileña (1-3, en Rosario) y el revés en Paraguay (0-1).
La Argentina consiguió el pasaje directo al país de Nelson Mandela con el alma en la boca y sendos triunfos ante Perú (2-1) y Uruguay (1-0). A ese tramo final, perfectamente se le hubiese podido colgar el cartelito de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. ¿Por qué? Porque la agónica victoria frente a los peruanos, en cancha de River y en la penúltima fecha (¡cómo olvidar el grito ahogado de Martín Palermo cuando el reloj ya marcaba el descuento!) hizo rememorar aquel tanto de Ricardo Gareca, también por una eliminatoria (para asistir a México 86), también en el estadio Monumental y también sobre el epílogo de un partido frente a… Perú (fue 2-2 y clasificación). El encuentro con Perú fue clave tanto en el 2009 como en 1985.
Pero, espere, que el “juego de las semejanzas” continuó. ¿Será que México 1986 y Sudáfrica 2010 son hermanos gemelos? Para los amantes de las estadísticas puede argumentarse que tanto en un Mundial como en el otro, la nación anfitriona estuvo en riesgo de perder la localía (México, por un terremoto que azotó a su capital meses antes del torneo, y Sudáfrica, porque las obras de construcción se demoraron más de lo esperado). Pero volvamos a lo que nos atañe. En la fase de grupos, la Argentina se medirá, en un puñado de días, con Corea del Sur… sí, como en México 86 (además, Maradona conoce bien a Nigeria y a Grecia, quienes completan la zona, ya que se los topó en Estados Unidos 94).
Y si nos abocamos solo a Lionel Messi, los paralelismos con Maradona se profundizan hasta límites insospechados. La Pulga se inició en la selección mayor en un match contra Hungría… tal como Diego. En el 2007, Lio anotó dos tantos muy similares a los que que había hecho Diego contra Inglaterra, en México 86: El 18 de abril, contra el Getafe, eludió a cinco jugadores, incluido el arquero; y el 9 de junio, introdujo la pelota con la mano en el arco del Espanyol.
Sudáfrica 2010 será el segundo Mundial de Messi, como lo fue México 86 para Maradona. Previo a su máxima consagración, Diego se alzó con un Mundial juvenil (Japón 79), pasó con más pena que gloria por España 82 (su primera Copa del Mundo) y se empezaba a probar la corona de Rey de Europa (que se consolidaría con los años dorados en Nápoles). Si se traza una comparación con Lionel, las diferencias son minúsculas. También se apropió de un Mundial juvenil (Holanda 2005), observó Alemania 2006 (su debut en una cita mundialista) desde el banco de suplentes, y con el Barcelona gobierna el globo terráqueo futbolero. Hay más: ni Maradona ni Messi brillaban en la albiceleste antes de su segundo Mundial de mayores. Creer o reventar.
El merchandising, obviamente, no se quiso quedar afuera del “juego de las semejanzas”. La marca que viste a la selección argentina diseñó la nueva camiseta con reminiscencias al modelo que utilizaron Jorge Burruchaga, Jorge Valdano, Oscar Ruggeri y compañía en la epopeya del 86. Y como si fuera poco, y a pedido de Maradona, Valeria Lynch regrabó Me das cada día más, el tema que musicalizó la película Héroes, que registra, paso a paso, la travesía de la Argentina hacia su segunda Copa del Mundo (¿nuestro plantel la escuchará para motivarse?). Como para que a los nostálgicos se les piante más de un lagrimón…
Ahora bien, hablemos de fútbol puro. ¿Esta catarata de correlaciones augura un futuro promisorio en Sudáfrica 2010? De ninguna manera. La verdad se dicta dentro del rectángulo verde, donde no interfieren los antecedentes ni los pronósticos (no hay que olvidar los infaltables batacazos mundialistas, como el Camerún 1-Argentina 0, de Italia 90, o la despedida, en primera ronda, del “favorito de todos” –aquel equipo de Marcelo Bielsa en Corea-Japón 2002–). Pero, quizás, sí sean de utilidad algunos hechos de México 86 para inspirarse.
Maradona y Messi… ¿dos gotas de agua?
“Lo mejor de México 86 fue la decisión de los jugadores de compactarse, pese a los problemas previos que padecieron. Es clave que lo logren como aquella vez”, comenta el periodista Ezequiel Fernández Moores. Por su parte, Sergio Levinsky, periodista y sociólogo, analiza: “En aquel Mundial, había un orden, se sabía a qué jugaba el equipo: un líbero, dos stoppers, dos laterales volantes, un cinco como Batista, y el triángulo ofensivo Maradona, Burruchaga y Valdano. Como Bilardo, Diego deberá hallar el sistema justo para que sus jugadores rindan en su máximo nivel. Si lo encuentra, la Argentina es gran candidata a ganar este Mundial”.
Messi pisará Pretoria, búnker argentino en Sudáfrica, con veintidós años. No es un detalle menor. Maradona desembarcó en México con veinticinco, una edad que se indica como ideal (por la madurez adquirida) para disputar una Copa del Mundo. ¿Entonces habrá que esperar hasta el 2014 para parangonar la performance de uno y otro en un Mundial? “Lo de la juventud es algo insoslayable, pero Lio llega con muchas más finales, títulos y lucimientos individuales en instancias decisivas que Maradona en el 86”, describe Fernández Moores (algo que el mismo Diego reconoció antes del amistoso con Canadá). “Alemania 2006 ya fue su aprendizaje. Y duro. Quedó en el banco cuando nos íbamos del Mundial. Ahora está mucho más curtido. Pero precisa del equipo. Y el equipo precisa de él”, agrega.
No es muy original sentenciar que Messi es el mejor jugador de fútbol del Planeta. Por hache o por be, acomodarse en ese trono le costó bastante menos tiempo que a Maradona. Aunque, claro, le falta levantar una Copa del Mundo. “Es guapo, coherente y tiene la espalda suficiente para coronar a la Argentina”, explica Levinsky. “El dilema mayor es que Maradona lo ubique en el sitio adecuado. En el 86, Diego se desenvolvía en un lugar creativo; él llevaba el peso del equipo. En este seleccionado, Messi se estaciona en el ataque y no recibe la pelota, lo que lo obliga a retrasarse demasiado y a tener que eludir a infinidad de rivales para llegar al arco rival. Eso le implica un gran despliegue físico. Este será el Mundial de Messi… si Maradona lo ayuda”.
¿Los alumnos
superarán a los maestros?
“Ahora tenemos muchas más chances que en el 86. Este equipo es superior a aquel que integré”, afirmó Maradona. “A México arribamos sin conocer a Burruchaga y sin saber el poderío físico de Valdano, Ruggeri o Brown. ¡Los muchachos actuales son todos consagrados! Como pasa hoy, nadie creía en nosotros, pero que la gente se quede tranquila que vamos a dejar todo para traer la copa”.
Es incuestionable que si algo no escasea es una materia prima... ¿superior a la del 86? “Es mejor en cuanto a variantes de ataque. Pero no siempre los mejores jugadores forman el mejor equipo. Los campeones son los que mejor juegan juntos”, dice Fernández Moores. “Los veintitrés designados por Maradona son los mejores desde Estados Unidos 94, Mundial que la Argentina hubiese abrazado de no ocurrir el doping de Diego. Hay un enorme potencial en los últimos metros, excelente control y distribución en el centro del mediocampo, y arquero y marcadores centrales de jerarquía. Sin dudas, este equipo tiene aptitudes iguales o superiores al de 1986”, aporta Levinsky.
Un estudio de TNS Gallup para una empresa de ropa deportiva reflejó que para el 65% de los argentinos, el fútbol es un aspecto importantísimo en su vida (entre los más jóvenes, el porcentaje asciende al 73%). En esa misma investigación, cuatro de cada diez argentinos confiaron en que, después de veinticuatro largos años, la selección ganará el Mundial de Sudáfrica 2010… como en 1986. ¿Será?
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